INICIAR SESIÓNLa seguridad de Magrini se duplico después de la desaparición de Bastián, Azahara era testigo del miedo que paralizaba a Fabritzio. El cobarde tenía una cola muy larga para pisarle, no era en vano su miedo.
Durante tres días y noches observo cada movimiento de Fabritzio Magrini. Registro sus horarios los sitios que frecuentaba fuera de la clínica. Era un hombre exacto, con una rutina monótona y aburrida.
Luna Dorada, su café bar favorito, cada noche asistía a beber un par de tragos, sus relaciones eran nulas, amantes no parecían estar interesado en alguna mujer, aunque ellas se acercaran con coqueteos, siempre volvía a casa solo.
Reviso su reloj, dos minutos para la siete, en dos minutos saldría para abordar su auto, esa noche se haría notar de cualquier manera, el primer paso era ganarse su confianza, observaba desde dentro de un pequeño auto rojo.
Un movimiento extraño activo sus alertas, un par de hombres con los rostro cubierto y vestidos de negro trotaron en dirección a la puerta de la clínica, armados solo con unas macanas, se deslizaron entre los autos estacionados alrededor de la camioneta de Magrini. En cuanto Fabritzio puso un pie fuera de la clínica los hombres lo atacaron, un golpe a la cara, otro en la espalda y el tercero en el estómago.
—¡Pero qué demonios! —Era imposible quedarse de brazos cruzados, nadie iba derramar la sangre de ese pedazo de m****a, excepto ella.
Lo sujetaron del cuello, tratando de salir entre los hombres que se empecinaban en salvaguardar la integridad del maldito médico.
Bajo del auto, cubriéndose entre los coches, mientras uno lo sostenía el otro golpeo a cada guardaespaldas con el bastón, en segundos Magrini era su blanco fácil, como una reina en un juego de ajedrez, y el camino estaba libre para arrastrarlo con ellos.
El sujeto volteo a ver a Magrini,
—Les daré lo que quieran… no me hagan daño—levanto su mano con el bastón, Magrini espero un golpe fuerte, los guardias aun cuanto tenían la forma de levantarse y pelear decidieron quedarse en el suelo adoloridos.
Azahara respiro profundo
—Estoy perdiendo el juicio. —Salto de detrás de un auto apuntando con un arma de dardos tranquilizantes. Era lo único amenazante que tenía a su alcance.
—¡Libéralo!
Magrini alzo la vista notando de inmediato a la joven de cabello plateado. El tipo se dio la vuelta con lentitud, al cruzar su mirada con aquel que amenazaba con el bastón al bastardo descubrió la fragilidad de una dama, eso la coloco en igual de circunstancias, sonrió segura que sería pan comido.
Camino con una sobrada seguridad dando pasos lentos y firmes, girando el bastón como reguilete, la longitud aumento. El bastón paso de una mano a la otra con una rapidez que asustaba a cualquiera.
Pero no a Azahara. Ella guardo el arma detrás de su espalda, se preparó con los puños delante de su rostro.
La exótica mujer lanzo un grito junto al golpe que iba duro contra Azahara, ella esquivo el golpe inclinándose a la derecha respondiendo con una patada sofocante al abdomen, la agilidad de ambas revelo que no se enfrentaban a una simple humana.
No retrocedió, siguió lanzando golpes, puños, atacando con el bastón intentando con algo de frustración darle un golpe a la entrometida. Azahara espera el momento indicado, en cuanto encontraba puntos ciegos atravesaba sus golpes y golpeaba sin piedad, su pierna, su espalda y el pecho probaron la rudeza de su contrincante.
Agitada, y resintiendo el dolor en su cuerpo, reconoció que esa loba la superaba por mucho.
Las sirenas de la patrulla alertaron, los guardias de Magrini se pusieron en pie asechando al único hombre que amagaba al médico, con un empujón lo tiro al piso, tomo a su compañera escapando del lugar.
La líder se puso en pie, apunto con su dedo a Azahara
—Esto no se quedará así. —le advirtió.
Los guardias de Magrini corrieron hacia él levantándolo y cubriéndolo.
—Estúpidos —pero el hombre enfurecido los aparto.
La policía arribó con sirenas. Desplegando una docena de hombres rodeando el lugar, cuando los asaltantes ya se habían esfumado.
Azahara tuvo curiosidad de saber quiénes eran y cuales sus intenciones con Magrini; quizás esa mujer estaba aquí no por Magrini, si no por Bastián.
—Fabritzio Magrini —el hombre que parecía tan inalcanzable estaba frente a ella extendido su mano.
