Se connecter“¿Cómo… te atreves…?” La voz de Lokie se quebró.
Una sola lágrima trazó un camino caliente y ardiente por la comisura de su ojo antes de que pudiera detenerla. La odió de inmediato. Se suponía que era irrompible.
Había soportado dolores peores que este sin siquiera inmutarse: las cuerdas que le mordían las muñecas en el punto ciego y helado de la habitación secreta de Suzuki, la fría promesa de muerte en los ojos de Raman. Aquellas habían sido agonías agudas y limpias que podía soportar.
Esto era diferente.
Pesaba más en su pecho. La vergüenza ardía dentro de ella, la ira se retorcía en su interior y algo más permanecía debajo de todo aquello, algo que se negaba a reconocer.
Una furia que se retorcía como un cuchillo en sus entrañas y algo más pesado que ni siquiera podía nombrar. Su garganta se cerró hasta que respirar le dolió.
“Deberías estar feliz”, dijo Enzo, con la voz baja, oscura y cargada de algo peligroso que hacía que el aire se sintiera más denso.
Mantuvo su mirada durante un largo e insoportable minuto, con los ojos clavados en los de ella como una advertencia grabada en piedra. “Basta.”
La única palabra cayó como una bofetada.
Lokie escupió en el suelo y luego se pasó el dorso de la mano por el rostro cubierto de sudor. Su piel ardía de color carmesí, una violenta mezcla de rabia y humillación que se negaba a enfriarse.
“No tienes derecho a decirme qué hacer”, espetó, con la voz temblando por la fuerza de sus palabras. “Tú… pedazo de m****a despreciable y antinatural.”
Las palabras salieron en un solo aliento furioso, quedando suspendidas pesadamente entre ellos.
El silencio cayó de golpe. La habitación se volvió helada, con la tensión crepitando como electricidad estática antes de una tormenta. Ninguno de los dos apartó la mirada. Los puños de Lokie se cerraron a sus costados, cada músculo tenso y preparado. Lo destrozaría si él la provocaba. Quería que la provocara.
Un golpe seco en la puerta atravesó el enfrentamiento.
“Entra”, ordenó Enzo, con la voz resonando fríamente contra las paredes.
La puerta se abrió de golpe. Tres guardias entraron, cada uno llevando dos grandes piezas de equipaje. Se detuvieron en el centro de la sala de estar, mientras las pesadas maletas golpeaban suavemente el suelo. La espesa tensión en el aire los golpeó de inmediato; se movieron incómodos, pero mantuvieron la boca cerrada, con los ojos fijos al frente.
“Estas son las pertenencias de la señorita Lokie”, dijo Bryan con cautela.
La mirada de Enzo descendió hacia las seis cajas enormes y luego se elevó lentamente hasta Lokie. Ella puso los ojos en blanco con fuerza y apartó la mirada, con la mandíbula firmemente apretada.
“¿Empacaron toda su casa?”, preguntó Enzo, con incredulidad agudizando su tono. “¿Una o dos maletas no podían contener lo que realmente necesita?”
No podía entenderlo. Ella no se quedaría para siempre. Esto era temporal: unas semanas como máximo, quizá unos meses si las cosas se alargaban. La idea de tener que soportarla durante un año entero le revolvía el estómago.
“No, señor”, respondió Bryan. “Solo llevamos lo que Alex dijo que era importante.”
El ceño de Enzo se frunció. “¿Y quién demonios es Alex?”
“Su mano derecha”, enfatizó Bryan en voz baja.
Los puños de Enzo se cerraron con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Inspiró lenta y controladamente, obligándose a relajar los hombros.
“Llévenlas a la habitación junto a la mía. Que desempaque y se instale.”
No le dedicó otra mirada a Lokie. Se dio la vuelta y entró a su propia habitación, cerrando la puerta detrás de él con un firme y definitivo clic.
Bryan y los guardias se apresuraron, llevando el equipaje a la habitación contigua sin decir una palabra. Una vez que todo estuvo colocado, se disculparon y se marcharon.
Lokie resopló, con la ira todavía agitándose en su estómago como ácido. “Como si fuera a hacerlo”, murmuró entre dientes.
Entró furiosa en la habitación que le habían asignado y cerró la puerta de un portazo tan fuerte que las paredes temblaron. Empujó el equipaje a un lado sin ningún cuidado. Estaba alterada, vibrando de agitación. Cuando se ponía así, nada la calmaba excepto devolver el golpe a aquello —o a quien— hubiera destrozado su paz.
Esa noche, el sueño nunca llegó.
Lokie caminó de un lado a otro, cantó a todo pulmón y desafinando, y armó un estrépito por toda la habitación haciendo Dios sabe qué. Las paredes eran de papel. Enzo podía oírlo todo: sus respiraciones superficiales y furiosas, los golpes secos cuando entraba y salía del baño, el roce de los muebles, el zumbido bajo de aquella energía caótica que estaba alimentando.
