FAZER LOGINLa barbacoa familiar cada vez se llenaba más de vida. Margaret traía una bandeja con postres y George, detrás de ella, la ayudaba con otra aún más grande para dejar ambas sobre la larga mesa instalada en el jardín. Noah y Marcus miraban a sus hijos reír juntos con una tranquilidad que años atrás habría parecido imposible. Fabiano y Gerald estaban frente a la parrilla mientras Marco y Gigi reían por algún chiste que acababan de contar.—¿De verdad le enviaste las cabezas? —preguntó Marco entre risas.—Bueno, los malditos dejaron herida a mi mariposa. No los iba a dejar salirse con la suya. Y ahí fue donde supe que mi cuñado sería mi alma gemela malvada, porque no me preguntó "¿por qué?", sino "¿cómo lo hacemos?".—Es que mi cuñadito es divertido. El grito de ese hombre fue muy gracioso. Después terminó peor.Los cuatro estallaron en carcajadas.A unos metros, Angélica tenía a la pequeña Liss arreglándole la trenza mientras Aranza observaba a Marcel.—Mami, allá están los mellizos y Lily
La tarde llegó y los cuatro chicos llegaron a la mansión Jones. Marcel llevaba en su espalda a Lily y Bastian a Micca, compitiendo entre risas por ver quién llegaba primero. Los dos chicos se esforzaban, aunque Marcel giraba a Lily porque le gustaba escucharla reír y Bastian hacía lo mismo.—¡Vamos, Basty, ganemos!—Claro, mi princesita ninja.Entonces los dos chicos pararon en seco. En la puerta de la casa estaban Marcus y Noah, los dos con una ceja alzada, mirando cómo esos hombres cargaban a sus princesitas. Ambos tragaron saliva y bajaron lentamente a Micca y a Lily.—Hola, tío —saludaron al unísono.Lily se sacó el chaleco de Marcel, que llevaba amarrado a la cintura para que él pudiera tomarla sin problemas en su espalda.—¿Se puede saber dónde andaban y por qué se demoraron tanto? —dijo Noah con su voz baja.—¿Y por qué no contestaron el teléfono, Miccaela? —dijo Marcus.Micca dio un paso adelante.—Me quedé sin baterías, y los chicos fueron por nosotros al colegio y salimos po
Diez años habían pasado en un suspiro.A veces Marcus todavía tenía la sensación de que había sido ayer cuando corría desesperado buscando a sus hijos secuestrados, cuando la mansión se llenó de disparos y sangre, cuando la tranquilidad parecía un lujo imposible de alcanzar. Sin embargo, el tiempo había hecho su trabajo. La paz se instaló definitivamente en sus vidas. Nunca volvieron a recibir amenazas importantes, apenas los típicos problemas empresariales, alguna competencia desleal o reuniones interminables, pero nada que volviera a poner en peligro a sus familias. Finalmente podían vivir como siempre habían querido.Los mellizos ya tenían dieciséis años y cursaban la preparatoria.Marcel había heredado prácticamente toda la apariencia de Marcus. Alto, elegante e imponente para su edad, con aquellos inconfundibles ojos verdes capaces de transmitir serenidad incluso cuando estaba molesto. Su educación impecable, la caballerosidad que había aprendido de su padre y el carácter tranquil
Marcus y los demás llegaron a París ya entrada la noche. El viaje había sido largo, pero agradable. Los niños habían pasado gran parte del vuelo dibujando, jugando y durmiendo por momentos, así que al aterrizar el cansancio finalmente comenzó a pasarles la cuenta.Marcus llevaba a Micca profundamente dormida sobre su hombro, completamente aferrada a su cuello. Fabiano cargaba a Marcel, que apenas murmuraba algunas palabras entre sueños mientras escondía el rostro en el pecho de su tío. Detrás de ellos caminaban Katrina y Victoria, cada una con un bebé en brazos. Matilda dormía plácidamente sobre el hombro de su madre, mientras Vittorio descansaba en los brazos de Victoria con una pequeña mano aferrada a su polera.La enorme puerta de la mansión se abrió apenas cruzaron la entrada, Margaret y George los esperaban en el recibidor, Los dos sonrieron con alivio al ver a toda la familia regresar sana y salva.—Bienvenidos a casa.—Gracias mamá, iré a acostar a los niños.Despues de dejar
La noche llegó y, con ella, el inevitable momento de despedirse. Las maletas ya estaban dentro del avión que esperaba por ellos mientras la familia se reunía una última vez en el aeropuerto. Como era costumbre, los mellizos abrazaban a Lily con un dramatismo digno de una despedida para siempre.—No quiero irme... —murmuró Marcel sin soltarla.—Yo tampoco —añadió Micca abrazándola aún más fuerte—. ¿Por qué vivimos tan lejos?Lily hizo un pequeño puchero mientras les rodeaba el cuello con los brazos.—Los voy a extrañar mucho.—Nosotros más.Katrina sonrió enternecida al ver a los tres pequeños y terminó abrazando a Olivia con cariño.—Gracias por estos días. Lo pasamos increíble.—Nosotros también. La casa quedará demasiado silenciosa.Victoria también se unió al abrazo.—Tenemos que repetirlo.—Obviamente —respondió Katrina riendo.A unos metros, los hombres sostenían a los más pequeños. Noah cargaba a Oliver, Marcus tenía a Matilda profundamente dormida sobre su hombro y Fabiano entr
La mañana llegó tranquila. La luz del sol comenzaba a colarse por las cortinas mientras Marcus seguía profundamente dormido, abrazando a Katrina contra su pecho. Tenía el rostro hundido en su cabello, respirando su aroma con una sonrisa apenas perceptible y pegándola cada vez más a su cuerpo como si no quisiera dejarla escapar jamás. Esa noche, Matilda había vuelto a ser secuestrada por los mellizos y por Lily, quienes insistían en dormir con ella cada vez que tenían la oportunidad.Katrina abrió lentamente los ojos, se giró entre sus brazos y terminó completamente acurrucada contra su pecho. Levantó el rostro y comenzó a dejar pequeños besos sobre su cuello.—Mmm... buenos días, Trina.—Hola, amor. Hoy volvemos.Marcus suspiró.—Sí... hoy regresamos a casa. George ya envió el avión. Estará esperándonos en el aeropuerto.Katrina sonrió con ternura.—No creo que los mellizos quieran irse.Marcus soltó una risa.—No. Anoche ya estaban planeando meter a Lily dentro de una maleta para lle







