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ALMA ROTA

Autor: NM Escritor
last update Data de publicação: 2026-01-27 13:28:11

Capítulo 74

Cuando abrí los ojos, Hades estaba a mi lado. Tenía el rostro tenso, los ojos rojos y la respiración agitada. No intentó ocultar su preocupación por mi, cada vez que me sucedía algo se veía muy vulnerable, parecía que quería cuidarme de todas las maneras posibles.

—Perdiste mucha sangre —me dijo mientras acariciaba mi mejilla—. Pensé que no lo lograrías.

Me costó sentarme, Sentía el cuerpo pesado y la herida me ardía en el hombro, empecé a recortar como una película dentro de mi cab
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Último capítulo

  • Todos mis esposos mueren...pero el Alfa no me deja ir   FINAL

    Capítulo 119El dolor empezó como una presión, Luego se volvió algo que no podía controlar.Sentía que me partía por dentro. Como si cada contracción fuera a romperme en dos. Jorge me decía que respirara, que intentara mantenerme consciente, pero apenas podía escucharlo. El sonido de mi propia respiración era lo único que llenaba mis oídos.El dolor era más grande que cuando di a luz a Kaleb, no podía respirar, no podía hablar ¿Me iba a morir?—Ariadna, mírame —decía Kaleb—. Estoy aquí, mi amor los dos vamos a luchar por esto, te lo juro Intenté hacerlo, pero cada vez que abría los ojos, todo se movía, no podía abrir los párpados sin sentir que era un gran esfuerzo físico —No puedo… —murmuré.Otra contracción me dobló, como si me partiera el almaGrité, el dolor de la muerte me atravesaba.Sentía que mi cuerpo no iba a soportarlo. Que esto era demasiado. Que Jorge tenía razón desde el principio y que no iba a llegar al final. Que iba a morir antes de siquiera ver a mi hijo.El mied

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    Capítulo 118—No tienes que hacer esto —le dije sin moverme levantando las manosÚrsula no bajó el arma. Sus manos estaban firmes y seguras, como si hubiera estado esperando este momento durante años. Detrás de mí, Ulises seguía en el suelo, inconsciente. La sangre le corría por la sien y se mezclaba con la tierra húmeda del bosque. Quise acercarme a él, pero el cañón del arma se movió apenas me moví, obligándome a quedarme donde estaba.—Sí tengo que hacerlo —respondió con una sonrisa desquiciada —Después de todo lo que pasó… no tienes por qué arruinar tu vida por el odio, piensa en Cristal y en tus nietos Soltó una carcajada en medio de su desquiciada mente—¿Mi vida? Mi vida se arruinó el día que tu madre decidió quedarse con todo lo que yo quería, y luche para quitarle todo, pero tenía que aparecer la bastarda de su hija a quitármelo de nuevo ¡Maldito a tu madre y a ti!Sentí que la rabia me subía por el pecho.—Esto no tiene nada que ver con ella.—Tiene todo que ver. Verte fel

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    Capítulo 117Pasaron tres meses, donde la paz parecía gobernar todas las manadas, después del caos de todo lo que había sucedido, sentir que lográbamos recuperar la estabilidad era un premio cada día.No pensé que lo lograría pero mi embarazo seguía bien.No era fácil. Seguía cansándome rápido, y había días en los que levantarme de la cama me costaba más de lo que quería admitir. Pero gracias a las plantas medicinales que Jorge me daba cada mañana, parecía que mi cuerpo no estaba perdiendo energía como al inicio.No me sentía fuerte, tanto así que desde aquella batalla no había vuelto a ver a mí loba ni siquiera en mis sueños, Jorge me decía que quizás estaba descansando y que debíamos darle la energía necesaria. Yo también me sentía más fuerte pero no dejaba de sentir debilidad en mi cuerpo pero tampoco me sentía muriendo y eso ya era un regaloHades y Giselle querían casarse, no fue una sorpresa, después de que apareció el hilo rojo del destino en sus dedos, ninguno de los dos quis

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    Capítulo 116—No voy a abortar, ya lo hablé con Jorge y es una decisión tomada, Y te pido por el amor que me tienes que lo entiendas.Lo que había hecho mi vientre, ese ser que crecía dentro de mí había apoyado su hermano para ganar la batalla y yo no podía deshacerme de algo tan hermoso.Kaleb cerró los ojos un segundo, sé que estaba frustrado porque era exactamente lo que esperaba.—Ariadna… por favor Yo no quiero perderte.—No estoy dispuesta a perder a mi bebé —repetí, más firme—. No después de todo lo que hemos pasado. No después de saber que está ahí y qué es un ser poderoso y místicoSu mano apretó la mía.—Esto no es como con Ares —dijo—. Este embarazo te está drenando. Jorge me explicó todo, si sigues con él solo va a traer desgracias.—Entonces ya sabes que voy a luchar —respondí—. Contra lo que sea necesario, pero no voy a dejar que nadie me quite a mi bebé de nuevo.Hubo un silencio.Lo vi respirar hondo, intentando calmarse, Kaleb tenía esta batalla perdida—Voy a apoyart

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    Capítulo 115No sé en qué momento pasó todo, aún no reaccionaba cuando todo se volvió confuso.Un segundo estaba en el barro, sin poder respirar, viendo a Kaleb y a Hades rodeados… y al siguiente sentí que algo dentro de mí se movía.No fue dolor como en las otras ocasiones, Fue fuerza, una que no era mía.Ares, mi hijo estaba luchando para defender a su manada.Sentí su presencia antes de verlo. Como si el vínculo que nos unía se tensara hasta doler. Levanté la mirada apenas y lo vi correr hacia el frente, soltándose de los brazos de Ulises que intentaba detenerlo.—¡Ares! —escuché gritar a Cristal.Pero ya era tarde, su cuerpo cambió en medio de la carrera.Sus huesos crujieron. Su piel se estiró. Su grito se volvió un rugido que no sonaba como el de ningún otro lobo que hubiera escuchado antes.Cuando su forma terminó de cambiar… no era un lobo normal, Era enorme, más grande que cualquier Alfa.Su pelaje era oscuro, casi negro, y sus ojos brillaban con una intensidad que me hizo te

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    CAPITULO 114—Tengo que ir —dije apenas Ulises abrió un poco la salida de la cueva para mirar afuera.Cristal se puso frente a mí como si pudiera detenerme con su cuerpo.—No —me dijo—. Ni siquiera estás aún sana, te puedes desmayar de nuevo.Yo intenté enderezarme, pero el mareo me golpeó. Me apoyé en la pared y respiré por la nariz. Me ardía la garganta.—Ariadna, mírate —insistió Cristal.Había un pedazo de metal tirado en el suelo, parte de una armadura. Lo levanté y vi mi reflejo. Me dio rabia. Estaba pálida, con los ojos hundidos y los labios casi blancos. Parecía una extraña sombra. Una loba que no debería estar de pie.—Sí, me veo mal —admití—. Pero si me quedo aquí, se mueren allá afuera.Giselle, que abrazaba a los niños con el cuerpo, habló con la voz rota.—Entonces déjame ir a mí. Me entrego a Lucius. Que pare la guerra. Esto empezó por mi culpa.Me giré hacia ella de inmediato.—No digas eso —le respondí—. Esto no empezó por ti, y deja de pensar que entregarte a Lucius e

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