Compartir

03.

Autor: Fénix Vm
last update Fecha de publicación: 2025-07-31 21:43:20

AURORA

Me acomodo cerca de las grandes mesas llenas de comida y vino, en un rincón tranquilo, alejado; donde los murmullos y las risas suenan como ecos ausentes.

Desde aqui podía ver a todos aquellos que habían encontrado a sus compañeros, a los Alfas que buscaban establecer alianzas bajo una máscara de mentiras y engaños bien actuados.

Vi como las mujeres emparejadas y no emparejadas miran hacia el trono y luego las escaleras, ansiosas, acomodando sus cabellos y su maquillaje para impresionar a un Rey que podría considerarse inhumano.

Fue en ese momento cuando algo más llamó mi atención. Un resplandor de luz suave toca mi piel, como una simple caricia que se va extendiendo por todo mi cuerpo.

Mi sielueta comienza a notarse en el suelo pulido, mismo que ahora refleja un destello de luz detrás de mí.

Me giro admirando como de entre las nubes oscuras se va abriendo paso una hermosa luna llena, tranpasando los altos ventanales como una suave cortina que nos cubre a todos.

Ya no pude apartar la mirada; me sentía atraída hacia ella, como si estuviera siendo llamada hacia un destino desconocido.

Pero, mientras yo me perdía en lo hermosa que era, un silencio denso y casi asfixiante comenzaba a cubrir todo el salón.

Las risas cesaron, los murmullos se callaron, y todos se detuvieron en sus lugares, mirando con horror una luna majestuosa iluminando todo el salón.

Me giré con cuidado al ver a la Reina levantarse de su asiento; su expresión de confusión, miedo y angustia disparó todas mis alertas, escuchando cómo ahora mi corazón zumba en mis oídos.

¡BAM!

El primer golpe llegó, seco y fuerte, haciéndonos saltar a todos, mirando hacia el pasillo que se pierde en lo alto de las escaleras.

Un rugido poderoso hizo vibrar las ventanas; el candelabro sobre nosotros tintineó con suavidad mientras todos comenzaban a dar pasos hacia atrás.

¡BAM! ¡BAM!

El golpe constante contra el metal vuelve a resonar con más violencia, haciéndome comprender que una bestia está por salir, pero no es cualquier bestia; es el Lycan del Rey, uno que no dejará nada a su paso más que muerte y sangre.

La Reina se gira hacia nosotros, temblando, con los ojos llenos de lágrimas, el pánico apenas contenido y las manos apretadas en puños a sus costados, hasta que otro rugido rompe aquel silencio.

—¡TODOS FUERA, AHORA!—grita, haciendo que todo el salón estalle en caos.

Los gritos llenan el lugar; las bandejas y los cristales rompiéndose contra el suelo se funden con el alboroto. Todos corren y se transforman, intentando salir por la única entrada que tenemos.

Con el miedo recorriendo cada poro de mi cuerpo, logro moverme, metiéndome entre la multitud mientras soy empujada de un lado a otro hasta casi ser aplastada.

Siento que comienzo a perder el equilibrio y caer aquí sería una muerte segura.

Un par de manos que conozco bien me toman de los brazos. Lessan me rodea como un escudo protector mientras comenzamos a abrirnos paso entre los demás.

—Estoy aquí, Aurora, estoy aquí.

Aprieto su agarre con fuerza, mirando cómo la entrada está cerca, aunque se sienta a kilómetros.

Empujamos hacia la salida, viendo cómo todos salen y se transforman, algo que yo claramente no puedo hacer.

—No te preocupes, una vez fuera dejaré salir a Rex. Debes subir sobre él rápido.

Asiento sin decir mucho, solo mirando al frente, deseando salir, deseando que todos podamos escapar.

Un rugido más cerca, cargado de peligro y dominio, resuena justo en el gran salón. Mis vellos se erizan, mis piernas tiemblan; aquella electricidad que había sentido en un principio regresa abrazando todo mi cuerpo.

Estábamos en la salida, pero ese rugido fue suficiente para que todos se transformaran y se abalanzaran sobre nosotros.

—¡AURORA!— grita Lessan, perdiendo mi agarre.

Soy empujada a un lado con violencia, cayendo al suelo, apenas cubriéndome de los lobos que pasan sobre mí, arañando mis brazos y piernas.

Con una pequeña ventaja, me arrastro lejos de la salida. Me pongo de pie, sintiendo la sangre bajar en hilos por mi piel.

