MasukI am an orphan who was adopted, yet I live like a king in my house. While my older brother, Eric Jones, sleeps in the attic, which is freezing in the winter and sweltering in the summer, I get the nicest bedroom, the south-facing one with the best sunlight. Eric wears worn-out clothes from the flea market, the kind sold by the pound. As for me, I get new clothes from the mall every year. Some still have the tags on. Eric starts working at a construction site right after high school. As he works three shifts a day, his hands are covered in calluses. I, on the other hand, attend the best private high school in the city, where one year's tuition costs as much as two years of his wages. My adoptive mother, Dolores Bender, looks over my straight-A report card, wipes away her tears, and says, "Even if I have to sell everything we own, I'm putting you through college." Whenever relatives come over, they tell me how lucky I am to have been taken in by the kindest family on earth. That's what I've always believed, too, right up until Thanksgiving, when Eric had too much to drink.
Lihat lebih banyakLia Rowan se mira en el espejo del amplio y lujoso vestidor y suelta un suspiro que contiene muchas emociones reprimidas. El día llegó, por fin, aquel que había anticipado con tanta emoción y, al mismo tiempo, el que ahora desea no tener que enfrentar. Lo último que quiere en este momento es verlo, cruzar miradas con ese hombre con el que soñó ser feliz y que ahora solo le provoca un dolor profundo. Pero hizo una promesa hace tiempo atrás, y ella siempre cumple con su palabra, incluso si eso la desgarra por dentro.
Cualquier otra persona en su lugar simplemente habría tomado sus cosas y se habría ido sin mirar atrás, pero Lia no es así. No podía ni quería dejar las cosas como alguien que sale huyendo por miedo a las consecuencias. Decidió que, después de hoy, ya no habrá más para ella y Axel Storme. Este es el final de su historia. Después del ascenso, podrá irse y olvidarse para siempre de él, o al menos intentarlo.
Gira la cabeza lentamente hacia el vestido que cuelga en una esquina. Es elegante, de un verde aguamarina que refleja tanto el lujo como el esmero con el que fue confeccionado. Axel había mandado hacerlo especialmente para ella con una de las costureras más renombradas del extrangero, para esta ocasión en particular.
Antes, cuando las cosas entre ellos aparentaban ir bien, ella estaba muy emocionada por la idea de usarlo. Se imaginó este día miles de veces, a su lado, sonriendo, triunfante, siendo parte de su sueño cumplido. Pero ahora, después de lo que sucedió, todo cambió en un abrir y cerrar de ojos. Ya no queda nada de ese entusiasmo. Solo el vacío y el dolor que ahora dominan su corazón.
Un suave sonido de pasos se escucha detrás de ella, y Marcela, la empleada que trabaja para Axel desde que era un niño, aparece con una media sonrisa triste y algo preocupada al notar el rostro contraído de Lia.
—Le traje su té con miel, señora. Bébalo ahora que está caliente, sin duda la calmará un poco. Si desea, le puedo traer un analgésico para el dolor de cabeza —dice la anciana dejando la taza a un lado.
Ella escuchó el llanto de Lia durante toda la noche y tampoco pudo dormir de la preocupación. Además, Axel no apareció como de costumbre y eso sin duda es una muy mala señal.
—Gracias, Marcela, eres muy amable. No necesito la pastilla, estoy bien con té. —Lia bebe un sorbo, pero su ánimo no cambia en absoluto.
—¿Desea que la ayude a vestirse? —pregunta Marcela con su habitual tono dulce, consciente de la lucha interna que está atravesando Lia.
Ella la mira a través del reflejo en el espejo, intentando esbozar una sonrisa que no llega a materializarse. Su expresión es la de una mujer agotada, cargada de emociones contrariadas que ni siquiera ella puede comprender.
—No es necesario. Estoy bien, gracias.
Marcela asiente y sale de la habitación en silencio, dejándola a solas. Ella es consciente de su posición en la casa. Por más que desea intervenir en la relación de estos dos, no puede. Axel es como un hijo para ella, pero no puede simplemente hacer que cambie de opinión. Siempre fue terco, frívolo y arrogante, tal como sus padres le enseñaron a ser, como su misma carrera lo amerita.
