หน้าหลัก / Romance / Tiempo De Morir / Capítulo 2 Un Día De LLuvia

แชร์

Capítulo 2 Un Día De LLuvia

ผู้เขียน: Charlo
last update วันที่เผยแพร่: 2022-10-04 03:02:44

Tres días habían pasado desde que Mai estaba con ella, lo podía llevar al trabajo pues su presencia no se sentía en lo más mínimo, parecía que el perro la entendía mejor que los humanos.

Su hija había regresado del campamento con buenas ideas, era una buena chica, aunque a veces algo de rebeldía salia a flote, pero nada preocupante, pues era relacionado a quedarse en la banca de la iglesia relegada, y no unirse al grupo de actividades del domingo, había inculcado en Pamela la oración.

Pamela solía en su habitación cerrar la puerta al ver los días difíciles en que Calvin estaba molesto y decía esas palabras que lastimaban, Pamela se arrodillaba en su cama para decir algunas palabras que le dieran tranquilidad. Aunque su padre no era un hombre de golpes, o maltratarla con palabras obscenas, decía cosas que lograban bajarle su autoestima, hacerla ver fea, insegura, eso sí, resaltaba su inteligencia para luego decirle que era solo una zorra inteligente para leer libros y nada más.

Pamela tenía un cabello castaño claro, ojos cafés claros, piel trigueña, el cabello era como el de su madre, sus bucles se hacían solos. Era de un hermoso tono, tono que resaltaba ese par de ojos cafés claros y brillantes.

Esa noche mientras lavaba la loza de la cena, observó que tenía algo de jaqueca, esos últimos días sus dolores habían sido algo frecuentes, entre el trabajo, madrugar, su hija, Calvin, el hogar. Había sido demasiado, aunque en Pamela reconocía que su ayuda en las tareas de casa le hacían algo más llevadero los días.

Había solicitado dos días, pues contaba con vacaciones acumuladas, casi nunca las tomaba porque Calvin solo descansaba los días domingos, su rutina consistía en desayunar a las 7 en punto, leer su periódico, salir en bici, o ir a pescar, no la invitaba porque era su salida con los muchachos, André y Luca, sus dos amigos, Úrsula su prima venia después de la iglesia para charlar un poco, hacer algo en el horno, y tomar refresco, o vino en el patio de casa.

Ella puntualmente asistía los domingos al servicio de las 7 de la mañana, desde las seis ya estaba arreglada, dejaba desayuno, para luego tomar su bolso e ir al servicio, la hora y media era algo que le animaba en gran manera, era como lo que le llenaba el alma, ese día el sermón había sido enfocado a los matrimonios en crisis, “Esposos amen a sus esposas, y denle trato como a un vaso frágil” ¿Sería posible que Calvin algún día entendiera esas palabras?  Su intimidad era distante, siempre le decía que no sentía mayor deseo, además que ya las cosas estaban frías entre ellos. Sentía que Calvin no le había querido lo suficiente, la mejor manera de exponerlo era, no le amaba lo suficiente, en algunos instantes tenía alguna palabra para apreciar sus detalles porque ella los tenía para con él, cada oportunidad que se presentara, pero esperando nada a cambio, porque jamás llegó a esperar algo, amar a tu enemigo, esa lectura siempre le daba una amplia visión de la vida, los humanos eran dados a seguir una oscuridad, que buscar una luz.

Terminaba de limpiar el piso de la cocina para irse directo al baño, una ducha le sentaría bien esa noche, su cabello castaño caía debajo de sus hombros, un cabello sedoso y ondulado, con aroma a miel y flores.

Se despojaba de la ropa para entrar en la ducha, el agua la reconfortaba en ese momento, estuvo durante unos minutos, luego de secarse y colocarse su bata azul de seda ingresaba bajo las sábanas, ese día Calvin después de la cena, el café y la ducha, se había quedado profundamente dormido.

A medida que las horas pasaban sintió un pequeño dolor en su brazo izquierdo, se levantaba para buscar un vaso de agua, en la cocina el aire era fresco, la ventana había quedado abierta, en su rostro y cuello el sudor corría, tomando una servilleta de papel del dispensador que estaba sobre la alacena, se secaba el sudor, abrió la puerta de la cocina que daba al jardín, Mai estuvo ahí junto a ella en contados segundos.

