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Capítulo 5 – Amigos**

Author: G.o
last update publish date: 2026-07-27 23:25:55

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Han pasado dos semanas desde el ataque de los solitarios. Todo el mundo ha estado ocupado con entrenamientos extra y patrullas como para molestarme, incluida Miranda. Mis costillas han sanado y me he sentido mejor de lo que me he sentido en mucho tiempo.

Max ha estado dejando comida en mi ventana desde las magdalenas de arándanos. Comer todos los días me ha dado fuerza y energía. Soy capaz de terminar mis tareas un poco más rápido para poder dormir más.

Son las diez de la noche y estoy de pie junto a la secadora doblando la última pila de toallas, perdida en mis pensamientos. Mañana es mi decimoctavo cumpleaños. No estoy segura de si siento miedo o emoción, tal vez un poco de ambas cosas. Debería poder transformarme por primera vez y recibir a mi loba. No puedo esperar a conocer a mi loba; espero que le guste. Los lobos son fuertes por naturaleza y me preocupa que me encuentre débil.

Una vez que tenga a mi loba, podré enlazarme mentalmente con la manada. También seré más fuerte y sanaré rápido. Mi aroma se volverá más fuerte y podré encontrar a mi compañero, si está en esta manada. ¡Mi compañero! Suspiro. La única persona que está hecha para ti y te protegerá. Estaba soñando despierta con mi compañero y con mi primer beso cuando oí un toc-toc en mi pequeña ventana. Era Max.

Salté encima de la secadora y abrí la ventana.

—¿Cómo está la casi cumpleañera? —preguntó Max con una gran sonrisa en el rostro. Sostenía una caja de pizza.

—¡PIZZA! —chillé. No recuerdo la última vez que comí pizza.

—No estaba seguro de qué te gustaría, así que pedí la de amantes de la carne —Max abrió la caja y la deslizó por el suelo junto a la ventana.

—Elección perfecta, todos los hombres lobo son amantes de la carne —reí.

—Come, tenemos que ponerte sana y fuerte para tu primer cambio de mañana. —Se sentó en la hierba con la espalda apoyada en la casa, junto a mi pequeña ventana. Habían pasado años desde que alguien me deseaba un feliz cumpleaños y ahora, además, me traían pizza.

Saqué la mano por la ventana y levanté con cuidado una rebanada gruesa de pizza. Estaba cargada de salchicha italiana, pepperoni, jamón y bacon. Olía tan bien que casi se me hacía la boca agua.

Di un bocado.

—Mmmm, oh mi Diosa, Max, esto está INCREÍBLE.

Soltó una risa, cogió una rebanada.

—Desde luego que sí —dijo mientras mordía.

Yo me senté encima de la secadora y él se sentó afuera bajo las estrellas. Los dos comimos en un silencio cómodo. Habíamos pasado varias noches comiendo así y hablando.

—Lucy, Ranger me ha pedido que vaya con él a la manada Night Howlers mañana para hablar de asuntos importantes. Salimos al amanecer y deberíamos estar de vuelta antes del atardecer, así que podré ayudarte con tu primer cambio.

—Suena genial. Gracias, Max.

—¿Quieres otra rebanada? —ofreció.

—Ojalá pudiera, estoy repleta. —Sonreí mirándolo mientras me daba palmaditas en la barriga llena.

—Toma, coge esto por si te despiertas por la noche y necesitas un tentempié. —Envolvió otra rebanada grande de pizza en las servilletas y me la pasó por la ventana.

—Gracias, Max, nos vemos mañana por la noche. —Sonreí de vuelta y cerré la ventana mientras él se iba.

Dejé la rebanada de pizza encima de mi cubo de plástico y me acurruqué en mi cama de perro. Max se había convertido oficialmente en mi persona favorita de la manada Dark Moon.

Max tenía veintitrés años, dos menos que Ranger. Había encontrado a su compañera cuando tenía dieciocho y esperaban su primer cachorro un año después. Su compañera, Olivia, estaba embarazada en aquel entonces y había muerto en el mismo ataque de solitarios que mi padre y nuestra Luna.

Max era completamente lo contrario de su hermana menor Miranda. Mientras pensaba en Max, apoyé la cabeza y le pedí a la Diosa de la Luna que Max tuviera algún día una segunda oportunidad de compañera. Si alguien merecía ser feliz, era Max. Quienquiera que acabara con él sería una loba muy afortunada.

Los párpados se me hicieron pesados y se cerraron. Dormir con el estómago lleno es maravilloso… esa pizza es maravillosa, pensé mientras me quedaba dormida.

—Lucy.

—Lucy.

Me desperté de mi sueño y abrí los ojos soñolientos. Todavía estaba oscuro. Creí oír a alguien llamar mi nombre.

—Hola, Lucy.

Me incorporé en la cama.

—¿Quién anda ahí? —llamé. Oí una risa femenina, pero no vi a nadie.

—Lucy, soy yo, Lia. Soy tu loba —dijo la voz.

Debía de ser después de medianoche, lo que técnicamente ya hacía que fuera mi cumpleaños.

—¡Feliz cumpleaños, Lucy! —dijo.

—Gracias —dije en voz alta.

—Lucy, no tienes que hablar en voz alta, puedo oírte en tu cabeza.

