INICIAR SESIÓNSkylar abrió de golpe la puerta del coche y subió con cuidado, pero todas sus protestas cayeron en saco roto. Parecía que Christian era más testarudo que ella. Condujo hacia su casa mientras Skylar se enfurruñaba y miraba fijamente por la ventana para evitarlo.
—¿Por qué no asististe a la boda?
—No tengo que rendirte cuentas.
—Sólo tengo curiosidad. No te estoy exigiendo una respuesta.
—¡Como sea! ¿Por qué me obligas a ir contigo? —Se giró para mirarlo con una mirada asesina. Un extraño deseo de rebelarse contra él comenzó a crecer dentro de ella.
—Tengo mis razones —Skylar se enfureció por su arrogancia, queriendo borrarle la sonrisa de su rostro cincelado y dejarle un ojo morado permanente.
—¿Qué razón puedes tener? ¡No me digas que te mueres por pasar tiempo conmigo! —Christian se rió en lugar de ofenderse.
—Sí, ¿y si lo soy? Puede que tenga planes de tentarte para que te cases conmigo. —Un jadeo de horror escapó de sus labios y miró por la ventana. Su mente dejó de funcionar ante su sincera admisión. ¿Realmente quería decir eso? ¿Cómo se proponía tentarla? ¿La obligaría a acostarse con él? ¡No, eso no podía suceder en absoluto!
—¡Alto! ¡Detén el coche o me bajaré! —Christian puso los ojos en blanco. Solo le estaba tomando el pelo, pero parecía que ella lo había tomado en serio.
—¡Tranquilo! Estaba bromeando. —Skylar miró fijamente al hombre repugnante.
—Fue espeluznante. No me gustan ese tipo de bromas.
—¿Siempre estás tan estresada? ¿Por qué no te relajas y disfrutas de la vida? —preguntó, en lugar de disculparse por haber hecho una broma espeluznante.
—Estaba disfrutando de la vida cuando Caleb y tu abuelo me plantearon esta situación matrimonial. Cualquier joven de dieciocho años se estresaría.
—Hmm, ¿qué tal si te doy tiempo para completar tu programa de Gestión Hotelera? Podríamos seguir comprometidos el uno con el otro mientras tanto. Skylar miró al chico con la boca abierta y sorprendida. ¿Cómo sabía él lo que estaba estudiando? ¿Cómo sabía tanto sobre ella cuando ella no lo sabía?
—No, no me comprometeré contigo hasta que me digas tu motivo.
—Ya sabes de qué se trata, Skylar. Sal conmigo para saber cuál es mi motivo. —Skylar se mordió los labios cuando él entró por las enormes puertas de hierro forjado de la mansión de la familia St. James.
—Me aseguraré de que nuestra primera cita sea memorable. Hazme una prueba, —la persuadió mientras estacionaba el auto en el garaje y apagaba el motor.
—Lo pensaré. —Skylar abrió la puerta del auto y se bajó, lista para huir.
Sin embargo, Christian la alcanzó pronto y le puso un brazo sobre los hombros, guiándola hacia la puerta principal. ¡Como si fuera a correr hacia las puertas principales!
—No me toques, Christian. No soy de tu propiedad. —Skylar se soltó de golpe y se dirigió hacia la puerta principal. Tocó el timbre con enojo y esperó a pelear con Caleb por haber enviado al odioso Christian en su lugar. Claramente le había informado a su abuela que enviara a Caleb con las llaves de la casa.
—Quizás no ahora, pero pronto lo serás. —Skylar ignoró su comentario y volvió a tocar el timbre. ¿Por qué nadie podía abrir la maldita puerta ya? No podía tolerar que el hombre que estaba a su lado la vigilara constantemente como si ya fuera de su propiedad.
—¿Puedes dejar de mirarme? —gruñó exasperada. Christian puso los ojos en blanco, pero no apartó la mirada. La puerta se abrió y Lillian jadeó de alegría, haciéndose a un lado para dejarlos entrar.
—¡Qué agradable sorpresa, Skylar! Estábamos hablando de ti. —La abrazó. Skylar no tenía nada en contra de Lillian. Le gustaba la mujer mayor que era todo lo contrario de su hermano. Era amable, madura, educada y sencilla. A pesar de ser exquisitamente hermosa y asquerosamente rica, no tenía aires de superioridad.
—Lamento no haber asistido a tu boda, Lillian. Estaba molesta con Caleb. —Le devolvió el abrazo y por fin se calmó.
—Lo entiendo, Skye. No deberían haberte dejado la boda sobre los hombros ahora. ¡Después de todo, solo tienes dieciocho años! —Skylar asintió, aliviada de que al menos alguien comprendiera su situación.
—Es mejor que lo sepa ahora que dentro de cuatro años, cuando tenga uno o dos novios, —dijo Christian poniendo los ojos en blanco.
—Eso no me impedirá conseguirme un novio o dos, —dijo Skylar enojada.
