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CAPITULO CUARENTA Y DOS

Author: OrfhyLuna18
last update publish date: 2021-06-08 04:23:40

Isabella

Caí de espaldas a lo que imagine era un suelo, demasiado helado. Mi espalda sintió alivio, el sudor escurría por mi cuello y frente, el cansancio atacó mi cuerpo como saco de boxeo.

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  • SEMIDIOSA HIJA DE LA LUNA   Extra 5

    Capítulo Extra: El latido que cambió todo (Nueve años después de la muerte de Isabella — Narrado por Areteusa) Mis manos temblaban tanto que casi no podía sostener la pequeña prueba de embarazo entre mis dedos. Estaba sentada en el suelo del baño desde quién sabe cuánto tiempo, con la espalda apoyada contra la puerta, mirando las dos líneas claras, marcadas, imposibles de ignorar. Dos líneas que lo decían todo y a la vez no decían nada de lo que me pasaba por dentro. No era solo alegría, ni siquiera lo primero que sentí. Era miedo. Era duda. Era una tormenta entera de pensamientos que giraban sin parar en mi cabeza, sin encontrar un lugar donde detenerse. Estaba embarazada. Iba a tener un hijo. Nuestro hijo. Maxwell lo había deseado desde el primer día que nos casamos, lo habíamos hablado mil veces, lo habíamos soñado juntos… y ahora que estaba aquí, real, creciendo dentro de mí, me sentía aterrada. Él estaba lejos, en Alemania, en una reunión de Alfas que se suponía duraría tres

  • SEMIDIOSA HIJA DE LA LUNA   Extra 4

    Capítulo Extra: El peso de los años y la sombra que se desvanece (Ocho años después de la muerte de Isabella) El viento golpeaba la ventanilla del auto como si quisiera entrar, como si pudiera sentir la inquietud que me carcomía por dentro. Conduje durante horas, atravesando bosques que ahora parecían más pequeños, más domados por la mano humana que seguía extendiéndose por todas partes. Los años no se detenían para nadie, ni para los mortales que envejecían a paso acelerado, ni para nosotros, los que caminábamos entre sombras con un ritmo mucho más lento. La humanidad seguía avanzando, construyendo, innovando, olvidando lo que no entendía; y nosotros, los lobos, las brujas, los que llevábamos siglos existiendo, aprendíamos a escondernos mejor, a mezclarnos entre la gente común sin que nadie notara la diferencia. Esa era la única forma de sobrevivir en un mundo que cada vez tenía menos huecos para lo extraordinario. Mis dedos apretaban el volante con fuerza, tanto que los nudillos

  • SEMIDIOSA HIJA DE LA LUNA   Extra 3

    Capítulo — El peso del recuerdo y la promesaAreteusaEl viento soplaba suavemente en la cima de la montaña, llevando consigo el aroma de pino y tierra húmeda. Me senté en la roca plana que yo misma había limpiado hacía tiempo, abrazando mis rodillas y mirando hacia abajo, donde la reserva se extendía como un manto verde infinito. Tres años. Tres años desde que Ericksson proclamó a Elisa como su compañera, y seis desde que Isabella partió. Parecía que el tiempo a veces corría demasiado rápido y otras se detenía por completo. Todo en la manada seguía su curso: los días se sucedían, las estaciones cambiaban, la gente crecía, reía, trabajaba… y yo aquí arriba, observando todo como si fuera una espectadora en lugar de parte de ello.Cerré los ojos un instante, dejando que el aire fresco me acariciara el rostro. Me sentía tranquila, extrañamente tranquila, aunque en el fondo sabía que algo en mí seguía esperando. Entonces lo sentí: su aroma, fuerte y familiar, mezclado a la brisa. No tuve

  • SEMIDIOSA HIJA DE LA LUNA   Extra 2

    Capítulo — La sombra y la luz AreteusaEl viento me alborotaba el cabello mientras recorría el borde del bosque, siguiendo la línea invisible que yo misma había trazado hacía ya tiempo. Mis pasos eran suaves sobre la hierba húmeda por el rocío de la tarde, y cada pocos metros extendía una mano, dejando que la magia fluyera desde mis dedos como un hilo tibio que recorría el aire. El campo de fuerza que protegía la reserva —nuestro refugio, el territorio de la manada Blackbriar— respondía con un zumbido apenas perceptible, como un corazón que late en silencio. Todo estaba en orden: los sellos firmes, las barreras intactas, ningún rastro de intrusión ni de debilitamiento. Aun así, me detuve varias veces, revisando con atención cada tramo, porque aprendí que la seguridad no se da por sentada.El teléfono vibró en el bolsillo de mi chaqueta, y al ver el nombre en la pantalla sonreí, aunque una sombra de preocupación cruzó mi mente. Maxwell.—¿Hola? —dije, llevando el aparato al oído sin

  • SEMIDIOSA HIJA DE LA LUNA   Extra 1

    Capítulo — El eco de su nombreEl sonido del bolígrafo deslizándose sobre el papel era lo único que rompía el silencio en mi oficina. Tic, trazo, tic. Una y otra vez. Revisaba informes de la manada, listas de suministros, registros de los límites de la reserva… cosas que deberían ocuparme la mente, pero que apenas lograba retener. Mis dedos se manchaban levemente de tinta y la postura me dolía, pero no me moví. Hacía dos años. Dos años enteros desde que ella se fue, y sin embargo, cada mañana al despertar seguía sintiendo que apenas había pasado un instante desde la última vez que la vi.Me pasé una mano por la cabellera castaña clara, despejándola de la frente, y solté un suspiro que me salió desde lo hondo del pecho. El sol de la tarde se filtraba por las ventanas, bañando de luz dorada el escritorio de madera oscura, y ahí estaba de nuevo: la fotografía. Isabella. Sonriendo, con esos ojos claros que me miraban como si yo fuera todo lo que importaba en el mundo. No había día en que

  • SEMIDIOSA HIJA DE LA LUNA   EPILOGO

    La luz me rodeo, mi madre desapareció como todo rastro de su presencia. Cuando pude volver abrir mis ojos me encontraba en un lugar totalmente desconocido para mí. Selene no estaba a mi lado y ver el cielo en un atardecer tan pacifico me causa intranquilidad. A mi parecer estaba en el cielo esperando por un dios que viniera a recibirme.Intente enfocarme en el lugar. Y solo pude asombrarme al ver lo que había tras mi espalda.A lo lejos, sobre una montaña se encontraba un castillo, uno tan grande que a pesar de la distancia podías distinguir sus torres y entrada. Donde me encontraba en el quiosco tenia al frente de este se encontrabas unas gradas que me llevaban justo a un área libre en forma de círculo, también contaba con algunas antorchas que estaban encendidas. Mirara por donde mirara el lugar se veía celestial. Pero no tenía idea de donde me encontraba.Sospechaba del lugar pero no estaba

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