Compartir

Mirada Letal

Autor: Annery
last update Fecha de publicación: 2026-02-02 10:37:02

Tres días después de la bala que no mató a nadie importante.

Bella se había escondido en un departamento prestado en la colonia Roma, uno de esos edificios viejos con balcones de hierro forjado y paredes que olían a humedad eterna. Nadie sabía que estaba ahí. Ni su padre, ni sus medio hermanos, ni los perros guardianes que Anselmo pagaba para que la vigilaran cuando fingía que le importaba. Había cambiado el vestido negro por jeans gastados, una sudadera gris con capucha y botas que no hacían ruido. El cabello recogido en una coleta baja, sin maquillaje. Quería desaparecer. Quería que el mundo la olvidara por unas horas.

No funcionó.

La primera noche soñó con sangre azul marino y ojos que no parpadeaban. Despertó con el nombre de Luca Moretti quemándole la lengua.

La segunda noche escuchó pasos en el pasillo del edificio. Se quedó quieta, con la espalda pegada a la puerta, el cuchillo de cocina en la mano derecha. Nadie llamó. Nadie forzó la cerradura. Solo pasos. Lentos. Deliberados. Como si alguien estuviera midiendo el espacio entre su puerta y la escalera.

La tercera noche decidió salir.

No porque estuviera harta de esconderse —eso nunca la había detenido—, sino porque necesitaba aire que no oliera a miedo propio. Caminó hasta la avenida Álvaro Obregón, donde los bares aún fingían ser elegantes a pesar de la hora. Entró en uno que tenía luces ámbar y jazz suave. Pidió un gin tonic que no pensaba terminarse. Solo quería sentarse en un rincón oscuro y fingir que era una persona normal.

Error.

Lo sintió antes de verlo.

Un cambio en el aire. Como cuando entra un depredador y todos los animales pequeños se congelan.

Giró la cabeza despacio.

Luca Moretti estaba al otro lado del bar, apoyado contra la barra, de espaldas a ella. Traje negro sin corbata, camisa abierta en los dos primeros botones. El hombro izquierdo aún rígido, pero nadie lo notaría si no supiera dónde buscar la venda debajo de la tela. Hablaba con el barman, gesto tranquilo, como si estuviera pidiendo un café en vez de whisky de dieciocho años.

Bella se quedó inmóvil.

Él no la había visto aún.

O eso creyó ella.

Entonces Luca giró la cabeza apenas un centímetro. Sus ojos encontraron los suyos a través del humo de cigarrillos electrónicos y vasos empañados.

El mundo se detuvo.

No fue una mirada casual. Fue un disparo a quemarropa sin arma. Los ojos de Luca eran oscuros, casi negros bajo la luz tenue, pero brillaban con algo que no era ira. Era hambre. Reconocimiento. Promesa.

Bella sintió que el gin tonic se le congelaba en la garganta.

Intentó apartar la mirada. No pudo.

Él sonrió. Apenas un movimiento de comisura. Suficiente para que a Bella se le erizara la piel de la nuca.

Luca se separó de la barra con la misma lentitud con la que un felino decide cazar. Caminó hacia ella sin prisa, sorteando mesas y cuerpos como si el lugar entero se hubiera abierto para dejarle paso. Cada paso hacía que el pulso de Bella se acelerara un latido más.

Cuando llegó a su mesa, no pidió permiso para sentarse. Simplemente lo hizo. Frente a ella. Tan cerca que Bella olió su colonia: madera, cuero, un toque metálico que podría ser sangre vieja o solo imaginación.

—Isabella —dijo en voz baja. Su acento italiano se enredaba en las sílabas como humo—. Te ves diferente sin sangre ajena en el vestido.

Ella apretó el vaso hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

—¿Qué quieres, Moretti?

Luca inclinó la cabeza, estudiándola como si fuera una pintura que aún no decide si comprar o destruir.

—Curiosidad —respondió—. Quería ver si la mujer que me salvó la vida por error seguía respirando.

Bella soltó una risa corta, amarga.

—No te salvé. Empujé a mi padre. Tú estabas en medio.

—Detalles —murmuró él, y se inclinó un poco más. Su rodilla rozó la de ella bajo la mesa. Bella no se movió. No le daría la satisfacción de retroceder—. El resultado es el mismo. Mi sangre está en tus manos. Literalmente.

Bella levantó la barbilla.

—Y la próxima vez no estaré ahí para empujar a nadie.

Luca la miró fijamente. Luego, sin previo aviso, extendió la mano y rozó con las yemas de los dedos la cintura de Bella, justo donde la sudadera se arrugaba contra los jeans. El contacto fue leve, casi casual. Pero el escalofrío que recorrió la columna de Bella fue cualquier cosa menos casual.

Sus ojos se clavaron en los de él.

Luca no apartó la mano. Solo la dejó ahí, quieta, como si estuviera midiendo la temperatura de su piel a través de la tela.

—Te tiemblas —susurró.

—No es miedo —mintió ella.