—Ponme a prueba, nena. Soy bueno con las armas. —Se rió al ver la expresión de asombro en sus rostros y se alejó hacia su habitación en el piso de arriba.
—¿Qué significa eso? ¿Está loco? No puedo casarme con él, Lillian. Ya lo odio —protestó Skylar, mientras observaba cómo el hombre se alejaba tranquilamente.
—Tranquila. Solo te está tomando el pelo. No es tan malo, Skye.
—Es malo, Lillian. Siempre había oído a nuestros padres hablar de lo notorio que es. No me casaré con él. Si Sebastian ha huido, entonces estoy libre de todas mis obligaciones —dijo Skylar con vehemencia.
—No, Skye. No es tan sencillo, ¿sabes? El abuelo ha llegado a un acuerdo legal con Christian. Si no se casa contigo, no tendrá acceso al negocio ni a su dinero. Todo irá a parar a manos de Sebastian. Skylar se quedó boquiabierta de horror. ¡Así que ese era el motivo de su matrimonio!
—¿Por qué? —Lillian se encogió de hombros, sin tener respuesta a su pregunta.
—Ven a conocer a tus abuelos. —Skylar la siguió mientras su mente pensaba en diferentes formas de enfrentarse a todos. Lillian la condujo a una habitación en la parte trasera de la mansión, pero Skylar se quedó paralizada al entrar en la habitación. Notó a su abuela acostada en la cama, luciendo frágil y enferma. ¡No esperaba que estuviera tan enferma!
—Abuela, ¿qué te ha pasado? —gritó, corriendo al lado de su abuela. Su abuela se volvió hacia ella, fijando su mirada en el rostro de su nieta.
—Skye, tuvo un ataque cardíaco leve. Recién esta mañana le quitamos el suero, —dijo Lillian, que era pediatra.
—¿Por qué Caleb no me informó? —Se sentó al lado de su abuela y tomó su mano.
—Lo siento, abuela. No sabía que fuera tan grave. Ahora estoy aquí para llevarte a casa.
—Estoy bien, Skye. No te preocupes por mí —dijo su abuela con voz débil.
—No podemos moverla tan pronto. Solo si su médico lo permite —dijo Lillian—. Ven a cenar, Skye. Todos nos están esperando en la mesa del comedor. La abuela Miriam ya comió la suya. Lillian la acompañó afuera.
Skylar no quería enfrentarse a Caleb ni a Christian en ese momento, pero no tenía otra opción. Después de ver el estado de la abuela, se sintió culpable por no haber estado allí cuando más la necesitaba. Con Caleb y Lillian yéndose a la mañana siguiente, ahora era su responsabilidad cuidar de sus abuelos.
Sin embargo, temía encontrarse con su abuelo, Benjamin St. James. No se parecía en nada a su abuelo. Era severo y fruncía el ceño más que sonreía. Skylar siempre le tuvo miedo cuando la visitó algunas veces con sus padres, pero eso fue hace años.
Lillian habló de sus planes de unirse al hospital de Caleb en Cleveland, y Skylar escuchó sus animadas bromas. ¿Cómo podía ser tan feliz en un matrimonio arreglado? ¿Se habían querido durante mucho tiempo? Tal vez esa fue la razón por la que aceptaron casarse tan fácilmente.
Lillian condujo a Skylar hacia un gran comedor, digno de un rey. Alrededor de la larga mesa del comedor, el abuelo de Lillian y el de ella estaban sentados charlando entre sí. Christian y Caleb también participaban en la conversación mientras esperaban que Skylar y Lillian se unieran a ellos. Podía sentir la mirada de Christian sobre ella, pero no lo miró. Después de su última respuesta, quería evitarlo más.
—¡Hola, Skylar! ¡Bienvenida a casa! Te estábamos esperando —dijo el abuelo Benjamin con su voz resonante, suficiente para asustar a cualquiera.
—Hola, abuelo Ben. Era un apodo que usaban desde la infancia. No interactuaba mucho con ella, pero ella sabía que le gustaba Caleb.
—Deberías haber asistido a la boda, querida —dijo su abuelo enfadado.
—¡Lo siento! —dijo con cautela, sentándose junto a su hermano. Odiaba tener que dar explicaciones, pero parecía que no lo iban a dejar pasar.
—Está bien, abuelo. Ella tenía razones para estar enojada conmigo —dijo Caleb, salvándola. Ella le dirigió a su hermano mayor una mirada de gratitud y toda la lucha abandonó su cuerpo. Caleb se sintió mal por su hermana pequeña. A los dieciocho años, era normal que no estuviera lista para casarse con un extraño años mayor que ella.
—Sírvanse ustedes mismos, por favor —dijo Lillian, empujando la comida hacia Skylar y el abuelo Phil. Skylar acababa de servirse cuando Christian se levantó con su plato y se sentó a su lado. Skylar se sobresaltó y se atragantó con la comida.
Christian le puso la mano en la espalda y la masajeó suavemente para aliviarla. Curiosamente, se sentía tan bien que Skylar no quería que se detuviera.
