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CAPÍTULO 1

Autor: GPG
last update Data de publicação: 2023-12-17 07:30:18

La noche anterior, fue sexualmente buena y prueba de ello, es el estado en que se encuentra mi habitación. El camino entre la puerta de mi apartamento y mi cama, puede ser seguido fácilmente a través del reguero de ropa y calzado, que genera una imagen mental de la forma en que evolucionó el fogoso momento.

El hombre cuyo nombre creo que es Alexander, duerme profundamente en mi cama y tiene al aire ese grandioso trasero trigueño que recuerdo haber apretado muchas veces hace unas pocas horas.

¿Qué si fue un buen amante? No estuvo mal, me dio un pre más que decente, pero ya entrados en materia, he conocido hombres más creativos en la cama, este fue algo clásico, así que estuvo bien para una noche, no aguanta para dos.

El sol está a punto de salir y no lo quiero más en mi cama generando calor, así que me levanto, preparo café y despierto a mi amante, quien intenta tomarme entre sus brazos y meterme a la cama nuevamente.

—Aaaah — grita por el dolor que indudablemente le ocasiona el café caliente sobre su piel —¿Estás loca? ¿Cómo se te ocurre acercarme algo caliente cuando estoy dormido?

¿Estás loca? Que juego de palabras tan mal elegido y yo que pensaba sacarlo decentemente de mi apartamento.

—Discúlpame, baby — le respondo poniendo ojos de perrito triste —yo solo quería consentirte un rato y por eso te hice café —me alejo del lugar rumbo a la cocina haciéndome la sentida.

Tomo mi celular y le envío el siguiente mensaje a Roberto, mi hombre de confianza: "Marido"; él ya sabe qué hacer.

Mientras tanto aquel hombre se levanta y entra al baño para refrescarse y limpiarse del cuerpo todo lo que debe ser limpiado (y eso incluye el café) y unos segundos después sale con una actitud muy diferente.

—Discúlpame nena, es que me sorprendiste y mi mente seguía dormida — llega a la cocina, me abraza por la espalda completamente desnudo y mientras besa mi cuello, se escucha que están abriendo la puerta del apartamento y la voz de un hombre grita antes de terminar de abrir la puerta.

—¡Amor, sorpresa! — entra Roberto, con su casi insuperable 1.93 de altura y gran musculatura.

La reacción del hombre es como si mi cuerpo quemara, pues automáticamente se separa de mí y me mira con horror, mientras nos escondemos detrás de la isla de la cocina.

—¿Tienes marido? — susurra, mientras con la mirada busca en el suelo su ropa, sin mucho éxito.

—¿Qué carajo es esto Lorena? ¿De quién es esta ropa? — grita Roberto, mientras corre supuestamente a emboscarme con mi amante al cuarto.

—Se supone que llegaba hasta dentro de dos días — le digo tratando de esconder la sonrisa que amenaza por salir, ante la cara de miedo del sujeto.

—Yo lo entretengo, tu sal de la cocina y ve directo a la puerta de salida, mientras lo detengo en la habitación, para que no tome a Lucien, su b**e — le digo y tomo rumbo a la habitación con una sonrisa ocupando mi rostro, debido al color inmediato que pierde el rostro del hombre, tras mis palabras.

—Amor déjame explicarte — grito dramáticamente apenas entro a la habitación.

Roberto, está sentado al borde de mi cama y había recogido del suelo, la mayoría de prendas del moreno que estaban en la sala. Miro de manera divertida al arrume de ropa y levanto mi ceja como pidiendo una explicación por la prenda faltante. Se escucha como se cierra la puerta principal con un golpe seco.

No puedo evitar caer a su lado presa de un ataque de risa, es tan revitalizarte iniciar con un drama la mañana.

—¿Solidaridad masculina? — pregunto una vez que puedo calmarme y respirar nuevamente.

—Algo así — responde Roberto —no es culpa de ese desgraciado tus excentricidades, así que lo mínimo era dejarle la camisa para que se cubra y la billetera para que pague el carro.

—¿Quieres café? — pregunto tomando nuevamente rumbo a la cocina, para por fin poder tomarme el mío en paz.

—Es lo mínimo que debes darme a esta hora de la mañana — y se sienta en una de las butacas que acompañan la barra de la cocina.

Tiene suerte de ser el único fuera de mis padres a quien le permito hablarme así.

═══════════════════. ❀~✿ .═

Mis fuentes me avisan que hoy se cierra un gran negocio en uno de los lugares más exclusivos de la ciudad de Los Ángeles, El Club Cicada, así que mi reservación ya está hecha.

