Compartir

Capítulo 6

Autor: Paola Arias
last update Fecha de publicación: 2025-10-24 11:00:45

✿✿✿

La tarde caía perezosa sobre la ciudad, tiñendo de naranja las calles polvorientas. Savannah salía del bar con el uniforme aún puesto, el cabello recogido en un moño desordenado y una bolsa de pan bajo el brazo. Mateo corría unos pasos por delante de ella, riendo con esa risa que parecía una campana rota, desparramando vida y alegría en cada salto que daba sobre las grietas de la acera.

Ella sonreía al verlo tan feliz y emocionado, sintiéndose dichosa de tenerlo en su vida. Recordó cuando se enteró que sería madre, era una jovencita ingenua y que estaba llena de miedo, pero ahora y con todo lo que había tenido que atravesar, era una mujer que había aprendido a la mala, pero también absorbió los momentos bonitos y agradables que hacían que su batalla valiera la pena.

Habían días oscuros, más difíciles que otros, pero todo se reducía cuando Mateo le sonreía, cuando la miraba con ese amor imposible de igualar.

—¡Mamá, mírame! —gritó Mateo, estirando los brazos como si fueran alas, jugando a ser un avión.

Savannah lo observaba con una sonrisa cansada pero orgullosa. Era su motor, la razón por la que aguantaba horas de clientes groseros, vasos rotos y cuentas atrasadas. Mateo, con su camiseta azul de superhéroe y los jeans gastados, parecía no tener otra preocupación que la de conquistar el mundo imaginario que inventaba en su cabeza y ella solo le pedía al cielo que nunca le diera ninguna dolencia ni preocupación. Ella era capaz de llevar toda la carga por sí sola, eso no le importaba, lo único que deseaba era que su hijo fuera feliz.

—Cuidado, amor, no te alejes demasiado —le advirtió, acelerando el paso cuando él dobló la esquina hacia la calle principal.

El sonido del tráfico era más fuerte allí. Autos, motos, cláxones impacientes. El corazón de Savannah dio un salto cuando vio que Mateo se detenía justo al borde del andén, mirando algo que brillaba en el asfalto y había capturado toda su atención.

—¡Mateo! —llamó con urgencia, corriendo hacia él—. ¡Quédate ahí quieto!

El niño se agachó para recoger el pequeño objeto: una canica azul que parecía un tesoro bajo la luz de la tarde, pero desde el andén no alcanzaba a tomarla entre sus dedos, por lo que se estiró hasta el punto que el peso de su cuerpo le ganó y se fue hacia adelante.

Todo ocurrió en cuestión de segundos, como si el tiempo se hubiera ralentizado y a la vez todo corriera en cámara rápida. El rugido de un motor paralizó a Savannah y el chirrido de unas llantas al frenar le arrancó un gritó ensordecedor.

Sin verlo venir, un auto dobló la esquina a una velocidad imprudente, demasiado rápido para que nadie pudiera reaccionar. Se escucharon los gritos a lo lejos de los transeúntes, el golpe seco y estridente y el grito de una madre que presenciaba todo sin poder hacer nada.

—¡MATEO!

El grito desgarró su garganta, pero sus piernas no obedecieron lo suficiente. Corrió, extendiendo la mano, pero la distancia era cruel. El golpe seco la heló por dentro, el sonido del impacto, el cuerpo pequeño de su hijo siendo lanzado unos metros sobre el pavimento, su camisita azul ahora sucia de polvo y sangre.

El mundo se volvió ruido, gritos, frenos y pasos que corrían hacia ellos. Savannah cayó de rodillas junto al cuerpo de su hijo, con las manos temblorosas buscando desesperadas su rostro, pero sin ser capaz de moverlo aunque fuera un milímetro.

—No, no, mi amor, mírame... mírame. Mateo, por favor... —susurraba, ahogada en llanto, acariciando su cabello y tratando de hacerlo reaccionar, pero no encontraba la forma ni de tocarlo.

