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CAPÍTULO 2

Autor: Ruiza23
last update Fecha de publicación: 2024-07-08 23:57:27

Asombro, temor y nerviosismo eran las emociones que invaden el cuerpo de Milena mientras observaba el rostro del hombre frente a ella. Nunca había imaginado que él llegaría a mirarla de esa manera, pero de alguna manera pudo intuir las intenciones de Blas. Cuando él la sujetó por los brazos, un escalofrío recorrió todo su cuerpo y, al unir sus labios a los de ella, su cuerpo se paralizó automáticamente. Milena sintió la urgencia de empujarlo y salir corriendo por la puerta, pero su cuerpo no respondía.

Blas separó sus labios de los de ella y contempló su rostro enrojecido y sus ojos bien abiertos. Él sonrió atrayéndola más hacia él. Milena salió de sus pensamientos nerviosos al sentir sus manos enredándose entre su cintura. Sin quitar su mirada de ella, Blas comenzó a caminar, y Milena, desconociendo lo que había detrás de ella, se dejó guiar, dando pequeños pasos lentos y torpes.

Las pantorrillas de Milena hicieron contacto con algo acolchado y su atacante la arrojó salvajemente sobre un gran sofá. Atónita y extremadamente nerviosa, Milena comprendió que su ex compañero del instituto se aprovecharía de la situación. Blas rápidamente se posicionó sobre ella, desabotonó los primeros botones de su blusa y, al ver su cuello descubierto, depositó sus labios en su clavícula para chupar, morder y pasar ligeramente su lengua por su piel sensible.

— Aahh… — gimoteó Milena, al percatarse del involuntario sonido, mordió con fuerza sus labios, intentando contenerse. En este punto, ella intentó resistirse, pero Blas se lo impidió sujetando sus muñecas con fuerza y besándola nuevamente.

Él buscó espacio entre sus piernas, y la tela de la falda de Milena comenzó a recogerse hasta sus caderas. Ella se dio cuenta de que una parte de su ropa interior ya estaba a la vista y forcejeó nuevamente, pero Blas apretó su agarre con fuerzas y llegó sus muñecas contra el asiento de cuero, diciéndole.

— Este es el costo que debes asumir para silenciarme —.

Las palabras de Blas cayeron como piedras en la cabeza de Milena. ¿La estaba chantajeando? Sin esperar respuesta, Blas unió nuevamente sus labios a los de ella. Milena no se atrevía a resistirse, preocupada por las consecuencias si él la delataba.

Blas dejó de sujetar sus muñecas y comenzó a besar su cuello nuevamente. Una de sus manos sujetó uno de sus senos mientras la otra acariciaba su muslo. Milena tembló al sentir el roce de algo duro entre sus pantalones, contra su ropa interior, donde justamente se encontraba su área íntima. Al bajar su mirada, ella vio la tela de su falda hasta su cintura, dejando al descubierto su ropa interior.

Ella deseaba empujarlo y salir corriendo de esa oficina, pero sus palabras seguían dando eco en su cabeza.

— No… por favor… — suplicó, al sentirlo, mover sus caderas de arriba y hacia abajo, para estimularla. Las sensaciones que Milena experimentaba eran nuevas, su rostro se enrojecía aún más por el calor que se esparcía por todo su ser.

Blas separó sus labios de su piel y se inclinó hacia atrás para ver el rostro avergonzado de Milena. Ella tragó hondo cuando las manos de Blas terminaron de desabrochar los botones de su blusa. Deseaba cubrirse, pero temía enfurecerlo.

— ¿No te vas a resistir? Esto será más fácil de lo que pensé — mencionó él.

Milena ya había pensado en las consecuencias y se resignó. Blas, al tener ante él un hermoso sostén de encajes negros, hizo que su miembro se endureciera más al ver la piel blanca resaltar en esa hermosa prenda. Milena se estremeció nuevamente al sentirlo besar su cuello y bajar hasta su pecho.

“¡¿Por qué me pasa esto?!”, gritó Milena en su cabeza, su respiración aceleró, su cuerpo tembló aún más al sentirlo chupar la piel descubierta de uno de sus senos y con la palma de su otra mano rozaba su pezón endurecido.

En este punto Milena sintió su vagina humedecer, Blas continuaba besando todo su piel expuesta, todo el lugar se sentía extremadamente caliente a pesar por el fuerte aire acondicionado de la oficina.

— Uuhh… — gimió ella involuntariamente otra vez, al sentir las manos de Blas meterse por su espalda buscando desabrochar su sujetador.

— Gime para mí — le susurró al oído, muy satisfecho de lo lejos que había llegado.

"¿Desde cuándo pensó en aprovecharse?", pensó ella. Debía haberse ido cuando tuvo la oportunidad.

Para su suerte, el altavoz del pasillo se escuchó dentro de la oficina.

