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02.

Autor: Fénix Vm
last update Data de publicação: 2025-07-31 21:35:07

AURORA

El siguiente día llegó sin apuro, quieto, silencioso, con las nubes grises adornando el cielo y una humedad fría que empaña el cristal.

A la distancia, se pueden ver los carros estacionados frente a la casa de la manada, todos esperando salir, ya que el viaje a la manada real se ha retrasado más de lo esperado.

Me levanto, acomodando mi cabello sin mucha importancia. En el espejo veo el reflejo de mis ojos apagados, sin brillo, casi tan vacíos como yo, pero sé que pronto dejará de ser así.

—¿Estás lista, Aury? Ya mamá y papá están abajo —dice Lessan entrando.

—Sí, lo estoy.

Él se acerca, posando sus manos sobre mis hombros. Nos vemos a través del espejo, sin palabras, sin nada más que eso; yo no necesito decir nada y él no necesita preguntar. Mis ojos rojos lo dicen todo.

—Ánimo, Aury, no estás sola, yo estoy contigo y mamá… aunque no te hable mucho, se preocupa por ti.

—Tú y yo sabemos la realidad, Lessan, no trates de esconder la verdad por hacerme sentir mejor.

Salimos de allí en silencio, caminando hacia la casa de la manada, donde ya todos comienzan a prepararse.

En el pie de la escalera veo a Jackson y a su compañera coqueteando, riendo, siendo la pareja perfecta, mientras otra parte de mí se quiebra y se reconstruye lentamente.

—Vamos Aury— dice Lessan tocando mi brazo—vas conmigo en el auto, ya sabes, debo protegerte del montón de pretendientes una vez que lleguemos.

Se ríe tratando de levantarme el ánimo y lo logra. Abre la puerta del auto, esperando a que suba, y cuando lo hago, esa pequeña sonrisa que tenía desaparece gradualmente al percatarme de que Jackson me está mirando.

Me obligo a ver hacia otro lado; todo mi ser tiembla y tengo que tomar aire para calmar mi tormenta.

No, no vas a dejar que él te afecte. Ella fue su elección, su única elección, mientras que tú no serás la elección de nadie.

Nos ponemos en marcha, saliendo de nuestra manada. Al frente va el auto de nuestros padres; desde aquí puedo ver cómo sonríen y hablan, algo que no han hecho conmigo desde hace tiempo.

—Aún te quieren, Aurora, no dudes de eso.

—No lo hacen, Lessan. Ellos me dieron la espalda el día en que Jackson me dejó a un lado cuando encontró a su pareja.

—No…

—Ya deja de defenderlos —alcé la voz, sintiendo de nuevo las lágrimas aparecer—. No soy una malditâ niña, Lessan. Ellos me hicieron a un lado por ser lo que soy, por ser humana. Pensaron que Jackson me aceptaría y cuando eso no pasó, ellos y toda la manada se pusieron en mi contra como si lo esperaran.

Él no dijo nada porque sabía que tenía razón, así que continué para por fin sacar todo el nudo que tenía en mi garganta.

—Cada día después de eso me tratan como una enemiga, como si pudiera conspirar contra su futura Luna porque yo nunca sabría lo que es sentir un vínculo.

Me giré hacia la ventana, mirando el paisaje verde, el bosque abriéndose paso a nuestro camino.

—Los quiero, Lessan, son mis padres, pero justo cuando más los necesité, me abandonaron. Por favor, no lo hagas tú.

Lessan tomó mi mano sin decir palabras; él siempre ha estado ahí, el único que se ha quedado con mi desastre, recogiendo los pedazos rotos.

—Jamás, Aury, nunca voy a dejarte sola. Te cuidaré hasta el día en que la Diosa te dé un compañero, porque sí vas a tener uno, y cuando ese día llegue, yo seré el primero en estar ahí para abrazarte.

Apreté su mano con un simple gracias y con eso, me apoyé en la ventana, cerrando los ojos, dejando que el sueño se llevara todo ese dolor que solo espero desaparezca.

Desperté cuando llegamos a la manada real; el cielo seguía gris, con la noche a nada de caer, haciéndolo aún más oscuro.

Nos instalamos en el hotel donde nos quedaremos por los siguientes dos días; solo tenía media hora para estar lista.

Me bañé y me arreglé rápido, parándome frente al espejo. Un hermoso vestido azul marino de un solo hombro abraza mi figura, completado con un maquillaje suave y una coleta alta.

Por primera vez en meses, vi a la Aurora que era antes, la que no tenía miedo a nada, la que no había sido rechazada y casi exiliada por los suyos.

