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CAPITULO DOS

Autor: OrfhyLuna18
last update Fecha de publicación: 2021-06-08 03:48:30

Saco libros del casillero y meto otros que no utilizaré por el momento. Los pasillos están un poco llenos, se puede caminar al menos.

Este colegio es especial, está en medio del bosque y es específicamente sólo para seres sobrenaturales. Muchos de esos seres vienen aquí a estudiar y saber más de las otras razas, pero otros sólo por chismosos están aquí. Como vivo en los límites de mi manada, me queda cerca. Además de que me gusta caminar. Hablando de, me dirijo a mi primera clase del día que sería Licantropía. Entro y me siento en un pupitre que esta al fondo. Me dejo caer.

Se todo sobre esta clase, lo malo es que como soy “Retrasada” en términos de desarrollo, no se me permiten saltarme un año. Y eso que tengo un promedio alto para estar una clase más avanzada. El no tener mi transformación al cumplir mis 18 no me permite adelantar mis estudios. En cambio, quienes lo han tenido tienen el privilegio de avanzar más rápido en sus clases por exámenes bimestrales que se hacen para evaluar tu intelecto.

Me la paso aburrida todo el período, así que lo primero que hago es ponerme a dibujar en mis cuadernos. Más en la parte trasera. Pero sólo hago garabatos. Cuando termino frunzo el ceño. De entre los tachones encontré la forma de un  can cuadrúpedo… mi imaginación.

La clase acaba y soy la primera en salir corriendo de ahí para mi clase de Química, somos muy apegados a algunas costumbres humanas, pero esa clase la da un brujo, así que es más divertida. Al llegar al salón, veo que está ahí Maxwell con su novia Marcela. Y es que no son nada porque no son mates. Maxwell no ha encontrado a su mate y Marcela es una zorra que pasa por medio colegio. Es lo que dicen los rumores.

 No es que me interesen, después de todo no somos allegados.

Paso por su lado. Ella me nota y me hace tropezar con su pie. Caigo de cara al suelo y no se tardan en escuchar las carcajadas del resto. Me levanto y camino a mi pupitre. Marcela sólo me ve con una sonrisa de victoria. Me siento y coloco mis audífonos para no escuchar las burlas y susurros de mí. Aun no entiendo porque me odia tanto. Éramos un poco cercanas cuando teníamos 14 años, ahora soy un bicho para ella. Lo mismo con Maxwell.

A la hora de almuerzo me siento sola como siempre. Al otro lado de la cafetería veo a Marcela molestar a más chicas de primer año. La mayoría de los del colegio no hacen nada más que callar. Sé que son miedosos, yo también lo soy, ni siquiera me atrevo a enfrentar a esos que se creen la gran cosa sólo por ser reconocidos por apellidos.

¿Eso no es cobardía? —Una voz aparece en mi mente, eso me da miedo ¿Estaré sufriendo episodios de esquizofrenia?—. No te hagas porque sé que me escuchaste. Soy tu Loba, así que no me ignores.

No me creo lo que escucho. ¿Enserio es ella? No apareció en mi cumpleaños, mis padres incluso piensan que seré una loba sin transformación, temían que fuera inútil para la manada y que me trataran mal por eso. ¡Pensé que sería una inútil!

Suelta una risa muy melosa. —Cariño, déjate de idioteces y acepta de una vez lo que sucede.

—¿Por qué te tardaste más de tres meses en aparecer? Siento cierto rencor por eso.

No eres como las otras lobas. Tú eres única.

No me creo ninguna de sus palabras, se nota el nerviosismo en su timbre de voz. Lo que me sorprende es que no siento lo que otros lobos ha sentido, mi loba ha estado en mi mente y no se siente tan distinto a hablar mentalmente conmigo misma. Me levanto para dejar mi bandeja con las otras sucias. Pasó entre las mesas haciendo Zic~Zac. Dejo la bandeja en su lugar. Me doy la vuelta pero me encuentro con el grupo que me molesta siempre. Intento hacerme pequeña, pero es imposible.

