登入Después de tres años intentando quedar embarazada, Elisa Montiel por fin lo logró. Pero entonces descubrió que, legalmente, ni siquiera estaba casada con Nicolás Rojas. Quiso enfrentarlo y exigirle una explicación, pero lo encontró acompañando a otra mujer a su control prenatal. Para que ese bebé no naciera fuera del matrimonio, Nicolás se había casado con ella. Elisa soportó todo y movió cada pieza con paciencia hasta conseguir separarse de él. Pero Nicolás, obsesionado con retenerla, se negó a dejarla ir. Cuando la abandonó por el hijo de otra mujer y provocó que ella perdiera a su bebé, cualquier posibilidad entre los dos quedó destruida. La siguiente vez que se encontraron, Elisa ya era la esposa de Bruno Salazar, el hombre más rico de Ciudad Real. Vestía alta costura y lucía joyas de las marcas más exclusivas. Todos admiraban el amor que compartían ella y Bruno. Nicolás, siempre tan distante y orgulloso, terminó con los ojos enrojecidos y le rogó que regresara a su lado. Elisa soltó una sonrisa fría y lo miró con absoluto desprecio. —El amor que llega demasiado tarde ya no me sirve de nada.
查看更多A Bruno le encantaba besarla en el labio superior, recorrerlo con ternura y deleitarse en él una y otra vez, como si saboreara un manjar.Elisa empezó a dejarse llevar por el deseo y se pegó aún más a él.Cuando se separaron, ambos tenían la ropa algo desarreglada.Bruno respiró hondo y se levantó para ir al baño a arreglarse. Sentía el cuerpo ardiendo.Elisa lo tomó de la mano. Sus ojos claros estaban velados por una bruma húmeda, y lo miraba fijamente.Bruno no pudo resistirse a aquella tentación. Se inclinó y volvió a besarla.Esta vez, ella no se apartó y dejó que la llevara en brazos hasta la habitación principal.Lo que siguió pareció ocurrir de manera natural.El camisón de Elisa terminó en el suelo. Ella se sentía como un pez fuera del agua, y de sus labios salían sonidos entrecortados.Bruno no llegó hasta el final porque, cuando habían ido al supermercado, no habían comprado preservativos.Elisa le besó los labios y, con la voz ronca, le susurró:—Puedo ayudarte.Él volvió a
Yolanda parecía haber previsto esa situación y respondió entre risas:—No te preocupes, te voy a reservar una mesa aparte. A mí también me desespera el carácter de mi hermana. Tú ven a disfrutar de la comida y a pasarla bien, sin preocuparte por nada.—Está bien. Te prometo que llegaré a tiempo.Al saber que Elisa asistiría, Yolanda se puso muy contenta.—¡Perfecto! Te voy a reservar un lugar rodeada de puros galanes para que Nicolás se ponga celoso y deje de estar peleado contigo.Elisa supuso que Yolanda todavía no sabía que Nicolás la había engañado, así que no dijo nada al respecto. Conversó un rato más con ella y luego colgó.En ese momento, Yolanda y Victoria estaban haciéndose la manicura.Al enterarse de que su hermana todavía pensaba invitar a Elisa a la boda, Victoria se molestó.—¿Por qué tienes que invitar a Elisa?—¿Y por qué no iba a invitarla? A ti no te cae bien, pero a mí sí. Yo decido a quién invito a mi boda. Me importa un comino lo que opines.Victoria llevaba tiemp
Al ver que Santiago también lo decía, Nicolás no tuvo más remedio que apretar los dientes y aceptar.—Me tomaré tres copas como castigo.Bruno le lanzó una mirada al Señor Juan.El Señor Juan entendió la señal, tomó una botella de licor de la mesa y sonrió.—Yo empecé trabajando en ventas. Cuando ofendía a un cliente por accidente, solía disculparme tomándome tres botellas de licor con él. El Señor Nicolás no está acostumbrado a beber tanto como nosotros, así que supongo que con una botella bastará, ¿no?Nicolás sintió que aquello era llevar las cosas demasiado lejos. Miró a Bruno con rabia, con unas ganas tremendas de tirar la copa y marcharse.Santiago lo sujetó para detenerlo y suspiró para sus adentros.Nicolás de verdad tenía muy poco aguante.El Grupo Rojas tenía bastante peso en Villa del Río, pero a escala nacional no era gran cosa.Santiago sonrió y trató de negociar con Bruno.—Señor Bruno, ¿qué le parece si me tomo yo media botella en su lugar?Bruno arqueó una ceja.—¿Quién
Nicolás y Elisa se sorprendieron al verse.Sin embargo, Elisa no tardó en recuperar la compostura y siguió bebiendo su jugo con toda tranquilidad.Fuera cual fuera el motivo por el que Nicolás había ido allí, no tenía nada que ver con ella.Nicolás, en cambio, apretó los dientes. Había ido precisamente para disculparse con Bruno.Si Elisa llegaba a verlo en una posición inferior a la de Bruno, habría preferido desaparecer en ese mismo instante.Al notar que Nicolás parecía querer marcharse, Santiago se acercó a él y le recordó en voz baja:—Bruno regresará a la sede central de Ciudad Norte dentro de un par de días. No podemos seguir aplazando la disculpa, además, esta vez el Grupo Rojas fue el que se equivocó. ¿De verdad vas a echarte atrás ahora? Solo tienes que brindar con él y disculparte. No es nada del otro mundo. Por el bien de la empresa, tendrás que tragarte el orgullo esta vez.Tragarse el orgullo.Aquellas palabras le resultaban extrañas.Nicolás nunca había imaginado que, de












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