INICIAR SESIÓNDurante siglos, brujas y lobos han librado una guerra que ha dejado incontables muertos. Para poner fin al derramamiento de sangre, la Tríada Lunar comenzó a unir mediante vínculos sagrados a aquellos destinados a cambiar el destino de ambas especies. Elizabeth Wardwell pertenece al Aquelarre de la Emperatriz, el más poderoso del país. Su misión es rescatar a brujas y lobos nacidos con magia antes de que sean capturados o asesinados por los suyos. Solo hay un problema. Su pareja destinada resulta ser Benjamín Drake, el despiadado rey alfa de la manada Sangre de Medianoche. Un hombre temido por todos, responsable de incontables masacres y maldecido por las propias diosas. Él necesita a su compañera para romper la maldición que pesa sobre su linaje. Ella preferiría morir antes que compartir su vida con el asesino de sus padres. Pero cuando el destino decide unir dos almas destinadas a odiarse… escapar deja de ser una opción y sobrevivir... tampoco garantiza conservar el corazón intacto. Sin embargo, rechazar un vínculo sagrado puede tener consecuencias devastadoras, y mientras una guerra amenaza con consumir a ambas especies, Elizabeth deberá decidir qué es más fuerte: el odio que ha alimentado toda su vida... o un destino que jamás pidió. Porque algunas maldiciones no se rompen con magia. Se rompen con sangre.
Ver másElisa Soteira. No entrenamos al día siguiente. Hécate me llevó fuera del panteón, a un jardín donde las plantas crecían en ciclos diferentes. En un extremo, los brotes apenas salían de la tierra. En otro, los árboles estaban cubiertos de flores. Más allá, las hojas caían y se convertían en abono. Todo ocurría al mismo tiempo sin interferirse. —El equilibrio no significa que todo permanezca quieto —dijo Hécate—. Significa que cada cosa puede avanzar a su propio ritmo. Me hizo caminar entre los árboles sin utilizar magia. La tarea parecía sencilla hasta que mis rodillas comenzaron a temblar. Quise invocar energía para sostenerme, pero Hécate me bajó la mano antes de que pudiera levantarla. —No. —Solo era un poco de magia. —Tu cuerpo no necesita magia para caminar diez pasos. —No estoy segura de eso. —Entonces lo descubrirás caminando. Avancé. Un paso. Y después otro. Cuando llegué al árbol de hojas doradas, estaba respirando con dificultad. Hécate no me felicitó. Me entregó una
Elisa Soteira. Hera no participó en la elección. Durante aquellos días casi no la vi. Se había instalado en una parte del Olimpo que no aparecía en ningún mapa del panteón y había pedido que nadie la molestara. Su ausencia no era descanso. Era investigación. Cada cierto tiempo regresaba cubierta de polvo dorado, con rollos de pergamino bajo los brazos y una expresión más severa de lo habitual. Dejaba los documentos sobre una mesa, se lavaba las manos con luz y volvía a marcharse sin explicar qué había encontrado. Al cuarto día de llevar mi nuevo nombre, le pregunté a Hécate qué estaba buscando. —Una manera de dormir —respondió. —¿No dijeron que yo era la única capaz de hacerla dormir? —Lo eras cuando Hera estaba dentro de tu cuerpo y tu voluntad podía contenerla sin esfuerzo. —Ahora también estoy dentro de mi cuerpo. —No sabes todavía cómo sostenerte a ti misma. No puedes sostenerla a ella. Y Hera lo sabe. Por eso está buscando otra forma. Una que no pase por ti. —Entonces, ¿
Elisa Soteira. Despertar no significaba estar viva. Eso fue lo primero que aprendí en el Olimpo. Mi corazón latía, mis pulmones podían llenarse de aire, mis manos obedecían, aunque todavía temblaban cuando intentaba cerrar los dedos. Podía caminar unos pasos sin caer y podía distinguir el brillo de las estrellas atrapadas en la bóveda del panteón. Si alguien hubiera evaluado mi cuerpo desde fuera, habría dicho que había regresado a la vida. Pero dentro de mí había un espacio que nadie sabía nombrar. Hécate lo llamaba transición. Hera lo llamaba inestabilidad. Yo lo llamaba no saber quién estaba respirando. Durante los primeros días permanecí en una habitación lateral del panteón. No tenía paredes completas. Las columnas abiertas permitían ver el cielo del Olimpo y las escaleras que conducían a los archivos antiguos. En el centro había un lecho bajo de piedra blanca, cubierto de telas que Hécate había traído de algún lugar que no quiso nombrar. El lugar estaba hecho para que los d
Tercera persona. —Ha elegido —dijo Hécate en voz baja. Y levantó una mano. La ceniza empezó a girar. El cuerpo nuevo no apareció de inmediato. Primero surgió un esqueleto de luz, luego músculos, piel y cabello. La forma se construyó con materia del panteón y con residuos de tiempo que todavía flotaban entre las columnas. No era una copia del cuerpo anterior. Las proporciones eran distintas. Los hombros, más estrechos. El rostro, más anguloso. La piel, pálida bajo la claridad de las estrellas. El cabello cayó sobre la plataforma en largas ondas de un rubio platinado. No era el negro que todos habían asociado con Elizabeth Wardwell. La luz pálida se hundió en el pecho de la figura. Los ojos permanecieron cerrados. Hera colocó dos dedos sobre los párpados y dibujó un círculo de luz alrededor de la sien. El nuevo cuerpo respiró por primera vez. El aire entró en sus pulmones con dificultad y salió convertido en una niebla azulada. Hécate apoyó la palma sobre el pecho de la figura. —












Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.