MasukEstamos felices de ver a Mat; tiene los ojos rojos. Nos mira con furia. Gira sobre sí mismo mientras nos observa. Parece que no nos reconoce; hay algo extraño en su manera de mirarnos y comportarse. Desprendemos nuestras feromonas para tranquilizarlo. Meryt se transforma en humana y lo abraza. Siempre entre ellos, la conexión de hermanos surte efecto. Los ojos de Mat se posan en ella y, de a poco, se queda tranquilo. Su color comienza a cambiar hasta que vuelve a ser amarillo. Respiramos aliviados todos.
—¡Hola, hermano! —lo saludamos alegres. —Hola, hermanos. ¿Para qué me llamaron? ¡Jacking sigue muy malherido y no despierta! —dice en cuanto nos ve, preocupado por su humano. —¡Por eso te necesitamos, Mat! —le explica de inmediato Amet—. Tienes que convertirte en Alfa Supremo y ayudarnos a trasladar la manada. —¡Así es, mi hermano! ¡Los desterrados nos están causando muchas bajas! Teka está muy malherida. A duras penas, junto con los demás brujos, ¡pueden mantener la barrera protectora! —le dice Meryt. —¿Amet, tú tomaste el mando? —pregunta de inmediato, dirigiéndose a su Beta. —No, Mat, tu hermana Meryt lo tiene —explica enseguida. Mat arquea las cejas; sus ojos dorados ahora centellean con incredulidad. Su mirada recorre a cada miembro presente, pero se detiene en Meryt. La intensidad con la que la observa es suficiente para que ella sienta un leve temblor en su espalda. —¿Meryt...? ¿Tú tomaste el mando? —pregunta Mat, con sorpresa. Meryt levanta el mentón con decisión. Aunque su hermano sigue imponiendo una presencia abrumadora, ella se mantiene firme. La luna llena ilumina su figura, haciendo que la mujer frente al Alfa Supremo parezca más fuerte de lo que Mat recuerda. —No me quedó elección —responde Meryt, con un tono que combina determinación y tristeza—. Tú estabas ausente, Jacking está entre la vida y la muerte… alguien tenía que dirigir a la manada o nos habríamos desmoronado. —Tu hermana ha hecho un trabajo admirable, Mat —dice Amet enseguida—. Aunque no tiene tu fuerza, tiene tu visión. Ella ha guiado a la manada durante tu ausencia. Mat baja la cabeza, reflexionando. Siente una punzada en el pecho al mirar la lucha interna que su hermana probablemente ha enfrentado. Sin embargo, su instinto de líder no deja de cuestionar. —¡Mi Luna! ¿Qué pasó con mi Luna? —pregunta con urgencia, mirando a todos con preocupación. —¡No me hables de tu Luna, Mat! ¡Mira cómo los tiene! —grita enojada Merytnert. —¡Mert, no fue su culpa! ¡Todo es mi culpa! ¿Dónde está mi Luna? —exige de nuevo, mirando a su Beta. —Está encerrada con sus padres en una de las cuevas medicinales. Su mamá está muy mal —explica de inmediato Amet. —¿Está bien? ¿Qué pasó? ¿Cuál es el estado actual de la manada? —pregunta finalmente, retomando su tono de mando. —Tenemos muchos heridos —responde Meryt, soltando un suspiro antes de continuar—. Los desterrados nos atacan sin descanso. Teka y los brujos han mantenido la barrera, pero sus fuerzas están disminuyendo. Necesitamos trasladarnos a un lugar más seguro antes de que los desterrados encuentren una forma de atravesarla. Mat asiente, comprendiendo la gravedad de la situación. Camina hacia el centro del círculo, su figura imponiéndose como si el entorno estuviera diseñado para amplificar su presencia. —¿Alguien ha ido a ver a mi Luna? ¿Cómo está? ¿Sus poderes le hicieron algo? —pregunta, dirigiéndose a Amet. —¡No sabemos su estado porque, como te dije, no deja que nadie la visite! Lo que pasó fue que todo el poder del Alfa Supremo lo tiene tu Luna, Mat. ¡Destruyó nuestra barrera de protección y, por poco, acaba con nuestra manada! —contesta Bennu, su jefe de defensa. —Entonces nuestro primer paso será reforzar las defensas —declara—. Necesito evaluar la situación y ver qué podemos hacer. ¿Qué tan serio es el daño que ocasionó mi Luna? —¡Fue terrible! —exclama el delta Horacio—. ¡Se elevó, provocando grandes tormentas eléctricas, así como tornados! ¡Dio un grito que creó una onda magnética que arrasó con todo! Si no es por sus padres, ¡no sé cómo la hubiésemos parado! El aire alrededor de Mat se vuelve tenso, y sus ojos dorados reflejan un torbellino de