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COMPLICIDAD.

Autor: QUEEN DE VIL
last update Fecha de publicación: 2026-06-10 10:30:26

VICTORIA.

Me llevo las manos a las sienes y me masajeo la cabeza con fuerza, cerrando los ojos. Siento que el cerebro me va a explotar. Cuando no es una cosa, es otra. Estoy exhausta, físicamente agotada de cargar con un camión de problemas ajenos y propios que parecen no tener un maldito final. La violación de mi hermana, la enfermedad de Enzo, el chantaje del riñón, la frialdad de Adel y ahora las malditas negligencias de una clínica de fertilidad que se niega a soltar unos papeles viejos. Si
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Último capítulo

  • POV CEO: ADICTO A MI SECRETARIA.   NACIMIENTO

    VICTORIAEl dolor me cruzó la espalda como un hachazo. Solté la taza de té que tenía en la mano; el cristal se estrelló contra el granito de la cocina, esparciendo astillas y líquido caliente por todo el suelo. Me apoyé con ambas manos en el borde de la barra, apretando los dientes para no gritar. El estómago se me contrajo en un espasmo violento, duro como una roca.—¿Victoria? —la voz de Max retumbó desde el pasillo. Sus pasos rápidos y pesados no tardaron en llegar.Me quedé estática, esperando a que la ola de dolor disminuyera, respirando a bocanadas cortas. Cuando abrí los ojos, Max ya estaba frente a mí. Su mirada oscura barrió el suelo roto y luego se clavó en mi rostro pálido.—Empezó —articulé, con la voz ronca, forzando las palabras—. Las contracciones. Son seguidas, Max. No es como las falsas de la semana pasada.Maximiliano no dudó un solo segundo. Me tomó del brazo con firmeza, sosteniendo mi peso mientras otra punzada me obligaba a doblar las rodillas.—Camina despacio.

  • POV CEO: ADICTO A MI SECRETARIA.   UN HIJO

    VICTORIA.Cuatro meses pasaron volando. La calma había regresado a la casa, y con ella, el crecimiento innegable de la vida en mi vientre. Con poco más de seis meses de embarazo, el vestido verde oscuro que elegí para la ocasión se me ceñía por completo a la barriga, redonda y prominente. Ya no había forma de ocultarlo, ni quería hacerlo.Maximiliano terminó de ajustarse el saco del traje y se colocó a mi lado en el gran recibidor de la casa. Me pasó una mano por la cintura, atrayéndome hacia él con esa posesión que mantenía intacta, mientras esperábamos la llegada de los invitados. Esta noche la casa se vestiría de gala para la familia.El timbre sonó puntual. Los primeros en cruzar la puerta fueron Valentina y Sergio. Ver a mi hermana caminar del brazo de ese mafioso todavía generaba un contraste fuerte, pero la seguridad en el rostro de Valentina y la forma en que Sergio mantenía la mirada atenta en ella dejaban claro que el terreno entre ambos estaba firme. Enzo venía con ellos, c

  • POV CEO: ADICTO A MI SECRETARIA.   SALIDA

    VICTORIACaminé rápido por el pasillo de la comisaría, sin rodeos. Empujé la puerta de la oficina del detective y entré con el abogado detrás de mí. Saqué el grabador digital del bolso y lo dejé caer sobre el escritorio.—Ahí tiene su prueba, detective —le solté—. La confesión completa de Raquel.El hombre frunció el ceño. Tomó el aparato y presionó el botón. La voz histérica de la madre de Adel llenó la oficina, admitiendo palabra por palabra que la carta era una farsa inventada para perjudicarnos. Al terminar el audio, el detective apagó el dispositivo y me miró.—¿Cómo consiguió esto, Victoria?—Eso no le importa —le corté—. Ahí está la prueba material de que la acusación es falsa. Saque a mi esposo de esa celda ahora mismo.El abogado intervino de inmediato, poniendo su carpeta sobre la mesa con autoridad.—Con esta evidencia, el cargo de homicidio calificado se cae por completo al demostrarse la falsedad de la declaración. Exijo la liberación inmediata de Maximiliano. Tramite la

  • POV CEO: ADICTO A MI SECRETARIA.   UN GRAN PLAN 2

    VICTORIARaquel desvió la mirada por una fracción de segundo. Ese era su punto débil.—No sé de qué hablas —dijo con voz trémula.—¡Claro que lo sabes! Adel violó a mi hermana Valentina. La destrozó. ¿Y sabes qué es lo más asqueroso? Que el hijo de Valentina, el pequeño Enzo, es de Adel. Tu hijo engendró a un niño bajo el terror y la violencia. Era un monstruo, Raquel. Un parásito que vendía a su propia esposa al mejor postor en las mesas de apuestas para salvar su propio pellejo. Eso es lo que defiendes.—¡Cállate! —Raquel me soltó una bofetada limpia que me giró la cara. El golpe me ardió en la mejilla, pero no me moví. Le sostuve la mirada con los ojos inyectados en rabia, sonriendo con amargura.—Pégame todo lo que quieras. Eso no va a cambiar la verdad. Tu hijo está tres metros bajo tierra porque se lo buscó solo. Y ahora pretendes hundir a Maximiliano con una maldita carta manuscrita. Una carta que convenientemente apareció tres meses después de su muerte.Raquel respiraba agita

  • POV CEO: ADICTO A MI SECRETARIA.   UN GRAN PLAN

    VICTORIA.Me miré al espejo del vestidor. Cuatro semanas. Un pestañeo en el tiempo, pero suficiente para cambiar las reglas del juego. Me acomodé el abrigo negro, ajusté el cinturón con firmeza y deslicé los dedos sobre mi vientre plano. El frío en el estómago no era por las náuseas; era pura rabia concentrada. A Max no lo iban a refundir en una celda por una basura como Adel, no lo iba a permitir.Terminé de abrocharme las botas y bajé las escaleras a paso rápido.Al llegar a la planta baja, Tania me cortó el paso en la entrada de la cocina. Tenía los ojos fijos en mí, la espalda rígida y una bandeja sobre la barra con un plato de huevos revueltos, pan tostado y un vaso de jugo de naranja.—No tengo tiempo, Tania —le solté, directa, intentando esquivarla—. Voy de salida. Tengo algo importante que hacer.—No vas a ningún lado con el estómago vacío —sentenció ella, bloqueando mi avance con esa autoridad pesada que compartía con su hijo.—Dije que no tengo hambre. El tiempo corre y Max

  • POV CEO: ADICTO A MI SECRETARIA.   LA ULTIMA MENTIRA DE ADEL

    VICTORIA.La oficina del detective era un cubículo asfixiante, atiborrado de carpetas amarillentas y con un persistente olor a tabaco rancio. Me senté frente a su escritorio sin que me lo ofreciera. Crucé las piernas, mantuve la espalda rígida y lo clavé con una mirada que no admitía titubeos.El detective me observó por encima de sus carpetas, con esa parsimonia irritante que usan los policías para desestabilizar.—Señora... o debo decirle Victoria —empezó, entrelazando los dedos—. Sé que es una situación difícil. Pero la carta que entregó la madre de Adel es una prueba física. Su exesposo dejó asentado por escrito que Maximiliano lo estaba cazando, que temía por su vida y que él le había robado a usted.—Es una maldita mentira —lo corté en seco, sin un ápice de vacilación en la voz. Mi tono fue frío, directo, contundente—. Y usted, como detective, debería sentir vergüenza de comprarse el relato de un cobarde antes de contrastar los hechos.El detective arqueó una ceja, reclinándose

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