Lia se queda quieta por un momento, mirando de nuevo su propio reflejo. Sus ojos todavía están rojos e hinchados por el llanto de la noche anterior. No puede hacer milagros, por lo que decide maquillarse de manera sencilla, solo lo necesario para cubrir un poco sus ojeras, pero no lo suficiente para ocultar lo que realmente está sintiendo. Ya no quiere ocultar nada de nadie. Se siente cansada de aparentar estar bien, de luchar por algo que claramente nunca va a tener.
Con un suspiro resignado, comienza a vestirse de manera lenta, colocando cada prenda con la meticulosidad de quien sabe que está enfrentando su último acto. La seda del vestido cae perfectamente sobre su fina cintura y sus anchas caderas, y aunque sabe que se ve hermosa e impecable, Lia no se siente así. Este vestido ahora se siente como una prisión, como un recordatorio de un futuro que nunca más será.
Su teléfono suena estrepitosamente y por el sonido sabe que Yvy, su amiga, la única además de los empleados de la casa que sabe la verdadera historia entre ella y Axel.
—¿Estás bien? —pregunta cuando Lia toma la llamada.
—Lo estoy, no te preocupes —contesta ella, pretendiendo sonar normal, pero su voz apagada y ronca la delata.
—No tienes que fingir conmigo, Lia. Nadie puede estar bien después de lo que pasó. Ese maldito…
La mente de Lia se empieza a llenar de nuevo con aquellas imágenes. Esas noticias que rápidamente circularon por todas las redes: “Lia Rowan fue vista totalmente ebria entrando a la habitación de un hotel con tres hombres. Un escándalo total. Su jefe, el mismisimo Axel Storme confirmó su identidad a la prensa cuando fue a buscarla”
Claro que Axel lo había hecho. Las fotos mostraban a Ravenna, incluso algunos la reconocieron, pero para no arriesgar su imagen pública, él usó la misma chaqueta que Lia había olvidado en el asiento trasero de su auto esa tarde para tapar el rostro de aquella mujer y hacer creer a todo el mundo que había sido ella.
¿Por qué su dignidad vale menos que la de Ravenna? ¿Por qué ella tiene que sacrificar su propio nombre para tapar las barbaridades de esa mujer? ¿Acaso sus sentimientos no valen nada?
Y con todo el descaro del mundo, cuando Lia reclamó a Axel y quiso declarar públicamente que no había sido ella, él la obligó a callarse y tragarse su amargura. Cerró todas sus opciones para que no pudiera defenderse. La dejó aislada hasta la mañana.
«Ravenna no puede verse involucrada en estos escándalos. Ella es sensible. Tú lo tienes todo, ¿no puedes ceder solo un poco? ¿Por qué eres tan mezquina?» Las palabras de Axel vinieron a sus pensamientos.
¿Ceder un poco? ¿Mesquina? Esa mujer ya estaba robando toda su vida. Su tiempo, la atención de su esposo, su cariño. Ahora también su dignidad.
—Por favor, no hablemos de eso. Esta relación ya terminó, no vale la pena —la interrumpe Lia, secando una lágrima rebelde de su mejilla.
—¿Estás segura de tu decisión? Ya tengo todo listo. Una vez que salgas de esa casa, ya no habrá marcha atrás, amiga.
—Estoy completamente segura, Yvy. Estaré allí a la hora que acordamos.
—Te mando mucha fuerza para enfrentar a esas víboras. Recuerda que te quiero.
—Yo también te quiero.
La llamada se corta y Lia termina de vestirse.
Finalmente, cuando ya está lista, toma su bolso y baja las escaleras, donde el chofer la espera. No hay palabras entre ellos, solo un asentimiento de cabeza cuando él abre la puerta del automóvil para que ella suba. El viaje es silencioso. Lia se mantiene mirando distraída por la ventana, sin prestar atención al mundo que la rodea.