El corazón de Azahara palpito con una locura rabiosa, acaba de salvar a esa escoria.
—Azahara Raimondi.—respondió estrechando su mano, una sensación de asco y suciedad subió por su mano.
—¡Estoy en deuda contigo!
La sonrisa de Magrini manchada de sangre le dio un pequeño alivio, ese hombre era frágil como un hilo tenso al cual unas tijeras lo pudieran cortar.
Era tan fácil en ese mismo momento acabar con su vida, pero tenía que tener paciencia, descubrir si lo que Bastián habia dicho era verdad. Parpadeo para borrar la mirada llena de rencor, pero le era imposible
—No fue nada. —dijo con frialdad, no podía mirar de otra manera a quien destrozo su vida. Fabritzio le fascino esa mirada tan vacía de sentimientos y al mismo tiempo tan cargada de odio.
—Mi vida te parece, “nada”.—saco de su saco una tarjeta —Llámame, te recompensare.
Magrini le sonrió, regreso dentro de la clínica para ser revisado y descartar cualquier lesión.
Tenía entre sus manos un pase directo, no era la forma en que pensaba hacerse notar esto sin duda se lo debía a esa loba misteriosa.
Subió a su auto, condujo de vuelta a casa, incrédula de su golpe de suerte.
Al cruza la intersección, una camioneta blanca a toda velocidad la embistió, su auto dio un par de vueltas, destrozado termino sobre sus cuatro ruedas, un golpe en la cabeza y sangre escurriendo por su frente, recostada sobre el volante
Los curiosos se acercaron, y de la camioneta descendieron dos sujetos, mientras alguien llamaba a emergencias, Azahara fue sacada del auto.
La puerta de la camioneta blanca se cerró, con un rechinido de llantas al pisar el acelerador.
Cada mañana despertaba con el desayuno, no le faltaba una deliciosa comida a medio día o una fastuosa cena durante las noches. Aunque a ella no la habia visto en un par de días. Iba guardando cuidadosamente todos los reclamos que iba a lanzarla a la cara cuando se encontrara frente a ella.
Era demasiado insolente al creer que tener a un Alfa poderoso cautivo en una vieja mansión no tendría repercusiones. Cuando pudiera rodear sus dedos alrededor de su pequeño y suave cuello la escucharía suplicar.
Gozaba solo con imaginarlo… caminar por aquella vacía y silenciosa mansión le estaba volviendo loco.
Un dolor agudo atravesó el pecho de Bastián, como un rayo ardiente recorrió cada centímetro de sus nervios, penetrando hasta lo más profundo de sus venas. Hirviendo su sangre de una rabia infinita.
Su pensamiento y su angustia tenía rostro.
Mariposa.
Bastián suspiro por última vez, Gerard contuvo las lágrimas, pero sus ojos eran un par de frías y duras piedras color zafiro. El pequeño Colín lloro culpándose a sí mismo, si hubiera atacado a ese lobo que lo hirió, el Alfa tal vez estaría vivo.La presencia de Azahara trajo un aroma suave a flores, un escalofrió tibio corrió por la nuca de ambos lobos. Dirigieron la vista hacia la puerta, observándola agitada. La mochila estaba en el piso y ella tenía en su mano derecha una jeringa.—Luna Azahara, el alfa… —antes de que Colín pudiera terminar de hablar, de golpe enterró la aguja en su espalda.*Victorio entro en el territorio de los Kingwhite, no era considerado un enemigo al ser el hermano de la Luna Azahara, fue directo a la cabaña donde se encontraba la mala semilla de Magrini, la observo mirando por la ventana mientras la mujer que cuidaba de ella dormía a pierna tendida sobre la cama.Astillo la puerta de madera para entrar con una fuerza desmedida.De inmediato Larissa salto t
A sus espaldas ningún lobo de su manada altero su expresión inclemente.Leonzio temía, esos rayos eran para él, con algo de suerte logro escapar para refugiarse, pero, ¿cuánto podía permitirle la diosa Luna seguir viviendo?, podria asomar la cabeza para contemplar el amanecer de mañana y esperar con tranquilidad la visita exigente de Azahara. O la noche seria eterna esperando el golpe justiciero que le arrebatara su gloria.La sala se mantenía un silencio luctuoso, algo que volvía loco a Leonzio las miradas acusadoras creaban reproches que giraban en su cabeza, si ninguno lobo de su manada compartiría su superioridad no aceptaría sus enjuiciamientos silenciosos.—¿Acaso fui yo quien asesino a Emilio?, acaso yo le ordene que me protegiera, fue su decisión. —nadie respondió, cada vez que el abría la boca lo hacía para hundirse más en la mezquindad.—No fue usted quien acabo con él Alfa Vascotti, fue Emilio. No olvide que todos estuvimos ahí y vimos claramente la victoria de Vascotti —r
