LOGINAdvertencia: Esta no es tu típica historia de amor. Es un mundo de secretos, confesiones intensas y decisiones prohibidas que cambiarán todo. NO LO LEAS EN PÚBLICO. A menos… que no te importe que alguien descubra lo que estás leyendo. Esto no es solo un libro. Es una experiencia que te atrapará desde la primera página. Cada historia es breve, intensa e impredecible. Mujeres audaces que se niegan a seguir las reglas. Hombres poderosos que luchan contra sus propios demonios. Atracciones inesperadas, secretos peligrosos y decisiones capaces de cambiarlo todo. Cada mirada esconde una pregunta. Cada susurro puede revelar una verdad. Y cada encuentro podría convertirse en el comienzo de algo que nadie vio venir. A medida que avances, sentirás cómo aumenta la tensión. Los secretos saldrán a la luz, las emociones se desbordarán y los personajes se enfrentarán a deseos, rivalidades y sentimientos que jamás imaginaron. El encanto de lo secreto. La emoción de lo inesperado. El peligro de cruzar límites que jamás debieron ponerse a prueba. Cada historia te llevará a un mundo diferente, lleno de pasión, conflictos, sorpresas y decisiones imposibles. Sin historias aburridas. Sin finales fáciles. Solo emociones intensas, secretos por descubrir y personajes que se atreverán a desafiar las expectativas. Cuando llegues a la última página, quizá descubras que algunas historias son demasiado difíciles de olvidar y que siempre hay un nuevo secreto esperando ser revelado. ¿Te atreves a descubrir lo que se esconde detrás de cada secreto?
View MoreMia
El pasillo estaba en silencio, pero dentro del baño de estudiantes, mi corazón estaba gritando.
Estaba presionada contra la fría superficie de porcelana del lavabo. Mi falda estaba subida hasta la cintura y mi respiración salía en jadeos cortos y entrecortados. Soy Mia. Cumpliré 21 años en dos meses.
Soy la chica a la que la mayoría llamaría la puta secreta de la escuela. Pero me importa una m****a. Al menos soy mejor que Sarah, la puta pública. Yo solo me follo a las pollas que importan.
Jax, el capitán del equipo de hockey de la escuela, tenía las manos enterradas en mi cabello, tirando de mi cabeza hacia atrás para poder morder mi cuello.
—Ahhh joder… sí… oh, joder sí… —gemí—. Más rápido, Jax. Joder… oh… joder…
—Baja la voz, Mia. Alguien va a entrar —susurró Jax, aunque no parecía importarle demasiado. Se movía dentro de mí, fuerte y rápido, sus embestidas hacían que mi cara golpeara contra la superficie de porcelana.
—Que… ah… joder… los… oigan —respondí mientras arqueaba la espalda, empujando mi trasero más contra él, invitándolo a ir más profundo. Amaba el riesgo. Amaba saber que en cualquier segundo un conserje o el decano podía entrar por esa puerta.
Él gruñó, apretando más fuerte mis caderas. Estaba golpeando ese punto perfecto y yo estaba a segundos de perder la cabeza.
—Oohhh… ohhh… ohh sí… más rápido Jax… ahhh… sí… ohh ya… ahh… sí… oh… —jadeé.
Tenía los ojos fuertemente cerrados, mis dedos clavándose en la superficie lisa del lavabo. Ya podía sentir las olas del orgasmo acercándose.
¡Bang!
La pesada puerta se abrió de golpe.
Jax se congeló. Dejó de moverse al instante, su cuerpo se tensó, pero seguía enterrado dentro de mí. Escondió su rostro en el hueco de mi cuello. Sabía que estaba aterrorizado, sobre todo por la forma en que contenía la respiración.
Esperábamos un grito, la voz de un profesor o el sonido de alguien corriendo a llamar al decano.
Mis ojos se abrieron de golpe y miré directamente al gran espejo del baño. A través del reflejo vi la puerta.
Un hombre entró.
No era un estudiante. Era mayor, alto y construido como un gigante, con un traje gris ceniza perfectamente hecho a medida y una corbata oscura. Cuando entró, esperaba que se quedara paralizado o que jadeara… cualquier cosa.
Pero no lo hizo.
No se detuvo. Ni siquiera miró en nuestra dirección. Absolutamente no reconoció el hecho de que una chica estaba arqueando su trasero desnudo para el capitán de hockey justo frente a los lavabos. ¡En el baño de la escuela!
—Jax —susurré, mi sexo ya palpitando ante ese nivel de indiferencia—. Sigue.
