Accueil / Mafia / Perversa obsesión del mafioso / No puedes escapar de mí.

Partager

No puedes escapar de mí.

Auteur: Yina Zabala
last update Date de publication: 2025-11-23 01:47:34

Luciano siguió a Aurora luego de que escapó del infierno. Sus hombres se encargaron de quitar del camino a cada uno de los que decidieron infiltrarse en uno de sus bares. Los cuerpos inertes de cada uno de los integrantes de aquella pandilla fueron sacados de ahí como si nada hubiera pasado. 

Él la siguió hasta la casa de ella, una casa pobre y en ruinas. Él vio a los hombres de su peor enemigo, ese hombre que un día había sido su socio, pero que había decidido traicionarlo. 

Sin esperar más tiempo le disparó  con precisión a los hombres que estaban custodiando la casa, sin menor esfuerzo. Era experto en hacerlo. 

Se hizo al lado de la puerta escuchando la conversación, las amenazas de su enemigo y prácticamente las súplicas de Aurora. 

Sonrío porque había encontrado el momento adecuado para encargarse de ellos dos al mismo tiempo. Como siempre todo se acomodaba a su favor evitando que él saliera perdiendo. 

Escuchó el disparo, le hizo señas a sus hombres para que aguardaran. 

Justo cuando vio el momento adecuado entró, lo que más disfrutaba era verle la cara cargada de frustración al hombre que lo traicionó. 

Y Aurora… debía pagarle cualquier manera la deuda que tenía con él. 

—Te equivocas, Aurora no irá contigo a ningún lado porque ella es mi esposa —dijo Luciano con seguridad. 

Aurora con los ojos completamente aguados lo miró, sus miradas se conectaron por unos cuantos segundos haciendo que ella tuviera la misma sensación de cuando lo vio por primera vez. 

—¿Tu esposa?... basta Luciano, ni tú mismo te crees tus mentiras. Más te vale que te largues o te vuelo los sesos —Luciano sonrió ante las amenazas de su enemigo. 

Luciano sonrío ampliamente chasqueó con sus dedos y en ese momento sus hombres entraron todos apuntándole. 

—¿Así que me volarás los sesos? estás en completa desventaja. Estás solo, porque los inservibles que te cuidaban la espalda ahora tienen una bala en la cabeza. Mira tendré compasión contigo y te dejaré ir porque no mereces morir de esta manera. 

Luciano dio dos pasos acercándose a él sin dejar de apuntarle, endureció cada uno de sus músculos mientras la rabia se apoderaba de él. 

—Mereces morir peor que una rata, lenta y tortuosamente. Y disfrutaré cada segundo que te haga agonizar, ahora vete.

El hombre le dio una mirada a Aurora y luego de nuevo miró a Luciano fijamente. La guerra entre ellos no había terminado.

—Ganaste está vez Luciano, pero nadie me quita lo que es mío. 

—Te equivocas, Aurora no es, ni será tuya —Luciano respondió sin quitarle la mirada. 

Luciano vio como él salió de allí, como un perdedor. 

Sonrío lleno de satisfacción. 

Aurora con temor agarrando fuertemente a su hermana ignorando por completo la presencia de Luciano, camino hasta donde su abuela. 

La mujer estaba sangrando. Aurora comenzó a temblar mientras que sus manos se dirigían hacia la herida de ella. 

—Por favor aguanta… Lo siento tanto. Todo esto es mi culpa —dijo mientras lloraba sin detenerse. 

Luciano la miró desde su posición, sin causar un poco de compasión en él la escena que tenía al frente. 

Llegó hasta donde ella y se agachó. 

—Creo que ahora no  solo tienes la deuda económica conmigo, sino que también me debes que te haya salvado de ese malnacido. 

—Solo quiero que ella sobreviva —respondió Aurora con su voz entristecida.

Dándose completamente por vencida.

Luciano hizo señas y uno de sus hombres se acercó al cuerpo de la abuela de Aurora y le tomó los signos. Sin embargo, la falta de pulso en la mujer hizo que el mundo de Aurora se desmoronara. 

—Ya no tiene pulso, la herida fue fulminante. 

Esas palabras cayeron como balde de agua helada sobre ella. De nuevo, perdía a alguien que amaba sin poder hacer nada. 

La culpa, el remordimiento y el dolor…. Uno tras otro fue apareciendo en ella, sin piedad alguna. 

Su hermana lloraba desconsolada, pero Aurora no podía hacerlo, estaba totalmente aturdida. Estaba en shock.

Aurora sintió como todo su cuerpo comenzó a sudar frío, hasta perder por completo su conciencia y caer. 

Ella tardó un poco en abrir los ojos luego de que estos se acostumbraran a la luz. No reconoció el lugar en donde estaba, miró a su alrededor y no veía nada más que cuatro paredes. 

Estaba acostada en una cama, sin ataduras. 