No veo a Lessan por ningún lado; no reconozco a ningún lobo de mi manada. La desesperación y el miedo comienzan a abrumarme, pero no puedo quedarme aquí parada.

Corro hacia donde la mayoría lo hace, internándome en un bosque desconocido sin saber a dónde ir exactamente.

Mantengo mis sentidos en alerta, los pocos que tengo sin una loba. La adrenalina corre por mi cuerpo, mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho, y mis extremidades ardiendo por el esfuerzo.

Las lágrimas se deslizan silenciosas por mi rostro, el miedo sofocándome, todo mi ser temblando, tratando de escapar de algo que jamás he visto.

Los lobos pasan corriendo a mi lado; la espesa noche se llena de aullidos de aquellos que llaman a los suyos y yo… yo no puedo reconocer ninguno.

Mi pie se enreda en las raíces de un árbol, haciéndome caer, golpeando mi cabeza contra el suelo. Puntos oscuros danzan frente a mis ojos. El dolor arrasador de mi cuerpo me dice que me quedé allí, pero no puedo.

Un quejido escapa de mis labios al levantarme; un dolor agudo y punzante recorre mi pierna, donde puedo ver una herida abierta.

La sangre comienza a gotear fresca de mi frente por la caída. Mareada, rasgo la tela de mi vestido, envolviendo la herida. Ya no me puedo quedar más tiempo; necesito salir de aquí.

Sigo corriendo lo mejor que puedo entre los árboles, escuchando los aullidos a lo lejos, aún llamando a los suyos.

Ya no hay nadie cerca; todos se han ido dejándome atrás, apenas mirando por dónde voy, con la luz de la luna amenazando con irse.

—Por favor... por favor... no te escondas entre las nubes... por favor.

Rogaba una y otra vez, mirando el cielo lleno de nubes oscuras que parecían abrirse paso ante ella, como si estuviese escuchando mi súplica.

Pero algo cambió, algo que hizo que me detuviera.

La brisa dejó de soplar, el sonido de los grillos cesó por completo. Ya no estaba sola en este bosque; algo más había entrado, algo mucho más intimidante.

El Lycan del Rey me había encontrado.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Su Luna Humana   137.

    AURORA El palacio hoy rebosa de alegría; las doncellas se apresuran por los pasillos dejando todo listo, incluso a una se le cae una toalla mientras corre de regreso. Me agacho con cuidado para levantarla, colocando una mano en mi abultado vientre hasta que logro enderezarme de nuevo. Sigo mi camino por el pasillo acariciando a mi pequeño, sonriendo porque estos meses han sido todo un reto, pero también una montaña rusa de emociones. Creo que el que más sufre es el pobre de mi compañero, y no es que yo sea insoportable, es que él siente miedo hasta del aire que respiro. Aunque estas últimas semanas, ha estado agresivo. Ya nadie lo soporta, solo yo. —Pateas muy fuerte— le digo a mi cachorro con una sonrisa, acariciando el lugar. Cruzo hacía las escaleras, sonriendo más ampliamente por el bullicio de voces. Juego con el borde de la toalla entre mis manos hasta acercarme al filo. Ahí está Samantha, vuelta loca porque su ceremonia de unión es hoy y quiere todo perfecto.

  • Su Luna Humana   136.

    AURORA —Kayne… Sam se lanzó a los brazos de Kayne, llorando, temblando, ahogando todo su dolor en su pecho. Yo me quedé ahí parada a su lado, sintiendo las miradas de mis padres encima. —¿Cómo sigue? —Mal, muy mal, no reacciona, no hay cambios, su lobo no lo cura, lo estoy perdiendo. Kayne la sostiene mientras la ayuda a sentarse dándole palabras de consuelo. Yo, por otro lado, por fin me digno a ver a mis padres. Mamá tiene una sonrisa suave en sus labios y mi padre… él aparta la mirada volviendo a sentarse. —Hola hija, ¿cómo has estado? —Bien. Sus manos se aprietan entre sí ante mi respuesta seca, quiere decir algo más, lo puedo ver. —¿Me permites hablar a solas contigo? por favor. Observo a Kayne, luego a Sam y decido acceder. Llegamos a un pequeño espacio en el hospital, las mesas redondas con sillas están vacías. Nos sentamos y espero a escuchar a lo que tenga que decir. —Sé que… en el pasado me equivoqué mucho, pensé… pensé que oir siempre a tu padre, era lo correct

  • Su Luna Humana   135.

