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Capítulo 3

Autor: Deyssi
last update Fecha de publicación: 2021-05-25 11:36:55

Ángel

Jamás imaginé que la mansión Lauder estuviese tan custodiada por estas fechas, esto se me hace un poco extraño. Pues, llevo un poco más de 3 años vigilando sus instalaciones y es la primera vez que se ha complicado tanto entrar. Por suerte soy buen escalador y puedo escabullirme hasta esta habitación que… ¡carajo! resulta ser el baño.

Y cuando creo que puedo salir, escucho a los guardias de Lauder buscarme, estoy congelado a unos centímetros de la puerta viendo como está a punto de abrirse. Con un rápido movimiento, tomo de la mano y cubro su boca antes de cerrar la puerta. Sea quien fuese tendrá muchos problemas si me desobedece. Sin perder tiempo la arrastro a la pared. ¡joder! es Valeria Lauder ¡maldita sea!

“Se fue por aquí, no puede estar lejos, sigan buscando”

“¡Mierda! ¿Cómo es que lo perdimos de vista? Es un maldito camaleón”

“¡Vamos! ¡Búsquenlo! No queremos tener problemas”

Las voces de los hombres de Lauder se escuchan cerca y ella sigue inmóvil clavándome esa mirada extraña. Sus ojos son realmente hermosos y su presencia me está incomodando demasiado ¿Por qué tuvo que ser ella la que entrara?

—No voy a lastimarte. Quitaré la mano y no quiero que grites, está bien. —Susurro viendo que asiste con la cabeza.

Aparto lentamente la mano y siento que me congelo con esa presencia suya tan imponente y esos labios rojos tan tentadores.

—No soy lo que piensas. —Vuelvo a susurrar mientras la alejo más de la puerta

— ¿Y qué se supone que pienso de ti?

—Que soy un ladrón.

—Ni siquiera lo pensé por un segundo. —Dice burlona.

—Que no te engañe mi atractivo, puedo ser un desalmado demonio. —Me acerco tanto, que la hago retroceder un poco mirando esa leve expresión de asombro. —No te fíes de la bestia.

Sonreí y me deja un rodillazo en la entrepierna apartándome rápidamente.

— ¡Joder! —Grito entre dientes.

—Pues que tampoco te confunda mi apariencia de frágil damisela, soy intolerante a los estúpidos presumidos, príncipes de cara bonita.

—Gracias, es muy halagador de tu parte. —Me reincorporo ahogando los gemidos de dolor,.

— ¿Quién eres? ¿Qué haces en mi casa? Y por tu bien, trata de no mentir.

—Sería largo de explicar, porque solo, no te vas de aquí y haces de cuanta que no viste nada. —Le guiño un ojo.

— ¿Y por qué no solo abro la puerta y te entrego a ellos? —Sonríe hablando entre diente.

—No lo harías.

— ¡Pruébame! —expresa de una manera desafiante y da un paso para abrir la puerta.

—Si insistes.

De un tirón la apego a mi pecho, escuchando un ligero gemido, que en ese instante me erizó la piel. La envuelvo con mis brazos, aferrándola a mi cuerpo mientras sus ojos destellan un brillo inexplicable que me hipnotiza.

“¿Ya buscaron en el baño?” esa voz me resulta familiar.

“No, señor”

“Echaré un vistazo, ustedes sigan revisando las demás habitaciones del piso”

Se escucha unas voces afuera y antes de que la puerta vuelva a abrirse estampo mis labios sobre su boca. No pretendo besarla, solo simular beso. Pero, en cuestión de segundos me congelo sintiendo la suavidad de sus labios y esa indescifrable sensación de calidez que desprenden parece adormilarme. No lo imagino, sus ojos parecen perderse en los míos y cuando la puerta se abre tengo los ojos cerrados como idiota, acariciando esas almohaditas de seda cálidas que aceleran mi corazón.

“¡Oh! Disculpe, lo siento” se escucha una voz a mis espaldas ¡Diablos! y luego la puerta vuelve a cerrarse. Sin embargo, de inmediato regresa al reconocerla.

“¿Señorita Valeria?” eso la hace reaccionar, me aparta con violencia y me deja un manotazo en la mejilla con todas sus fuerzas ¡diablos, nunca imagine que esas manos frágiles golpearan tan fuerte!

— ¿Cómo se atreve? ¡Maldito degenerado! ¿Acaso cree que soy su novia? ¡Míreme bien!

—Lo siento, es que… — una nueva bofetada me acaricia la mejilla con fuerza acortando mis palabras.

—Agradezca que es una fecha importante, si no con mis propias manos lo asesino.  —grita enfurecida.

Vuelvo a levantar la vista y una nueva bofetada, me obliga a apartar la mirada del hombre de pie tras ella. Tengo ardiendo la mejilla, esa chica tiene la mano pesada.

—Ni siquiera se atreva a pronunciar una nueva palabra más ¡maldito Imbécil! —grita caminando hasta la puerta.

—Se encuentra bien, señorita. —Habla al fin el hombre a mis espaldas.

—Estoy bien. Solo es un pobre ebrio.

—P-pero lo que vi. —Insiste.

