Compartir

Capítulo 2: Eva.

Autor: Itha León
last update Fecha de publicación: 2024-06-26 10:19:24

★Eva

Mis estudios universitarios son lo único que me importa; quiero ser un orgullo para mis padres.

Al llegar a casa después de un día de estudio agotador, lo único que deseaba era tranquilidad, subir a mi habitación y tomar una larga siesta. Los exámenes me están agotando y ya no creo que pueda seguir el ritmo.

Una vez que bajé del taxi y entré a casa, todo parecía normal hasta que abrí la puerta. Me encontré con varios muebles volcados en la entrada, los cuadros torcidos en las paredes y todas las demás cosas destrozadas, apenas podía moverme sin tropezar.

Caminé entre los objetos en el suelo, sintiendo que podría caer en cualquier momento. A medida que avanzaba por la casa, me di cuenta de que el desastre se extendía por todos lados. El caos que reinaba en mi hogar era abrumador. No podía entender qué había sucedido ni por qué. Cada paso que daba era como moverse en un campo minado, con la preocupación de tropezar con algo más y empeorar la situación.

El desorden era una afrenta a la calma que anhelaba, y la incertidumbre se apoderaba de mí mientras trataba de encontrar alguna explicación lógica para lo que veía.

—¿Papá? ¿Mamá? ¿Abuelo? —llamé en voz alta, pero nadie respondió.

El silencio que me rodeaba era inquietante. Decidí seguir avanzando, tratando de ignorar el nudo de ansiedad que se formaba en mi estómago, y fue entonces cuando vi un charco de un líquido oscuro al final de las escaleras. Mi corazón dio un vuelco al instante.

¿Era realmente sangre lo que veía?

—¿Papá? ¿Mamá? ¿Abuelo? ¿Están en casa? —pregunté nuevamente, con mi voz temblorosa resonando en el silencio.

Abrí cada puerta de las habitaciones de arriba, pero no encontré a nadie. Era imposible que no estuvieran allí, especialmente mi abuelo, que es inválido y rara vez se mueve de su cama. Siempre está allí, esperándome con una sonrisa, o mirando por la ventana hasta que llego, ansioso por que lo pasee por el patio trasero.

—¿Papá? ¿Mamá? ¿Abuelo? —grité, la desesperación se colaba en cada palabra.

De repente, un sonido rompió el silencio. Alguien llamaba al timbre. Pensé que eran mis padres, así que corrí hacia la planta baja con el corazón en la garganta. Pero al abrir la puerta, no eran ellos.

—Buen día, señorita Eva Rubalcaba, soy el detective Leonardo Lewis. Lamento informarle que su madre y su abuelo están en el hospital, mientras que su padre se encuentra en prisión por intento de asesinato —dijo el hombre con una seriedad que helaba mi sangre.

—Pero, ¿esto es una broma, verdad? —pregunté, sintiendo que el suelo se desvanecía bajo mis pies.

No podía ser cierto. Mis padres, mi abuelo, no, mi padre no era un asesino. Soy su hija, lo sabría si fuera así.

—Por favor, acompáñeme —insistió el detective, extendiendo una mano hacia mí.

—No, ¿a dónde debo acompañarlo? —pregunté, retrocediendo unos pasos, mi mente luchaba por asimilar la avalancha de noticias impactantes.

—A ver a su madre y abuelo, ¿no desea verlos? —asentí, aunque una sensación de inquietud se apoderaba de mí.

—Claro que quiero verlos, solo que... —«¿Por qué desconfío de un oficial?» me pregunté, sintiendo cómo la desconfianza se extendía como una sombra sobre la situación.

El detective Leonardo Lewis extendió la mano, invitándome a salir de casa. Mis pasos eran lentos, cada uno marcado por la incertidumbre, pero finalmente logré salir.

Las luces de la calle parpadeaban, creando una atmósfera aún más inquietante mientras avanzábamos hacia el auto patrulla. El detective abrió la puerta y me indicó que me sentara en el asiento del copiloto.

—¿En qué hospital están? Podría ir sola, oficial —intenté proponer, tratando de mantener cierto control en la situación, pero mis palabras apenas sonaban convincentes incluso para mí.

