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La jugada oculta (3era. Parte)

last update Data de publicação: 2025-12-10 07:09:46
El mismo día

New York

Alexander

Me rehusaba a creer en la traición de Elizabeth, pero cada maldita pieza comenzaba a encajar. Desde la presencia de Gabriel en la sucursal de Washington, su distancia con su esposo y las… medias en el chalet. Esa era la prueba irrefutable de que se revolcaba con ese gusano. No era una simple coincidencia que tuvieran el mismo perfume. No… ella era la mujer misteriosa que lo visitaba.

Y cómo dolía su engaño. Dolía de una manera inexplicable, como si me estuvieran a
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  • Sombras de Poder   Sombras de Poder

    Ocho años más tardeNew YorkAlexanderEl tiempo terminó convirtiéndose en aliado. También fue error, desatino, aprendizaje y, al final, sanación. Cada uno siguió su propio camino, incluso cuando mi madre se negó a aceptarlo, como aquel día en mi oficina en que Nicholas se marchó decidido a buscar su felicidad.A ella le costó soltar las riendas. Mucho. Tanto que, sin exagerar, cada dos o tres días aparecía en la empresa con la excusa de “saludarme”. Fue una etapa extraña, intensa, que sobreviví como pude. A eso se sumaba el intento desesperado de encontrar equilibrio entre reuniones interminables, controles prenatales y la obsesión casi enfermiza de decorar las habitaciones de mis hijos.Una tarde llegué a la empresa con la respiración agitada, la corbata floja y el celular aún en la mano. Apenas crucé los pasillos, me topé con ella. Victoria. De pie, impecable, con esa mirada que no necesitaba palabras.—Llegas tarde —sentenció—. Claire ya te está esperando para la consulta.Me detuv

  • Sombras de Poder   Nuestra familia

    Unos meses despuésNew YorkClaireMi boda con Alexander marcó el inicio de muchas etapas a la vez. No solo una luna de miel maravillosa en Italia, sino cambios profundos en mi cuerpo, en nosotros como pareja, en la forma en que empezábamos a prepararnos para la dulce espera.Y aun con la ilusión vibrándome en la piel, había miedo. Miedo de lo desconocido, de lo que estaba por venir. Aun así, me aferraba a esa felicidad plena de saberme su esposa y me obligaba a vivirla, a no huir.Y ahí estaba sumergida en la tina del hotel, el agua tibia rodeándome, cuando Alexander se acomodó detrás de mí. Me envolvió con sus brazos, apoyó el mentón en mi hombro y dejó besos lentos en mi cuello. Yo llevé las manos a mi vientre, todavía intentando procesar que allí, dentro de mí, estaba ocurriendo algo inmenso.—¿Te sientes bien? —preguntó en voz baja—. ¿Necesitas algo?Me recosté un poco más contra su pecho.—Un poco de fatiga… las náuseas ya cedieron —respondí—. Y estaba pensando en todo lo que vi

  • Sombras de Poder   El comienzo de algo más profundo (4ta. Parte)

    El mismo díaNew YorkVictoriaCuando Alexander habló por primera vez de su deseo de casarse con Claire, lo sentí como algo lejano. Me dije que tenía tiempo, que podía procesar esa unión con calma. Pero todo cambió de golpe con el embarazo. La idea de ser abuela no entraba en mis planes inmediatos; fue irreal, abrupta, casi violenta en su forma de llegar. Aun así, no había alternativa: solo quedaba organizar una boda como la merecía mi hijo.Durante los días previos, observé el ir y venir constante de empleados acomodando sillas, ajustando flores, levantando el altar. Daba indicaciones con voz firme, corrigiendo detalles mínimos, mientras por dentro intentaba mantener el control. Y allí estaba Claire, siempre presente, con esa sonrisa educada y serena que, debo admitirlo, me costaba digerir.—Todo se ve espléndido, Victoria —comentó, acercándose unos pasos—. Me encantan los arreglos florales.Asentí apenas, con un gesto contenido, manteniendo la espalda recta.—Es lo que se merece mi

  • Sombras de Poder   El comienzo de algo más profundo (3era. Parte)

    Tres días despuésVeneciaAlexanderMi boda con Claire no había sido un final; era una reafirmación. El comienzo de algo distinto: maduro, responsable, desafiante… pero lleno de futuro. Una celebración hermosa, con votos que todavía me quemaban en el pecho, discursos, risas, deseos sinceros.Juro que me sentí en las nubes al llamarla mi esposa. Me perdí en esos ojos azules, en esa sensación de magia absurda, en la certeza de estar exactamente donde quería estar.Después vinieron las fotos —interminables— y, finalmente, el primer vals. La música flotaba de fondo mientras nos movíamos despacio. Yo no podía borrar la sonrisa. Claire era mi ancla y, al mismo tiempo, la responsable de que olvidara el mundo entero.—Señora Harrington… —murmuré con una sonrisa torcida, inclinándome hacia ella— apenas podamos, nos escapamos. Quiero tenerte solo para mí.Claire soltó una risa suave, rozándome el cuello con la nariz.—Antes, amor… —desvió la mirada hacia las mesas—. Debes despedirte de tu madre

  • Sombras de Poder   El comienzo de algo más profundo (2da. Parte)

    El mismo díaNew YorkClaireCualquiera en mi lugar habría ignorado por completo la opinión de su suegra, pero yo no quería una guerra con Victoria. Deseaba algo simple, casi ingenuo: una relación cordial, ser aceptada en esa familia… compartir nuestra felicidad. Al final, era la madre de Alexander, el hombre que amaba.Pero Alex estaba decidido a adelantar la boda. O mejor dicho: empezar nuestra vida juntos, sin pausas. Hablar de una habitación para el bebé. Contar semanas. Y sin exagerar: moría por salir del hospital para “cuidarme”. Retenerlo en esa habitación había sido un milagro. Cada día veía esa cara de frustración cuando el médico le negaba el alta.Una mañana, apenas abrí la puerta, ya estaba sentado en el borde de la cama, esperándome, mientras Elizabeth lo sermoneaba con los brazos cruzados.—Nada de excesos. Nada de sexo. Y nada de estresar a Claire con tus arranques. Compórtate.Alexander frunció el ceño como un niño castigado.—¿Claire y tú se pusieron de acuerdo?—Te co

  • Sombras de Poder   El comienzo de algo más profundo (1era. Parte)

    La misma nocheNew YorkAlexanderEstaba aturdido, emocionado, feliz… e incrédulo. Cuando Claire insinuó un bebé en camino. La realidad fue que después de la pesadilla que vivimos, todo parecía irreal, distante, casi un sueño febril, y ya en sí era un milagro estar vivo… o tal vez todavía seguía en coma. Entonces necesitaba escucharlo de sus labios, con todas las letras. Necesitaba que me dijera “seremos padres”.Cuando lo dijo la felicidad no me cabía en el pecho. Quise gritar, levantarla, bailar con ella. Pero mi cuerpo apenas reaccionaba; la cirugía me tenía agarrotado y vulnerable.Y ahí estaba recostado en la cama del hospital, con la mano extendida sobre su vientre, los ojos cristalizados y el corazón golpeándome contra las costillas. Ella me sonreía, temblorosa, cuando le escuché preguntar por mi madre.Guardé silencio un instante. Algo distinto me pellizcó el pecho.Mi voz salió ronca, controlada:—Claire… ahora solo preocúpate por este pequeñín. Olvídate de lo que piensen los

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