—¿Estás loca? —siseó Jax, con la voz baja pero temblorosa—. ¡Hay alguien aquí!
¡Exactamente! Esa era la principal razón por la que quería que siguiera. Miré al hombre en el espejo y un pensamiento cruzó mi mente: quería que me viera. Empujé mis caderas hacia atrás, obligando a Jax a moverse.
—Ahhhh… ¡Jax! —dejé escapar un gemido fuerte y tembloroso mientras miraba el espejo.
El hombre caminó directamente al lavabo junto al nuestro. Estaba tan cerca que podía oler su costoso perfume. Abrió el grifo y el agua salió a chorros. Lo observé mientras frotaba jabón en sus grandes y firmes manos.
Maldita sea. ¿Por qué estoy imaginando esas manos sobre mí en lugar de las de Jax?
Me empujé más profundo, chocando con Jax.
—Ohhh… joder… mmmnnn… —gemí.
Observé a ese extraño y atractivo hombre mientras empezaba a lavarse las manos, frotando lentamente las palmas y limpiando entre los dedos como si estuviera solo en su casa. Seguí moviéndome contra Jax, mis ojos fijos en el desconocido, esperando alguna reacción. Pero no hubo ninguna. Si no se hubiera estado lavando las manos, habría pensado que era ciego.
No se inmutó. Se enjuagó las manos, tomó una toalla de papel y se las secó con movimientos calmados y deliberados.
Luego dejó caer la toalla en la basura, se dio la vuelta y se fue sin siquiera mirar en nuestra dirección.
La puerta se cerró.
—¿Qué demonios fue eso? —Jax jadeó, alejándose de mí de inmediato y subiéndose los pantalones. Estaba temblando. —Ella nos vio. Definitivamente nos vio.
Ya podía sentir el vacío de su miembro alejándose de mí.
—Sí, lo sé, pero no actuó como si lo hubiera hecho —respondí.
—Me largo —dijo Jax, secándose el sudor de la frente—. Eso estuvo demasiado cerca, Mia.
—¡Al menos terminemos! —grité mientras él se iba—. ¡Maldita sea! ¡Estaba tan cerca de corrernos!
Pero ya se había ido. Esa era una de las razones por las que odiaba a los chicos de esta escuela: siempre huyendo, siempre incapaces de dar una satisfacción real. Todo músculo y nada de resistencia.
Pero entonces… ¿quién demonios era ese hombre?
La pregunta pesaba en mi pecho. Mi clítoris aún latía, pulsando con placer insatisfecho. Dudé entre tocarme o buscar a alguien más que me follara hasta corrernos, pero ya era demasiado tarde.
Sonó la campana.
La quinta clase empezaría en cinco minutos.
Diez minutos después, estaba sentada en la parte trasera del aula. Era mi lugar favorito porque me permitía hacer lo que quisiera, cuando quisiera.
El decano estaba al frente de la clase, luciendo emocionado.
—Estudiantes —anunció—. Hoy tenemos mucha suerte. El hombre que está a punto de hablar es un experto mundialmente reconocido en comportamiento humano. Ha asesorado a reyes y presidentes. Por favor, den la bienvenida a nuestro nuevo profesor visitante, el Profesor Kelvin.
Mi corazón se detuvo.
Era él.
El hombre del baño.
Caminó al frente del aula, pero ya no llevaba su traje. Lo colgaba sobre su brazo, y las mangas de su camisa blanca estaban remangadas, revelando esos fuertes y venosos brazos. Se veía aún más intimidante bajo las luces brillantes del aula.
—Soy Kelvin —dijo. Su voz profunda y suave me recorrió el cuerpo, enviando descargas eléctricas hasta mi entrepierna—. Seré su profesor de Comportamiento Humano a partir de ahora.
Sus ojos recorrieron la sala. Su mirada pasó por las filas hasta detenerse directamente en mí.
La mayoría de las personas apartarían la vista por vergüenza después de lo sucedido en el baño.
Pero yo no.
No Mia Gonzales.
Sostuve su mirada.
Él sostuvo mis ojos por tres largos segundos. Su expresión no cambió, pero vi cómo su mirada se oscurecía. Sabía exactamente quién era. Y sabía que yo era la misma persona que, diez minutos antes, había estado siendo follada en el baño.
Unos minutos después, comenzó su clase, hablando sobre los “impulsos ocultos de la mente humana”.
De vez en cuando nuestras miradas se cruzaban, y él apartaba la suya.