El detective activó el seguro de las puertas, asegurándome en la patrulla. El sonido del seguro activado resonó en el interior del auto, aumentando mi sensación de atrapamiento.

—Tengo órdenes de ser yo quien la lleve —dijo el detective con firmeza.

—Órdenes, ¿de quién? ¿Seguro que es un detective? —pregunté, incrédula, mientras observaba cómo sacaba una cartera de su sudadera, revelando una placa plateada. Ante mis ojos, parecía auténtica, pero una sensación de desconfianza se aferraba a mí.

El detective guardó la cartera y arrancó el auto. El silencio incómodo se apoderó de nosotros mientras el paisaje urbano se desvanecía a nuestro alrededor, sumergiéndonos en un mar de interrogantes.

Después de unos minutos de viaje en una dirección desconocida, me di cuenta de que no nos dirigíamos al hospital, como había esperado.

—¿A dónde vamos? —pregunté, tratando de encontrar algo de claridad en medio de la confusión.

El detective ignoró mi pregunta y se sumergió en una conversación telefónica en voz baja.

—Ya casi llegamos —mencionó finalmente, aunque sus palabras no lograban tranquilizarme.

Los minutos pasaban, y mientras el auto se adentraba en un paisaje más rural y descuidado, mi inquietud se transformaba en un palpable temor.

—¿A dónde vamos? —insistí, buscando desesperadamente respuestas que nunca llegaban.

El detective seguía al volante, impasible, sin ofrecer ni una pizca de información.

La desesperación me envolvía, y en un intento frenético por escapar, intenté abrir la puerta de la patrulla, solo para descubrir que estaba bloqueada. Mis manos temblaban mientras buscaba cualquier atisbo de control en aquella situación cada vez más angustiante.

Pero, ¿quién era yo para desafiar a un oficial entrenado? Sabía que mis acciones serían inútiles, que estaba completamente indefensa frente a él.

El detective intentó calmar mis nervios, pero en mi mente solo resonaba una pregunta constante: ¿Qué está pasando? ¿Por qué mi vida se está desmoronando frente a mis ojos?

Finalmente, llegamos a nuestro destino. El prado descuidado se extendía ante nosotros, vacío y silencioso como un escenario de pesadilla. Las puertas de la patrulla se abrieron de golpe y, sin pensarlo dos veces, aproveché la oportunidad para escapar.

Mis pies golpeaban el suelo con frenesí mientras corría tan rápido como podía, sin atreverme a mirar atrás. El miedo y el instinto de supervivencia impulsaban cada zancada.

Sin embargo, antes de que pudiera alejarme lo suficiente, el detective me alcanzó con sus brazos, atrapándome en un agarre firme mientras yo pataleaba y luchaba desesperadamente por liberarme.

En ese instante, me percaté de haber caído en una trampa mortal. Mi vida pendía de un hilo y no tenía a quién recurrir. Ahora, mi única opción era mantenerme con vida.

—Por favor, señorita, coopere. No deseo hacerle daño. Solo estoy siguiendo órdenes —dijo el hombre.

¿Órdenes? ¿De quién? A pesar de mis incesantes interrogantes, el hombre se mantuvo en silencio, tomándome del brazo con firmeza mientras avanzábamos por el prado.

—Por aquí, señorita —indicó el hombre, señalando hacia una figura arrodillada en el suelo.

Mis ojos no podían creer lo que veían. Era mi padre, mi amado padre, rodeado por varios hombres vestidos de negro, con sus armas apuntándole.

¿Cómo era posible? Mi padre debía estar en la cárcel. Corrí hacia él, tropezando con el terreno irregular mientras mi corazón latía con desesperación.

—¡Papá! —grité, desesperada, mientras las lágrimas empañaban mi visión.

Antes de que pudiera alcanzarlo, un disparo rasgó el aire y mi padre cayó al suelo, con sus ojos ya sin vida.

—¡Papá! —exclamé entre sollozos, lanzándome sobre su cuerpo inerte, sosteniendo su cabeza entre mis manos mientras el dolor me atravesaba.

¿Quién había perpetrado este acto atroz? ¿Por qué?

