MasukDespués de tres años intentando quedar embarazada, Elisa Montiel por fin lo logró. Pero entonces descubrió que, legalmente, ni siquiera estaba casada con Nicolás Rojas. Quiso enfrentarlo y exigirle una explicación, pero lo encontró acompañando a otra mujer a su control prenatal. Para que ese bebé no naciera fuera del matrimonio, Nicolás se había casado con ella. Elisa soportó todo y movió cada pieza con paciencia hasta conseguir separarse de él. Pero Nicolás, obsesionado con retenerla, se negó a dejarla ir. Cuando la abandonó por el hijo de otra mujer y provocó que ella perdiera a su bebé, cualquier posibilidad entre los dos quedó destruida. La siguiente vez que se encontraron, Elisa ya era la esposa de Bruno Salazar, el hombre más rico de Ciudad Real. Vestía alta costura y lucía joyas de las marcas más exclusivas. Todos admiraban el amor que compartían ella y Bruno. Nicolás, siempre tan distante y orgulloso, terminó con los ojos enrojecidos y le rogó que regresara a su lado. Elisa soltó una sonrisa fría y lo miró con absoluto desprecio. —El amor que llega demasiado tarde ya no me sirve de nada.
Lihat lebih banyakAl ver la expresión tierna y enamorada de Nicolás, Elisa sintió cierto rechazo.Ya era inseparable de Noa y todavía tenía el descaro de intentar coquetearle.Qué hombre tan descarado.Noa vio que Nicolás solo tenía ojos para Elisa y se molestó todavía más.Le lanzó una mirada hostil a Elisa. Quería conseguir el proyecto de Grupo Valverde más que nunca.Hoy tenía que demostrar que era mejor que Elisa y demostrarle a Nicolás quién de las dos era realmente la mujer indicada para él.En ese momento, llegó el Señor Contreras.Los cuatro estaban a punto de acercarse cuando las puertas del elevador se abrieron y Bruno y Lucía salieron juntos.Las miradas de todos volvieron a centrarse en ellos.A propósito, Noa comentó delante de Elisa:—Bruno y Lucía sí que hacen una pareja perfecta. Por eso digo que esas historias de una Cenicienta que termina casándose con el príncipe solo existen en los cuentos. En la vida real, el príncipe termina con la princesa.Elisa entendió perfectamente la indirect
Noa soltó una risa.—Imposible, Elisa ni siquiera sabe esgrima, ¿qué haría aquí?Se colgó del brazo de Nicolás y, con tono cariñoso, dijo:—Ya, vamos a ver al Señor Contreras. Ya corregí la propuesta dos veces, esta vez seguro que queda satisfecho.Cuando se enteró de que la familia Rojas había decidido confiarle el proyecto a Elisa, Noa se sintió muy inconforme.Ella era la directora de Investigación y Desarrollo de Grupo Rojas. ¿Por qué iban a dejar que una persona ajena a la empresa se encargara de un proyecto del grupo?Además, estaba convencida de que tenía capacidad de sobra para conseguir el proyecto y no creía que pudiera perder frente a Elisa.Nicolás asintió.—Está bien. Por cierto, ¿cuándo llega tu hermano?Noa sonrió.—Dijo que ya viene en camino. Primero vamos a buscar al Señor Contreras.Aunque Roberto no era precisamente aplicado en los estudios, se le daban muy bien los deportes y también tenía bastante experiencia con la esgrima.Si jugaba un par de partidas con el Señ
Elisa estaba un poco distraída por la escena tan intensa que acababa de presenciar.Durante el entrenamiento, cometió varios errores.Media hora después, Bruno bajó la espada, se dio la vuelta y se marchó.Elisa pensó que se había enojado y se apresuró a disculparse:—Perdón. No debí distraerme. No te enojes.Bruno se detuvo y volteó a verla.Aunque ella no podía verle el rostro, podía sentir que la estaba observando y que parecía bastante molesto con ella.Elisa se quitó la careta y habló con mayor seriedad:—Te prometo que de ahora en adelante no volveré a distraerme.Bruno permaneció en silencio. Después de un largo momento, levantó la mano, le pellizcó suavemente la mejilla y fue a sentarse en su lugar.Elisa sintió que la mejilla se le calentaba.Pero, de alguna manera, tuvo la sensación de que ya no estaba enojado, así que sonrió y fue a sentarse a su lado.Después de todo este tiempo entrenando juntos, de verdad había empezado a verlo como su profesor, probablemente él también l
Elisa le dijo:—Hoy no logro seguir el ritmo de tus movimientos, voy a descansar un rato.Bruno la miró en silencio, asintió y fue a sentarse a un lado.Al ver que siempre era tan callado, Elisa sintió curiosidad y se acercó a sentarse junto a él.Preguntó en voz baja:—¿Hoy está de mal humor, entrenador Brunox?Llevaba la careta puesta, así que Elisa no podía saber qué expresión tenía. Aun así, podía sentir que estaba decaído.Quiso animarlo y de repente dijo:—¿Qué tal si te cuento un chiste?Bruno no respondió.Ella preguntó:—¿Cómo se despiden los químicos?Bruno siguió en silencio.Elisa continuó:—Ácido un placer. ¿Es muy malo?Bruno se quedó sin palabras.Elisa se rio sola durante un rato, pero al darse cuenta de que él no se había reído, se sintió un poco incómoda.En medio de aquel silencio, Elisa dudó si inventar una excusa para ir al baño y así salir de aquella situación tan incómoda.De repente, Bruno le acarició suavemente la cabeza.—Sí.Elisa se quedó inmóvil.Aquella vo


















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