INICIAR SESIÓNLa brisa salada del mar acariciaba suavemente la orilla mientras el sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de tonos naranjas, rosados y dorados. El murmullo de las olas marcaba el ritmo de la tarde, como si el océano mismo susurrara secretos antiguos entre cada vaivén. Alicia caminaba descalza
La tarde caía lentamente sobre el jardín, tiñendo el cielo de un suave tono melocotón mientras la brisa jugaba con los globos color pastel que adornaban el lugar. Las risas de los invitados y el murmullo de conversaciones felices creaban una atmósfera cálida, casi mágica. En medio de todo, una mesa
Dante se mantuvo en silencio por unos segundos. — Espero que Alana encuentre la paz en su tumba y Montserrat, no tengo palabras para ella, ha llegado el final de esos capítulos. Matteo asiente con la cabeza. El sol caía cálido sobre la campiña italiana, donde la majestuosa iglesia San Giovanni se
La noche había caído suavemente sobre la mansión Moretti en España, cubriéndola con un manto de calma que parecía acariciar cada rincón. Los gemelos dormían plácidamente, custodiados por la más absoluta paz, y la casa, por primera vez en semanas, respiraba serenidad. Alicia bajó las escaleras con u
Él apretó sus dedos, con la mirada fija en los gemelos. —Prometo que haré todo por protegerlos. Por protegerte a ti, Alicia. Me fallé en el pasado… pero ya no más. Ella se inclinó y apoyó la cabeza en su hombro. El momento era tan íntimo que ni el silencio se atrevía a interrumpirlo. De pronto, A
El atardecer tiñó de dorado las paredes de la habitación. Alicia ya podía sentarse en el sofá junto a la ventana, con una manta cubriéndole las piernas y el cabello suelto cayéndole sobre los hombros. Aún lucía frágil, pero en sus ojos había una luz nueva: la de una madre enamorada de su nueva vida.