Intentó levantarse, pero su cabeza le dolía. 

Se sentó y en ese momento una ráfaga de recuerdos llegaron a ella. Necesitaba salir de allí, y buscarlas. 

Justo cuando estaba a punto de levantarse de la cama la puerta se abrió y Luciano entró con su porte  intimidante. 

—¿Qué intentas hacer? —preguntó él. 

—¿En dónde estoy?

—En una de mis casas —respondió él con naturalidad—. Te desmayaste. 

—Mi abuela… ella…

—Ella está muerta,  Dante Russo la mató. 

Aurora tapó su boca y comenzó a llorar, no había sido un mal sueño, era incluso peor, era una completa pesadilla. 

Había perdido a su abuela, por culpa de un hombre que solamente la buscaba ella. 

Ella lloró. Lloro todo lo que no pudo en ese momento cargado de conmoción. 

—¿En dónde está mi hermana? —preguntó al mismo tiempo que limpiaba todo su rostro, cuando reaccionó—.  Respóndeme ¿en dónde está ella? —Aurora subió su voz. 

Su paciencia había acabado y toda ella era un caos completo en esos momentos. 

—Ella está bien, está durmiendo en una habitación aquí al lado. —Él se acercó a ella—. No debería ser tan bueno contigo, especialmente porque me debes dinero y aún sabiendo eso decidiste escapar y no pagar. 

Ella apretó sus dientes, sentía rabia al escucharlo hablar. 

—Sin embargo, encontré en ti algo que necesito. Te ayudaré a que puedas vengarte de Dante Russo. Al mismo tiempo que pagas la deuda que tienes conmigo. 

Aurora detuvo su llanto, un escalofrío le recorrió de nuevo con sus palabras. 

—Al parecer le interesas mucho y eso es un punto muy a mi favor. 

—No lo conozco, no sé quién es él. Pierdes tu tiempo. 

—Puede que tu no lo conozcas, pero él sí te conoce. Le gustas, le interesas y eso me conviene. —Él hizo una pausa y la tomó del mentón haciendo que ella lo mirara—. No tienes otra opción más que aceptar, me pagarás la deuda, te vengarás de ese maldito con mi ayuda, lo destruiré y si haces bien tu trabajo, te protegeré a ti y a tu hermana. 

—¿Y qué pasará si no acepto?

—¿No creo que quieras perder a alguien más o me equivoco? —ella negó con su cabeza—. Perfecto, entonces a partir de ahora serás mi esposa, te casarás conmigo Aurora. 

—Está bien, acepto. 

Aurora lo observó fijamente, se encontraba entre la espada de la pared. Solo esperaba que ese trato con Luciano no le fuera a costar su vida. 

Continuez à lire ce livre gratuitement
Scanner le code pour télécharger l'application

Dernier chapitre

  • Perversa obsesión del mafioso   Fin

    Quince años habían pasado desde que las llamas consumieron la vieja destilería ycon ella, los restos de Dante Russo. La mansión Costello, aunque seguía siendo una fortaleza, había mudado. Las enredaderas cubrían ahora los muros de piedra y los jardines, una vez diseñados para tener líneas de tiro despejadas, eran ahora un laberinto de rosas blancas y robles.Luciano Costello estaba de pie en su despacho, el mismo lugar donde una vez firmó con manos temblorosas un divorcio que casi le arranca el alma. Ahora, sus sienes mostraban algunos hilos de plata y su rostro tenía las líneas de expresión de un hombre que ha cargado el peso de un imperio, pero sus ojos negros conservaban el brillo letal de quien no ha bajado la guardia ni un solo segundo.Un golpe suave en la puerta lo sacó de sus pensamientos.—Adelante —dijo Luciano, su voz más profunda y rasposa por los años.Emma entró. A sus veinticuatro años, Emma Costello era la viva imagen de la elegancia y la inteligencia. Graduada en leye

  • Perversa obsesión del mafioso   Luz al final

    La luz del amanecer se filtraba por los ventanales de la mansión Costello, pero esta vez no traía consigo la sombra del miedo. El aire se sentía limpio, como si la tormenta de sangre de la noche anterior hubiera sido lavada por una lluvia purificadora. En la habitación principal, el silencio era absoluto, roto solo por la respiración de Aurora y el suave murmullo del bebé, que descansaba en una cuna junto a la cama.Luciano entró en la habitación con pasos lentos. Se había bañado y cambiado; ya no quedaba rastro del verdugo que había ardido en la destilería. Vestía una camisa blanca impecable, abierta en el cuello, y su rostro, aunque marcado por el cansancio, reflejaba una paz que Aurora jamás le había visto.Ella se incorporó al sentir su presencia. Sus ojos, todavía hinchados por el llanto, se iluminaron al verlo. Luciano se acercó y se sentó en el borde de la cama, tomándole las manos con una delicadeza que contrastaba con la fuerza que había usado horas antes para destruir a su