—Ah, cierto. —Sonreí. Cerré los ojos y me concentré en Lia; podía verla en mi mente. Era hermosa. Del color del sol y el fuego, con los mismos ojos color ámbar que yo. Su cola se movía de un lado a otro y parecía estar sonriendo, si es que eso es posible para un lobo.

—Estoy tan feliz de tenerte por fin conmigo. —Me sentía agradecida de tener a alguien con quien hablar todo el tiempo.

—Lucy, siempre he estado contigo desde el día en que nacimos. Solo he estado dormida hasta tu decimoctavo cumpleaños.

—¿Cuándo empezaré a transformarme? —pregunté emocionada.

—Puedes transformarte a voluntad en cualquier momento. Me gustaría estirar las patas y salir a correr pronto, por favor —me dijo—. Deberías comer algo primero, el primer cambio requerirá mucha energía.

Agarré la rebanada extra de pizza que me había dado Max y empecé a devorarla. Oí a Lia gruñir de placer ante la pizza.

—¡Deliciosa! —casi ronroneó.

—Podríamos salir esta noche con Max para nuestro primer cambio —le dije.

—Lucy, vas a querer transformarte sola la primera vez —dijo Lia.

—¿Por qué?

—Será más fácil de explicar cuando te hayas transformado. Vamos, tenemos un poco de tiempo antes del amanecer.

—Vale, pero tenemos que tener mucho cuidado, no se me permite salir de la casa, y mucho menos de noche.

—No te preocupes, estaremos bien. Técnicamente es temprano por la mañana y no de noche —respondió con desparpajo.

Salté encima de la secadora y abrí la pequeña ventana para salir. Corrí hacia el bosque lo más rápido que pude y parecía correr más rápido de lo que nunca había corrido en forma humana. Cuando llegué a mi tronco caído favorito, me quité la ropa para que no se rasgara al transformarme y la escondí con cuidado en un arbusto junto al tronco.

—¿Y ahora qué? —le pregunté a Lia.

—Cierra los ojos y concéntrate en cómo me veo —me dijo—. No tengas miedo, va a doler al principio, pero después de unas cuantas veces será rápido e indoloro.

Estaba un poco ansiosa por la parte del dolor. Cerré los ojos, respiré hondo y me concentré en la hermosa loba que llevaba dentro. Caí de rodillas y oí el crujido de los huesos. El dolor era blanco e intenso e intenté no gritar porque no quería atraer a ninguna de las patrullas.

—Concéntrate, concéntrate, Lucy, tú puedes, ya casi está —llamó Lia.

Jadeaba con fuerza y bababa. Abrí los ojos después de diez minutos y vi que mis patas se clavaban en la tierra húmeda debajo de ellas. ¡MIS PATAS! ¡Estaba de pie sobre las cuatro patas! Mi pelaje era… ¿dorado?

No creo haber visto nunca un lobo de un color tan claro, pensé para mí.

—No lo has visto, Lucy. Somos especiales —dijo ella.

Claro, incluso en forma de lobo soy diferente. Espero que los demás miembros de la manada no se metan conmigo por eso, pensé con amargura, sabiendo que lo harían.

—¡Si quieren vivir, no lo harán! —gruñó Lia.

—Tranquila, chica, ¿quieres salir a correr? —pregunté y ella ladró de vuelta.

Sentí que Lia tomaba el control y empezábamos a correr más rápido de lo que jamás habría imaginado. Saltamos por encima de troncos, arbustos y rocas. Nos deslizamos entre los árboles sintiendo el viento en el pelaje. Me sentí tan libre.

Nos dirigimos hacia el pequeño arroyo que había más adelante; Lia se agachó a beber agua. Vi nuestro reflejo; mis ojos eran del mismo color y nuestro pelaje casi parecía estar en llamas. Miré hacia el cielo y vi la hermosa luna colgando sobre mí. Sentí la necesidad de aullar de alegría, pero tuve que contenerme porque no quería que nadie me descubriera.

¡Esto es increíble! pensé mientras miraba a mi alrededor. Podía verlo todo mucho más claro con mi visión de loba. Los colores eran de alguna manera más intensos y los pequeños detalles se habían vuelto nítidos. Mi sentido del olfato y del oído también parecían más fuertes, como super sentidos.

Volvimos a correr y a revolcarnos por el bosque. Podía ver que el cielo se aclaraba, lo que significaba que el amanecer se acercaba. Nos dirigimos de vuelta hacia la línea de árboles, al tronco caído donde tenía escondida la ropa. No estaba segura de cómo volver a transformarme.

—Solo imagina tu forma humana —me dijo Lia.

Me concentré en mi yo humana y oí el sonido de huesos crujiendo. Caí de cara al suelo del bosque y luché por no gritar. Las articulaciones me ardían y la energía se me agotó por completo. No estaba segura de si realmente me había desmayado.

Estaba acurrucada en posición fetal sobre el suelo húmedo, desnuda. No podía moverme. Oí unos pasos rápidos que se acercaban y cerré los ojos. Lia de pronto estaba en tensión y emocionada. Un delicioso olor a miel, canela y manzanas me golpeó. Lo último que oí fue una voz profunda gruñendo:

—MÍA.

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Comments (1)
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Azul Gutiérrez
me encanta, espero con ansias el siguiente capítulo
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