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Capítulo 19

Author: Anabel Espejo
last update publish date: 2026-06-13 05:53:02

No pegué un ojo en toda la noche, Lucio lo había visto. Sabía perfectamente lo que contenía la bolsa que se había llevado por error.

Me senté en el borde del colchón, hundiéndome el rostro en las manos, sintiendo una oleada de angustia tan densa que me costaba respirar. Desde la noche en que me escapé del altar, Lucio se había convertido en un faro importante en medio de la tormenta, el hombre que me había salvado de mi propio funeral y que, sin pedir nada a cambio, se había plantado como un es
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  • Tentación Sagrada.   Capítulo 56

    ##Lucio##Me quedé sentado en la penumbra de la cocina, inmóvil, observando la puerta por la que Atenea acababa de desaparecer.Todo en mi interior se rebelaba contra el silencio de la casa. Mi cuerpo me exigía ponerme de pie, cruzar el pasillo, tocar a su puerta y tomarla entre mis brazos hasta convencerla de que lo que existía entre nosotros no era una ilusión. Quería reclamarla mía, acallar la distancia amarga con la que se había apartado de mí tras recordar mis propias palabras en el autobús. Pero me quedé clavado a la silla.Las palabras del padre Tomás resonaron en mi mente como una sentencia helada: la vocación debe ser más fuerte que cualquier impulso terrenal. Apreté los puños sobre las rodillas, sintiendo cómo el acero del deber me aplastaba el pecho. Apagué la luz de la cocina y regresé a mi cuarto a oscuras. Me acosté en la cama, mirando las vigas del techo mientras las horas pasaban lentas, hasta que el cansancio finalmente me venció en una tregua amarga.Al día siguiente

  • Tentación Sagrada.   Capítulo 55

    ##Atenea##El motor del autobús finalmente se apagó, dejando paso al murmullo constante del viento entre los pinos. El predio del campamento nos recibió sumido en una penumbra envolvente, apenas iluminado por los faroles de luz cálida repartidos a lo largo de los senderos de piedra.La logística de la llegada nos mantuvo ocupados durante más de una hora. Nos encargamos de acomodar a los niños en las instalaciones principales, guiándolos entre risas contagiadas y bostezos hasta que el cansancio del viaje finalmente venció a los más inquietos. Una vez que la última puerta de los dormitorios infantiles se cerró y el silencio volvió a adueñarse del complejo, me dirigí hacia la construcción asignada para los adultos. Fue recién en ese momento cuando descubrí la distribución del lugar: Lucio y yo compartíamos una misma cabaña de madera, aunque cada uno contaba con su propia habitación independiente a los lados de una pequeña sala central y una cocina comedor.Agotada por la tensión acumulad

  • Tentación Sagrada.   Capítulo 54

    ##Lucio##Estaba de pie junto a la puerta abierta del autobús, viendo cómo los faros de un automóvil cortaban la penumbra de la calle. El motor se apagó frente al portón y, cuando la puerta del acompañante se abrió, mi respiración se detuvo por completo.Era Atenea.Avanzó hacia nosotros bajo la tenue luz amarilla de las farolas. Llevaba un abrigo oscuro ajustado al cuerpo y el viento le desordenaba ligeramente el cabello sobre el rostro. Había una elegancia innata en cada uno de sus pasos, una presencia tan magnética que, por un instante, olvidé el murmullo de los niños dentro del transporte. Se veía hermosa. Tan letal e inalcanzable como siempre, pero con un brillo en los ojos que amenazaba con derrumbar el poco temple que me quedaba.Antes de que Atenea alcanzara el primer escalón, la ventanilla del auto se bajó de golpe. Regina asomó la cabeza y, con una sonrisa cargada de picardía, soltó un grito que resonó en la calle empedrada:—¡Cuídemela, padrecito pecado!El comentario cayó s

  • Tentación Sagrada.   Capítulo 53

    ##Atenea##El peso de la maleta en mi mano parecía anunciar algo que todavía no estaba preparada para enfrentar. Eran las siete de la tarde de un viernes frío y gris. En menos de una hora debía estar en el hogar para subir al autobús que nos llevaría, junto a los niños y Lucio, al campamento en la montaña.Cuarenta y ocho horas. Esa era la única cifra que no conseguía sacar de mi cabeza.Ajusté la solapa de mi tapado frente al espejo del recibidor, me aseguré de que mi armadura estuviera intacta y me dispuse a cruzar el salón principal hacia la salida. Pero el destino en esta casa siempre parece tener un sentido del humor macabro.Al bajar los últimos escalones de la gran escalera, los vi.En la sala de estar estaban mi padre, su esposa Elena, Bianca y Julián. Todos reunidos alrededor de las copas de cristal, compartiendo una de esas escenas familiares perfectamente calculadas para proyectar una armonía que jamás había existido. El sonido de mis tacones sobre el mármol interrumpió su

  • Tentación Sagrada.   Capítulo 52

    ##Lucio##El crujido de la madera vieja acompañaba el movimiento de mis manos mientras intentaba preparar la valija. Tenía un par de prendas dobladas sobre la cama, pero no conseguía concentrarme.El viaje al campamento no era una simple actividad pastoral con los niños. Para mí era una prueba. Lo sabía desde el momento en que el padre Tomás había hecho aquella propuesta.Y lo peor era que no sabía qué me inquietaba más: las intenciones de la parroquia o lo que podía ocurrir si permanecía cuarenta y ocho horas cerca de Atenea.El aire en el convento se sentía más pesado que de costumbre. Salí de mi cuarto y caminé a paso firme por el pasillo en busca de respuestas. Necesitaba encarar al hombre que había articulado todo esto.Encontré al padre Tomás en su despacho, revisando unos documentos bajo la luz amarilla de su lámpara de escritorio. Ni siquiera levantó la vista de inmediato. Esperó a que yo diera dos pasos hacia el centro de la habitación antes de fijar sus ojos cansados en mí.

  • Tentación Sagrada.   Capítulo 51

    Salí del hogar de niños con los pasos precipitados y el corazón latiéndome contra las costillas con una fuerza salvaje. Subí a mi vehículo, cerré la puerta de golpe y me quedé unos segundos con las manos apoyadas en el volante, tratando de controlar una respiración que se negaba a estabilizarse.Sabía perfectamente que esto estaba mal. Todo en esta situación rozaba un límite peligroso del que difícilmente habría retorno. La sola idea de pasar un fin de semana entero con Lucio, aislados en un predio de montaña, rodeados de naturaleza y bajo la bendición velada —y sospechosa— del padre Tomás, me aterraba tanto como me encendía la sangre. Era una imprudencia absoluta en medio del tablero de ajedrez en el que estaba arriesgándolo todo.Necesitaba un baño de realidad urgente. Necesitaba voces sensatas que me trajeran de vuelta a la tierra antes de cometer una locura irreparable.Con los dedos temblorosos por la adrenalina, saqué el teléfono y marqué el número de Regina.—Necesito que venga

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