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Chapter 6

last update Fecha de publicación: 2026-08-11 15:27:29

Quince minutos pasaron lentamente. Lokie permaneció sentada sobre la lavadora, con los pulgares volando sobre la pantalla de su teléfono. Entonces, sus dedos se quedaron congelados a mitad del desplazamiento. Dejó el dispositivo con un suave clic, saltó de la lavadora y sus pies descalzos tocaron el frío suelo con un suave golpe.

Una sonrisa lenta y traviesa se dibujó en su rostro. Se frotó las manos, con los ojos brillando de una emoción maliciosa, como una niña a punto de desenvolver el mejor regalo de su vida.

—Vamos a causar un desastre —susurró, soltando una suave risita mientras salía del cuarto de lavandería y entraba en el dormitorio que le habían asignado.

Arrastró todo su equipaje por el pasillo y entró directamente en la habitación de Enzo. La puerta ni siquiera estaba cerrada con llave. Claro que no lo estaba; probablemente había salido hecho una furia y con tanta prisa después de ver el desastre que ella había dejado por todas partes que se le olvidó.

—Qué suerte la mía —murmuró, con una sonrisa que se ensanchó hasta convertirse en una expresión radiante y triunfal. Entró y se dirigió directamente a su armario.

Su ropa estaba perfectamente ordenada: los trajes organizados según sus preferencias y todo lo demás doblado con precisión militar. Un gran espacio vacío esperaba en un lado, más que suficiente para sus cosas. Pero Lokie no tenía ningún interés en compartir amablemente.

Su mirada se fijó en la sección que ya pertenecía a Enzo. Sin dudarlo, comenzó a sacar todo: trajes, camisas, ropa interior, incluso sus corbatas, hasta que el suelo quedó cubierto de sus pertenencias cuidadosamente organizadas. Luego, con deliberada satisfacción, reemplazó cada uno de los artículos con su propia ropa, colgándola orgullosamente en su espacio.

Cuando terminó, dio una palmada, retrocedió un paso y contempló todo. Sus vestidos y tops ahora dominaban el armario, desplazando por completo la presencia de él.

—Hermoso —murmuró, asintiendo lentamente mientras una profunda oleada de satisfacción se instalaba en su pecho.

Entonces, sus ojos captaron algo más detrás de la vitrina de cristal: sus relojes de pulsera. No eran simples relojes; gritaban dinero antiguo, lujo y poder. Brillaban bajo la luz como tesoros expuestos.

Nadie iba a venir por ellos. Pero ella sí.

Abrió la vitrina y comenzó a examinarlos uno por uno, dándoles vueltas entre sus manos y tomando decisiones que no le correspondía tomar.

—Creo que me gusta más este —dijo suavemente, levantando un pesado reloj de oro. El metal se sentía frío y sólido contra su piel. Admiró la artesanía, el peso y la declaración silenciosa que hacía. Se lo puso en la muñeca, admirando cómo se veía.

Después, acomodó sus zapatos en el suelo del armario. Esta vez no sacó los de él; simplemente los amontonó, reclamando la mitad del espacio para sí misma sin ningún remordimiento.

—Todo listo —exhaló, mientras el cansancio finalmente comenzaba a apoderarse de ella. Pero la sonrisa se negó a abandonar su rostro.

¿Cómo no iba a estar feliz? Oportunidades como esta no se presentaban a menudo: invadir por completo el espacio de Enzo Caruso y marcarlo como suyo.

—¡Ja! —Se llevó las manos a las caderas, mirando al otro lado de la habitación, hacia la enorme cama tamaño king. —No puedo esperar para dormir en esa cama.

Se quitó la ropa, entró en la ducha de él y dejó que el agua caliente cayera sobre su cuerpo, llevándose la tensión que aún quedaba. Por primera vez en días, su cuerpo realmente se relajó. Una paz profunda y duradera se instaló en sus huesos.

Así se sentía la venganza: dulce, cálida y satisfactoria.

---

Lokie estaba sentada en un rincón de la tranquila cafetería, revisando su teléfono cada pocos segundos. Sus ojos recorrían la habitación, examinando cada rostro que entraba por la puerta. Un sudor frío humedecía sus palmas. Con cada minuto que pasaba, la ansiedad se enroscaba más fuerte en su pecho, haciendo que le resultara más difícil respirar.

—Vamos, Dawn… ¿dónde demonios estás? —murmuró por lo bajo, moviendo la pierna inquietamente debajo de la mesa.

Entonces levantó la mirada… y allí estaba.

Dawn entró, recorriendo la habitación con la mirada. El rostro de Lokie se iluminó con una sonrisa genuina y aliviada. Se levantó de la silla tan rápido que esta rechinó contra el suelo y atrajo a Dawn hacia un abrazo feroz, rodeándola con los brazos como si fuera a desaparecer si la soltaba siquiera un poco.

—Dios, te extrañé —susurró Lokie, con la voz quebrándose mientras todas las emociones que había estado reprimiendo salían a la superficie.

En un mundo empapado de caos, sangre y cuchillos, Dawn era su calma. En una oscuridad interminable, era la única luz. Todo lo que hacía Lokie —cada pelea, cada sacrificio— era por ella. Reduciría el mundo entero a cenizas si eso significaba mantener a Dawn a salvo.