El niño respiraba con dificultad, los ojos entrecerrados, un hilillo de sangre escapaba por la comisura de su boca y debajo de su cabeza había uno más grande. Savannah se negaba a ver para no vomitar o desmayarse allí mismo, sentía que su corazón se había detenido, que la vida de burlaba de ella ante el suceso que acababa de pasar y aún no comprendí en qué momento había pasado, si todo ocurrió en cuestión de segundos.

—Mami... —musitó débilmente, y esa palabra fue un cuchillo que la partió en dos.

Savannah gritó pidiendo ayuda. Alguien llamó a una ambulancia, otra persona intentaba detener el tráfico, otros tantos solos se arremolinaban a su alrededor, viendo la escena con el corazón hecho un nudo. Pero ella solo podía pensar en el pequeño cuerpo entre sus brazos, en cómo sentía que se le escapaba la vida y su mundo se volvía completamente negro y vacío.

—Aguanta, hijo, por favor, aguanta —le repetía como una oración rota, como si esas palabras pudieran retenerlo en este mundo.

Las sirenas se escucharon a lo lejos, pero para Savannah sonaban demasiado lejanas. Su corazón martilleaba con fuerza, los labios secos y el alma hecha pedazos. Lo único que podía pensar era en que no podía perderlo, que no soportaría la vida sin esa risa, sin esos ojos, sin tener a su bebé dándole felicidad, emoción y esperanza a sus días.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Obsesión Letal    Capítulo 42

    Savannah se dio vuelta en la cama por tercera vez, sintiendo demasiado calor e incomodidad a pesar de estar sola en la habitación. Soltando un suspiro cansado, volvió a girarse, viendo el lado vacío de Massimo y sintiéndose de repente muy sola.—Lo que faltaba, que ahora no pueda dormir sin ese sinvergüenza —masculló, molesta, y cerró los ojos una vez más, pero segundos después los volvió a abrir y se levantó molesta de la cama, resoplando y farfullando en voz baja—: No es posible que me robe el sueño también. Primera vez que no lo tengo encima por tanto tiempo y, en lugar de estar tranquila y en paz, aquí estoy, pensando en él. Maldición... ¿qué carajos me pasa? ¡Fuera de mi mente, imbécil!Enojada, se acercó a la ventana y contempló la inmensidad del mar en completa oscuridad y en silencio. Un escalofrío la recorrió. No le gustaba la noche, porque era consciente de que no podía escapar nunca de ese lugar. Ese vacío inmenso la aterraba, más cuando el agua parecía estar en calma. La l

  • Obsesión Letal    Capítulo 41

    Santino, enojado y sin contener por más tiempo su ira, apartó a la chica de su regazo y sacó su arma en tanto se ponía de pie y le apuntaba directamente a Massimo.Todos los hombres reaccionaron al mismo tiempo, apuntando de un lado hacia el otro, algunos protegiendo a Santino otros dispuestos a abrir fuego si Massimo lo ordenaba.Domenico maldijo entre dientes y tiró al suelo a la chica con la que estaba coqueteando, para sacar su arma y apuntarle de vuelta a Santino. No iba a permitir que nadie le arrebatara a su gemelo, antes de que eso sucediera, sería capaz hasta de dar su vida por protegerlo.El único que no reaccionó y se mantuvo impasible fue Massimo, que volvió a rodar la moneda sobre la mesa mientras miraba a Santino dejar caer la máscara que por años había usado delante de él.—No eres más que un desagradecido —escupió, furioso—. Te saqué de las calles, te di comida, te di la maldita mano y me has pagado con traición. He dejado pasar tus faltas de respeto y errores porque e

