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CAPÍTULO 22

Autor: Ruiza23
last update Fecha de publicación: 2024-10-30 09:01:52

Después de un par de horas conduciendo, Blas llegó finalmente a la costa. Miró de reojo a Milena, dormida profundamente a su lado, y no pudo evitar sonreír. Sabía que, al despertar, ella se enojaría aún más, pero confiaba en que podría calmarla, como lo había hecho antes… con un beso.

A pesar de su deseo por ella, sabía que no podía arriesgarse a lastimarla de nuevo. Pero se había acostumbrado a su cercanía, a esa sensación cálida y familiar que solo Milena le provocaba. Su confesión de alegría
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  • Recuerdos de un amor olvidado   CAPÍTULO 37

    Zane, en su oficina de la universidad, leía con atención los detalles de todos los cambios y nuevas herramientas que Blas había implementado en la plataforma académica. Aquello facilitaría que sus docentes concluyeran el proceso de calificación con mayor agilidad.Sonrió para sí mismo. Sabía que Blas lo lograría, que encontraría una solución. Por eso pensó en él desde el principio: confiaba en que no se negaría. Y gracias a eso, su facultad de robótica ahora contaba con un financiamiento completo.— Le agradezco mucho, señorita Milena Darcy — murmuró con satisfacción, sabiendo que llegaría el día en que le agradecería en persona.Se volvió hacia la gran ventana al costado de su escritorio. Todo había salido incluso mejor de lo que había previsto.Recostado contra el borde del escritorio, Zane pensaba que, con estos nuevos cambios, ya no sería necesaria la ayuda de Blas. Podría contratar nuevos docentes que lo reemplazaran. La plataforma estaba resuelta y, además, Blas había sido excel

  • Recuerdos de un amor olvidado   CAPÍTULO 36

    La tristeza de Milena se reflejaba en cada movimiento. Esa mañana no dejaba de repasar mentalmente la conversación que había escuchado entre los alumnos.¿Entonces la supuesta emergencia en su compañía había sido una mentira?Aunque le costaba creerlo, no podía ignorar que incluso antes del viaje a la costa había oído un comentario similar. En ese momento pensó que tal vez hablaban de Sally, pero durante el evento había confirmado que la mujer vista con Blas no era ella.Entonces… ¿había alguien más? ¿Todo este tiempo la había estado engañando? ¿Todo había sido parte de un plan para llevarla a la cama?Un nudo de dolor y tristeza se le formó en el pecho.Mientras estaba por salir de casa, el sonido familiar de un claxon la sacó de sus pensamientos. Al asomarse por la ventana, vio el auto de Blas aparcado frente a su casa.Cerró los ojos, intentando contener las lágrimas. Tenía unas ganas inmensas de llorar, pero se obligó a aguantar, al menos hasta que Tina regresara. Cuando su teléfo

  • Recuerdos de un amor olvidado   CAPÍTULO 35

    La semana pasó lentamente. Milena no había vuelto a ver a Blas desde aquel día en que regresaron de la costa. Aun así, una parte de ella se sentía tranquila. Sin embargo, las preguntas seguían rondando en su mente.¿Qué relación tienen realmente? Después de regresar, Blas continuó ausente de sus clases. Milena sabía la razón: su empresa requería de él, y entendía cuán importante es su presencia en estos momentos.En algún momento de la semana. Blas la había invitado a almorzar, pero tuvo que cancelar porque le pidieron un favor que no podía rechazar. Había aprovechado estos días intentando nuevamente contactar a su madre. Aunque no le contestaba las llamadas, al menos le envió un mensaje asegurando que se encontraba bien y que la llamaría cuando pudiera.Milena supo en ese instante que su madre evitaba responderle. Estaba segura de que su hermano Edwards ya sabía de su escape.Eso la mantenía intranquila. Le costaba concentrarse. Solo era cuestión de tiempo para que él fuera en su bú

  • Recuerdos de un amor olvidado   CAPÍTULO 34

    — ¿Estás de acuerdo? —.— No veo ningún inconveniente — respondió Blas.Su semblante perdido pensando en Milena lo delataba mientras discutían algunos costos. “Jayce”, conocido como el doctor J, lo observaba en silencio, notando cómo apretaba con fuerza el borde de la mesa. Sus nudillos estaban blancos, como si temiera soltar por perder algo.El doctor J también comenzó a revivir recuerdos que solo él conocía. Observó cómo Blas tragaba saliva con dificultad y lanzaba miradas constantes hacia la puerta. Sabía quién provocaba esa inquietud.— Si eso es todo, me retiro — dijo Blas, con voz tensa.— Siempre ha sido mi costumbre hablar contigo sobre los detalles de la gala… y otras cosas — añadió el doctor J, mirándolo directo a los ojos.Blas sostuvo esa mirada. Había algo más, lo sabía. La preocupación en el rostro de su mentor lo confirmaba. Entonces, él cambió de tema con sutileza.— Estoy al tanto de lo que ocurrió contigo y cierta persona… en tu estadía por la costa —.Blas apoyó los

  • Recuerdos de un amor olvidado   CAPÍTULO 33

    El océano comenzaba a perderse entre los grandes árboles. Milena observaba el paisaje desde su asiento, perdida en sus pensamientos sobre los últimos días. Nunca habría imaginado que terminaría el fin de semana en la costa. No tenía palabras para describir cuánto había disfrutado junto a Blas y sus amigos.En los últimos años, bajo la tutela de Edward, no habría podido permitirse esos momentos. Él se empeñaba en mantenerla encerrada, prohibiéndole salir, hacer amigos, estudiar o incluso trabajar. Recordar aquello la llevó inevitablemente a su madre. Aunque en un principio ella apoyaba a Edward, todo cambió de un momento a otro. Fue su madre, aprovechando un largo viaje de negocios de su hermano, quien la ayudó a marcharse.La cabeza de Milena comenzó a dolerle levemente. Tocó su sien. Recordó aquel episodio de su infancia cuando su padre biológico, sin importarle su familia, los abandonó. Recordaba ver a su madre llorando desconsoladamente, aunque ese recuerdo era borroso.Entonces, su

  • Recuerdos de un amor olvidado   CAPÍTULO 32

    — ¿Te quedó bien? — preguntó Katherine detrás de la puerta del vestidor. Era el cuarto traje de baño que las mujeres habían seleccionado para ella. Milena no negaba que le gustaba, pero no cubría bien sus pechos, haciendo que se vieran con facilidad todas las marcas que Blas había dejado en su piel.— Milena, ¿te quedó bien? — volvió a preguntar.— Prefiero otro no tan escotado y que el bikini no sea tan ajustado — respondió.— Tienes una buena figura, ¿por qué te avergüenzas? — dijo Katherine, dirigiéndose a ella como si la conociera de toda la vida. — Yo usaré uno parecido —.— No me siento cómoda con él — respondió con timidez.— Déjame darte el visto bueno — dijo Sally, entrando al probador.Milena inmediatamente colocó las manos sobre su pecho para cubrirse. Sally observó con asombro la razón de su incomodidad.—Oh, ya veo el problema, te queda muy ajustado — dijo en voz alta y guiñó un ojo, para no revelar el verdadero motivo por el que Milena desaprobaba el sexy traje de baño.

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