-Vaya amiguito, eres rápido, mucho más que yo…no logramos aun comunicarnos con tu amo, pero estoy segura que habrá noticias, te echaré de menos Mai-. Tomaba agua en ese instante, una vez se sintió renovada, regresaba a la habitación, permitiendo que Mai se quedara en el tapete de la cocina, a un costado de la puerta de vidrio. Se sentía a gusto, y ella se percató enseguida.

Al ingresar en la habitación miró por unos largos minutos el rostro de Calvin, le era difícil al menos organizar sus pensamientos sobre lo que sentía en realidad por ella, quizás sería nada. O quizá sería algo vago que no pasaba a ser un mayor sentimiento.

Se sentía cansada, abrumada, agotada, últimamente las cosas iban en un salto al vacío, por suerte Pamela había llegado diferente del campamento, lo triste era que Calvin no hacia el menor esfuerzo por forjar un lazo con ella, crear un vínculo tan resistente que nada lo quebrara.

Su vida era como una corriente de olas que la empujaban de un lado a otro, mientras ella con fuerza remaba para no terminar en alta mar, a la derriba y perdida.

¿Cuántos sentimientos se necesitaban en la vida? No tenía la menor idea.

Terminó por dejarlas que todas salieran a través de sus ojos, estaba cansada, solo quería dormir y no despertar nunca más.

Dormir, como se notaba que tenía tiempo sin dormir en paz.

Eran las cinco cuando el reloj sonaba, lo apagó rápidamente, se regaló uno minutos más en la cama, había solicitado dos días para descansar, y aun así no creía que fueran suficientes, intentaría ir a mirar algún paisaje, caminar con Mai, e irse en su auto a unos kilómetros de allí, para sencillamente respirar un aire libre de toda la toxicidad.

Salió de su cómoda cama para irse al baño, darse un baño, vestirse y usar sus zapatos blancos deportivos, eran la comodidad calzada en sus pies, se ataba su cabello con una cinta, luego hizo el café, tomó los huevos para batirlos, alistaba el pan, el arroz había quedado listo desde la noche anterior, las verduras estaban en la vaporera, mirando la bandeja de carnes, escogía una carne en trozos para prepararla, mientras las verduras se cocían, sirvió una buena taza de café,

Fue al jardín a colocarle agua a sus plantas,

Mai dormía abrigado en el gran tapete acolchado y felpado. Se sentía a gusto porque a ella le parecía que sonreía.

Tomaba la ropa de las habitaciones y la colocaba en la lavadora, dejaría todo en orden, después del desayuno se vería con su amiga Edna, eran amigas desde los doce años, y aunque Edna se había mudado antes que ella a Texas, continuaron su amistad, se escribían largas cartas, y hablaban por horas. Edna se había mudado a Victoria Texas, tan solo tres años atrás, trabajaba en una tienda de víveres que había terminado comprando, su sobrino y ella eran socios, el chico era responsable, se había independizado, se preparaba para ingresar en la universidad, pero cada vez que tenía tiempo y espacio pasaba los fines de semana en casa con Edna.

Varias veces Edna le propuso a Madelin que fuera a trabajar con ella, le dejaría el turno de la mañana y así podría salir a las dos, era una gran tienda, y siempre estaba al tope, todo lo que imaginaras lo encontrabas allí.

Pero solo quedaban dos años para completar su tiempo en la estafeta, aún era una mujer joven, apenas contaba con 38 años, recién cumplidos, se había casado a los 18, entonces Calvin era un detallista enamorado y romántico, luego de intentar por dos largos años, pudo tener a su hija, se habían hecho novios a los 16, y dos años después tomaron su decisión de ir al altar.

Edna se casó con el mejor amigo de Calvin, Kevin era diferente, su vida familiar giraba en torno a su esposa, la iglesia, paseos, y viajar cada vez que podían, no tenían hijos. Una oportunidad le había surgido en Houston, trabajaba en una empresa, era el director ejecutivo, por eso solía ir y venir, pero no le molestaba, los horarios eran cómodos, y el salario era bueno, se tomaba cada quince días, tres de descanso, iba a la oficina de Calvin para platicar, tomar un café, o ir a cenar a casa con Edna.

Las verduras estaban listas en su punto, preparó todo de manera que dio una última mirada y cerraba con cuidado cada recipiente, el timbre sonaba, era Calvin que siempre colocaba la alarma para desayunar mientras leía su apreciado y amado periódico,

-Calvin esta noche podríamos ir a cine, creo que hace tiempo no lo hacemos, hay una película de acción, otra de romance, puedes elegir la que gustes-.