— Se les recuerda a los docentes que la reunión iniciará en unos minutos — anunciaron.

— ¡Mierda! — exclamó él, levantándose enojado por la interrupción. — Aparentemente, no podremos continuar — dejó a una avergonzada Milena acostada en el sofá con la falda hasta las caderas y el pecho expuesto mostrando su sostén. — Supongo que esto me mantendrá callado por unos días — mencionó insatisfecho, ajustando su camisa y las mangas del antebrazo.

— ¿Por unos… días? ¿Qué quieres decir con eso? — preguntó una temblorosa Milena, abrochando los botones de su blusa y bajando su falda para cubrirse.

— Te ayudaré a seguir fingiendo que eres Tina —.

— Pero me dijiste que... —.

— ¡Sé lo que dije! — espetó él. — Si Tina falta a una clase más, está reprobada, los otros profesores harán lo mismo, y recuerdo que mencionaste que deseas ayudarla, ¿no? —.

— Así... es — respondió ella, mirándolo con la boca abierta, comprendiendo sus intenciones. Lo que ocurrió hoy se volvería a repetir, ella sabía que tendría que continuar con esta farsa hasta que Tina regresara.

— Toma esos papeles — le señaló su escritorio. — En la siguiente clase, siéntate al final y no abras la boca —.

— Blas, pero… —.

— Alguien viene por el pasillo. Sal de inmediato y pon tu cara de molestia como los demás — le ordenó con un tono de voz elevado, mirando el monitor en su escritorio.

Eso era lo que más deseaba Milena: salir de esa oficina y alejarse de su excompañero del instituto, que acababa de poner todo a su favor. Tomó su bolsa que se encontraba en el suelo, agarró los papeles y salió. Caminó sin detenerse hasta el tocador, sus piernas todavía temblaban por lo que había experimentado hace pocos minutos. Milena abrió una de las mamparas y, al cerrar la puerta, se desplomó. Su respiración era rápida e intentó relajar su cuerpo tembloroso.

Milena cerró sus ojos, pero esta acción hizo que todavía pudiera sentir unas pequeñas molestias en los lugares donde Blas la había mordido, chupado y lamido.

Si Tina se ausentaba, perdería el semestre. Si no jugaba el juego de Blas, podría perder su lugar en la universidad. No tenía suficiente dinero para irse del país, ni siquiera podía conseguir un simple trabajo de medio tiempo. Odiaba admitir que Blas tenía todo a su favor.

Milena, desplomada en el suelo, se tomó un momento para recordar a su excompañero del instituto. A él le gustaba estar solo, no lidiaba con chicas y sus calificaciones eran excelentes, mucho mejores que las de ella. Pero la persona que vio hoy no se parecía al joven serio, con una mirada asesina y solitario que ella recordaba.

— Ahora eres un chantajista — dijo en voz baja, tocándose la frente y sintiendo un ligero dolor de cabeza — ¡No puedo creer que esto me esté pasando! —.

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Último capítulo

  • Recuerdos de un amor olvidado   CAPÍTULO 37

    Zane, en su oficina de la universidad, leía con atención los detalles de todos los cambios y nuevas herramientas que Blas había implementado en la plataforma académica. Aquello facilitaría que sus docentes concluyeran el proceso de calificación con mayor agilidad.Sonrió para sí mismo. Sabía que Blas lo lograría, que encontraría una solución. Por eso pensó en él desde el principio: confiaba en que no se negaría. Y gracias a eso, su facultad de robótica ahora contaba con un financiamiento completo.— Le agradezco mucho, señorita Milena Darcy — murmuró con satisfacción, sabiendo que llegaría el día en que le agradecería en persona.Se volvió hacia la gran ventana al costado de su escritorio. Todo había salido incluso mejor de lo que había previsto.Recostado contra el borde del escritorio, Zane pensaba que, con estos nuevos cambios, ya no sería necesaria la ayuda de Blas. Podría contratar nuevos docentes que lo reemplazaran. La plataforma estaba resuelta y, además, Blas había sido excel

  • Recuerdos de un amor olvidado   CAPÍTULO 36

    La tristeza de Milena se reflejaba en cada movimiento. Esa mañana no dejaba de repasar mentalmente la conversación que había escuchado entre los alumnos.¿Entonces la supuesta emergencia en su compañía había sido una mentira?Aunque le costaba creerlo, no podía ignorar que incluso antes del viaje a la costa había oído un comentario similar. En ese momento pensó que tal vez hablaban de Sally, pero durante el evento había confirmado que la mujer vista con Blas no era ella.Entonces… ¿había alguien más? ¿Todo este tiempo la había estado engañando? ¿Todo había sido parte de un plan para llevarla a la cama?Un nudo de dolor y tristeza se le formó en el pecho.Mientras estaba por salir de casa, el sonido familiar de un claxon la sacó de sus pensamientos. Al asomarse por la ventana, vio el auto de Blas aparcado frente a su casa.Cerró los ojos, intentando contener las lágrimas. Tenía unas ganas inmensas de llorar, pero se obligó a aguantar, al menos hasta que Tina regresara. Cuando su teléfo

