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Capítulo 2

Autor: T.gaitán
last update Data de publicação: 2026-05-27 20:48:19

La puerta de cristal de la sala de juntas se deslizó con un zumbido electrónico, sellándonos del resto del mundo. El silencio que quedó era espeso, casi asfixiante. Carter permanecía de pie en la cabecera de la mesa, con la mandíbula tan apretada que un músculo le temblaba en la mejilla.

—Tiene exactamente dos minutos antes de que la despida por insubordinación, Evans —dijo, con una voz peligrosamente calmada.

—Necesito uno para demostrarle que le estoy salvando el pellejo, Sterling. Mire la página dos del informe.

Carter ni se movió.

—No voy a leer un panfleto redactado por una contadora resentida que acaba de llegar de Wall Street. En esta empresa las decisiones de marca las tomo yo.

—¿Y las decisiones de fraude también las toma usted? —solté, cruzando los brazos.

El rostro de Carter se transformó. Dio tres pasos largos alrededor de la mesa, acortando la distancia entre nosotros hasta que pude oler su loción de sándalo.

—Mida sus palabras. Acaba de acusarme de un delito federal en mi propia cara.

—No lo acuso a usted. Acuso a su negligencia por no revisar lo que firma —respondí, sin dar un paso atrás—. Mire el contrato adjunto con la empresa de logística de los Hamptons. ¿Quién lo negoció?

—Marcus Vance, el anterior director financiero. Renunció hace un mes por "motivos de salud".

—Bueno, pues su salud financiera en las Islas Caimán debe ser excelente.

Carter frunció el ceño, su mirada gélida vaciló por primera vez.

—¿De qué está hablando?

—Marcus Vance infló los costes del alquiler del yate y del catering en un trescientos por ciento. La empresa de eventos que provee los servicios es una sociedad fantasma registrada en Delaware. El dinero sobrante, unos quinientos cincuenta mil dólares, no va a parar a la producción del desfile. Se desvía a una cuenta puente.

Carter guardó silencio un segundo. Luego, de un manotazo, tomó el informe de la mesa y comenzó a pasar las páginas con furia. Sus ojos se movían con rapidez, analizando los gráficos y los números de cuenta que yo había cruzado en el sótano.

—Esto no puede ser verdad. Marcus trabajó con mi padre durante diez años.

—Los números no tienen lealtad familiar, Sterling. Su desfile estrella de ochocientos mil dólares es, en realidad, un esquema de desfalco. Si usted firmaba ese cheque hoy, el dinero salía de la empresa y la responsabilidad legal caía directamente sobre usted como CEO.

Carter dejó caer el informe sobre el cristal.

Su arrogancia se había evaporado, reemplazada por una rabia contenida y fría. Se pasó una mano por el cabello, deshaciendo el peinado perfecto.

—¿Por qué no me lo dijo antes de entrar a la reunión? Disfrutó humillándome frente a mi equipo, ¿verdad?

—Intenté decírselo en el pasillo, pero estaba demasiado ocupado llorando por su camisa de seda y mandándome al sótano.

Carter clavó sus ojos azules en los míos.

El ambiente en la sala seguía cargado de una tensión eléctrica, pero ya no era solo por el choque de egos. Había algo más.

—Es un maldito dolor de cabeza, Evans.

—Soy la directora financiera, Sterling. Mi trabajo es curar sus dolores de cabeza antes de que se conviertan en una auditoría del gobierno. ¿Qué va a hacer con el desfile?

Carter se apoyó contra el borde de la mesa, cruzando los brazos sobre el pecho. La distancia entre nosotros era mínima.

—El desfile se hace. Si lo cancelo ahora, los inversores olerán la sangre y la prensa especulará sobre nuestra estabilidad.

—No tenemos el dinero real para costearlo sin los fondos desviados.

—Entonces encuéntrelo. Reajuste el presupuesto de otros departamentos. Recorte la campaña de publicidad de París. Haga su magia con los números.

—¿Me está pidiendo ayuda? —sonreí de medio lado, disfrutando el momento.

—Le estoy dando una orden, Evans. Demuéstreme que es tan buena controlando el dinero como lo es arruinando mi paciencia. Si para el viernes no ha reestructurado el presupuesto de la campaña de invierno sin afectar a las fábricas, la mandaré de vuelta a Wall Street con una carta de recomendación terrible.

—Considérelo hecho, jefe. Pero bajo una condición.

Carter entornó los ojos, fastidiado.

—¿Ahora me impone condiciones?

—Quiero mi oficina en este piso. El tubo fluorescente del piso cuatro me da migraña y necesito tenerlo cerca para vigilar lo que firma. No confío en sus manos con un bolígrafo.

Carter soltó un bufido que pareció una risa ahogada, aunque se apresuró a borrarla de su rostro.

—Mañana a primera hora quiero el borrador en mi escritorio.

Y Evans... compre un café con tapa la próxima vez.

—Buenas tardes, señor Sterling.

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Comentários (6)
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Cons Espher
Soy fan de Mila
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Cons Espher
No le queda más que doblar las manitas por soberbio
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FerWang
"¡Quiero saber más!
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