INICIAR SESIÓNLa sonrisa de Camilla se ensanchó aún más.
«¿Cuándo no me ha gustado un regalo tuyo?»
Se acercó a Marcella y luego miró su vientre con excesiva atención.
«Pero debes cuidar tu embarazo, Marcella. No te fatigues demasiado.»
Marcella sonrió con elegancia.
«No se preocupe, madre. Sé cuidar de mí misma y de este bebé.»
Siguió a Ca
—Ya podemos irnos, señorita Luciana —dijo Albert mientras ordenaba los documentos que aún estaban esparcidos sobre la mesa.A lo largo de su carrera había experimentado muchas veces la euforia de una victoria en los tribunales, pero esta vez sentía que aquel triunfo era realmente perfecto.Luciana, que hasta ese momento no había dejado de observar a la culpable, quien finalmente había confesado todo sin excepción e incluso había dejado de negar cualquiera de las pruebas presentadas en su contra, se sentía verdaderamente satisfecha. Tal vez el enorme dolor de su pérdida había sido lo que la impulsó a seguir adelante, sin importar cuántas cosas tuviera que sacrificar, incluido su tiempo y sus responsabilidades al frente de la empresa.Pero todo eso había valido la pena por lo que había conseguido aquel día.—Ah, tiene razón. —Luciana sonrió levemente.Una vez más dirigió la mirada hacia el asiento donde, hacía unos instantes, había estado sentada Marcella. La mujer ya había sido escolta
Luciana sonrió levemente antes de mirar al hombre de mediana edad en quien confiaba para resolver sus asuntos legales, incluido el de encabezar su defensa en el caso que ella misma había decidido reabrir.—Señor Albert, estoy segura de que ha preparado todo para ganar este caso, ¿verdad? Confío en que hará todo lo posible.Albert resopló en voz baja, aunque en su mirada se reflejaba una confianza mucho mayor.—No permitiré que ganen, señorita Luciana. Sobre todo cuando todas las pruebas y los testigos están de nuestro lado.—He oído que han intentado sobornar a muchas personas para poder acercarse a los testigos —comentó Wilna mientras se acariciaba la punta de la barbilla—. Si ese rumor es cierto, significa que están completamente desesperados por cometer cualquier crimen. Por suerte, el señor Tommy ha permanecido vigilando a los testigos en todo momento. No se puede descartar que intentaran hacerles algo para silenciar sus declaraciones, ¿verdad?—Tienes razón, Wilna —respondió Luci
Aquella mañana, el edificio del tribunal estaba abarrotado. Los periodistas se agolpaban frente a la entrada principal con cámaras y micrófonos, preparados para captar cada instante de lo que ocurriera tanto dentro como fuera de la sala de audiencias. El nombre de Marcella Jacob se había convertido en un imán para la atención pública, y aquella última audiencia representaba el punto culminante de un largo drama que había mantenido a todo el mundo pendiente.Un automóvil negro con los cristales polarizados se detuvo frente al edificio del tribunal. Marcella descendió con el rostro pálido, llevando unas grandes gafas de sol para ocultar sus ojos hinchados. Un estricto cordón de seguridad la rodeaba, intentando impedir que los periodistas, que no dejaban de avanzar, se acercaran a ella.—¿Ahora son tantos? —preguntó Marcella con expresión de incredulidad.La multitud de periodistas que se abalanzó de inmediato sobre ella la hizo sentir atacada desde todas las direcciones. Hendry pidió en
Cuando el ambiente finalmente se calmó y Marcella logró controlar sus emociones, decidió sentarse en uno de los bancos del jardín de su casa. Disfrutaba de la tarde, que aún permanecía luminosa y tranquila. Ya había jugado con Andy, que se veía adorable y crecía sano. Marcella agradecía tener tiempo para jugar con él, porque la presencia de Andy lograba aliviar parte de la frustración que llevaba dentro.Marcella no podía imaginar su vida separada de Andy. Seguramente viviría sometida a una presión constante y a un nivel de estrés insoportable. Precisamente por eso estaba decidida a refutar y dar la vuelta a los hechos, tal como Hendry le había prometido que intentarían hacer durante la tercera audiencia. Esperaba que no surgiera ningún obstáculo ni apareciera nada que agravara aún más su situación.Por desgracia, aquella paz volvió a romperse. La tranquilidad de la casa de Marcella se convirtió en un caos. Camilla y Vivian estaban frente al portón, gritando para que Marcella saliera.
—Han presentado su renuncia siguiendo el procedimiento establecido, señorita Marcella. Ni el departamento de Recursos Humanos ni yo podemos retenerlos si realmente desean marcharse.—¿Tienen miedo de no cobrar sus salarios porque estamos involucrados en un caso con la policía?Mira no respondió a aquella pregunta.—¡Dios mío! ¡De verdad son unos desagradecidos! ¡Deberían saber con quién están tratando! ¡Todavía podemos pagarles! —reprendió Marcella—. Olvídalo, no tiene sentido seguir hablando contigo. Tú solo haces lo que te pido. Los que han renunciado no son más que un grupo de idiotas. Asegúrate de encontrar reemplazos. Ningún caso que me involucre hará que deje de cumplir con los pagos ni que abandone Jacob Group.—Sí, señorita Marcella.Mira colgó de inmediato. Mientras tanto, Marcella se presionó las sienes con fuerza, sentada y con el cuerpo temblando. Sabía que Jacob Group estaba en peligro, pero no tenía fuerzas para detener aquel derrumbe. Aunque había proclamado con firmeza
En la casa, Marcella no veía en absoluto los noticieros. Incluso había prohibido a todos sus empleados domésticos acceder a las últimas noticias que circulaban. Marcella tenía miedo de todo lo que aparecía constantemente en la portada de cualquier red social.Las noticias sobre la presunta implicación de Marcella Jacob en el trágico accidente de Luciana Morreti inundaban todos los medios de comunicación. El caso no solo se había convertido en el tema más candente del momento, sino también en el origen de toda clase de especulaciones. Los periodistas añadían deliberadamente información contradictoria, haciendo que la situación fuera aún más confusa. Titulares como «¿La heredera de Jacob Group implicada en un caso fatal?» o «Los oscuros secretos de Marcella Jacob comienzan a salir a la luz» se habían convertido en el centro de atención del público y alimentaban el debate en todas las redes sociales.—¡¿Qué más han escrito sobre mí?! —gritó Marcella mientras golpeaba con fuerza la gran m