  • Obsesión Letal    Capítulo 40

    El club nocturno estaba a reventar, la música alta, parejas sudorosas bailando en la pista, hombres adinerados buscando un poco de placer y mujeres de la noche haciendo lo único que podían hacer estando en un mundo que la gran mayoría no deseaba estar pero al cual ya estaban acostumbradas a estar.En la sala vip, un grupo de hombres fumaba, tomaban y reían. Menos uno. Massimo estaba serio, con el ceño fruncido y su aura imponente intimidando a sus acompañantes. Su hermano, a su derecha, fingía como siempre que la pasaba bien, pero su mirada era igual de dura y vacía que la de su gemelo. Una rubia estaba sentada en su regazo mientras Massimo hacia rodar una moneda entre sus dedos, mirando con fijeza a Santino, quien estaba demasiado ocupado con una morena que lo besaba en tanto él mantenía su mano bajo su corto vestido.Massimo estaba enojado, claramente no le gustaba tratar con él ni menos tener que soportar las estupidas reuniones que mantenían, pero debiá rendir cuentas como también

  • Obsesión Letal    Capítulo 39

    Massimo cargó a Savannah hasta la habitación y la tiró en la cama una vez entró. Ella soltó un gritito que se ahogó cuando él presionó su boca contra la de ella, hambrienta y desesperada, al mismo tiempo que deslizaba sus manos por todo su cuerpo y colaba una entre sus piernas por encima de la ropa.El hombre gimió y la besó más profundo al sentir el calor que irradiaba su sexo, deseoso de hundirse en ella cuanto antes y hacerle gritar su nombre. No tenía suficiente de ella, cada vez que la hacía suya, su parte obsesiva la reclamaba cada vez más, como si no fuera posible poseer un poco más a un persona.Se separó de ella y la observó, tenía las mejillas sonrosadas, el cabello oscuro revuelto sobre el edredón y la mirada obnubilada por el placer. El deseo aumentó y su verga palpitó en sus pantalones.Le sonrió y se deleitó al ver cómo se sonrojaba un poco más, antes de quitarle los zapatos y poco a poco la ropa, pasando sus manos con suavidad y delicadeza.Savannah de estremecía bajo s

  • Obsesión Letal    Capítulo 38

    —¿Crees que podríamos conocer todo el país? Me gustaría conocer todas las ciudades, ir a la playa y tomarme muchas fotos. ¡Aquí es donde vive el Papa!Massimo soltó una risa en tanto que Savannah sonreía al ver a su hijo tan emocionado.Estaban los tres jugando en la parte trasera donde había toda una zona de juegos que el italiano había pedido construir para el pequeño, y aunque ella trataba de estar serena, todo eso la abrumaba en demasía. Nunca se acostumbraría a tener tanto al alcance e incluso más de lo que era necesario.—No, Piccolo, estamos muy lejos de Roma. Vivimos en Catania —dijo el hombre—. A donde sí podemos ir cuantas veces desees, es a la playa. Estamos muy cerca, tenemos acceso directo a una de las mejores playas.—¡Quiero ir! ¿Podemos ir, mamá? —suplicó, dejando el balón de fútbol a un lado—. Nunca hemos ido a la playa. Solo las veíamos en televisión.Savannah reprimió el agudo dolor que le apretó el pecho y se obligó a sonreír. Habían pasado varias semanas desde que

  • Obsesión Letal    Capítulo 37

    —Vas a destruir lo que tanto nos costó construir por una obsesión que solo existe en tu cabeza. Ellos no son tu verdadera familia, Massimo, pero... —rendido, su gemelo soltó un suspiro y se acercó a él, tomándolo de la nuca y apoyando la frente de la de Massimo—. Antes de todo, primero estás tú, y mataría a todo aquel que quiera hacerte daño porque tú eres mi única familia.—Dom, entiende que esa mujer y ese niño ahora son parte de mí.Hubo un corto silencio entre ellos antes de que Domenico soltara un profundo suspiro.—Necesitas dejar el pasado atrás, Massimo.El mencionado sonrió, pero fue una sonrisa vacía que nunca llegó a sus ojos.—Ya el pasado quedó atrás, murió en el mismo instante en que Gemma murió junto a mi hijo. Ya la olvidé y entendí que, haga lo que haga, jamás voy a recuperarla. Savannah me fascina, me enciende su renuencia, me enloquece que me mire y hable con odio cuando su cuerpo reacciona tan bien al mío —confesó por primera vez a alguien y soltó un bufido—. Era m

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status