-No tengo tiempo para ir a cine, trabajo Madelin, creo que no te das cuenta que compre una vieja casa, y la estoy remodelando, para ahorrar en algunos costos, decidí hacer la parte eléctrica-.

Calvin era bueno en todo lo relacionado a electricidad, había estudiado para ello.

-Entonces, haré algo delicioso para esta noche-.

-Lo que hagas estará bien, además no estanos festejando nada en particular, por mí un buen sándwich de pollo con queso seria perfecto-.

Le miró ahora por unos minutos, su periódico descansaba unos minutos.

-Tenemos una buena suscripción al cable, tienes más de 100 canales, no creo que los vistes todos…y pregunto... ¿No trabajarás hoy? -.

-Es una pregunta muy buena la que formulas, tome dos días para descansar, me he sentido algo fatigada-.

-Toma vitaminas, en el baño hay varias que te sentarían bien, de hecho, las tomo y me siento muy bien, se las compre a Candela, trabaja con un buen laboratorio así que puedes tomarlas-.

-Que detalle de tu parte-.

-Me marcho, tengo un día con mucho trabajo, cuídate-.

Le dio un pequeño beso que paso rápido como el mismo aire.

อ่านหนังสือเล่มนี้ต่อได้ฟรี
สแกนรหัสเพื่อดาวน์โหลดแอป

บทล่าสุด

  • Tiempo De Morir   Capítulo 102 Más Que Solo Palabras

    Nochebuena llegó con luces, manteles rojos, vajilla con visos dorados, árbol de Navidad, canciones y, por supuesto, regalos y vinos. En casa de Leroy y Moss, la familia compartía, dejando atrás los acontecimientos no tan gratos.De nada sirve "vivir atado a la maleta del ayer", decía Moss, levantando la copa y brindando. La señora Madi lloraba y reía al mismo tiempo. Era su primera Navidad en familia, rodeada de gente linda, abrazos, buenos deseos y regalos. Mientras los señores se lo permitieran, ella continuaría trabajando y cuidando de ellos.Edna reía a carcajadas mientras tomaba varios tragos. No pudo ocultar el cigarro en su bolsito sin que Madelin lo notara.—Edna, prometiste no fumar más.—Es uno solo, mi deseo de Navidad...—Siempre me chantajeas.Leonard susurró que era inevitable que lo hiciera, así que las dos amigas salieron al jardín.—Madelin, si pudieras pedir un deseo, ¿cuál sería?—Uno solo... que todos tengan abundante tiempo en sus vidas...Callaron, dejando que la

  • Tiempo De Morir   Capítulo 101 La Mesa Familiar

    La noche del veintitrés de diciembre, en casa de Leroy, era una completa algarabía, con cantos navideños de fondo. Moss iba y venía acomodando a los huéspedes. Rick y Fred, a última hora, se habían excusado: esa noche no podrían estar presentes, pero al día siguiente, después de mediodía, llegarían.Edna, su marido, Brandon y Cori estaban precisamente estacionando en la propiedad. Leonard, Madelin y Pamela acomodaban sus equipajes. Los padres de Fred habían enviado un regalo; ellos se habían ido a casa de la familia de su esposo, pasarían allí una semana y en Año Nuevo regresarían.Emer y su esposa ya estaban en camino. La señora Madi, en la cocina, preparaba el cóctel y organizaba galletas, dulces y turrones.Leroy sonreía feliz. Nunca antes, en Navidad, su casa había lucido tan colorida, festiva y con ese calor de familia.Haida y Gari cerraron la última maleta. Pasarían unos días con la familia de su esposo. Rick y Fred se unirían a ellos para Año Nuevo. Sobre el comedor dejaba un

  • Tiempo De Morir   Capítulo 100 Siempre Hay Un Suspiro

    Leroy despertó con una melodía rodando en su mente. Parecía que uno de los personajes de su nueva novela tarareaba la canción y se había quedado con él. Moss se acercó con la bandeja del desayuno en mano.— Pensé que hoy sería bueno descansar un poco, es temprano aún. Tomemos una taza de café, pan recién salido del horno, y mira, aquí traigo tus complementos. Hay que cuidar la salud, querido.— Bien, obedezco — hizo una pequeña mueca, no era bueno para las pastillas, y menos tan temprano.— Cariño, me siento como roble, no me duele nada y estoy perfectamente bien.— Aun así, a tomar tus vitaminas.Moss le entregaba un vaso de agua tibia. Se podía apreciar el aroma a jengibre y miel. Mientras Leroy tomaba sus vitaminas, Moss miraba a través de la ventana. El día pintaba hermoso. Más tarde llamaría a Madelin, quería organizar la fecha en que llegarían a casa. La Navidad invitaba a paseos, cenas y brindis en familia, a revivir y sentir el amor, la unidad y, especialmente, la compañía. Mo