  • Recuerdos de un amor olvidado   CAPÍTULO 35

    La semana pasó lentamente. Milena no había vuelto a ver a Blas desde aquel día en que regresaron de la costa. Aun así, una parte de ella se sentía tranquila. Sin embargo, las preguntas seguían rondando en su mente.¿Qué relación tienen realmente? Después de regresar, Blas continuó ausente de sus clases. Milena sabía la razón: su empresa requería de él, y entendía cuán importante es su presencia en estos momentos.En algún momento de la semana. Blas la había invitado a almorzar, pero tuvo que cancelar porque le pidieron un favor que no podía rechazar. Había aprovechado estos días intentando nuevamente contactar a su madre. Aunque no le contestaba las llamadas, al menos le envió un mensaje asegurando que se encontraba bien y que la llamaría cuando pudiera.Milena supo en ese instante que su madre evitaba responderle. Estaba segura de que su hermano Edwards ya sabía de su escape.Eso la mantenía intranquila. Le costaba concentrarse. Solo era cuestión de tiempo para que él fuera en su bú

  • Recuerdos de un amor olvidado   CAPÍTULO 34

    — ¿Estás de acuerdo? —.— No veo ningún inconveniente — respondió Blas.Su semblante perdido pensando en Milena lo delataba mientras discutían algunos costos. “Jayce”, conocido como el doctor J, lo observaba en silencio, notando cómo apretaba con fuerza el borde de la mesa. Sus nudillos estaban blancos, como si temiera soltar por perder algo.El doctor J también comenzó a revivir recuerdos que solo él conocía. Observó cómo Blas tragaba saliva con dificultad y lanzaba miradas constantes hacia la puerta. Sabía quién provocaba esa inquietud.— Si eso es todo, me retiro — dijo Blas, con voz tensa.— Siempre ha sido mi costumbre hablar contigo sobre los detalles de la gala… y otras cosas — añadió el doctor J, mirándolo directo a los ojos.Blas sostuvo esa mirada. Había algo más, lo sabía. La preocupación en el rostro de su mentor lo confirmaba. Entonces, él cambió de tema con sutileza.— Estoy al tanto de lo que ocurrió contigo y cierta persona… en tu estadía por la costa —.Blas apoyó los

  • Recuerdos de un amor olvidado   CAPÍTULO 33

    El océano comenzaba a perderse entre los grandes árboles. Milena observaba el paisaje desde su asiento, perdida en sus pensamientos sobre los últimos días. Nunca habría imaginado que terminaría el fin de semana en la costa. No tenía palabras para describir cuánto había disfrutado junto a Blas y sus amigos.En los últimos años, bajo la tutela de Edward, no habría podido permitirse esos momentos. Él se empeñaba en mantenerla encerrada, prohibiéndole salir, hacer amigos, estudiar o incluso trabajar. Recordar aquello la llevó inevitablemente a su madre. Aunque en un principio ella apoyaba a Edward, todo cambió de un momento a otro. Fue su madre, aprovechando un largo viaje de negocios de su hermano, quien la ayudó a marcharse.La cabeza de Milena comenzó a dolerle levemente. Tocó su sien. Recordó aquel episodio de su infancia cuando su padre biológico, sin importarle su familia, los abandonó. Recordaba ver a su madre llorando desconsoladamente, aunque ese recuerdo era borroso.Entonces, su

  • Recuerdos de un amor olvidado   CAPÍTULO 32

    — ¿Te quedó bien? — preguntó Katherine detrás de la puerta del vestidor. Era el cuarto traje de baño que las mujeres habían seleccionado para ella. Milena no negaba que le gustaba, pero no cubría bien sus pechos, haciendo que se vieran con facilidad todas las marcas que Blas había dejado en su piel.— Milena, ¿te quedó bien? — volvió a preguntar.— Prefiero otro no tan escotado y que el bikini no sea tan ajustado — respondió.— Tienes una buena figura, ¿por qué te avergüenzas? — dijo Katherine, dirigiéndose a ella como si la conociera de toda la vida. — Yo usaré uno parecido —.— No me siento cómoda con él — respondió con timidez.— Déjame darte el visto bueno — dijo Sally, entrando al probador.Milena inmediatamente colocó las manos sobre su pecho para cubrirse. Sally observó con asombro la razón de su incomodidad.—Oh, ya veo el problema, te queda muy ajustado — dijo en voz alta y guiñó un ojo, para no revelar el verdadero motivo por el que Milena desaprobaba el sexy traje de baño.

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