Lo soportó, con la mandíbula apretada y los ojos ardiendo por la falta de descanso. Había soportado cosas peores antes que ella. También soportaría esto. Lokie no sería quien finalmente lo quebrara.
Enzo permaneció en su escritorio, con los auriculares metidos en los oídos, obligándose a continuar trabajando hasta que sus ojos se nublaron. Solo cuando ya no pudo seguir, cerró su portátil y se dejó caer sobre la cama.
La mañana llegó demasiado pronto.
Enzo salió de su habitación, vestido y listo para el día, pero la escena que lo recibió lo dejó paralizado. Se le quedó la boca abierta.
Había ropa esparcida por todas partes: vestidos sobre las sillas, camisas extendidas por el suelo como un sendero caótico que conducía al lavadero. Un calcetín colgaba de una lámpara. El desorden estaba vivo, invasivo, arrastrándose por cada rincón.
Sus pies se movieron antes de que su cerebro pudiera reaccionar. Siguió el rastro y la encontró.
Lokie estaba sentada sobre la lavadora, con las piernas balanceándose ligeramente, tarareando una melodía completamente desafinada que, de alguna manera, no parecía molestarle en absoluto. Tenía los ojos pegados al teléfono, desplazando el dedo perezosamente por la pantalla.
La visión le irritó como uñas arañando una pizarra. El desorden le erizaba la piel, cada objeto fuera de lugar era una nueva fuente de irritación. No podía soportarlo.
Se aclaró la garganta ruidosamente.
Lokie levantó lentamente la cabeza. Sus ojos se encontraron.
Una sonrisa deliberada y provocadora curvó sus labios. Sus ojos brillaron con algo afilado y peligroso, dirigido directamente hacia él.
“Buenos días, esposo”, dijo alegremente, con la voz empalagada de una dulzura falsa, como una esposa encantada dando la bienvenida a su hombre a casa. “Espero que hayas tenido una noche maravillosa…”
“¿Qué estás haciendo?”, la interrumpió, con la voz tensa.
Lokie miró alrededor de la habitación con una confusión exagerada, levantando las cejas. “¿No es obvio?” Volvió a encontrarse con su mirada, arqueando una ceja aún más. “¿O tengo que explicártelo? Estoy lavando la ropa.”
“Me refiero a que…” Enzo siseó, conteniéndose apenas para no recorrer la habitación furioso y recoger él mismo cada prenda. Le picaban las manos por las ganas de hacerlo. “¿Por qué demonios tus vestidos están por toda la casa?”
“Ah. Eso.” El rostro de Lokie cambió a una fingida expresión de comprensión. Chasqueó los labios. “Se… cayeron. Mientras los estaba metiendo.” Hizo un puchero, con una expresión casi teatral. “Ya sabes… la desventaja de tener manos pequeñas.”
Levantó las manos y movió los dedos en el aire, estudiándolos como si los estuviera viendo por primera vez.
Enzo miró su reloj de pulsera y dejó escapar un largo suspiro de agotamiento. Por mucho que quisiera ocuparse de ella, no tenía tiempo.
“Todo esto…” Hizo un gesto hacia el desastre, con un claro disgusto retorciendo sus facciones. “Quiero que desaparezca antes de que regrese.”
Se giró bruscamente y se alejó.
“Claro, esposo”, llamó Lokie detrás de él, con su sonrisa satisfecha cada vez más amplia. Volvió a tomar su teléfono y siguió desplazándose por la pantalla mientras la sonrisa permanecía pegada a su rostro.
Ella sabía que solo haría lo que llevaba en el corazón y nada más.
