INICIAR SESIÓN~HARPER SULLIVAN~
El banquete fue casi inexistente. Unas cuantas mesas con comida simple en el salón principal de la hacienda, los peones reunidos al fondo, observando con curiosidad. Cole apenas dirigió la palabra a nadie. Y a mí, ni siquiera volteó a verme. Lo cual tampoco deseaba que hiciera. Entre más lejos mucho mejor. Me mantuve en silencio, con la espalda recta y los labios sellados, intentando conservar algo de dignidad. Pero por dentro ardía. Una tormenta de pensamientos mortificaban mi mente, haciendo estragos en ella. ¿Cómo podían obligarme a esto? ¿Cómo podía haberme prestado a semejante farsa? ¿Cómo iba a soportar estar cerca de ese hombre si lo odiaba tanto y no habían pasado ni veinticuatro horas desde que lo había conocido y yo ya no podía soportar estar cerca de él? Y lo peor de todo, ¿cómo iba a tener un hijo con él si la sola idea de tenerlo cerca me causaba repulsión? Cuando la tarde cayó y solamente nos quedamos nosotros, porque toda esa farsa había terminado, regresé a mi habitación rápidamente, casi huyendo para no tener que cruzar ni una sola palabra con él, ni con Edmund Blackwood. Me encerré para no tener que soportar la presencia de ninguno de ellos ni un segundo más. Estar cerca de alguno de ellos para mí resultaba un verdadero infierno. Sin embargo, no pude disfrutar de la felicidad que me brindaba la soledad de la habitación por mucho tiempo. Edmund Blackwood tocó a la puerta y abrió sin esperar respuesta. Sus palabras fueron un recordatorio cruel de mis deberes: —Recuerda lo que acordamos, niña. Mi apellido necesita un heredero. Y lo necesita pronto. El rubor de la vergüenza me quemó por dentro, pero no respondí. —No pierda tiempo. Haga lo que tenga que hacer, seduzca a mi hijo, métase a su cama, conciba ese niño pronto y cumpla su promesa, o yo dejo de cumplir la mía. La habitación de Cole es la tercera a la derecha. —Sacó unas llaves del bolsillo de su pantalón y las dejó sobre la consola que había al lado de la puerta—. Estas son las llaves de la habitación... por si está cerrada. «Dios mío». Sin esperar a que yo dijera cualquier cosa, la puerta se volvió a cerrar así como se abrió y Edmund se fue, dejándome con una inmensa mortificación que me palpitaba en la mente. Me sentía tan mal. Como una prostituta que tenía que vender su cuerpo para poder obtener dinero. Y bueno, al final creo que justamente era eso, porque para poder tener un hijo tenía que tener sexo con un hombre al que no amaba, a cambio de pagar una deuda. Horas. Me quedé tumbada en la cama durante horas, reproduciendo mentalmente las palabras de Edmund, y preguntándome cómo iba a hacer para lograr mi objetivo. Cómo iba a meterme en la habitación de ese hombre... y en su cama. ¿Solo me iba a desnudar, acostarme en su cama, abrir las piernas y esperar que él me penetrara voluntariamente? «Ja. Claro. Como si él no me odiara tanto como yo a él». Supuse que iba a tener que asaltarlo sexualmente... y esperaba que con un solo asalto fuera más que suficiente, porque dudaba, totalmente, que quisiera repetir después. Tomé una bocanada profunda de aire y me di valor. Ni modo. Había tomado mi decisión y tenía que afrontarla. Tenía que buscar la manera de meterme en la cama de mi "querido esposo" y que él me hiciera un hijo. Cuando la casa ya estaba sumida en el silencio de la noche, y cuando ya había reunido el suficiente valor para hacer lo que más temía: ir a la habitación de Cole, empecé a alistarme. —Manos a la obra —me dije a mí misma, mientras empezaba a desvestirme—. Es hora de ir a cumplir mis obligaciones de esposa en mi noche de bodas. No era una chica virginal, pero tampoco era una super experimentada en temas de cama. Había tenido dos que tres encuentros sexuales a mis diecisiete años, antes de tener ese accidente en el que perdí la pierna. Después de eso... cero. No porque a mí me diera vergüenza que me vieran sin mi pierna, sino porque había dejado de ser atractiva para los hombres. No tenía ningún conjunto sexy de lencería, así que decidí que a la batalla había que ir con las armas que uno tenía; y en este caso, era sin las que uno tenía, así que me desnudé como una Eva, me envolví en una bata y salí de la habitación. El peso de la obligación, de la amenaza, de las palabras de Edmund, me empujaba a cada paso. Llegué a la habitación que se suponía era la de Cole. Antes de meter la llave, probé el picaporte y, oh, sorpresa, no tenía seguro. La puerta se abrió lentamente. Entré con el corazón en la garganta. Estaba oscuro, apenas alumbrada con la luz que llegaba de las ventanas. Mis ojos se adaptaron a la penumbra mientras avanzaba… me acerqué a la cama y me congelé al instante. Cole estaba allí. Pero no estaba solo. Una mujer, de cabello oscuro y totalmente desnuda, estaba encima de él, gimiendo en voz baja mientras lo montaba como si él fuera un caballo salvaje.Muchos años después...~HARPER~El sonido de las risas infantiles llenaba todo el frente de la casa.Sonreí apenas mientras salía hacia el corredor con ayuda de mi bastón. Mi prótesis me molestaba un poco aquella tarde, seguramente porque había pasado demasiadas horas de pie ayudando a Shelia y Nicole a organizar la cena familiar, pero ya a mi edad había aprendido a convivir con esos pequeños dolores.Además, valía completamente la pena.Porque la vista frente a mí era una de esas cosas que hacían sentir que toda una vida había tenido sentido.Cole estaba sentado en una de las viejas sillas de madera del corredor observando el atardecer y a nuestros nietos correr frente a la casa principal como si el mundo entero les perteneciera.Y quizá sí les pertenecía.Porque crecieron libres. Lejos del odio y los rencores que tanto daño nos hicieron a nosotros.Me acerqué lentamente hasta la silla vacía junto a él y me senté con cuidado.Cole volteó inmediatamente hacia mí y sonrió de esa manera