—Hola Isa —Es Marcela de nuevo—. Baja la mirada ante tu futura Luna, Miller. —Gruñe. Maxwell es mi futuro Alfa. Y ella piensa que será elegida por él al no encontrar a su mate. Lo que aun no entiendo es porque siempre la agarra contra mí. No obedezco y doy la vuelta caminando a paso rápido para alejarme de ella. Pero me detiene tirando de mi cabello—. No le das la espalda a tu Luna, Retrasada.

Me tira al suelo y me lanza una patada con su zapato de punta. Gimo de dolor y sostengo mi estómago con mis manos y los párpados cerrados fuertemente. Escucho risas, pero no aguanto más. Alzo la mirada y veo a Marcela riéndose de mí, me levanto a cómo puedo salgo corriendo de ahí.

¿Por qué corres cuando puedes defenderte? —Pregunta mi loba. Entre lágrimas le respondo en voz alta.

—Porque no puedo.

Llego al campo de juego, voy detrás de las gradas sin perder tiempo y me echo a llorar, mi espalda se recarga en los soportes de las escaleras y con mis piernas abrazadas a mi pecho grito y sollozo con total libertad.

Han pasado casi cinco años desde que me molestan y la verdad no sé por qué lo hacen. Yo jamás les he hecho nada, nunca hice algo que las hiciera odiarme. Incluso los Alfas y Betas se burlan. Y son ellos quienes tienen que dar el ejemplo. Pero no, prefieren ver un lindo show donde se burlan de una chica más débil. Sé que digo que sus burlas no me importan, que nada penetra en mí como para dañarme, pero lo cierto es que te cansas de soportar todo con rostro de hierro.

Puedes hacer algo. Eres unic...

—¡Deja de decir cosas sin sentido! —Grito— ¡Entiende que no puedo hacer nada!

Sollozo más fuerte. Ya no dice nada. Pero en ese momento un dolor horrible se hace presente en mi columna baja y grito de dolor. Luego siento el dolor en mi tórax, después mis piernas, lo que hace que me ponga en cuatro para resistir un poco el dolor. Luego siguen mis brazos, ese dolor hace que me dejé caer al suelo.

Mis gritos son opacados por los cantares de muchas aves. Lo cual es raro, porque hace rato todo estaba silencio. Mi dolor de cuerpo cesa y mis gritos son sólo jadeos. Abro mis párpados y veo todo más claro, me siento diferente. Intento ponerme en pie, pero mi cuerpo es diferente. Bajo mi vista a mis brazos, los que ahora son patas blancas. Luego veo mi cuerpo, el que está cubierto por un pelaje blanco. Suelto un quejido o alarido de dolor al levantarme. Camino en cuatro patas al bosque que rodea la escuela, buscando algo para poder ver mi reflejo. Escucho mejor con mis oídos y un río se encuentra a menos de cinco minutos.

Corro y mi velocidad es mayor a la de un lobo adulto más entrenado. Lo sé por mi padre. Cuando llego al lago y veo mi reflejo me asusto y asombro al mismo tiempo. Mis ojos ya no son mieles, sino azules, un azul profundo y hermoso. Mi pelaje es completamente blanco, como la nieve recién caída del cielo. Me veo y aún no creo lo que veo.

Ser una loba blanca no es nada raro, se han visto, es como encontrar humanos albinos entre latinos mestizos ¿Cómo es posible que tenga mi transformación después de tres meses y ser así? ¿Por qué? Mis padres son lobos normales.

Porque eres diferente —Escucho la voz de mi loba—. Por cierto, soy Moon. Un gusto Bella.

—Cómo es posible esto. No tiene sentido, soy Beta y mi pelaje es...

Tu rango sólo fue un timo —Se escuchaba seria—. Las personas que conoces como padres, son adoptivos. Tú no eres de rango Beta, Delta u Omega, sino de un rango mayor.

—¿Alfa?

Pregunto insegura.

No. Eres mayor a eso.