Mi negocio es uno tan respetable como cualquier otro, soy la dueña de una cadena de galerías de arte, ubicadas en ciudades cuyas estadísticas de violencia y drogadicción son altas, haciendo que nuestro eslogan "apoyamos al talento, no la escuela"; sea bien recibido entre la población de escasos recursos y seamos considerados por todos como una empresa comprometida con las causas sociales, lo cual es magnífico para organizar grandes eventos.

No imaginan la cantidad de gente rica y políticos que quieren alardear del apoyo que prestan a este tipo de comunidades, así que no me siento culpable por lucrarme de este negocio, al fin de cuentas, yo si ayudo a esos artistas, solo que de paso me ayudo a mí misma y eso no es pecado.

Examino por última vez mi reflejo en el espejo y sonrío de satisfacción, pues nunca antes me había sentido tan a gusto con mi cuerpo como en este momento. Tomo la pequeña cartera y me dispongo a ingresar al lugar en compañía de tres chicas, quienes son mi tapadera de la noche, aunque obviamente mi escolta está siempre al pendiente de todo.

Mi presa es el señor Richard Brown y es bien sabido que él no habla de negocios antes de la cena, sino que concreta todo durante las rumbas dependiendo de que tan buenas vibras haya recibido esa noche, algo muy beneficioso para mí. Lo veo terminar su comida y levantarse de la mesa y un poco más atrás observo su séquito de guardaespaldas no tan disimulados como los míos.

Inicia el show.

El estilo de la zona de discoteca es moderno, la música es movida y el juego de luces hace que quieras soltar todas tus inhibiciones, así que debo darme un par de cachetadas mentales para no ir directamente y sentarme en las piernas del hombre guapo y de hombros anchos que intenta inútilmente hablar de negocios con el señor Brown.

La mirada del señor Brown recorre el lugar en búsqueda de compañía para la noche y obvio, ahí estoy con mis chicas para eso. Salto enérgicamente al compás de la música y con la copa en la mano hago un brindis en su dirección haciendo que la sonrisa del hombre se ensanche y su mirada hambrienta recorra mis curvas y las curvas de mis chicas; el anzuelo fue lanzado.

El hombre habla con el sujeto sentado al frente suyo, quien voltea a mirar en nuestra dirección y me recorre con una mirada de poco interés, lo cual hace que despabile más mi instinto de maldad. Nadie me mira de esa manera, así que no pude evitar, ahí mismo comérmelo con la mirada y morder mi labio inferior solo para provocarlo.

Me apuesto a mi misma a que esta noche me llevaré ese bombón y cambiaré esa mirada por una que me agrade mucho más.

Mi objetivo se acerca a nosotras y mira con interés a una de mis acompañantes, quien  le sonríe coquetamente y le ofrece un poco de lo que estamos tomando.

—Gracias, preciosa — le dice a la chica y se toma la bebida de un solo sorbo —¿Qué hacen tres hermosas damas solas en un lugar como este? — abre la conversación el señor Brown.

—Celebrando la apertura de mi nueva galería — le respondo sin titubeos —¡mi galería número diez! ¡Siiii! — grito levantando la copa para que todos bebamos al tiempo, haciendo que mágicamente un nuevo trago llegue a la mano del hombre —así que esta noche ninguna llegará sobria a su casa.

Me habría encantado poder grabar la expresión de su rostro cuando escucha mis palabras.

—Pues celebraremos con ustedes, esta noche todo lo pago yo — dice el hombre con mucha animosidad y luego trae junto a mí a su acompañante de mesa —Tu mirada te delata, así que aquí está mi regalo para ti esta noche — me dice al oído —yo te doy el regalo, tú verás si eres capaz de destaparlo.

Reí como loca ante ese comentario, el condenado hombre me cae bien, así que hago exactamente lo mismo.

—Tu regalo está en un muy ajustado vestido azul, deberían salir a bailar a ella le gusta — y centro mi atención en unos hermosos ojos grises (obviamente vi mucho más que sus ojos).

Britanny atiende muy bien al señor Brown, sabe perfectamente de que temas hablarle para suavizarme el camino. Richard Brown es un hombre en sus cuarenta y tantos, no está físicamente mal, pese a que tiene un poco de sobrepeso y dice uno de mis artistas, que muy pronto será quien gobierne clandestinamente la ciudad.

Esta amistad de negocio la gano o la gano, pues ya estoy lista para dar el siguiente paso.

Mi bombón de esta noche es un hueso duro de roer, su nombre es Oliver Taylor y tiene una fábrica de enlatados, no puedo negar que aunque tiene menos glamour, es también una buena forma para transportar drogas.

Poco a poco Oliver empieza a relajarse y a mostrarme una faceta mucho más divertida de su persona, el licor y el baile comienzan a hacer lo suyo y rato después estamos en un rincón oscuro haciéndonos un poco de exploración.

Amo esta sensación de anticipación, solo espero que este si sea bueno y no pierda el encanto con los primeros rayos del alba.

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