    AURORA —Salgan. —Aurora, si no fueran por las cadenas, te habría matado. —Está bien, por favor salgan. No había temblor en mis palabras, no había miedo reflejado en mis ojos. Solo la determinación de traer de vuelva a la bestia que gruñe de forma depredadora, a las dos personas que se mueven a mi espalda para salir. Ahora sí tenía toda su atención, una claramente curiosa mientras evalúa lo que soy. Se acerca con cautela, hasta donde las cadenas se lo permiten. Sus ojos rubíes me recorren todo el cuerpo. No con lujuria, no con hambre, parece más bien, posesión. Cómo si ya supiera que le pertenezco de una forma u otra. Sus ojos van ahora a mi cuello, donde se refleja su marca; sus ojos cambian unos segundos, ese rojo se hace más intenso, más peligroso, un gruñido escapa de su pecho tan profundo que me hace temblar. Talvez piensa que la marca es de alguien más y no de él. Me acerco, otro paso, uno que me deja a milímetros de ser tocada por sus filosas garras. Veo la

  • Su Luna Humana   134.

    AURORA Abrí los ojos lentamente, los párpados me pesaban negándose a mantenerse abiertos por completo. El aire olía a desinfectante y cloro, con las paredes blancas sin nada más que la adornaran. Trato de incorporarme sintiendo un dolor extender desde mi vientre por todo mi cuerpo; logro apenas sentarme para reparar en la persona que duerme de forma incomoda en la silla. Es Zyla. No es Kayne, no es Lessan. Busco a mi loba en mi interior mientras los últimos recuerdos se reproducen en mi mente sin yo llamarlos. No quería, no me sentía lista para llegar a una posible verdad que me aterraba más que cualquier otra cosa. Toqué mi vientre plano, con las manos temblorosas, las lágrimas de angustia se acumulan en mis ojos al recordar la sangre caliente saliendo de mis entrañas. ¿Lo había perdido? ¿Mi cachorro ya no estaba? El primer sollozo escapó desde mi garganta; roto, vacío, doloroso. No lo sentía en mi interior, no sentía nada más que un silencio horrible y devastador.

  • Su Luna Humana   133.

    NARRADOR —Es hora de terminar con esto, el tiempo se acabó, lo que significa, que el tuyo igual. Clavó sus garras en una de sus piernas y la otra bajó con rapidez hacia su vientre. El destello filoso se reflejo con horror en los ojos de Aurora, esto era todo, perdería todo ese día. Pero algo dentro de ella se negó a rendirse, se negaba a ceder. En el último instante movió su cuerpo, urgida por la angustia y la necesidad de salvar a su cachorro. Las garras apenas rozaron su vientre y eso fue suficiente para tomar la decisión más desesperada de su vida. Su loba emergió con un rugido que resonó en todo el bosque, sus colmillos se cerraron en uno de los brazos de Andras, hasta quebrarle los huesos. Su grito de agonía y rabia explotó en su garganta mientras ahora la loba rasgaba todo lo que encontrara a su paso sin querer soltarlo. Ya no era solo una loba furiosa defendiéndose, era una madre acorrala dispuesta a defender a su cachorro no nacido. El dolor la estaba comenzando a sof

  • Su Luna Humana   132.

    NARRADOR —¿Qué te hizo cambiar de opinión, Andras? antes querías utilizarme, hace semanas me lo dejaste claro cuando estuve frente a ti. Andras se detuvo a escasos pasos; en sus labios una sonrisa torcida por la burla. —Antes no habías cometido el error de marcarlo, antes tenía probabilidad de recuperar algo, pero lo he perdido todo, Aurora, ya no queda nada. Tu siempre lo eliges a él, al mounstro que crees perfecto, al que me arrebató todo. Así que, si yo me hundo, te arrastraré conmigo. Aurora levantó otro escudo, apenas sostenible para el golpe de las garras de Andras. No fue el primero, fue solo el comienzo de muchos. Cada golpe, cada rasguño, creaba una grieta que comenzaba a extenderse como finos hilos de telaraña. Sentía sus piernas ceder, su fuerzas abandonarla y el dolor en su cuerpo aumentando más. Pero tenía que resistir, aún no era tarde, su cachorro seguía dentro de ella y mientras lo sintiera, eso era suficiente para soportar aunque no le quedaran fuerzas.

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status