LOGINCon más de un metro ochenta, un rostro digno de una obra maestra y un cuerpo sacado de los sueños más atrevidos de Caterine, Corleone Fioravanti era pura tentación. Pero detrás de esa apariencia imponente había un hombre demasiado serio, irremediablemente gruñón y convencido de que ella es una completa tonta. Claro, puede que le haya tirado café caliente encima en su primer encuentro, pero, para ser justos… fue un accidente. Cuando el serio e implacable juez Corleone conoce a Caterine Vitale, una mujer con el talento especial de convertir cada momento en un desastre, su mundo perfectamente estructurado comienza a tambalearse. Así que, cuando la vio entrar en su oficina y se presentó como su nueva asistente, estaba listo para despedirla. Es una lástima que, dada su propia reputación, no pueda hacerlo. Entre torpezas, chispas saltando entre ellos y secretos familiares que podrían destruir su intachable reputación, Corleone hará todo lo posible por no ceder al dulce encanto de Caterine.
View More(A pedido de mis lectoras un segundo epílogo. Disfruténlo). Greta sonrió al ver a su padre correr con su nieto en brazos mientras gritaba "¡gol!" con entusiasmo. Su padre era demasiado tierno y su suegro tampoco se quedaba atrás. Segundos antes había presenciado el momento en que su padre balanceó a su hijo, de apenas dos años, para patear la pelota, mientras el padre de Gino se lanzaba hacia el lado opuesto, sin ninguna posibilidad de interceptarla.Su hijo reía a carcajadas, probablemente sin entender del todo lo que ocurría, pero contagiado por la energía y el entusiasmo de sus abuelos. La escena era entrañable.Stefano se acercó a su pequeño y alzó la mano. El pequeño Stefano no tardó en estrellar su manito contra la de su abuelo. Luego, los tres caminaron hacia la mesa con sonrisas enormes iluminándoles el rostro.—Nuestro campeón tiene sed —anunció su padre con una mezcla de orgullo y diversión.Apenas terminó de hablar, la madre de Gino tomó al pequeño Stefano en brazos y le of
Gino golpeó el volante con frustración. No podía creer que justo el único día que había dejado a Greta, ella se pusiera en trabajo de parto.Durante el último mes, había trabajado desde casa y solo se acercaba a la oficina cuando era absolutamente necesario. Pero ese día, una urgencia lo había obligado a presentarse en persona. Aunque no había estado seguro de dejar a Greta, por lo avanzado del embarazo, ella lo había tranquilizado, asegurándole que estaría bien. Además, Caterine había ido a visitarla junto con sus hermanas, lo que lo había hecho sentir más confiado.Había estado en el taller cuando recibió la llamada de su prima. Greta había roto fuente y las tenía contracciones. Ni siquiera lo había dudado antes de salir corriendo como alma que lleva el diablo, solo para quedarse atrapado en medio del tráfico.Se suponía que debía estar con ella, sosteniéndole la mano, soportando cualquier insulto que le lanzara en medio del dolor y susurrándole que todo estaría bien. No en su maldit
Greta despertó con los rayos del sol colándose entre las cortinas. La brisa con olor a mar movía ligeramente las cortinas. Giró la cabeza y sonrió al ver a Gino aún dormido. Su rostro estaba completamente relajado, y un leve ronquido escapaba de sus labios entreabiertos.Ambos se habían quedado dormidos hasta bien entrada la madrugada. Él la había secuestrado en algún momento de la celebración de la boda —aunque no podía llamársele secuestro cuando no podía llamarse secuestro cuando ella lo había seguido sin pensarlo dos veces. Se habían encerrado en la suite de hotel donde habían hecho el amor. El dolor en algunas partes de su cuerpo le recordó la pasión con la que él la había reclamado.Estiró una mano para retirarle el mechón de cabello que caía sobre su frente, pero se detuvo en el último segundo. Lo menos que quería era despertarlo. Tenía que hacer algo antes de que él abriera los ojos.Con cuidado, se deslizó fuera de la cama. Caminó en puntillas hasta el armario y rebuscó entre
Una ligera brisa cálida corría en el ambiente, trayendo consigo el aroma de las flores que decoraban el lugar. En el horizonte, el sol se ocultaba lentamente, detrás del mar, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. Era el escenario perfecto para celebrar su reciente boda. Pero Gino apenas prestaba atención a su alrededor. Solo tenía ojos para Greta.Ella estaba radiante. Algunos mechones rebeldes escapaban de su peinado y enmarcaban su rostro. Tenía las mejillas sonrojadas y una sonrisa amplia, mientras ambos se movían al ritmo de la música, envueltos en una burbuja quelos aislaba del resto del mundo. Recordó el momento en el que Greta había caminado hacia él por el pasillo, luciendo deslumbrante con su vestido de novia, como salida de un sueño que solo él había imaginado. Sus ojos estaban llenos de amor y seguridad. Las mismas emociones que él había visto durante la ceremonia de su boda, y en ese momento perfecto en el que ella aceptó convertirse en su esposa. Su esposa.Gr












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