—Ya me encargué de ello ¿No lo viste? ¿Crees que necesito siempre tu ayuda William?

—No dije eso, señorita.

— ¡Entonces vámonos! Y dime ¿A qué se debe todo ese alboroto afuera?

Parece que la señorita Lauder es muy cercana a mi querido licenciado William, eso será ventajoso ¿Será posible que exista un romance entre ellos? ¡no! Sino ya me hubiese matado. Aunque por sus palabras debo suponer que está interesado en ella, sin embargo, debo decir que es demasiado intensa para alguien tan pacifico como él. ¡joder! Porque estoy pensando en Valeria Lauder y no el seguir con el pan.

En eso se escuchan un disparo y luego algunos más.

— ¿Qué está pasando? —pregunto inquieto a mi contacto de afuera.

“Quédate en tu posición”

— ¿Se supone que no entrarían, que es lo que hacen? —insisto.

“Solo es un pequeño cambio de planes”

— ¿Qué es lo que hicieron?

“Ya puedes salir de ahí”

— ¿Qué hicieron? —insisto gritando entre dientes.

“Obedece o jamás volverás a verla”

— ¡Mierda! —Grito de importancia mientras corro hasta la ventana para salir de la mansión.

Mientras tanto

Valeria

La mejor celebración del año se convirtió en una pesadilla. Al salir del baño, los guardaespaldas de mi padre bajaban las escaleras corriendo y de repente una balacera se inicia. William saca un arma de su saco y tomando mi mano se pone como escudo. Jamás pensé que podría ver eso, de un momento a otro se convierte en mi guardián. Dispara como todo un profesional, como solo puedes ver en las películas acción; una faceta que nunca creí ver él ¿Es un simple abogado o no? ya me entraron las dudas. Y no solo por eso, también sabe pelear muy bien. ¡Oh! Ahora si estoy más convencida de que todo este tiempo ha sido mi seguridad y no el abogado de la familia.

—Mantente abajo por favor. — me pide sin dejar de sostener la mano y me mira con ternura y esas ganas de protegerme que me llena de valentía. — Vas a moverte cuando lo diga. ¡Está bien!

Se ve agitado, la adrenalina se nota en su rostro y en estos momentos no tengo miedo al tiroteo, porque está a mi lado protegiéndome como su más valioso tesoro. bajamos las escaleras para buscar a mi padre. Al llegar al final de las gradas una opresión en el pecho me quita el aliento y aprieto la mano de William con fuerza.

—¿Qué sucede? —Por un segundo puedo ver una mirada de preocupación marcada en sus ojos. —Todo estará bien. —Me tranquiliza.

Seguimos avanzando mientras algunos gritos siguen escuchándose, parece que los invitados han sido tomados como rehenes. Hay algunos heridos por el salón principal que parecen haberlos dejado como evidencia del daño mayor que harán. Entonces aparece Eneko sangrando del brazo, apunta con dificultad con su mano no diestra; y al vernos se sobresalta.

— ¿Dónde está el señor Lauder? —pregunta de inmediato William.

—En su despacho, junto a otros miembros de la empresa. Lo siento, no pude hacer nada.

— ¡Carajo! —grita enojado, como si hubiese sido su culpa el no haber evitado el ataque. — ¿Aún tienes balas?

—Un par de tiros.

—Cúbreme hasta el despacho. —pide.

Si hay un culpable, quizás soy yo, si no le hubiese pedido que me esperara, quizás estuviese con mi padre en estos momentos y yo, quizás muerta. Sin embargo, no es momento de lamentarse por el presente indeseable, si esto debe ocurrir, nada cambiará el final de todos los involucrados Y aunque la policía ya este afuera, los atacantes siguen aquí aterrando a los invitados. Y confundidos entre ellos tal vez escaparán y ni las cámaras de vigilancia servirán para atraparlos. Si planearon esto con cautela, pueden salirse con las suyas fácilmente.

William vuelve a tomarme de la mano y me lleva con cuidado hasta el despacho, Eneko se queda en una esquina cubriendo el área y seguimos avanzando solos cuando le hace una seña. La puerta del despacho esta semi abierta. Puede verse a un hombre tirado en el piso junto a un charco de sangre. Lentamente William va acercándose a la puerta y de repente una patada desde el interior nos derrumba. Un hombre vestido de negro aparece y se lanza sobre él. Eneko hace los disparos, pero sin suerte de atinarle. Más por el contario recibe un nuevo disparo que lo hace caer al piso.

Sin importarme el peligro ahora logro escabullirme hasta el salón, aprovechando que William está entreteniendo al perpetrador. Cruzo la puerta, no hay nadie más de pie todos están tirados en el piso herido, no quiero creer que estén muertos. Entonces escucho un quejido, mi corazón se detiene unos segundos, acelero mis pasos y tras el escritorio esta mi padre cubierto de sangre en el pecho. Rápidamente me acerco, tomo su mano y apenas reacciona al sentir el contacto. Se ve mareado, pero me reconoce.

— ¿Y William? —Susurra con dificultad.

—Vendrá pronto, tranquilízate. —Trato de mantener la angustia que está arrancándome el corazón.

