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CAPÍTULO 42: Un nuevo amanecer

Author: R. Vivas
last update publish date: 2026-08-26 06:53:32

La luz del sol se filtró suavemente a través de las cortinas de la habitación, acariciando el rostro de Natasha con un calor dorado y suave. Poco a poco, sus ojos se abrieron, sintiendo que el sueño la abandonaba lentamente. Parpadeó varias veces, tratando de enfocar la realidad que la rodeaba. El aroma a Mateo aún estaba en las sábanas, en su piel, en cada rincón de su ser. Y entonces, lo recordó todo. La noche anterior. El amor. La pasión. La entrega total.

Sonrió, sintiendo que una felicidad
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    La luz del amanecer se filtraba suavemente a través de las cortinas de la mansión, tiñendo la habitación de tonos dorados y rosados. Natasha abrió los ojos lentamente, sintiendo que el cansancio le pesaba en los huesos. Había pasado la noche abrazada a Mateo, sin soltarlo ni un momento, como si temiera que, si lo soltaba, él se desmoronaría. Y quizás era verdad. Quizás, si lo soltaba, Mateo se rompería en mil pedazos.Mateo estaba despierto. Lo supo porque su respiración no era la de alguien que duerme. Era la de alguien que ha pasado la noche en vela, con los ojos abiertos y la mente en un torbellino de pensamientos. Natasha se incorporó ligeramente y lo miró. Su rostro estaba marcado por el cansancio, y sus ojos verdes, que normalmente brillaban con fuerza, ahora estaban apagados, llenos de una tristeza que le partía el alma.—Amor —dijo Natasha, con voz suave, acariciando su mejilla—. ¿Cómo te sientes?Mateo la miró, y por un momento, sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero no lloró

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    Natasha condujo como una autómata. Las luces de Miami pasaban a su lado como destellos borrosos, y sus manos, aferradas al volante, temblaban ligeramente. No sabía a dónde iba. No sabía qué iba a decir. Solo sabía que tenía que encontrar a Mateo. Tenía que estar con él. Porque lo amaba. Porque era su familia. Porque, en ese momento, él la necesitaba más que nunca.Llegó a la mansión y estacionó el auto con prisa. Entró corriendo, y el silencio de la casa la golpeó como una ola. No había luces encendidas. No había ruido. Solo el eco de sus pasos en el mármol. Subió las escaleras de dos en dos, y encontró a Mateo en la habitación. Estaba sentado en el borde de la cama, con la cabeza entre las manos y los hombros temblando. No lloraba. Pero su cuerpo entero parecía estar conteniendo un mar de emociones que amenazaba con ahogarlo.—Mateo —dijo Natasha, con voz suave, acercándose a él—. Amor.Mateo levantó la vista, y en sus ojos vio una mezcla de dolor, rabia y confusión que le partió el

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