Por dentro, la puta en mí ya estaba haciendo planes.
Quería saber qué se necesitaría para que ese rostro frío y calmado finalmente se rompiera.
¿Qué aspecto tendría ese hombre cuando tuviera su polla enterrada dentro de mí?
Quería ver ese rostro empapado en placer.
Placer que viniera de mí.
STORY 8: Compañeros de piso cercanos 👄💦 Chapter 2: Rompiendo la regla El silencio en el apartamento oscuro se sentía más pesado que el aire húmedo a su alrededor. El corazón de Mia latía tan fuerte que estaba segura de que Tyler podía oírlo. Su pulgar continuó su lento y suave recorrido por el costado del cuello de ella, cálido y ligeramente duro por años de trabajar con las manos. Su propia palma descansaba en su pecho desnudo, sintiendo el rápido latido y la resbaladiza calidez del sudor en su piel. La voz de Tyler salió baja y ronca. «Dijimos que no haríamos esto». «Lo sé», susurró Mia de vuelta. Pero no apartó la mano. Él tampoco. Sus dedos trazaron un camino más bajo, rozando su clavícula con toques ligeros como plumas. El simple contacto envió un escalofrío por todo su cuerpo a pesar del calor opresivo. Mia se movió ligeramente en el suelo, y su muslo desnudo se presionó con más firmeza contra el de él. Podía sentir la creciente dureza en sus pantalones cortos de bal
STORY 8: Compañeros de piso cercanos 👄💦 Chapter 1: La regla Mia y Tyler llevaban casi tres años siendo compañeros de piso. Había empezado como una decisión práctica, cuando un amigo en común los presentó al encontrarse ambos buscando nuevas viviendas, y la química como amigos fue instantánea. Tyler era el chico despreocupado y atlético que podía arreglar cualquier cosa en el apartamento y siempre la hacía reír hasta que le dolía el estómago. Mia era la organizada y cálida que mantenía el lugar funcionando sin problemas y se aseguraba de que él comiera comidas de verdad en lugar de solo batidos de proteínas y comida para llevar. Habían establecido una regla de oro el primer día: nada de rollos. Jamás. No importaba lo atractivo que se encontraran el uno al otro, cruzar esa línea arruinaría el arreglo de convivencia perfecto. Había funcionado maravillosamente durante tres años. Se habían apoyado mutuamente a través de rupturas, estrés laboral, dramas familiares y crisis existen
STORY 7: Probando la tendencia de TikTok 👅💦Chapter 2: Qué pasa despuésLila apenas tuvo tiempo de terminar su susurro antes de que Jaden se inclinara y la besara de nuevo.Esta vez no hubo vacilación. El beso fue más profundo, más hambriento. Su mano acunaba la parte posterior de su cabeza mientras la otra se deslizaba por su espalda, acercándola.Sus lenguas se encontraron, lentas y exploratorias al principio, luego más urgentes. Lila se derrumbó contra él con un sonido suave y necesitado, con sus dedos agarrando su camiseta con fuerza.Se movieron juntos en el sofá. Jaden la atrajo hacia su regazo para que ella se sentara a horcajadas sobre él.En el momento en que se acomodó, sintió la inconfundible dureza de su verga presionando contra ella a través de sus pantalones de chándal grises.Ya estaba completamente erecto, grueso y cálido, irradiando su calor a través de la fina tela de sus diminutos shorts.Lila meció sus caderas instintivamente, frotándose lentamente contra esa dur
STORY 7: Probando la tendencia de TikTok 👅💦Chapter 1: Besando a mi mejor amigo para ver qué pasaLila y Jaden habían sido mejores amigos desde el primer año de universidad. Tres años de incursiones nocturnas por comida, maratones de películas y chistes locales que nadie más entendía. Todo el mundo bromeaba siempre con que salían en secreto, pero ambos se reían y le restaban importancia.Jaden era el chico que le llevaba sus aperitivos favoritos cuando estaba estresada y la dejaba llorar en su hombro tras citas desastrosas. Lila era quien animaba con más fuerza en sus partidos de baloncesto y se metía despiadadamente con él cuando intentaba dejarse barba.Esta noche estaban en el apartamento de Jaden, tirados perezosamente en su gran sofá seccional. El televisor zumbaba silenciosamente de fondo con algún programa aleatorio que ninguno de los dos estaba viendo de verdad.Lila llevaba una de sus viejas sudaderas con capucha que olía a él, a ropa limpia y a esa colonia amaderada que si






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