  • Perversa obsesión del mafioso   El fin de Dante

    El estruendo de los disparos se desvaneció, reemplazado por un silencio sepulcral que solo era interrumpido por el goteo rítmico de una tubería rota y los jadeos sibilantes de Dante. Luciano se quedó de pie en el centro, observando cómo Aurora se alejaba con el bebé bajo la escolta de Gino. Solo cuando el motor del carro rugió a lo lejos, Luciano permitió que la máscara de frialdad se resquebrajara para revelar el abismo de furia que habitaba en su pecho.Se giró lentamente hacia Dante. El hombre que alguna vez fue su socio intentaba arrastrarse sobre el suelo, dejando un rastro de sangre espesa y oscura tras de sí. Su brazo derecho colgaba inútil, destrozado por la bala del francotirador.—¿A dónde vas, Dante? —preguntó Luciano. Su voz no era un grito. era un susurro gélido que parecía vibrar en las vigas de hierro de la destilería—. La fiesta acaba de empezar.Luciano caminó hacia él con una parsimonia aterradora. Cada paso de sus botas resonaba como un tambor de guerra. Se agachó,

  • Perversa obsesión del mafioso   A salvo

    El aire en las viejas destilerías del sur era una mezcla espesa de moho, óxido y el olor metálico de la sangre que acechaba en cada rincón. Aurora detuvo el coche a unos cincuenta metros de la entrada principal, un edificio esquelético cuyas ventanas rotas parecían cuencas oculares vacías observándola. Sus manos, aferradas al volante, estaban tan blancas que los nudillos amenazaban con perforar la piel.—Quédate aquí, Emma. No salgas del carro por nada del mundo. Pase lo que pase, mantén las puertas cerradas —instruyó Aurora con una voz que intentaba ser firme, pero que se quebraba.—Tengo miedo, Aurora... ¿Dónde está Luciano? ¿Por qué no vino con nosotros? —preguntó la niña, sollozando en el asiento trasero.Aurora no respondió. No podía. Se bajó del vehículo sintiendo que sus piernas eran tan frágiles. En el bolsillo de su abrigo, su mano derecha apretaba l un revólver pequeño que había robado del despacho de Luciano antes de irse. No era una experta, pero la desesperación le otorga

  • Perversa obsesión del mafioso   Divorcio

    Luciano se quedó petrificado en medio de la habitación, con el aire escapando de sus pulmones como si le hubieran disparado a quemarropa en el pecho. Las palabras de Aurora “quiero el divorcio” resonaban en las paredes de mármol, golpeándolo con más fuerza que cualquier traición de sus enemigos. Él, que había construido un imperio sobre cadáveres y voluntad, se sentía de repente como un niño perdido en la oscuridad. Su amor por ella no era un simple sentimiento; era el eje sobre el cual giraba su cordura.—No... no estás diciendo esto en serio, Aurora —susurró Luciano, dando un paso vacilante hacia ella. Sus manos, aún manchadas con la sangre de los traidores en el sótano, temblaban visiblemente—. Estás en shock. El parto, el gas, ese maldito de Dante... te han roto los nervios. Descansa, mi vida. Mañana verás las cosas de otra forma. Yo traeré a nuestro hijo, te lo juro por mi honor.Aurora sintió que su corazón se partía en mil pedazos al ver la vulnerabilidad en los ojos de su mar

  • Perversa obsesión del mafioso   Prueba

    Luciano no había dormido. No se había curado la herida del hombro, que seguía manchando su camisa blanca. En el sótano de la propiedad, bajo las luces fluorescentes que parpadeaban con un zumbido eléctrico, tres guardias colgaban de las muñecas, encadenados a las vigas del techo.Gino estaba a un lado, apoyado en su bastón, observando a su jefe con una mezcla de tristeza. Jamás, en todos sus años de servicio, había visto a Luciano así. No era la furia de siempre, era una desconexión total de cualquier rastro de piedad.—Uno de ustedes abrió el panel de servicio —dijo Luciano, su voz era un susurro que cortaba el aire—. Uno de ustedes aceptó el dinero de un hombre quemado que debería estar muerto y le entregó a mi hijo.Luciano caminó hacia el primero de los guardias. Sin previo aviso, le propinó un golpe seco en las costillas con una barra de acero. El sonido del hueso rompiéndose fue lo único que rompió el silencio.—¡No fui yo, señor! ¡Lo juro por mi madre! —chilló el guardia, escup

Plus de chapitres
Découvrez et lisez de bons romans gratuitement
Accédez gratuitement à un grand nombre de bons romans sur GoodNovel. Téléchargez les livres que vous aimez et lisez où et quand vous voulez.
Lisez des livres gratuitement sur l'APP
Scanner le code pour lire sur l'application
DMCA.com Protection Status