Luca sonrió de verdad esta vez. Una sonrisa peligrosa, lenta, que prometía cosas que Bella no quería nombrar.

—No —convino él—. No es miedo.

Retiró la mano tan despacio como la había puesto. Se levantó.

—Ven —dijo simplemente.

Bella frunció el ceño.

—¿A dónde?

—A un lugar donde podamos hablar sin público.

Ella soltó una risa incrédula.

—¿Crees que voy a seguirte como si nada?

Luca se inclinó hacia ella. Sus labios quedaron a centímetros del oído de Bella.

—No te estoy pidiendo que me sigas, Isabella. Te estoy diciendo que lo hagas.

Hizo una pausa. El aliento cálido contra su oreja.

—Porque los dos sabemos que ya empezaste a caminar hacia mí desde el momento en que me empujaste contra esa bala.

Bella cerró los ojos un segundo. Maldijo en silencio. Porque tenía razón. Una parte de ella —la parte más oscura, la que su padre siempre había intentado aplastar— quería saber qué se sentía estar tan cerca del fuego sin quemarse del todo.

Se levantó.

No porque quisiera obedecer.

Sino porque quería demostrarle que podía entrar en su juego y salir viva.

Lo siguió por el pasillo trasero del bar, el que llevaba a los baños y a la salida de emergencia. Luca caminaba delante, sin mirar atrás. Confiado. Como si supiera que ella no huiría.

Cuando llegaron al final del pasillo, donde la luz era casi inexistente y solo quedaba el rumor lejano de la música, Luca se detuvo. Se giró.

Bella no tuvo tiempo de reaccionar.

La empujó con suavidad pero con firmeza contra la pared. Una mano a cada lado de su cabeza, encerrándola. No la tocaba, pero su cuerpo estaba tan cerca que Bella sentía el calor que irradiaba a través de la camisa. El olor a whisky y a hombre. El latido acelerado de su propio corazón traicionándola.

Luca bajó la mirada a sus labios.

Luego la subió de nuevo a sus ojos.

—Te tendré —dijo en voz baja. No era una amenaza. Era una certeza.

Bella tragó saliva.

—¿Y si no quiero?

Luca inclinó la cabeza. Sus labios rozaron los de ella. No un beso. Solo un roce. El más leve. El más devastador.

—Mentira —susurró contra su boca—. Ya estás temblando otra vez.

Bella sintió que el aire se le acababa.

Quiso empujarlo. Quiso golpearlo. Quiso besarlo hasta que ninguno de los dos pudiera respirar.

No hizo nada.

Solo lo miró. Fijamente. Desafiándolo a dar el siguiente paso.

Luca lo leyó en sus ojos.

Sonrió una vez más. Esa sonrisa que prometía ruina.

Luego se apartó.

De golpe.

Como si nunca hubiera estado ahí.

Se dio la vuelta y caminó hacia la salida de emergencia sin mirar atrás.

La puerta se abrió. La lluvia entró de golpe, fría y furiosa.

Antes de desaparecer en la noche, Luca se detuvo un segundo en el umbral.

—Buenas noches, Isabella —dijo sin girarse—. Nos vemos pronto.

La puerta se cerró con un golpe seco.

Bella se quedó sola en el pasillo oscuro.

La espalda contra la pared fría.

El cuerpo todavía vibrando donde él la había rozado.

Y en la boca, el fantasma de un beso que nunca llegó.

Se llevó los dedos a los labios. Los apretó.

—Maldito seas —susurró.

Pero no sonó a rabia.

Sonó a rendición anticipada.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Pasión en las Sombras - La Reina Indomable   Temp 2: Cap 22: El Último Atardecer

    El sol se hundía en el horizonte del mar Jónico, tiñendo las aguas de un rojo tan intenso que parecía evocar la sangre derramada en los Alpes, en Lyon y en los muelles de Nueva Jersey. Pero en la terraza de aquella villa de piedra blanca, colgada de los acantilados de una pequeña isla griega olvidada por los mapas turísticos, el aire no olía a pólvora ni a miedo. Olía a romero, a sal marina y a la libertad que solo poseen los que han regresado de entre los muertos.Bella observaba el ocaso con una copa de vino intacta entre las manos. Su largo cabello oscuro ondeaba con la brisa mediterránea. Ya no vestía los trajes de seda de la heredera cautiva ni el camuflaje táctico del asalto invernal; llevaba un vestido blanco, sencillo, que contrastaba con la piel bronceada por meses de paz. Sin embargo, en sus ojos oscuros persistía el destello de la mujer que había desmantelado el sistema de espionaje más peligroso del mundo.Unos pasos familiares resonaron sobre la piedra calcárea. No necesit

  • Pasión en las Sombras - La Reina Indomable   Temp 2: Cap 21: Código de Libertad