—¿Mejor? —preguntó, inclinándose un poco hacia ella.
—Sí, gracias —susurró ella, con las mejillas enrojecidas mientras sostenía su mirada. Con su rostro a centímetros del suyo y su fuerte fragancia cítrica y a pino hormigueando en su nariz, Skylar se olvidó de respirar. ¡Se olvidó de que él era el enemigo! Solo su tacto le calentaba la piel. ¡Era el único momento agradable que habían compartido desde que se conocieron!
Skylar abrió de golpe la puerta del coche y subió con cuidado, pero todas sus protestas cayeron en saco roto. Parecía que Christian era más testarudo que ella. Condujo hacia su casa mientras Skylar se enfurruñaba y miraba fijamente por la ventana para evitarlo.—¿Por qué no asististe a la boda?—No tengo que rendirte cuentas.—Sólo tengo curiosidad. No te estoy exigiendo una respuesta.—¡Como sea! ¿Por qué me obligas a ir contigo? —Se giró para mirarlo con una mirada asesina. Un extraño deseo de rebelarse contra él comenzó a crecer dentro de ella.—Tengo mis razones —Skylar se enfureció por su arrogancia, queriendo borrarle la sonrisa de su rostro cincelado y dejarle un ojo morado permanente.—¿Qué razón puedes tener? ¡No me digas que te mueres por pasar tiempo conmigo! —Christian se rió en lugar de ofenderse.—Sí, ¿y si lo soy? Puede que tenga planes de tentarte para que te cases conmigo. —Un jadeo de horror escapó de sus labios y miró por la ventana. Su mente dejó de funcionar ante
Skylar condujo hacia el apartamento de Eva. Recordó que Eva había decidido no ir al baile de graduación y que ella podía pasar la noche en su casa sin problemas. Después de unos minutos, tocó el timbre y Eva abrió la puerta emocionada, como si estuviera esperando a otra persona.—¿A quién esperabas? ¿A Alexander? —le preguntó en tono de broma a su amiga.—Estuvo aquí hace unos minutos. Pensé que había vuelto a buscar la pizza que había pedido para mí. Puedes comer un poco.A Skylar se le hizo la boca agua al oír la palabra pizza. Se dio cuenta de lo hambrienta que estaba.—¡Guau! Justo lo que necesitaba. ¿Por qué no me acompañas? —Los dos amigos se sentaron a comer mientras hablaban sobre la fatídica noche de graduación.—¿Por qué no fuiste? ¿Tu cita te dejó plantada? —preguntó Skylar, pero Eva negó con la cabeza.—Alexander me hizo daño. Perdí las ganas de salir.—No te lo tomes tan en serio. Solo está celoso de tu cita —dijo Skylar riéndose.—¡No tiene por qué estarlo!Como la famil
Skylar miró a su alrededor y vio que todos se quedaban boquiabiertos. Tomó la mano de Christian para guiarlo hacia una zona apartada del auditorio. Sin embargo, chispas de electricidad atravesaron su brazo y recorrieron su cuerpo al tocarlo. Inmediatamente lo soltó como si se hubiera quemado. ¿Qué fue eso?—¿Por qué estás aquí? Caleb quería enviar a Sebastian aquí sin mi consentimiento. No estoy interesada en ninguno de los dos. ¿No lo entiendes? —Lo miró con enojo mientras él la observaba con el ceño fruncido que estropeaba sus atractivos rasgos.—Es una lástima. Estás atrapado conmigo. —Skylar observó al hombre atentamente mientras hablaba. Su mata de pelo oscuro, sus impresionantes ojos azules y sus labios que harían pecar a un ángel lo hacían irresistible, pero ella sabía que no era así. ¡Era el hombre más detestable y egoísta de la Tierra! Sus notorias costumbres eran el tema de todas las reuniones a las que asistían sus padres cuando estaban vivos. Nunca venía a casa de vacacion
Skylar Carnell bajó corriendo las escaleras hacia la habitación de su hermano mayor, Caleb. Con su hermoso rostro desencajado en un ataque de ira, todos sabían que no debían meterse con ella. Era una maravillosa combinación de belleza e inteligencia a los dieciocho años, pero su mal carácter la hacía inaccesible. Por lo tanto, sus abuelos, Philip y Miriam Carnell, hicieron todo lo posible por mantener la paz en la familia. Aunque Caleb, que era diez años mayor, ejercía sus derechos de hermano mayor con demasiada seriedad sobre ella, Skylar no escuchaba a nadie en particular. Era una rebelde y prefería seguir siéndolo toda su vida.Ella irrumpió en su habitación y lo vio guardando sus últimas pertenencias en una caja de cartón. —¿Qué te pasa, Caleb? ¿Por qué me estás obligando a casarme con el hermano de Lillian? ¡No me interesa la familia St. James! —Sus ojos brillaron de indignación mientras esperaba luchar contra el mundo por sus derechos.—¿Qué le pasa al hermano de Lillian? No est