No sé qué decir. Ella tampoco quiere dar mayor información. Solo tengo un pensamiento en mente… mis padres, no lo son en verdad, mi vida fue siempre mentira. Soporte abusos, rechazos, maltratos… No entiendo por qué soy así, si mi loba es de tres metros. Ese tamaño sólo lo tiene un Alfa, y creo que soy mayor al de un Alfa. Maxwell no podría conmigo.

Nadie podría conmigo.

Resignada a mi verdadero yo, en forma lobuna, me dirijo a mi hogar. Ya es tarde, el colegio ya debió haber terminado. Tomo mi mochila en mi hocico cuando paso por la cancha y corro a mi casa. Me siento libre, más relajada. Mi velocidad, audición, incluso el olfato son mejores. Esto debe ser lo que se siente ser un Alfa, tener poder y sentirte mejor que todos. Ahora entiendo ese ego y orgullo de todos esos Alfa.

Al llegar a casa entro al patio trasero para que nadie me vea. Suelto un aullido y mi madre sale a prisa. Cuando me ve, sus ojos azules se asombran. Mi padre sale detrás de ella. Ambos no saben que decir. Me hecho en el suelo. Mamá reacciona y entra corriendo, al salir me trae una manta. La coloca en mi lomo y yo me transformo en humana. Papá corre a mí y me abraza.

Me siento protegida con ellos. Aunque me enteré que no son Mis verdaderos padres, aun así los amo. Son lo único que tengo.

—Cariño, tuviste tu primera transformación. —Dice mamá emocionada. Sus ojos llenos de orgullo y lágrimas.

—No estuvimos ahí contigo. Lo sentimos, cariño.

Niego ante las palabras de mis padres. —A mí también me tomó desprevenida.

Ellos sonríen y me abrazan entre los dos. Después de segundos nos ponemos de pie y entramos a la casa para yo poder cambiarme y hablar mejor de esto. Lo que no dura más de cinco minutos. Estamos después los tres en la sala de la casa tomando un chocolate caliente.

Tengo que pedir explicaciones con respecto a mis verdaderos padres. No soy su hija y ellos quizás no puedan concebir, por eso fui adoptada, es una suposición que debe ser cierta, la mayoría de las adopciones es por eso. Aunque me gustaría saber quiénes fueron los que me dejaron a cargo de estas personas, solo puedo decir que estoy agradecida por darme unos padres tan buenos.

Mis planes de ser para ellos la mejor hija no han cambiado.

—Pero... cariño —Mamá esta insegura de hablar—, tu pelaje es... —Quizás esperaba que por adoptarme yo tendría otro color de pelaje, quizás uno parecido al castaño o negro que ellos tienen. No serían capaces de decirme la verdad por ellos mismos, inventarían la excusa de un pariente de pelaje albino.

Bajo la mirada a la taza entre mis dedos. Esta tibia la taza, gracias a su calor no siento escalofríos.

—No soy su hija —Susurro— ¿Verdad?

No era necesario gritarlo, ellos me escucharían mejor que nadie a un metro de distancia. No escucho sus palabras, solo la respiración agitada y el corazón acelerado de ambos, miedo quizás.

—Ya sabes… —Susurra mama. Y Papá Intenta explicar pero me adelanto en hablar.

—Pero eso no impide que los ame —Me levanto y dejo la taza en el suelo—. Aunque no sean mis verdaderos padres, los amo —Me siento en medio de ambos—. Son lo único que tengo y lo protegeré hasta mi muerte. Porque son mi única familia.

No quiero escuchar excusas o disculpas, ellos me han tratado mejor de lo que se esperaría de unos padrastros. Solo deben escuchar palabras de mí, unas palabras para que se enteren que no los odios, sino que los amo más que a nadie y que en mi su hija siempre vivirá. Que sin importar mis genes ellos son y siempre serán mis padres.

Ellos sonríen, mamá me ve en lágrimas. Papá sólo tienes los ojos cristalizados, está reprimiendo sus lágrimas. Me abrazan y yo los aceptó. No cambiaría lo que soy ahora con lo que dicen que debo ser. No me importa ser lo que dijo mi loba que era. Para mí, sigo siendo Isabela, la nerd débil que no se defiende de los que la humillan y golpean.

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Último capítulo

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