El viento a su alrededor no daba tregua, agitado y violento como un rugido de dragón.—¡Vamos ayúdame! Tenemos que llevarlo… —el camino era largo, y el cuerpo de un lobo del tamaño de Bastián era pesado, se moverían con lentitud y no lograrían llevarlo a casa, para entonces seria tarde.“Jamás llegaremos” —Había una posibilidad, pensó Azahara—¡Colín! —Azahara se limpió las lágrimas —tenemos que llevarlo a casa de mi padre.“Sera inútil, no lo lograremos” —creyendo que los hombres de ese alfa los detendrían —“, es necesario llamar a Gerald y a los demás” —sugirió el chico, Azahara no tenía tiempo de ir a buscar a nadie. Levanto el cuerpo de Bastián, y lo hecho a su espalda.Al ver la decisión de Azahara, Colín se colocó delante de ella con una mirada fría, húmeda y determinada.“Sera más rápido si lo echa sobre mí”. —era joven tenía a simple vista brazos fuerte era capaz de soportar un lobo de mayor tamaño, pero Azahara aun en su forma humana era más fuerte que Colín.—Conozco un ata
Tieso y con sus ojos apagándose de un segundo a otro Emilio dio su último aliento ante la vista de Leonzio. Dos veces le salvo la vida en la misma noche sin recibir recompensa alguna ni un agradecimiento. La muerte el pago de su lealtad.*—¡No!— Inara grito, su tío Gerald apareció en la habitación en un segundo. Su sobrina estaba sola.—¿Dónde está Azahara? —pregunto, Inara estaba muy alterada para poder responder.La mirada de su nueva sobrina estaba perdida, humedecida por las lágrimas acumulada bajo sus iris, Gerald se sentó sobre la cama arropándola entre sus brazos.—Tranquila, ¡todo está bien! —adivino que una pesadilla la habia despertado en ese estado de angustia —estas a salvo, no permitiré que nadie te haga daño.—Lo hirieron, —afirmó —él tío Bastián… el tío Bastián no volverá… —los ojos de Gerald se abrieron con confusión y una flecha atravesó su pecho.—¿De qué estás hablando? —aun esperaba que todo se tratara de una pesadilla.—¡Él tío Bastián está muriendo! —trago esa
Carmine cayo deprimida en la cama rota, permaneció ahí durante algunas hora, en medio de la oscuridad, perdida y abandonada por el maldito lobo que la convirtió en una bestia, siempre creyó que moriría de dolor al recibir el duro y directo desprecio de Fabritzio, ahora su mente solo invocaba a Victorio.Un rugido altero la calma de su melancólico silencio. se levantó de la cama saliendo de la habitación, observo por el pasillo una ventana rota de la sala.Tomo un bate que tenía detrás de la puerta y camino descalza con sigilo. Escuchaba una respiración suave y un latido de corazón del otro lado de la sala.Percibió un aroma a musgo y tierra, salió del pasillo, lanzándose con un grito contra el intruso.El bate se partió en dos contra una muralla de musculo y hueso.Miro al frente y su corazón estallo en alegría al mismo tiempo que sus piernas se derretían de temor.—Victorio —ella dio un paso atrás huyendo de su venganza, mientras el enorme monstruo se acercaba ella, mientras la obser
Giro en el aire como una hoja arrastrada por el viento con violencia, sin control en el espacio abierto, Bastián consiguió un aterrizaje sin mayor daño que solo un acalambrado golpe corriendo por sus patas.Un gruñido de insatisfacción exhalo de la garganta de Leonzio, al no conseguir hacerle el mínimo daño, sintió el ardor de una herida y la tibia sangre fría deslizándose entre un manchó de azabache pelo, levanto la vista tratando de reconocer en qué momento ese maldito lobo habia conseguido tocarlo.—Acabemos con esto en este momento, no tengo intenciones de matarte —quizás las tenía pero era una humillación más, ofrecerle el perdón y así hacerlo retroceder como lo que era, un cobarde —¡Te divertiste lo suficiente!, —afirmo poniendo fin a su juego —tomare a Karim porque es mi derecho.Bastián descuido su espalda, confió demasiado en la decencia que pudiera guardar en su orgullo de alfa. Paso junto a él con calma y con pisada fuerte, el aroma de su pequeño cachorro era más intenso,







