FAZER LOGINSin embargo, Carmen aún reprendía al niño al volver. Dayana no comprendía si lo hacía por disimular o por desquitarse con él porque seguía queriéndola. En consecuencia, el coraje de Dayana inundaba su cuerpo. Con rabia e impotencia mezcladas. Así era como llevaba viviendo muchos años; pero no podía dar un paso cerca a la vista de todos o las consecuencias serían impensables.
Le tocó ver el maltrato de lejos. Ver la poca atención que realmente le brindaban. Presenciar el miedo que existía en el cuerpo de Jacobo al ser regañado. El aire se le escapó de los pulmones; mientras las uñas se incrustaban en su palma hasta el punto de sangrar. Jacobo, terminó por agachar la cabeza e irse a sentar a la banca junto a Carmen. Desde la distancia, pudo ver las lágrimas que se negaba a dejar salir.
A Dayana no le quedó más que marcharse. Recogió el bolso que había dejado a un lado y se obligó a retirarse. Cada paso lejos era como un martillazo en su corazón. Había intentado llevárselo antes y como consecuencia, recibió una orden de alejamiento con la amenaza de ser encarcelada si lo hacía de nuevo. Lograron demostrar que ella era un peligro para el niño, arrebatándolo de sus manos; pero no era mejor el trato que ellas le daban. Simplemente, lo alejaron por puro rencor.
Después de caminar un rato, decidió pasar la noche ahí. Quizás, tendría la oportunidad de verlo más tarde; así que se dirigió a un hotel cercano. El pequeño edificio estaba al alcance de su vista. Apresuró el paso. Conforme se acercó, una figura fue tomando forma a la distancia. Las piernas largas, daban pasos amplios. El rostro se volvió claro en el corto tiempo que le tomó cruzar camino.
Era muy extraño encontrarse con él en ese lugar. Por un momento, pensó en ignorarlo; pero sus ojos ya habían hecho contacto. De tal manera que sería absurdo fingir no reconocerlo. Cuando sus hombros estuvieron a punto de hacer contacto, Jaziel se detuvo - oye - Dayana paró sus pies - olvidé decirte algo hace rato - él levantó un dedo y señaló a través de su cuerpo - tienes una mancha en el brazo y en tu ropa.
Dayana se inclinó para encontrar el área que señalaba. El vómito de Jacobo que rozó su piel, se endureció, quedándose pegado; de la misma manera, quedaron las gotas en su ropa y zapatos. Estaba tan distraída que no le prestó atención a su estado. El único alivio que tuvo, fue que al menos no se le impregnó el olor - ah, no me había dado cuenta - metió el brazo tras su espalda.
Jaziel se aclaró la garganta - ¿Vives por aquí? - alargó una pierna, para optar una pose relajada.
-No, solo estoy de paso - se sintió comprometida en el acto y no encontró excusa para alejarse.
-¿En serio?, ¿vienes seguido? - sonrió, con una extraña amabilidad - me parece haberte visto antes.
-No… - pensó una mentira, planeando seguir el juego incómodo - no recuerdo haberte visto, creí que vivías en la ciudad.
-Vivo allá; pero soy de aquí. ¿En verdad no nos hemos encontrado antes?
-No - sonrió - para nada - su objetivo era hacerla hablar; sin embargo, de sus labios no saldría ni una sola frase en dirección correcta a donde él quería.
-¿Ya regresas?, tengo el auto cerca.
-No, aún no.
-Bueno, yo voy a visitar a mis padres. Puedo avisarte cuando me vaya y nos vamos juntos si ya terminaste tus asuntos - retrajo la pierna - dame tu número para avisarte.
Dayana se quedó con la boca abierta. Se encontró en un punto muerto. No supo cómo responder a tal descaro - yo eh… - no le quedó de otra que dictar el número. Todo fue correcto, excepto, el último número - bueno, ya debo irme.
Jaziel apuntó en su teléfono. Viendo la pantalla, asintió - ve - como si fuera una orden de trabajo.
Dayana apretó los dientes. Realmente no eran tan diferentes en edad; sin embargo, él tenía muy marcado en su mente la jerarquía entre ellos. Se marchó y justo cuando llegó a la puerta del hotel, comprobó que él ya se hubiese ido antes de entrar.
El resto del fin de semana, solo tuvo un par de oportunidades para ver de lejos a Jacobo antes de regresar. Para el lunes, recuperó el sueño perdido; así que al despertar tenía mucha energía. Ese día, ninguna mala vibra iría en contra de su ánimo. Pero al contrario de sus expectativas, al llegar a la oficina, el jefe la llamó a su rincón - ¿Sí, señor Jaziel?
-He notado algo mal en ti - Jaziel se tomó la molestia de concentrarse en ella por completo, entrelazando los dedos en el escritorio - tu vestimenta es… - buscó las palabras correctas; mientras Dayana se observó a sí misma de pies a cabeza - incorrecta - aclaró.
-La empresa no tiene reglas de vestimenta. He preguntado a recursos humanos y los zapatos que uso son aceptables - afirmó, sin dejarse oprimir.
-No es adecuado porque desencajas con todos aquí. Mira, las otras mujeres usan falda - un dedo se movió, dando suaves toques en el dorso de su mano - tú estás bajo mi mando directo, así que te pediré un pequeño cambio - Dayana apretó los labios y alzó la barbilla; en tanto observaba la sonrisa escondida tras el brillo en los ojos de Jaziel - ese pantalón es incorrecto. Cámbialo por una falda de tela. Los zapatos lucen mal con la vestimenta formal. Cámbialos por unos más altos. También, debes usar saco y corbata - la ceja de Dayana, crispó - ¿tienes alguna duda? - la cara sonriente de Jaziel dio el toque final al fastidio.