—No hay tiempo… él sabe qué hacer. Va a protegerte con su propia vida.

—La ayuda está llegando, todo saldrá bien. —Ya escucho a la policía entrar y a la sirena de la ambulancia.

—No nos engañemos. Llego mi hora.

—No digas eso. Te prohíbo que digas eso. —Mi voz se quiebra.

—Si hubieses nacido hombre, me sentiría igual de orgullo. Lo harás bien, no temas nunca a los nuevos retos. Y sobre todo confía en William… él sabrá qué hacer.

Sus ojos se cierran y su mano deja de poner presión, mi corazón se ha roto y dejando caer mis lágrimas grito de dolor mientras William se acerca.

Solo me regaló tres años de su compañía para conocerlo, supongo que creyó que eran suficientes para darme cuenta de que teníamos mucho en común. No fue difícil quererlo y entender sus razones para nunca acercarse a mí, aunque haya estado vigilándome y pendiente de que nada me faltase. Siempre estuvo orgulloso de mis logros mediocres, y amó a mi madre más que a nadie en el mundo, por eso la dejo ser feliz con otro.

Dos días después 

Mamá y Samiel llegaron para el entierro, nunca antes me había sentido tan sola estando acompañada. Llegaron muchas personas importantes para la empresa, amigos cercanos, socios y abogados que nunca había conocido. Y Rubén también estuvo entre los presentes, fue el primero en acercarse a darme el pésame y a ponerse a mi disposición. ¡Sin duda un mal chiste! Sobre todo, porque tuve el atrevimiento de seguirme y ser tan cínico.

—¿Qué le hace creer que ahora lo necesito? ¡Míreme! Soy la mujer más importante en estos momentos, tengo a miles de hombres que están dispuestos a dar su vida por mí sin conocerme. Y usted, señor Ávila, en estos momentos solo es un miembro más de la competencia que estoy dispuesta a quitar del camino, con un simple chasquido de dedos. —Sigo avanzando hacia el auto.

—¿En qué momento te convertiste en una mujer tan dura? —Dice poniéndose en frente.

—No tengo idea, no recuerdo mi pasado.

—Nunca he dejado de pensar en ti.

—Lastima, eso le impide mirar el presente, señor Ávila.

—Sigues siendo el amor de mi vida.

—Supongo que le dice lo mismo a todas las mujeres con las que duerme y amanece en la cama.

—Sigo siendo el mismo hombre del que te enamoraste.

—Le repito que no tenga idea de lo que habla y si no quiere que lo obligue a apartarse de mi camino, será mejor que no dé un paso más.

—Valeria, lamento que seas tan dura por mi causa, pero…

—¡Disculpa! Crees que eres tan importante en mi vida como para amargarme por ti. Valeria Mendoza murió y con ella todo lo que tenga que ver a su vida pasada. Valeria Lauder no se detiene a mirar a insignificantes personas como tú y menos tomarse uno segundos de su vida a pensar en ellas. No me quitas el sueño Rubén, el único trato directo contigo es netamente empresarial y créeme que nunca pensé siquiera en tomar represalias contra ti, porque decidí mirar solo al presente y construir mi futuro.

Se queda inmóvil mirándome con asombro, mientras subo al auto donde ya William me espera para mostrarme el nuevo informe sobre el incidente en la mansión. La puerta se cierra y lo sigo mirando indiferente ¿Creía que la estúpida de Velaría Mendoza que conoció nunca cambiaría?

El auto se pone en marcha y William me muestra un sobre. Estos días se han desvelado para resolver el caso por su lado. Ya que para la policía solo es un atentado más a un millonario en fechas como estas. Además, los hombres que arrestaron son simples ladrones y drogadictos fichados que conocen muy bien las cárceles del país, serán condenados y tema cerrado.

—Lo que voy a mostrarte es confidencial. —Me extiendo un sobre. —localizamos a todos aquellos que estuvieron en la fiesta y podrían ser sospechosos. Quiero que veas las fotografías y me digas si recuerdas a alguno de ellos.

Empecé a pasar las fotografías y si la memoria no me fallaba pude reconocer aun par entre los heridos que vi en el salón principal.

—¡Lo sabía! ¡Mierda! Salieron en las ambulancias y solo dejaron a la b****a como carnada. —En referencia de los malandrines de mal vivir que capturaron los agentes.

Entonces veo unas fotografías que no pertenecen a la fiesta.

— ¿Y estas?

—Esas fotografías son del mismo día, solo que mientras los otros se confundían entre los invitados, este tipo. —Se acerca para señalarlo. —Se paseaba por las imitaciones poniendo cámaras ocultas.

— ¿Cámaras?

—Ya las localizamos y quitamos todas. Como podrá ver estuvo en el despacho, la biblioteca, en la habitación de su padre y luego se perdió hasta que fue captado por la cámara externa, brincando desde lo que parece ser el baño ¿Le parece conocido?

—Por supuesto. —Respondo arrugando con rabia las fotos entre mis manos. —

—¿Ya saben quién es?

—La información completa de él, está en la oficina de su padre.

—¡Bien! vayamos a verla.

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