✪ ✪ ✪ ✪
El ambiente se siente pesado y sombrío en la suntuosa oficina en el último piso del Edificio Storme Helix Group, un espacio amplio y elegante, decorado con muebles de cuero oscuro, pisos de mármol y ventanales que ofrecen una vista panorámica privilegiada de la ciudad. Sin embargo, toda esa majestuosidad y elegancia no hace más que acentuar la tensión que burbujea en el aire.
Detrás del escritorio, Axel Storme permanece inmóvil, con la mirada fija en un documento que tiene frente a él. Su expresión es inmutable, pero su aura imponente y gélida llena la sala, asustando a la joven asistente que se encuentra parada a unos metros de él.
Su presencia esta mañana en la empresa es un peso invisible que aplasta el ánimo de todos los que están cerca. Nadie se siente cómodo bajo su mirada, aunque en ese momento Axel no dirige su atención a ninguna persona en particular. Parece estar concentrado en los papeles que tiene delante, pero su mente está muy lejos de ahí.
A un lado, una de sus asistentes está de pie, rígida como uno de sus soldados y con el corazón latiendo más rápido de lo normal. La tensión es evidente en cada movimiento involuntario de sus manos y en la rigidez de su postura. Sus dedos juegan nerviosamente con el borde de su chaqueta de trabajo, mientras trata de contener las lágrimas que amenazan con desbordarse. El mal humor de Axel es conocido por todos los empleados, pero esta mañana es especialmente aterrador. Ella no se atreve a decir una sola palabra, ni siquiera a respirar demasiado fuerte, por temor a que cualquier cosa pueda desencadenar de nuevo la furia de su jefe, como lo hizo con la taza de café que preparó para él con tanto esmero y que terminó hecha triza contra el suelo.
En el sofá de la misma oficina, se encuentran Kai Draven, el amigo de Axel desde la infancia, y Ayla, su hermana menor. Ambos observan su comportamiento con una mezcla de tristeza y frustración.
Ayla, con el ceño fruncido, lanza miradas de reojo a Axel, intentando comprender qué está sucediendo por debajo de esa fachada de frialdad que ella conoce tan bien. Sabe que algo grave ocurrió, y aunque su hermano no lo ha dicho explícitamente, ella puede intuir que se trata de Lia. Solo ella es capaz de causar ese tipo de estragos en su hermano.
Kai sabe bien lo que ocurrió, pero tampoco dice una sola palabra. Había recibido una llamada tarde en la noche de parte de su amigo pidiendo que se reunieran de forma urgente. Axel no es el tipo de hombre que pide ayuda, ni siquiera a él, pero esta vez la situación lo llevó al límite, aunque él no quiera admitirlo.
Axel no muestra ni una pizca de emoción en su rostro, ni un gesto que delate lo que está sintiendo. Pero, tanto su hermana como su amigo, pueden ver más allá de su expresión imperturbable; lo conocen lo suficiente para darse cuenta de que está bastante enfadado.
El silencio en la sala es casi insoportable, y cada minuto que pasa aumenta la tensión. La asistente desea con todas sus fuerzas que llegue su salvadora para liberarla de la incomodidad de estar parada ahí sin saber qué hacer. Pero no hay rastros de Lia. ¿Qué habrá pasado? Ella siempre se presenta muy puntual.
Finalmente, Kai es el primero en romper el silencio. Carraspea levemente y luego dice:
—Bueno, al menos el día es precioso para celebrar tu ascenso.
La mandíbula de Axel se tensa ligeramente, pero no responde. Kai suspira, frustrado, y se levanta del sofá para acercarse a su escritorio.
—Sé que este no es tu mejor momento —continúa Kai—, pero no puedes seguir así. Tío Victor va a llegar dentro de unos minutos. ¿Qué va a pensar si te ve con esa cara si se supone que este debe ser el día más feliz de toda tu carrera?
Axel permanece en silencio por unos segundos antes de levantar la vista, su mirada es oscura e impenetrable. Cuando por fin habla, su voz sale baja y controlada, aunque teñida de un resentimiento que no está dirigido a su amigo.