emociones, desde la tristeza y la culpa hasta la determinación. Respira hondo, intentando calmar el huracán que se ha desatado dentro de él. —Teka trató, pero la lanzó contra la tierra, que por poco la mata. ¡Todavía está recuperándose! —explica Merytnert y le pregunta—: ¿Qué fue lo que le hicieron para que se pusiera así, Mat? —¡No puedo decirles! —contesta con voz de Alfa—. Ahora, vamos a concentrarnos en trasladar a la manada a las cuevas milagrosas. ¿Para dónde quieren hacerlo? —Para El Labrador, en Canadá —contesta Amet. —¿Por qué ahí? ¡Es muy frío ese lugar! —exclama el Alfa, moviéndose inquieto. —¡Para escondernos de los desterrados de Isfet! —contesta Merytnert—. Así podremos recuperarnos y reorganizarnos. ¡Es un caos todo, Mat! Vamos, para que te des cuenta de lo que estamos hablando. Salimos todos de las cuevas, convertidos en lobos. Al ver a Mat, todos los lobos lo saludan felices. A pesar de que nadie sabe lo que le pasó a Jacking, al no verlo dirigiendo, los tenía a todos nerviosos. Mat abre los ojos al ver la enorme desolación. Casi todas las casas de la manada están destruidas. Los árboles alrededor fueron arrancados de raíz. El lago de la luna está seco. ¡No puede creer lo que ven sus ojos! ¡Es extraordinario el poder de su Luna!, piensa. Mat avanza lentamente entre las ruinas; su pelaje plateado por la luz de la luna parece brillar, intensificando su figura imponente. Los lobos que lo rodean lo observan con una mezcla de respeto y preocupación. Cada paso que da lo conecta más con el peso de su rol como líder, pero también lo enfrenta a la magnitud del caos que lo rodea. Merytnert camina a su lado en forma de lobo; sus ojos reflejan tristeza y, a la vez, una determinación cálida que parece sustentarlo. Sin detenerse, ella señala con su mirada las estructuras derrumbadas, las marcas grabadas en la tierra como huellas de una batalla imposible. —Mat, esta es la fuerza de tu Luna —dice con voz grave, mientras se pasea entre piedras y escombros—. Y también, esta es la responsabilidad que ahora tenemos. —No fue su intención —responde Mat, sus palabras cargadas de certeza mientras se detiene frente a lo que solía ser la casa comunal—. Debemos entenderlo antes de juzgarla. Amet, reúnan a todos los miembros de las manadas. Horacio, calcula bien las coordenadas del sitio para donde vamos. Bennu, revisa bien a todos en la manada. ¡Que no se vaya a ir ningún desterrado con nosotros! Los lobos alrededor lo escuchan en silencio, sintiendo el dolor y la injusticia vibrar en cada palabra del Alfa. Nadie osa contradecirlo, pero las miradas que intercambian muestran los temores que persisten. Amet se acerca por detrás, su forma de lobo esgrime lleno de paciencia tranquila. —Sí, mi Alfa —y se retiran, dejando a Meryt con Mat solos. Mat finalmente gira, posando sus ojos brillantes sobre Meryt. Son profundos, casi imposibles de descifrar. —Mat, ¿cómo está Ru? ¡No me mientas, quiero saber la verdad! —exige, asustada.No puedo detenerme ahora. El retroceso en el tiempo amenaza con borrar nuestras existencias; tengo que revertir esta calamidad. Entierro, con todas mis fuerzas, el bastón en la tierra nuevamente, que vibra retumbando por las cuevas, que gimen como si estuvieran heridas de muerte. De mis cuernos de Alfa Supremo salen dos potentes rayos de electricidad, que se pierden en el firmamento. ¡Mangas verdes de energía emergen de la tierra que se abre bajo nuestros pies! ¡Otras mangas negras, repletas de energía, vienen a su encuentro desde el firmamento! El rayo que lanzo con mis cuernos de Alfa Supremo regresa a la tierra, hundiéndose en ella con un colosal estruendo, abriéndola con un ensordecedor rechinar. El sol se detiene un instante. Torbellinos de viento se desplazan. Una fuerte lluvia hace su aparición, desplazada por una tormenta de nieve y granizos. Rayos y centellas retumban, alumbrando todo a su alrededor. La tierra tiembla y se desgarra con un ruido quejumbroso, como si llorara. L