    El humo negro y denso que ascendía desde las entrañas del búnker alpino se mezclaba con la ventisca de los Alpes suizos, creando un sudario gris sobre la montaña. La fortaleza de titanio y hormigón que un día albergó el secreto más peligroso del siglo XXI se estaba convirtiendo en su propia pira funeraria.En la sala de control de los niveles superiores, a solo unos pasos de las escaleras de emergencia que conducían a la superficie, el aire se había vuelto casi irrespirable. Las alarmas de colapso estructural aullaban en una cadencia sorda y rítmica. Frente a la última terminal operativa del complejo, la silueta de Enzo Moretti se recortaba contra el parpadeo de los monitores que morían uno a uno.Luca Moretti sostenía a Bella contra su costado. El hombro herido de Luca sangraba de nuevo, empapando el camuflaje invernal, pero sus ojos estaban fijos en su hermano. Bella, exhausta pero con la mirada imperturbable de quien ha mirado al abismo y ha sobrevivido, apretaba los puños. Sabían

  • Pasión en las Sombras - La Reina Indomable   Temp 2: Cap 20: El Rostro del Enemigo

    El zumbido sordo de los extractores de aire del búnker alpino sonaba como el conteo regresivo de un verdugo. En la pantalla principal del Centro de Datos, los dígitos rojos continuaban su descenso implacable: 00:42… 00:41… El gas sarín acechaba en los conductos de ventilación, listo para transformar el santuario de titanio en una fosa común.Julian Jr. permanecía junto a la consola central, con una mano apoyada sobre la culata de su pistola enfundada y la otra extendida hacia Bella, exigiendo la Llave Maestra. A su alrededor, las torres de servidores parpadeaban con un azul gélido que teñía la estancia de una atmósfera fantasmal.Luca Moretti no apartaba el dedo del gatillo de su fusil. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso, calculando la trayectoria de las balas de la escolta de Julian. Si disparaba, los guardias abrirían fuego y Bella quedaría atrapada en el fuego cruzado. El romance, en ese espacio confinado por la muerte, se reducía a un voto de silencio absoluto: Luca confiaba e

  • Pasión en las Sombras - La Reina Indomable   Temp 2: Cap 19: El Asalto al Centro de Datos

    El búnker de los Alpes suizos no era una base militar ordinaria; era una catedral de hormigón y titanio enterrada bajo trescientos metros de roca de granito y nieve perpetua. En el mapa de la geopolítica oculta, este lugar figuraba como un depósito de almacenamiento de datos bancarios, pero para la Comisión y lo que quedaba del imperio Valenti, era el corazón de Omnis. Aquí se alojaba el servidor central, el nodo madre que Julian Jr. pretendía activar para someter el nuevo orden mundial bajo su control absoluto.Fuera, la tormenta de nieve aullaba a más de dos mil metros de altitud, barriendo las laderas blancas y ocultando la aproximación de los helicópteros de asalto negros que Valerie Vane —antes de su ejecución en Lyon— había dejado pagados a través de una corporación fantasma. El remanente de su operación militar privada, "La Mano Blanca", ejecutaba ahora el último contrato de su jefa muerta. Pero en la vanguardia, abriendo la brecha entre el viento helado y el plomo, no había me

  • Pasión en las Sombras - La Reina Indomable   Temp 2: Cap 18: Hermanos de Armas

    El motor del viejo sedán negro rugía con un zumbido sordo mientras avanzaba por la periferia industrial de Lyon. Fuera, la lluvia golpeaba el parabrisas como un recordatorio constante de que el tiempo se les agotaba. En los asientos delanteros, el silencio entre Luca y Enzo era más denso y letal que el humo del cigarrillo que se consumía entre los dedos del copiloto. En el asiento trasero, Bella permanecía inmóvil, con la mirada fija en el cilindro cromado de la Llave Maestra que descansaba sobre sus piernas.La fábrica de seda abandonada, el punto de encuentro fijado por Julian Jr., se recortaba contra el cielo nocturno como un coloso de ladrillo y hierro. Luca apagó los faros a escasos doscientos metros y detuvo el vehículo bajo el esqueleto de un antiguo almacén de carga.—Bájate —ordenó Luca, su voz fría, desprovista de la calidez fraternal que alguna vez los había unido.Enzo obedeció sin rechistar. Al salir, el frío de la noche lionesa los envolvió. Luca caminó hacia el maletero

  • Pasión en las Sombras - La Reina Indomable   Temp 2: Cap 17: La Red se Cierra

    El apartamento franco en Lyon se había convertido en una olla a presión. El aire, viciado por el humo de los cigarrillos de Enzo y el zumbido de los inhibidores de señal, pesaba sobre los hombros de Luca Moretti. Sobre la mesa, la Llave Maestra de Omnis parecía un artefacto alienígena, un cilindro de cromo que contenía el destino del siglo XXI.Luca observaba a Bella, quien estaba sentada frente a una terminal portátil, intentando descifrar las capas de encriptación final del dispositivo. La luz azul de la pantalla acentuaba las ojeras bajo sus ojos, dándole una apariencia de ángel caído.—¿Cuánto falta? —preguntó Luca, su mano descansando sobre el hombro de ella.—El sistema es... in

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status