  • Tiempo De Morir   Capítulo 99 Noche Brillante

    Leonard daba un vistazo a las luces, el gran árbol de navidad sería el centro de miradas, varias cajas doradas, rojas y verdes adornaban el árbol justo como lo había diseñado, miró el reloj, en una hora y media llegarían todos los invitados. Una cena entre amigos, una noche de brillos y alegría. Había pasado la tarde entera preparándolo todo. Colgó las luces tibias que cruzaban el patio como luciérnagas suspendidas, acomodó una por una las copas, estiró el mantel blanco con flores rojas y doradas a tono con la decoración general, sobre la mesa larga dispuso galletitas de manteca, alfajorcitos, sándwiches pequeños, frutas cortadas, chocolates. Todo en su lugar. Todo perfecto. Y sin embargo, volvía una y otra vez al gran ramo de magnolias blancas que descansaba en el centro.Las tocó con cuidado. Eran para Madelin. Las había elegido esa mañana, una por una.Respiró hondo. La casa olía a limpio, a dulce, a flores y a noche que empezaba. Un auto ingresaba por el jardín, su madre, la tía M

  • Tiempo De Morir   Capítulo 98 El Silencio Tiene Belleza

    La noche hizo su arribo con un cielo despejado y una suave brisa. Iris acomodaba sus almohadas. El día había sido para ella emocionalmente lleno de recuerdos, la visita de Haida le había dado nostalgia, removiendo tantos recuerdos, y sí que los recuerdos eran una cascada de fragmentos.En la gaveta de su mesita de noche guardaba aquel pañuelo. El bordado era hermoso, unas flores entre ramas de bambú. Sonreía mientras pasaba la mano por el delicado relieve.—Buenos recuerdos, días que nunca regresaron.Apretó la prenda entre sus manos, colocándola contra su pecho. El llanto llegó, no quería que nadie la escuchara, que nadie se enterara de su dolor, de su corazón rasgado, de su alma conmocionada.Sintió pasos por el corredor acercándose a la habitación, secó rápidamente su rostro, tomando un libro de su mesa de noche. Abrió al azar, no era necesario buscar algo en concreto, solo no quería que Rob la viera llorar.La puerta se abrió con lentitud.—Querida, pensé que estabas dormida, no q

  • Tiempo De Morir   Capítulo 97 Sombras, Luces, Destellos

    El cuarto estaba en penumbras, con la luz suave de una lámpara que iluminaba el rostro de Vilma. Estaba acostada en su cama, rodeada de fotos y cintas de video. Su ama de llaves, su esposo y su madre ingresaban en la habitación. La atmósfera se sentía triste. Vilma miraba un viejo álbum de fotos. El único ruido era su respiración serena.—Hija, vine a traerte unos pastelitos. Me quedaré hoy, ¿quieres que hagamos alguna actividad? Podemos salir a ver tiendas.—Estoy bien, mamá, no se preocupen… Solo quiero unos minutos a solas. Quería ver las viejas fotografías, de cuando eran bebés. Mi pequeña era traviesa, siempre iba por aquí y por allá, corriendo por los jardines y los pasillos de casa.—Querida, haré que en la cocina te preparen un exquisito almuerzo. Sería bueno que salgas a tomar el sol a la terraza.Su esposo daba instrucciones al ama de llaves para que preparara el plato favorito de la señora.—Suegra, me tengo que ir al almacén. Gracias por venir y hacerle compañía a Vilma. R

บทอื่นๆ
สำรวจและอ่านนวนิยายดีๆ ได้ฟรี
เข้าถึงนวนิยายดีๆ จำนวนมากได้ฟรีบนแอป GoodNovel ดาวน์โหลดหนังสือที่คุณชอบและอ่านได้ทุกที่ทุกเวลา
อ่านหนังสือฟรีบนแอป
สแกนรหัสเพื่ออ่านบนแอป
DMCA.com Protection Status