La oscuridad envuelve todo. El silencio es abrumador, y puedo escuchar las respiraciones agitadas de todos a mi alrededor. Un trepidante rayo resuena, seguido de un retumbar apabullante de truenos que nos hace saltar asustados. Luces de colores crepitantes comienzan a danzar a mi alrededor. Los rayos y centellas rugen por doquier, creando un ruido ensordecedor. El aire arde con silbidos agudos por el roce, levantando el manantial de la vida en grandes remolinos impregnados de agua. De repente, una gran explosión retumba la tierra, arrojando grandes cantidades de lava a lo lejos. El cielo se llena de luces que giran a una velocidad supersónica, mientras bombas de energía recorren todo a nuestro alrededor. La atmósfera se carga de electricidad en toda la cueva. Como Alfa Supremo, conjuro sin parar, intentando conectarme con la cueva sagrada del tiempo y el espacio, dominando todo lo que me rodea. Sin embargo, me siento incapaz de someter a los elementos; todo mi poder ha sido práctica
No podía creer lo que veía. Esos pequeños cachorros que no tenían ni una hora de nacidos estaban venciendo a la diosa desterrada, la bruja Isfet. Se movían como una sinfonía perfectamente orquestada; los hijos de Horacio y Julieta moldeaban sus burbujas de agua, que brillaban con un resplandor azul sobrenatural. El agua se cristalizó en el aire, formando lanzas de hielo tan afiladas como diamantes y tan frías que el vapor se condensaba a su alrededor.El cachorro de león de Neiti y Marcus rugió con una fuerza que sacudió los cimientos de la cueva, dirigiendo esas armas elementales con precisión mortal. Los pequeños de Bennu y Netfis añadieron su fuego ancestral, envolviendo las lanzas en llamas que ardían con colores imposibles. Isfet gritó de agonía cuando las lanzas atravesaron su forma oscura. Su energía maligna comenzó a drenarse, absorbida po
Mi corazón palpita con fuerza mientras observo a mi pequeño confrontar a Isfet. Su figura, antes envuelta en obediencia oscura, ahora irradia una luz tan pura que hace retroceder las mismas sombras de la cueva. Sus ojos, llameantes como estrellas nacientes, reflejan no solo poder, sino una sabiduría ancestral que me estremece hasta el alma, algo extraordinario en un cachorro tan joven. —¡Pequeño, vuelve a mí! —le suplico a través de nuestra conexión mental, pero él permanece firme, inquebrantable. La energía que emana de su pequeño cuerpo es tan potente que hace vibrar las paredes de la cueva, destrozando por completo los restos del hechizo que antes nos aprisionaba. Isfet grita, desesperada, con furia y un miedo que jamás había mostrado, mientras lanza una descarga de magia negra tan densa que parece absorber la luz a su alrededor. Mi pequeño Alfa Sup
Mis sentidos se desmoronaban lentamente, como una espiral descendente que me llevaba a una oscuridad cada vez más profunda. Cada palabra de Isfet perforaba mi mente como agujas, deshaciéndome por dentro. Su risa resonaba como una sentencia final, como si no solo estuviera ganando la batalla, sino reclamando todo lo que había jurado proteger. —¡Jacking! —oigo la voz de Teka en mi mente, como un eco desesperado que lucha por no apagarse—. ¡No permitas que nos derrote! Quiero responder, pero mi conexión con Mat está rota. Sin él, soy solo una parte de lo que solía ser. Todo queda suspendido en esa dolorosa vulnerabilidad, hasta que una chispa, pequeña y luminosa, surge dentro de mí: el vínculo con mi Luna, con aquellos a quienes juré proteger, sigue allí, aunque tenue. Si algo queda de mí, debo usarlo. Todos luchamos, tratando de m
Mientras todos se concentraban en la batalla, sentí una ráfaga oscura venir hacia mí. Utukku, siempre calculador, me arrojaba energía corrupta tratando de debilitarnos de nuevo. Sin esperar un segundo, levanté mi brazo, convocando un muro de luz que absorbió el golpe con fuerza. Me percaté de que trataba de mantenerme ocupado. —Jacking —escuché a mi lobo Mat—, esto es una distracción. Estoy sintiendo que algo está pasando con la cueva del tiempo. ¡Alguien quiere trasladarnos en el tiempo, retroceder! —¿Estás seguro, Mat? —pregunté, sintiendo que ambos estábamos en la misma sintonía. —Sí, Jacking. Estamos conectados con esas cuevas —dijo mientras su voz se volvía urgente—. ¡Llama a todos y vamos! ¡Esa cueva está justo al lado de donde está nuestra Luna