Inhaló. No le devolvió la sonrisa; pero respondió con naturalidad - No, mañana vendré con el uniforme.
-Muy bien - separó las manos - entonces, vuelve a trabajar - Dayana se retiró lo antes posible.
No era que se presentara con ropa cualquiera. Tenía especialmente escogida las prendas que usaba en el trabajo. El único problema era que prefería estar cómoda antes que vestir extravagante para estar sentada durante horas escribiendo en la computadora. Además, si usaba tacones, le dolerían los pies; dado a su costumbre de subir por las gradas.
Se quedó parada un rato, asimilando, cuando escuchó golpes y quejidos desde fuera. Miró a todos lados; pero no tenía otro teléfono para marcar a la policía. Alguien llegó a ayudar y no podía dejarlo solo en el peligro.Corrió a la cocina y tomó un cuchillo, antes de salir con todo el valor que poseía. Para luego, quedarse parada en la entrada de la puerta con el cuchillo alzado, estupefacta. Jaziel luchó contra Elmer, tirados en el suelo; mientras soltaban golpes al azar. Los dos parecían locos. Cerca de los pies de Dayana, estaba el arma tirada.Dando un paso más cerca, dijo - ¡ten cuidado!Jaziel gritó - ¡llama a la policía! - envuelto en coraje.
Hacía un tiempo se mudo de casa a una que quedaba a más de cinco cuadras del trabajo, en dirección opuesta de donde estaba. Su segunda intención era tener un lugar más grande donde Jacobo pudiera vivir cómodamente con ella; así que alquiló una casa entera. En cambio, el primer motivo, ese lo trataba de olvidar; por tal motivo, creyó profundamente en el segundo, aunque no le dio resultado. Aún así, valió la pena.Caminó por la orilla de la calle, cruzó y pasó frente al callejón sin salida. En tal parte, solo había un farol alumbrando una esquina, dejando a oscuras el profundo rincón - ¡espera! - una voz llamó desde las sombras, produciéndole un escalofrío. Asustada, dio un saltó lejos. La figura fue saliendo en cuestión de segundos. Su cara se ilumin&oacut
Fueron en dirección al parque; puesto que no sabía a qué otro lugar llevarlo, ya que no tenían mucho tiempo. La actitud de Carmen le resultó extraña; pero, al menos por una vez, confió en que no tenía malas intenciones. Ambas actuaron sin el propósito de dañar. Tal vez fue porque la última pelea que tuvieron desahogó muchas frustraciones que al final solo las llevó a sentirse arrepentidas.-Desde que te peleaste con ella ha estado diferente - comentó Jacobo - ha estado muy preocupada. Casi no me deja hacer nada solo - Los juegos se divisaron a la distancia. El sol se tornó de naranja - y ya no se enoja tanto.-¿Antes se molestaba seguido?-No. Bueno… - pensó - depende de lo que haga - rio - a ve
Jaziel esperó sin moverse. Su estado no era bueno, parecía enojado y su aspecto era tenebroso. Mostrando solo los ojos brillantes en la oscuridad.-Espera - tomando precauciones, se hizo a un lado - aún no he terminado.Llegó a la mesa, estiró el brazo para tomar el vaso; pero al hacerlo con nerviosismo, el cristal húmedo se deslizó de sus dedos, justo cuando lo levantó. El vaso cayó, rompiéndose al instante. El agua se esparció junto con los pequeños trozos de vidrio. Mientras el objeto iba en el aire, toda la sangre se desvaneció del rostro de Dayana. Cuando el sonido del material rompiéndose inundó sus oídos, la cordura también la abandonó.Ya no fue consciente de sus actos, solo supo que no
Dayana bajó la mano desde los ojos al pecho. Con la otra, revisó si tenía sus pertenencias en el bolsillo. Al comprobarlo, se giró. Debía salir de ahí, ya no soportaba más. Con un ligero movimiento de sus sentimientos y caería en el desespero.Sin embargo, antes de poder dar otro paso, se encontró con Jaziel cuando dio la vuelta - no te vayas todavía. Es mentira que debes irte.Dayana levantó la cara sin decir nada. Su labio tembló por más que quiso contenerlo. No fue capaz de mantener la mirada de Jaziel; así que miró al suelo. Sin necesidad de dar una explicación, él se acercó y de pronto, sus brazos la rodearon. No pudo más. Soltó el llanto, agarrándose con fuerza de la camisa de Jaziel. Emitió quejidos suaves, rep
Dayana también optó por una expresión formal para el asunto - No, yo misma tomé la decisión de someterme a una operación - lo miró, casi como si lo estuviera retando - no quiero tener otro hijo, ni siquiera por error - sus palabras fueron precisas, sin dar lugar a segundas opiniones.Jaziel abrió la boca; pero la volvió a cerrar. Quería preguntar el porqué; sin embargo, no se atrevió. Puesto que, internamente, más o menos comprendía a Dayana o eso creía él. Aún así, parecía frustrado. Su rostro se frunció más. Se levantó - vendrán en un momento - dio vuelta tras el sillón - estaré arriba - desapareció en cuestión de segundos.Mientras los perros peleaban entre ellos bajo la mesita, l