—Solo han pasado unos días, pero se siente como una eternidad —continuó Lokie, abrazándola aún más fuerte y hundiendo el rostro de Dawn en su hombro.

—N-No puedo respirar —logró decir Dawn, con la voz amortiguada contra el pecho de Lokie.

—Lokie… podría morir de verdad entre tus brazos si sigues así —bromeó débilmente Dawn.

Lokie finalmente se apartó, solo para abrazarla de nuevo inmediatamente.

—Lo siento, pero déjame ser la causa de tu muerte por un segundo.

Dawn la apartó suavemente, formando un puchero con los labios.

—Supongo que después de todo realmente serás tú quien me mate.

Lokie soltó una carcajada sincera, pero una sola lágrima se deslizó por su mejilla. Ver a Dawn sana y salva, de pie frente a ella, hizo que algo que llevaba mucho tiempo apretado en su pecho finalmente se relajara.

—Mierda —susurró, apartando rápidamente la mirada y secándose la lágrima antes de que Dawn pudiera verla. Pero Dawn la había notado de todos modos.

—No puedes parar, ¿verdad? —Los propios ojos de Dawn brillaron con lágrimas. —Siempre siendo una llorona.

Lokie soltó una risita entrecortada.

—Mira quién habla.

La guio hasta su asiento y le entregó un pañuelo.

—Debería pedir una caja entera de pañuelos. Estas lágrimas no van a terminar pronto.

Dawn tomó el pañuelo y se secó el rostro, con los ojos ligeramente hinchados.

—Sí, ríete todo lo que quieras.

—Mírate —dijo Lokie suavemente, con orgullo y felicidad brillando en sus ojos. —Ya eres toda una mujer. Mamá estaría tan feliz de ver en la hermosa joven en la que te has convertido.

—Para —dijo Dawn, con las mejillas sonrojándose de vergüenza.

—Lo digo en serio.

—Lo sé. Por eso me afecta.

—Hmm. —Lokie asintió. —No puedo evitarlo.

Hizo una señal a la camarera. Hicieron sus pedidos y retomaron su conversación.

—Papá… —comenzó Lokie, mientras la tensión volvía a instalarse en sus hombros. —¿Ha…?

—No —la interrumpió Dawn suavemente. —Está cumpliendo los términos del contrato, tal como prometió.

Los hombros de Lokie se relajaron aliviados, pero la calma no terminó de asentarse. Conocía demasiado bien a su padre. No era de los que dejaban las cosas atrás simplemente porque ella se había casado con Enzo. Definitivamente estaba planeando algo… algo peligroso.

—Aun así, no deberías confiar en él —dijo Lokie en voz baja. —No es alguien en quien puedas confiar. Es capitalista de pies a cabeza. Pasará por encima de cualquiera si eso le permite subir más alto.

Dawn asintió, con aspecto cansado detrás de sus gafas.

—Lo sé. Pero no tengo muchas opciones. Tengo que quedarme y hacer el papel de hija obediente por ahora.

—Ojalá pudiera llevarte conmigo —admitió Lokie, con el miedo retorciéndose en lo profundo de su estómago: el terror de perder a Dawn, de que algo le sucediera.

Desde el momento en que había visto morir a su madre, Lokie había jurado proteger a las personas que amaba. Dawn era su única familia de verdad. Dejarla con su padre no era lo ideal, pero por ahora parecía la opción más segura.

Afuera, a plena vista, había demasiados enemigos esperando para atacar. Ahora que estaba casada, no siempre podía estar al lado de Dawn. Al menos con su padre, podía calcular los riesgos y controlarlos. Más vale malo conocido que bueno por conocer.

—Sabes que no puedes —dijo Dawn, extendiendo la mano sobre la mesa para apretar suavemente la de Lokie. —Él nunca lo permitiría.

Luego le ofreció una cálida sonrisa.

—Y, sinceramente, yo tampoco. Deberías disfrutar de tu luna de miel y dejar de preocuparte tanto por mí. Puedo cuidar de mí misma; ya no soy una niña.

Lokie se rio.

—Debería llamarse «luna de sangre» en lugar de luna de miel.

—¿Qué? —preguntó Dawn, levantando las cejas. —No me digas que ya estás peleando con él. Vamos, Lokie… ahora es tu marido.

—Sé que es mi marido —dijo Lokie, mientras una sonrisa afilada regresaba a su rostro. —Precisamente por eso necesito luchar contra él hasta el final.

Dawn se inclinó hacia ella, bajando la voz con un brillo juguetón en los ojos.

—Sabes que las parejas que más pelean normalmente terminan amándose más, ¿verdad? De forma obsesiva.

Le guiñó un ojo.

Lokie le dio un ligero golpe en la cabeza. Dawn soltó un pequeño grito de dolor fingido.

—¡Vamos, hablo en serio! —insistió Dawn. —He leído montones de libros sobre eso. La teoría me respalda.

Lokie no pudo evitar reírse de nuevo.

—Esta no es una de tus novelas románticas, Dawn. Y yo, Lokie, no estoy de acuerdo con tu teoría.

Se inclinó más cerca.

—Esto no es una fantasía con un final feliz. Esto es una guerra.

Se apartó cuando la camarera regresó con sus bebidas. Dawn simplemente se encogió de hombros, acomodándose el cabello detrás de la oreja.

—Lo que sea. Yo seré quien juzgue eso.

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