INICIAR SESIÓNA Ethan Lennox se le estaba acabando la paciencia. Llevaba tres días esperando a que Isabelle respondiera a sus mensajes. Tres días sin una sola respuesta. Había intentado llamarla dos veces, pero en ambas ocasiones nadie había contestado.Incluso se planteó volver a visitar Addison Biotech, pero las restricciones de seguridad dejaban claro que no sería bienvenido. La situación se estaba volviendo cada vez más frustrante. Se sentó detrás de su escritorio, con la mirada fija en los datos de contacto de Isabelle.Aún recordaba cuando llamarla era pan comido. Solía contestar casi de inmediato, a veces incluso antes de que terminara el primer tono. Ahora, ni siquiera conseguía que leyera un mensaje.Volvió a pulsar el botón de llamada. Esta vez, el teléfono sonó. Una vez. Dos veces. Tres veces. Entonces, por fin, alguien contestó.—¿Hola?—Ethan se enderezó en la silla. —Isabelle.—Hubo un breve silencio. —¿Qué quieres, Ethan?—Su voz era tranquila, pero no había calidez en ella. Él esper
La residencia de los Wilson nunca había tenido un aspecto más acogedor. Tras varios días rodeados de vistas al mar, playas privadas y el tranquilo lujo de su villa de luna de miel, Nicholas e Isabelle por fin estaban en casa. Su equipaje estaba junto a la entrada, esperando a ser deshacido.Isabelle entró en el salón e inmediatamente respiró hondo. —Hogar, dulce hogar.—Nicholas cerró la puerta principal tras ellos. —¿Lo echabas de menos?——Por supuesto. Aunque no me importaría quedarme en la isla una semana más.—Él arqueó una ceja. —¿Otra semana?——Quizá dos.—Nicholas se aflojó la corbata. —¿Por qué parar ahí? Podríamos quedarnos un mes.—Isabelle se volvió hacia él, divertida. —¿Estás sugiriendo que abandonemos nuestras responsabilidades?——Lo que digo es que mi mujer se merece unas vacaciones largas.—Ella se rió. —Eres el director general de Wilson Global Holdings. No puedes desaparecer así como así durante un mes.——Ya lo verás.——¡Nicholas!—Él sonrió y se acercó a ella, rodeá
Vanessa Sterling se había pasado toda la mañana mirando fijamente su móvil. Le había enviado dos mensajes a Ethan desde su última conversación. En el primero le preguntaba si había decidido acompañarla a su próxima cita prenatal. En el segundo, le preguntaba cuándo podrían hablar de su futuro. Ninguno de los dos había recibido una respuesta clara.Su única respuesta había sido un breve mensaje: —Ya te lo diré.—Vanessa odiaba esas palabras. Siempre eran las mismas. —Ya te lo diré.— —Ya veré.— —Lo hablaremos más tarde.—Ethan nunca le daba una respuesta definitiva, y ella empezaba a comprender que quizá nunca tuviera intención de hacerlo. Dejó el móvil sobre la mesa y miró la tarjeta de la cita médica que había junto a él. Su próxima revisión estaba programada para la semana siguiente.Había decidido que ya no esperaría a que él encontrara un momento. Necesitaba respuestas. Y esta vez, tenía la intención de conseguirlas.Ethan estaba revisando un informe financiero cuando su secretaria
Ethan Lennox se quedó mirando su móvil. El mensaje que le había enviado a Isabelle la noche anterior seguía sin respuesta.—Isabelle, sé que has vuelto. Tenemos que hablar.—Había mirado el móvil varias veces a lo largo de la noche, esperando al menos una breve respuesta. Nada. Ni siquiera un aviso de lectura. Dejó caer el móvil sobre el escritorio y se recostó en la silla.—Increíble.—No podía entender cómo podía ignorarlo con tanta facilidad. Habían compartido años juntos. Tenían recuerdos, promesas y una historia que no podían desaparecer simplemente porque ella se hubiera casado con otro hombre. Al menos, eso era lo que quería creer. Su secretaria llamó a la puerta antes de entrar.—Señor Lennox, ha llegado su visita de las diez.—Cáncelela.La secretaria dudó. —¿Señor?—He dicho que la cancele.—Por supuesto.—Se dio la vuelta para marcharse, pero Ethan la detuvo. —Espera.——¿Sí, señor?.——Averigua si Isabelle Addison está hoy en Addison Biotech.—La secretaria pareció ligeramen
Vanessa Sterling estaba sentada sola en el asiento trasero de su coche, con la mirada fija en el informe del hospital que tenía sobre el regazo. Todavía le dolía la muñeca. No mucho, pero lo suficiente como para recordarle lo que había ocurrido en el despacho de Ethan a primera hora de la tarde.Se tocó lentamente la zona donde sus dedos la habían agarrado. Había esperado que él se sorprendiera con la noticia. Quizá incluso que se enfadara porque el embarazo se había producido antes de lo previsto. Pero nunca había esperado que mirara a su hijo aún no nacido con tanto resentimiento.Bajó la mirada hacia su vientre. —Eres inocente—, susurró. —Nada de esto es culpa tuya.—Una lágrima le resbaló por la mejilla. Había querido que Ethan la eligiera a ella. Había imaginado que convertirse en la madre de su hijo podría darle por fin un lugar en su vida. Pero ahora ya no estaba tan segura.—Llévame a casa—, le dijo al conductor.—Sí, señorita Sterling.—Vanessa se recostó contra el asiento y
La fotografía seguía en la mano de Ethan Lennox. Llevaba casi veinte minutos mirándola fijamente. En la foto, Isabelle aparecía de pie a su lado, con un suave vestido blanco y el pelo cayéndole sobre los hombros. Sonreía a la cámara, pero Ethan recordaba aquel día concreto de otra manera.Ella le había sonreído a él. Por aquel entonces, había creído que siempre podría hacerla sonreír de nuevo cuando quisiera. Se había equivocado. Ethan dejó la fotografía sobre su escritorio y apretó la mandíbula al fijarse en el rostro de ella. Ahora estaba casada. No solo casada, sino felizmente casada con Nicholas Wilson.Esa idea le provocó una punzada amarga en el pecho. Cogió el móvil y abrió la cuenta de redes sociales de Isabelle. No había actualizaciones recientes. Ni fotos de su luna de miel. Ni anuncios públicos. Nada. Lo odiaba. Odiaba no saber dónde estaba, qué estaba haciendo o si pensaba en él siquiera.—Averigua cuándo van a volver —le ordenó a su asistente por teléfono.Hubo un breve s