—No me importa lo que él piense de mí. Ni él, ni nadie.
Ayla, que había estado en silencio desde que llegó, suelta un suspiro resignado al oír a su hermano.
Axel frunce los labios y deja caer los papeles sobre el escritorio. Se levanta de su silla, alto e imponente, y camina hacia el ventanal, donde la ciudad se extiende ante él como una gigantesca maqueta en movimiento. Ciudad que ahora está completamente bajo su dominio al ser ascendido a comandante de la guardia nacional.
Permanece allí parado en silencio. Sabe que Kai tiene razón, hoy debía ser el día más feliz de su vida, pero la batalla interna que libra en su mente y su corazón es mucho más complicada de lo que puede explicar.
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My birth father was silent for a long time. Then he got up, walked over to the window, and stood there with his back to me. "I'll give you ten million dollars."Mom drew in a sharp breath, whereas I stayed silent."But I have one condition."He turned back around. "You have to come with me.""Come with you? Where to?""Overseas. I'm moving the business out of the country, and I need someone to help me. You've got a degree, and you've got a good head on you. Come with me, and I'll teach you the trade."I searched his face for some sign of the father he was supposed to be, but there was nothing. There was only a stranger's face, and he was simply negotiating a deal with me."What about my brother?""I'll pay for him to get his leg treated in the best hospital by the best doctors.""And my mom?"He looked over at Mom, his expression turning cold. "What happens to her is up to you."Mom went deathly pale. "What's that supposed to mean?""I'm not going to come after you for the
I couldn't make out the full sentences. But the pieces I caught were enough to send a chill down my spine.When she ended the call and started heading upstairs, I hurried back to my room, got under the covers, and pretended to be asleep.My door cracked open a sliver. Mom stood there watching me for a while, then pulled the door shut as quietly as she'd opened it.Early the next morning, she said she'd take me to my birth father. We caught a bus into the city, then transferred to another line, and ended up in a small city I'd never set foot in before.Mom barely said a word the whole way, only glancing at me from time to time. There was something unsettling about her gaze, like she was assessing me and calculating her next move. Finally, we arrived at a hotel.I asked, "He's staying here?""Yes. He's waiting for us upstairs."The elevator moved upward, the numbers ticking higher with each floor. I looked in the mirror and saw my own pale face staring back at me.After the eleva
Mary whipped her head around toward Mom. "Dolores, is this true?"Mom paled on the spot. "Don't listen to his nonsense! He simply heard some nonsense from other people and came back to pick a fight with me!"I pulled up a recording on my phone. It was of my conversation with Eric earlier."Mary, give this a listen. Then you can tell me whether I'm the one lying."As it played, Mom's face went from pale to red, then red to pale again.After listening to it, Mary looked at Mom, then at me. For a long moment, she couldn't say a word.Mom tried to explain herself. "Mary, don't listen to him—"Mary slammed her bowl down on the table. "Well, isn't this something, Dolores? When you borrowed that money, you told me it was for your son's tuition, so I handed over what I'd been saving for my own doctor's visits."You never paid it back even though it's been years, so I just chalked it up as a gift. And to think you never meant to pay it back at all!"The moment Mom realized Mary wanted
It was 9:00 pm when I got home.When Mom saw me, she immediately plastered a smile on her face. "You haven't eaten yet, right? There's pot roast on the stove for you."I walked in and asked, "Where's Dad?""He has the night shift."I sat down on the couch and called her over. "Come sit with me. I need to ask you something."She turned around and brought me a glass of water, looking every bit like a doting mother. I pressed my lips together before saying, "I want to ask you about my birth father."Her expression changed in an instant. "Your birth father?"Her voice didn't waver. "That's sudden. Where is this coming from?""Eric told me."I kept my eyes on her, and I watched her face go dark the second Eric's name left my mouth."And what did he tell you, exactly?"I said nonchalantly, "He told me my birth father gave you a million dollars in child support."She went quiet for a few seconds. Then she laughed. "Eric was only spouting nonsense because he was drunk. Are you real


















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