Un toque en la puerta me anuncia la llegada de Lessan; él se queda allí parado por un momento con una pequeña sonrisa.

—Estás hermosa, Aury. Ahora vamos, que nuestros padres ya esperan.

Tomé su brazo dejando que me guiara, mirando una última vez la habitación antes de salir.

[…]

Llegamos al palacio, donde sus altos muros se alzan grandes e imponentes. La piedra rasposa, cubierta de hiedra y musgo, parece contar una historia tan antigua como la misma magia arcaica que la rodea.

Todos van vestidos con sus mejores trajes; la mayoría de los hombres, de negro, y las mujeres, con sus opulentos vestidos de noche, muy provocativos.

Las rejas están abiertas, dando la bienvenida a un mundo nuevo para mí, donde las miradas curiosas y otras cargadas de lujuria me persiguen.

Pero todo se sintió distinto una vez que crucé aquellas rejas. Mi piel se erizó al percibir el fuerte dominio de quien gobierna no solo estas tierras, sino a todos nosotros.

El aire pareció cargarse de electricidad, de algo que no había sentido nunca. Fue una sensación que me hizo temblar y sentirme viva.

Algo en mi pecho se removió con fuerza, con voluntad propia, como si me quemara; un hilo invisible que tiraba de mí, suave e insistente.

Entramos por las puertas pesadas recubiertas de oro. El largo pasillo que conduce hacia el salón de baile está iluminado por candelabros de cristal en lo alto.

Las risas resuenan suaves; los murmullos aumentan a medida que nos acercamos.

—Trata de mantenerte a la vista, Aurora. Aquí hay muchas personas; tendré que interactuar como Beta, pero estaré atento a ti. ¿Está bien?

—Está bien.

Entramos al gran salón, donde un majestuoso candelabro de oro nos recibe. Se extiende por todo el techo abovedado, iluminando las paredes de mármol con un resplandor suave.

Dos escaleras de cada lado suben a un piso superior y delante de ellas, está un trono vacío de terciopelo rojo y madera oscura tallada a mano.

Más retirado, hay uno más pequeño; delante de él está una hermosa mujer parada, con cabello negro, ojos azules intensos y una sonrisa amable mientras nos recibe.

Ella es la Reina, la madre de nuestro Rey, una Reina olvidada, pero no débil. En ella reside una fuerza que me gustaría tener, la única que ha salido ilesa de un Lycan capaz de destruirlo todo.

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Último capítulo

  • Su Luna Humana   137.

    AURORA El palacio hoy rebosa de alegría; las doncellas se apresuran por los pasillos dejando todo listo, incluso a una se le cae una toalla mientras corre de regreso. Me agacho con cuidado para levantarla, colocando una mano en mi abultado vientre hasta que logro enderezarme de nuevo. Sigo mi camino por el pasillo acariciando a mi pequeño, sonriendo porque estos meses han sido todo un reto, pero también una montaña rusa de emociones. Creo que el que más sufre es el pobre de mi compañero, y no es que yo sea insoportable, es que él siente miedo hasta del aire que respiro. Aunque estas últimas semanas, ha estado agresivo. Ya nadie lo soporta, solo yo. —Pateas muy fuerte— le digo a mi cachorro con una sonrisa, acariciando el lugar. Cruzo hacía las escaleras, sonriendo más ampliamente por el bullicio de voces. Juego con el borde de la toalla entre mis manos hasta acercarme al filo. Ahí está Samantha, vuelta loca porque su ceremonia de unión es hoy y quiere todo perfecto.

  • Su Luna Humana   136.

    AURORA —Kayne… Sam se lanzó a los brazos de Kayne, llorando, temblando, ahogando todo su dolor en su pecho. Yo me quedé ahí parada a su lado, sintiendo las miradas de mis padres encima. —¿Cómo sigue? —Mal, muy mal, no reacciona, no hay cambios, su lobo no lo cura, lo estoy perdiendo. Kayne la sostiene mientras la ayuda a sentarse dándole palabras de consuelo. Yo, por otro lado, por fin me digno a ver a mis padres. Mamá tiene una sonrisa suave en sus labios y mi padre… él aparta la mirada volviendo a sentarse. —Hola hija, ¿cómo has estado? —Bien. Sus manos se aprietan entre sí ante mi respuesta seca, quiere decir algo más, lo puedo ver. —¿Me permites hablar a solas contigo? por favor. Observo a Kayne, luego a Sam y decido acceder. Llegamos a un pequeño espacio en el hospital, las mesas redondas con sillas están vacías. Nos sentamos y espero a escuchar a lo que tenga que decir. —Sé que… en el pasado me equivoqué mucho, pensé… pensé que oir siempre a tu padre, era lo correct

  • Su Luna Humana   135.