~NICOLE~ No supe cuánto tiempo pasó después. La tormenta seguía rugiendo afuera mientras yo permanecía acostada sobre el heno intentando recuperar el aire y entender en qué demonios me había metido. Oliver estaba a mi lado, todavía respirando agitado y entonces la culpa empezó a caerme encima. Pesada. Abrumadora. Dolorosa. Me incorporé rápidamente apartándome de él. —Esto no debió pasar. Mi voz salió más temblorosa de lo que quería. Oliver levantó la cabeza inmediatamente. —Nicole… Negué con la cabeza mientras buscaba mi ropa entre el heno. —No sé en qué estaba pensando. Y quizá eso era lo peor. Que sí sabía. Había cedido porque estaba enamorándome de él. Porque quería creer que nuestro encuentro significaba algo más. Pero ¿y si volvía a arrepentirse? ¿Y si otra vez me decía que todo había sido un error? Sentí un nudo horrible en el pecho mientras me ponía la camisa apresuradamente. Oliver se sentó enseguida. —Nicole, mírame. —No. Porque honestament
~NICOLE~ El beso me golpeó como una tormenta más brutal que la que rugía afuera. Oliver me sujetó de la nuca con fuerza y aplastó sus labios contra los míos con una intensidad desesperada, furiosa, casi como si llevara demasiado tiempo conteniéndose y finalmente hubiera perdido el control. Y eso era justamente lo que más miedo me daba. Porque ya había pasado una vez. Ya me había besado antes para luego apartarse, arrepentirse y decirme que todo había sido un error porque seguía enamorado de Shelia. Así que intenté detenerlo. De verdad lo intenté. Apoyé las manos contra su pecho, intentando apartarlo, intentando hacer entrar en razón tanto a él como a mí misma. Pero Oliver no me soltó. Seguía besándome posesiva y vorazmente, respirando agitado contra mi boca mientras sus dedos se aferraban a mí como si temiera que fuera a desaparecer. Y poco a poco empecé a rendirme. Porque llevaba demasiado tiempo deseándolo. Demasiado tiempo imaginando cómo se sentiría estar entre
~OLIVER~Ya había recorrido un buen trayecto de camino cuando vi a los peones a lo lejos y sentí un poco de alivio, pero solo me duró unos instantes.Estaban reunidos cerca de la quebrada desbordada, completamente empapados y discutiendo entre ellos mientras observaban la corriente con evidente frustración. El agua bajaba furiosa, golpeando piedras y troncos con tanta fuerza que daba miedo siquiera acercarse demasiado.Nicole noestaba con ellos.Shadow se agitó nervioso bajo mí cuando me aproximé a ellos.—¿Dónde está Nicole? —pregunté inmediatamente.Uno de los hombres levantó la vista hacia mí y se pasó una mano mojada por el rostro.—¡Se nos perdió!Sentí que mi pecho se tensaba violentamente.—¿Qué mierda significa eso?—¡Se apartó de nosotros en el camino! —explicó otro—. ¡Creemos que fue antes de cruzar la quebrada, pero no podemos cruzar para ir a buscarla! ¡La corriente nos va a arrastrar!Miré la quebrada. La corriente bajaba con fuerza brutal. Peligrosamente brutal.—¡Oliver
~OLIVER~La primera tormenta del año cayó sobre Wild Creek Station con una violencia brutal.Desde temprano el cielo había empezado a oscurecerse y el viento a levantarse con fuerza, pero nadie esperaba que terminara convirtiéndose en algo casi brutal.Los rayos atravesaban el cielo uno detrás de otro, los truenos parecían hacer vibrar la tierra y la lluvia caía con tanta fuerza que costaba ver más allá de unos metros.Y todo eso era un problema enorme para el rancho.Las quebradas empezaron a desbordarse rápidamente, algunos caminos se volvieron peligrosos y los animales comenzaron a alterarse por el ruido de la tormenta.Todo el mundo estaba trabajando más de la cuenta para salvaguardar a los animales de las crecidas, los tejados de las ráfagas de viento y las cosechas de la lluvia.Leo y yo llevábamos más de una hora ayudando a mover parte del ganado hacia terrenos más seguros junto con varios peones, completamente empapados y cubiertos de barro. Shadow resoplaba inquieto bajo la l
~NICOLE~ Los siguientes días fueron incómodos. Terriblemente incómodos. Y no porque Oliver y yo discutiéramos o nos lanzáramos insultos otra vez, sino porque él directamente empezó a evitarme. Al principio pensé que estaba exagerando. Que quizá simplemente habíamos coincidido menos durante el trabajo del rancho o que ambos estábamos demasiado incómodos después de lo que pasó en la colina. Pero no. Oliver realmente me estaba evitando. Si yo llegaba a un lugar, él encontraba alguna excusa para irse. Si estábamos todos reunidos, apenas me dirigía el saludo y cuando accidentalmente nuestras miradas se encontraban, él apartaba la vista casi de inmediato. Como si besarme hubiera sido tan terrible que ahora ni siquiera soportaba estar cerca de mí. Y honestamente, eso dolía muchísimo más que cualquier insulto suyo. Lo peor era que intentaba actuar normal. De verdad lo intentaba. Seguía ayudando a Shelia con las prácticas, hablaba con Hazel, bromeaba con Leo y hasta com