Mi padre era un hombre bueno, incapaz de hacerle daño a nadie.

A pesar del dolor y la angustia que me embargaban, reuní el valor necesario para plantear la pregunta que me atormentaba:

—¿Por qué lo hicieron? —mi voz apenas lograba superar el murmullo de las lágrimas que inundaban mis ojos.

Uno de los hombres de negro dio un paso al frente, dejando caer varios papeles al suelo ante mis pies.

—Solo estamos siguiendo órdenes —dijo el hombre con un tono frío y distante—. Tu padre tenía deudas, deudas muy significativas. Incluso llegó a endeudarse en los casinos. Pidió prestado dinero a la persona equivocada. Ahora tienes un mes para reunir la cantidad adeudada, o la próxima víctima podría ser tu madre o tu abuelo.

Mis manos temblaban mientras recogía los papeles esparcidos. Los ojeé desesperadamente, asimilando la abrumadora magnitud de las deudas que mi padre había acumulado.

¿De dónde sacaría tanto dinero?

—Son unos... —Mis palabras quedaron atrapadas en mi garganta mientras una punzada de dolor me invadía y caí desmayada sobre el pecho de mi padre.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Obsesión: Nick Evans... El lenguaje de tus ojos.    Epílogo

    Los años han pasado, Line y Juan Pablo ya están en la preparatoria, ella está en primero mientras Juan está en segundo.Ahora son novios y son un dolor de cabeza, ya que tengo que ver cómo se dan besos cuando piensan que nadie los observa.A Line le gusta hacer lo que quiere con Juan Pablo y eso me agrada mucho. Mis otras hijas tienen 9 años y están en la edad en la que los coreanos les comienzan a parecer lindos.¿A quién demonios le gustan esos afeminados?Las tres criaturas que pusieron las hormonas de Eva locas resultaron ser niñas.Estoy rodeado de mujeres que se molestan cada tres segundos. Estaba en mi despacho viendo la foto de mis hermosas chicas, ninguna de las trillizas me ha sacado mis ojos, pero sí han sacado el mal genio de su madre. Sonreí mientras Gerald, mi cuñado, entraba a mi oficina.—Tu hermana me va a volver loco —pronunció mientras se tocaba el cuello.—Te dije que no te casaras —mencioné— las mujeres son adorables cuando son novias, pero después del matrimonio

  • Obsesión: Nick Evans... El lenguaje de tus ojos.    Capítulo 94: Mi hermosa esposa.

    Era evidente que lo había sacado de la máquina de premios. Mi corazón latía más rápido mientras tomaba aire para responder.No podía contener mi emoción y la respuesta salió de mis labios sin ningún tipo de duda.—Sí, sí quiero —dije con una sonrisa radiante.La alegría invadió el lugar y nuestra pequeña princesa, no pudo contener su entusiasmo.Gritaba emocionada, anunciando a todos los presentes que sus «papis» se iban a casar. Sus palabras llenaron de felicidad mi corazón y, sin pensarlo, corrí hacia ella y la abracé con fuerza. Era un momento mágico, uno de aquellos que siempre quedaría grabado en mi memoria.Mientras tanto, Eva le colocaba el anillo de juguete en el dedito de nuestra pequeña. Era un gesto simbólico, pero cargado de amor y significado. Mi corazón se llenó de gratitud hacia Eva por hacer de nuestro amor una realidad y convertirnos en una verdadera familia.Después de ese emocionante momento, salimos de la heladería como una familia feliz, cada uno con su cono en la

  • Obsesión: Nick Evans... El lenguaje de tus ojos.    Capítulo 93: La propuesta de Eva.