    AURORA —Salgan. —Aurora, si no fueran por las cadenas, te habría matado. —Está bien, por favor salgan. No había temblor en mis palabras, no había miedo reflejado en mis ojos. Solo la determinación de traer de vuelva a la bestia que gruñe de forma depredadora, a las dos personas que se mueven a mi espalda para salir. Ahora sí tenía toda su atención, una claramente curiosa mientras evalúa lo que soy. Se acerca con cautela, hasta donde las cadenas se lo permiten. Sus ojos rubíes me recorren todo el cuerpo. No con lujuria, no con hambre, parece más bien, posesión. Cómo si ya supiera que le pertenezco de una forma u otra. Sus ojos van ahora a mi cuello, donde se refleja su marca; sus ojos cambian unos segundos, ese rojo se hace más intenso, más peligroso, un gruñido escapa de su pecho tan profundo que me hace temblar. Talvez piensa que la marca es de alguien más y no de él. Me acerco, otro paso, uno que me deja a milímetros de ser tocada por sus filosas garras. Veo la

  • Su Luna Humana   134.

    AURORA Abrí los ojos lentamente, los párpados me pesaban negándose a mantenerse abiertos por completo. El aire olía a desinfectante y cloro, con las paredes blancas sin nada más que la adornaran. Trato de incorporarme sintiendo un dolor extender desde mi vientre por todo mi cuerpo; logro apenas sentarme para reparar en la persona que duerme de forma incomoda en la silla. Es Zyla. No es Kayne, no es Lessan. Busco a mi loba en mi interior mientras los últimos recuerdos se reproducen en mi mente sin yo llamarlos. No quería, no me sentía lista para llegar a una posible verdad que me aterraba más que cualquier otra cosa. Toqué mi vientre plano, con las manos temblorosas, las lágrimas de angustia se acumulan en mis ojos al recordar la sangre caliente saliendo de mis entrañas. ¿Lo había perdido? ¿Mi cachorro ya no estaba? El primer sollozo escapó desde mi garganta; roto, vacío, doloroso. No lo sentía en mi interior, no sentía nada más que un silencio horrible y devastador.

  • Su Luna Humana   133.

    NARRADOR —Es hora de terminar con esto, el tiempo se acabó, lo que significa, que el tuyo igual. Clavó sus garras en una de sus piernas y la otra bajó con rapidez hacia su vientre. El destello filoso se reflejo con horror en los ojos de Aurora, esto era todo, perdería todo ese día. Pero algo dentro de ella se negó a rendirse, se negaba a ceder. En el último instante movió su cuerpo, urgida por la angustia y la necesidad de salvar a su cachorro. Las garras apenas rozaron su vientre y eso fue suficiente para tomar la decisión más desesperada de su vida. Su loba emergió con un rugido que resonó en todo el bosque, sus colmillos se cerraron en uno de los brazos de Andras, hasta quebrarle los huesos. Su grito de agonía y rabia explotó en su garganta mientras ahora la loba rasgaba todo lo que encontrara a su paso sin querer soltarlo. Ya no era solo una loba furiosa defendiéndose, era una madre acorrala dispuesta a defender a su cachorro no nacido. El dolor la estaba comenzando a sof

  • Su Luna Humana   132.

    NARRADOR —¿Qué te hizo cambiar de opinión, Andras? antes querías utilizarme, hace semanas me lo dejaste claro cuando estuve frente a ti. Andras se detuvo a escasos pasos; en sus labios una sonrisa torcida por la burla. —Antes no habías cometido el error de marcarlo, antes tenía probabilidad de recuperar algo, pero lo he perdido todo, Aurora, ya no queda nada. Tu siempre lo eliges a él, al mounstro que crees perfecto, al que me arrebató todo. Así que, si yo me hundo, te arrastraré conmigo. Aurora levantó otro escudo, apenas sostenible para el golpe de las garras de Andras. No fue el primero, fue solo el comienzo de muchos. Cada golpe, cada rasguño, creaba una grieta que comenzaba a extenderse como finos hilos de telaraña. Sentía sus piernas ceder, su fuerzas abandonarla y el dolor en su cuerpo aumentando más. Pero tenía que resistir, aún no era tarde, su cachorro seguía dentro de ella y mientras lo sintiera, eso era suficiente para soportar aunque no le quedaran fuerzas.

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