Enzo let out a low growl, hauled Lokie up from the floor, and pulled her to her feet.“You can’t fucking do that.” His voice was low, thick, and husky. Veins stood out along his face and neck as he fought to keep control.“Why not?” Lokie batted her long lashes, all innocence. “I… I just want to make you feel good.” She held his gaze. “Is that a bad thing?”Enzo dragged in a deep breath, but the free air did nothing to quiet the storm ripping through him. She knew exactly how her words and actions shredded every scrap of will he had left—yet she never stopped. If anything, she watched him struggle with open, hungry satisfaction.Was this her way of dominating him? Taking the lead even while he fought for it and failed?He shoved her back far enough for the space to cut through the haze. “I think we should stop.” He turned, walked into the bathroom, and switched on the shower.Ice-cold water slammed over him, drenching every inch, trying to wash away the desire he could no longer hold
"You're back," Lokie said, settling into a seated position.Enzo didn't bother responding. He didn't utter a word. He carried himself straight to his closet, holding his breath at whatever might wait for him inside.He knew what Lokie could do. The woman enjoyed messing with his peace, his sanity—and especially his closet. He found his clothes perfectly hung, only this time they had been compacted together to make space for hers.Enzo sucked in a deep breath. His gaze hovered over everything that was his. In truth, she had deliberately decided to occupy every inch of space that belonged to him. Where his shoes had sat, she had pushed them aside to fit hers next to them."Did you really have to go this far?" he said, turning to face Lokie, who now leaned against the door with a smile.She gave a light shrug and said nothing.Enzo felt his head throb in a chaotic mess. Every time his things were tampered with, he ended up with a headache.He gently massaged his temple, looked at Lokie a
Lokie observó a Enzo entrar y salir de la cocina con tanta naturalidad, como si fuera algo que hubiera hecho toda su vida. Pero ella sabía que no era así. Enzo y la cocina nunca se habían llevado bien.Regresó con un tazón de gachas. El delantal ya no estaba sobre él.Lokie lo observó colocar el tazón sobre la mesa antes de tomar asiento. Tragó saliva. Todo lo que había preparado se veía delicioso, desde la carne cocinada exactamente como a ella le gustaba, término medio, hasta la apetitosa salsa de verduras, las gachas y el arroz blanco.Pero no empezó a comer, aunque su estómago le reclamaba. Todavía recordaba la última vez que él había cocinado. El olor había sido celestial, pero la comida en sí había sido terrible.—¿Por eso no viniste a recogerme al hospital? —preguntó.Enzo se movió con tranquilidad. Sirvió una cucharada de arroz en su plato y luego un poco de salsa de verduras, antes de dejar la cuchara a un lado. Empujó el tazón de gachas hacia Lokie.—Come eso primero, aunque
Desde su última pelea, Enzo no había vuelto. Y Lokie se sentía terrible por no haberlo comprendido realmente antes de actuar como lo había hecho.Dawn había despertado y se veía mucho mejor que antes. Lokie podía ver el rubor en sus mejillas cada vez que la molestaba, y la forma en que se acurrucaba en los brazos de Alex como si fueran suficientes para protegerla de todo lo demás.Sabía lo que significaba y por qué no debía pedirles que se detuvieran. Era la primera vez que realmente veía a Dawn feliz, y Alex estaba en su mejor momento, como una madre que se negaba a dejar que su hija caminara sola por miedo a que tropezara y cayera.—Alguien podría decir que ustedes dos son pareja si no supiera la verdad —bromeó Lokie.En cuanto esas palabras salieron de sus labios, Dawn se quedó paralizada. El pánico recorrió su cuerpo y su rostro palideció al instante.—No lo somos —soltó antes de poder pensarlo bien, retorciendo las manos mientras luchaba contra el miedo—. No podemos ser pareja. N
“Eres increíble”, dijo Bryan al cerrar la puerta tras de sí.Una enfermera se acercó a Enzo con un pequeño botiquín y una bandeja, dispuesta a limpiarle la cara, pero él la empujó, se dio la vuelta sobre sus talones y se alejó.“¿En serio?”, murmuró Bryan, completamente en desacuerdo con la forma en que Enzo estaba actuando.“¡Tienes que estar bromeando, Enzo!”, gritó, listo para perseguirlo, cuando la voz de Alex se oyó detrás. Ella salió de la habitación, con cuidado de no hacer ruido.“¿Qué está pasando?”, exigió, con un leve ceño fruncido en el rostro mientras miraba a Bryan, esperando que dijera algo.“Podía oír tu voz desde dentro de la habitación, y sabes que esto es un hospital, por el amor de Dios”, se quejó.Bryan gruñó de forma inaudible. “No lo habría hecho si Enzo no hubiera sido tan pésimo cuidando de los demás”. Levantó la vista y se encontró con la mirada de Alex. “Ahora a Lokie la están suturando por segunda vez”. Soltó un pesado suspiro.“¿Segunda vez? ¿Por qué? ¿Qué
Lokie no sabía cuánto tiempo había dormido, pero cuando despertó, la recibió el pitido constante de una máquina que resonaba por toda la habitación.Abrió y cerró los ojos varias veces y se encontró en una habitación blanca. Por un segundo pensó que estaba muerta y que aquello era el más allá, porque todo se sentía tan angelical… casi como si estuviera atrapada en un espacio de pura luz blanca.Pero el pitido de las máquinas era demasiado fuerte como para ignorarlo. Y ella conocía esos sonidos.Seguramente no estoy muerta, pensó, y obligó a su cuerpo débil a incorporarse hasta quedar sentada.Sus ojos recorrieron rápidamente la gran habitación, equipada con tantas máquinas. Inmediatamente, su mente se desvió hacia Dawn.El último incidente pasó por su cabeza y, antes de que Lokie pudiera pensar, saltó de la cama, lista para salir corriendo… cuando la puerta del baño se abrió de golpe y Enzo apareció.Se veía tranquilo como de costumbre, pero sus ojos eran diferentes. No se apresuró a







