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El Corazón Diamante

last update Fecha de publicación: 2026-08-19 14:53:54

Valentina y Alexander entraron al salón donde se llevaría a cabo la subasta y tomaron asiento en los lugares que les habían asignado.

Valentina no podía ocultar su emoción. Finalmente tendría el Corazón Diamante . Disponía de cincuenta millones para pujar, aunque no pensaba llegar a esa cantidad. Su límite era un poco más de veinticinco millones. Además, no haría ninguna oferta por otra joya hasta que el Corazón Diamante fuera suyo.

La subasta dio inicio. Una joya tras otra desfilaba frente a
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Comentarios (6)
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Daniela Auxiliadora Abarca Aridez
Así se hace Alexander
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Darianny Rodríguez
Cada vez amo más a Alexander
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Liliana Muñoz
quien me contesta, q alguien de una respuesta
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Último capítulo

  • Seduciendo a mi Esposo   Estoy contigo

    —¡Acelera, Nikolái! —gritó Alexander, perdiendo la paciencia.Nikolái pisó más el acelerador. Ya estaban cerca de la ubicación que marcaba el GPS, pero cada segundo que pasaba aumentaba su preocupación. Su hermana y Valentina estaban en medio de un enfrentamiento y no sabía en qué condiciones las encontraría.—Más te vale que no esté herida… —murmuró Daniel desde el asiento del copiloto, apretando los puños.Nikolái entrecerró los ojos y sujetó el volante con más fuerza. No quería imaginar lo que podría encontrar al llegar.…Natalia vio que los hombres comenzaban a retroceder y soltó un suspiro de alivio al distinguir varios vehículos negros acercándose a gran velocidad. Los refuerzos habían llegado.—¡Es tu culpa, maldita! —gritó uno de los hombres mientras levantaba su arma y apuntaba directamente hacia ella.Natalia apretó los ojos al darse cuenta de que no tendría tiempo de esquivar el disparo.Entre los vehículos que acababan de llegar, una Mercedes-Benz Clase G AMG negra frenó

  • Seduciendo a mi Esposo   Tienes que ser fuerte

    Daniel y Nikolái aparecieron en la puerta al escuchar los gritos de Alexander. Al verlo tan alterado, comprendieron que algo grave estaba ocurriendo. Alexander caminaba de un lado a otro con el teléfono pegado al oído, llamando insistentemente a Valentina, pero ella no respondía.—Mierda, algo paso… —soltó Nikolái mientras sacaba su teléfono y abría el GPS.Después de unos segundos encontró la señal del vehículo. La ubicación apareció en la pantalla y su expresión se volvió más seria al comprobar que estaban detenidas a mitad de carretera.—¡Vamos! —gritó Nikolái mientras corría hacia los ascensores.Daniel se acercó a Alexander y lo tomó del brazo para apresurarlo. Los tres entraron al ascensor, pero Alexander seguía sin apartar el teléfono de su oído. No conseguía escuchar la voz de Valentina, solo su respiración agitada y los disparos que se oían de fondo.—¡Muévanse rápido! ¡Quiero a todos en esa carretera! ¡Auxilien a Natalia y protejan a la señora Hart! —ordenó Nikolái por teléf

  • Seduciendo a mi Esposo   Somos mejores amigas

    Nikolái llegó al corporativo Hart. Subió al ascensor VIP que solo usaba Alexander y Daniel, pero nadie se atrevió a cuestionarlo, pues ese hombre parecía ser cercano al CEO Hart a pesar de que apenas había empezado a trabajar en el corporativo apenas unos días atrás.Al llegar a la oficina, encontró a Daniel frente a su escritorio, revisando unos documentos en la computadora.—Vaya, mira quién decidió aparecer por aquí —comentó Daniel sin apartar la mirada de la pantalla—. ¿No tienes nada mejor que hacer?—También me alegra verte, Daniel —respondió Nikolái con ironía.Daniel levantó la mirada y notó que su amigo tenía una expresión seria.— ¿Qué sucede? — preguntó dejando de lado los documentos.Nikolái entró en la oficina y cerró la puerta.— Tenemos un problema con Anthony Tarasov — comentó acercándose al escritorio.— ¿Qué hizo ahora ese hijo de puta? — preguntó Daniel mientras se acomodaba en su asiento.— Estuvo en la residencia del Pakhan y le prometió llevar a Valentina ante él

  • Seduciendo a mi Esposo   Con la persona equivocada

    Alexander siguió a Irina por un pasillo amplio hasta llegar a su consultorio. El lugar tenía una decoración sencilla, con paredes en tonos claros, un escritorio de madera, dos sillones frente a frente y una ventana que permitía ver parte de la ciudad. No había demasiados adornos ni fotografías familiares. Era un espacio tranquilo, pensado para trabajar sin distracciones.—Puede tomar asiento, señor Hart —indicó Irina mientras dejaba una carpeta sobre el escritorio.Alexander eligió uno de los sillones y se acomodó. No estaba nervioso, o al menos eso quería creer. Había pasado por varias sesiones anteriormente, pero no todas habían terminado como esperaba. Después de un tiempo decidió dejar de asistir. No le gustaba hablar de cosas que prefería mantener en el pasado, mucho menos con alguien que apenas conocía.Irina tomó asiento frente a él y revisó brevemente algunos documentos.—Antes de comenzar, quiero aclarar algo. He recibido información sobre su caso, pero prefiero escuchar dire

  • Seduciendo a mi Esposo    El uno para el otro

    El fin de semana llegó a su fin y Valentina y Alexander regresaron de aquella isla privada, donde habían disfrutado de tiempo a solas y se habían consentido de todas las maneras posibles, especialmente en la intimidad.Alexander la observaba mientras comía tranquilamente. Le había prometido que la acompañaría durante todos los desayunos y que solo se ausentaría si surgía alguna emergencia en el trabajo.—Señora, sus medicamentos —dijo Lucía, acercándose con las dosis que le correspondían. Ella se encargaba de que Valentina siguiera su tratamiento para la anemia al pie de la letra.—Gracias, Lucía —dijo Valentina con una sonrisa. Tomó sus medicamentos y después miró a Alexander.—¿Qué pasa? —preguntó él, sonriendo.—Tu fiesta de cumpleaños es el próximo fin de semana y todavía falta mucho por hacer. No debimos irnos de viaje —dijo, haciendo un puchero infantil.—¿Te arrepientes entonces de todo lo que hicimos este fin de semana? —preguntó él con falsa preocupación.Valentina se mordió

  • Seduciendo a mi Esposo   Me toca a mí consentirte

    Alexander llevó a Valentina a dar un paseo por la playa privada. La arena era clara y fina, el agua estaba tranquila y apenas había algunas rocas cerca de la orilla. A lo lejos se veía el muelle donde estaban amarrados los yates y, detrás de ellos, parte de la enorme propiedad de los Hart.Valentina caminaba descalza, dejando que el agua mojara sus pies mientras observaba el lugar. Había visitado otras playas, pero siempre estaban llenas de personas y nunca había tenido la oportunidad de disfrutar de un sitio así, sin turistas ni desconocidos alrededor. Le encantaba saber que toda aquella playa era solo para ellos dos.— Me encanta — dijo mientras se giraba hacia Alexander con una gran sonrisa.— Podemos venir cuantas veces quieras a este lugar… — respondió Alexander, aunque en su mente ya tenía pensado comprar una isla para ella.— Sabes, si esta isla es así de maravillosa, no me imagino cómo será el chalet de la montaña — comentó Valentina.Alexander se encogió de hombros. La visita

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