    Ella obedeció y se levantó de la cama. Comencé a desajustar su pantalón, dejándolo caer lentamente mientras sentía un cosquilleo en mi estómago.Ni siquiera ella tiene idea de todo lo que me está haciendo sentir en este momento, de cómo mi amigo está ansioso y listo para satisfacerla. Está tan parado que me duele.—Nick —pronunció mi nombre con voz entrecortada y cada letra vibró en todo mi ser.Mis manos temblaron ligeramente mientras continuaba quitando sus bragas, las cuales cayeron al suelo en silencio. Mi corazón pareció detenerse por un instante al ver su intimidad, completamente mojada y lista para mí. Maldita sea, ella está tan caliente que...No pude resistir la tentación y uno de mis dedos rozó su humedad, provocando un leve gemido en ella. Mi boca anhelaba apoderarse de su calor, la deseaba con locura. Mi lengua se adentró en su interior, sin hacer demasiado alboroto, mientras saboreaba su esencia única. Eva es mi maldita droga, mi adicción más peligrosa.Ella dio un paso a

  • Obsesión: Nick Evans... El lenguaje de tus ojos.    Capítulo 92: El poder del diablo, y el dolor que lo rodea.

    —Por favor, déjame ir o mátame, no quiero seguir aquí, no quiero sentir más dolor, esto duele demasiado, por favor.Ella no paraba de llorar, el dolor se reflejaba en cada fibra de su ser, pero no puedes jugar con el diablo y esperar que no te mande al infierno.Verla de esa manera era extremadamente alucinante, despertaba en mí cosas que había dejado de lado desde que perdí a Eva, ya no disfrutaba de las muertes y las torturas como solía hacerlo.El corazón de Ariana se rompía en pedazos mientras la angustia y desesperación se apoderaban de su ser.—Por favor —suplicó entre lágrimas, pero solo me hizo reír con sarcasmo.—¿Cansada? Secuestraste a mis mujeres, amenazaste con matarlas y ¡encima te atreves a suplicar! —grité eso último mientras tomaba su mentón con rabia, quería estrangularla y ver cómo su vida se apagaba, pero eso sería demasiado sencillo.Quería ver el dolor en su mirada, quería ver cómo suplicaba e imploraba para que me deshiciera de ella. Mi rostro se contorsionó en

  • Obsesión: Nick Evans... El lenguaje de tus ojos.    Capítulo 91:Te ayudaré a qué no sufras más.

    —Yo también te amo, princesa. Te extrañé tanto.—Papi, acuéstame en mi cama y léeme un cuento, ya tengo sueño.—Claro, princesa.Me giré para salir del despacho y me topé con la mirada observadora de Eva. Ella me miraba con emoción.—Vamos, a dormir —mencionó Eva.Ella se acercó a mí y le dio un beso a Loreline, que aún estaba en mis brazos.—¿Y el mío? —pregunté, y ella sonrió dándome un beso en la mejilla. No hay duda de que amo a esta mujer.Subimos los tres las escaleras y recostamos a Line en la cama. Ella se recostó en la cama con Line entre sus brazos, y yo me acosté a un lado de ellas, quedando mi princesa en medio.—Papi, cuenta la historia.—Ok, pero cierren los ojos, o si no no les cuento nada. —Creo que poco a poco me estoy convirtiendo en un experto en esto de contar historias. Ambas cerraron sus ojos.—En un miento muy, pero muy lejano, vivía una joven que siempre creía que tenía todo: una familia, amigos y dinero. Todo parecía perfecto en su vida, pero en realidad, ella

  • Obsesión: Nick Evans... El lenguaje de tus ojos.    Capítulo 90: Te amo papi.

    ★ NicolásMis primos no paraban de hablar mientras yo fingía una sonrisa. La verdad es que quiero que todos se vayan, solo quiero a Eva a mi lado.Poco a poco, uno a uno, los invitados comenzaron a despedirse después de que mi padre mencionara que era hora de que se fueran. Estaba agradecido en silencio por su partida, mientras mi padre sonreía, aparentemente capaz de leer mis pensamientos.Sin embargo, había alguien que no quería que se fuera: Eva.Su sola presencia me calmaba, me hacía sentir completo. Cuando dijo que también tenía que irse, sentí una punzada de tristeza y desesperación. No quería despedirme de ella, no quería quedarme solo.Entonces, casi sin pensar, le supliqué que se quedara más tiempo. Mi corazón latía acelerado, temiendo que ella también se fuera. Pero su respuesta fue amable y paciente. Me acarició el cabello y depositó un suave beso en mi frente. Quería que ese beso fuera en mis labios, pero me conformé con la muestra de cariño en mi frente.Mientras ella se

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status