Compartir

Traicionada, se vende al millonario
Traicionada, se vende al millonario
Autor: Marnie

1) El precio de su vida

Autor: Marnie
last update Fecha de publicación: 2025-06-24 01:33:25

El reloj marcaba las tres de la madrugada. Cada segundo era un golpe seco en mi pecho. Estaba sentada, las manos temblorosas sobre el regazo, con la mirada fija en el piso. No podía pensar en nada más que en él. En su rostro pálido. En su cuerpo inmóvil.

El cansancio me pesaba en los huesos, pero no podía permitirme descansar. No mientras no supiera si seguiría con vida. Sentía que el corazón se me iba a salir del pecho. Me ardían los ojos, pero ya no me quedaban lágrimas. Solo miedo. Solo esa desesperación muda que te aprieta la garganta hasta dejarte sin voz.

Entonces se abrió la puerta.

Me levanté de golpe. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente, impulsado por una esperanza débil, casi inexistente. El doctor apareció con el rostro serio, demasiado serio.

—Lo siento, señorita… —dijo, con una pausa que me rompió el alma— pero para salvar la vida de su prometido, necesitaremos una cirugía urgente. El costo es de un millón de dólares.

Un millón.

Sentí que el mundo se desmoronaba bajo mis pies. Me quedé sin aire. La cabeza me daba vueltas.

¿Un millón?

¿Cómo iba a conseguirlo si no tenía nada en la vida? Yo… yo tan solo era una pobre huérfana.

Me quedé quieta. No podía moverme, ni pensar, ni respirar bien. Sentía que el corazón se me partía en pedazos.

Y entonces, empecé a recordar.

Lincoln.

Crecimos juntos en el mismo orfanato. Desde niños solo nos tuvimos el uno al otro. Nadie más.

Nuestros padres nos dejaron como si no valiéramos nada. Nos abandonaron sin mirar atrás, sin preguntarse si íbamos a estar bien. Pero nos teníamos a nosotros . Siempre nos tuvimos.

Recuerdo una noche, una de esas en las que el frío parecía querer colarse dentro de los huesos.Tenía tanto frío que los dientes me castañeaban, y no importaba cuánto intentara acurrucarme en la esquina del colchón, el hielo del invierno se colaba por cada costura de la manta delgada que me cubría. Tenía apenas diez años, y el orfanato... era más cárcel que refugio.

Tiritaba, con los labios morados, intentando no llorar. No porque me doliera el frío, sino porque dolía más la soledad. Entonces lo sentí. Un peso leve junto a mí, y luego unos brazos flacos, pero firmes, envolviéndome con cuidado.

—No tengas miedo, Nika —susurró Lincoln, su voz temblaba un poco, pero aún así me sonó segura. El vapor de su aliento formaba nubecitas entre nosotros.

—Te calentaré. Prometo que siempre te cuidaré.

Me aferré a él, como si fuera lo único real en ese lugar desolado. Por primera vez desde que me abandonaron allí, sentí calor. No del cuerpo, sino de ese que te llena el pecho y te dice que, quizá, no estás tan sola como creías.

Compartíamos todo. La cama cuando teníamos frío, las risas cuando todo dolía. Él era mi refugio, mi protector, la única razón por la que los días oscuros tenían sentido.

Hacíamos promesas... que algún día seríamos libres. Felices. Que íbamos a tener una casa, una vida mejor.

Que nada nos separaría. Que íbamos a estar juntos para siempre. Esas promesas no eran solo palabras; eran el aire que respiraba, la luz que me guiaba en la oscuridad.

Él es todo lo que tengo... y ahora lo puedo perder. Sentí que el alma se me rompía. Un mundo sin Lincoln no era un mundo; era un vacío insondable, una condena peor que la muerte.

No podía imaginar un mundo sin él. Sin su voz. Sin su sonrisa. Sin su abrazo. No podía dejar que se fuera. No podía perder a la única persona que alguna vez me amó de verdad.

Salí del hospital sin decir una palabra. Ni siquiera sabía hacia dónde iba. Solo caminé. Como si mis pies se movieran solos, arrastrando mi cuerpo cansado por una ciudad que ni siquiera notaba que yo existía.

Una llovizna fina empezó a caer, mojándome poco a poco, pero no me importó. La sentí en la piel, fría y suave, como si el cielo también quisiera llorar conmigo. A mi alrededor, todo seguía igual: autos pasando a toda velocidad, bocinas, voces, luces de neón encendidas en los restaurantes, risas de personas que no conocían el dolor.

La ciudad seguía su vida… mientras la mía se desmoronaba.

Nadie me miraba. Nadie se detenía. Yo era solo una más, una sombra más entre tantas. Invisible.

Caminé sin pensar hasta que, sin darme cuenta, estaba frente a un restaurante elegante. Las vitrinas brillaban, llenas de luces cálidas. La gente dentro reía, comía, brindaba. Afuera, dos guardaespaldas con trajes oscuros custodiaban la entrada .

Me senté en la acera, justo frente a ellos. La lluvia seguía cayendo, pero ya no sabía si lo que mojaba mi rostro eran gotas o lágrimas.

Lloré en silencio. No tenía fuerzas para más. El pecho me dolía tanto que apenas podía respirar.

¿Cómo se supone que una persona como yo iba a encontrar un millón de dólares?

¿Cómo se supone que iba a salvarlo ?

No tenía familia. No tenía dinero. No tenía a nadie.

Solo lo tenía a él… y estaba a punto de perderlo.

Estaba temblando, con los ojos en el suelo. No esperaba que nada cambiara. Estaba perdida, tan sola que dolía incluso respirar.

Entonces, escuché el ruido de una puerta al abrirse a mi derecha. Alcé la vista, sin fuerzas, sin pensar.

La puerta lateral del restaurante se abrió en silencio absoluto, como si el aire mismo contuviera el aliento. Los guardaespaldas se inmovilizaron al instante, formando un muro humano que aislaba a aquel hombre alto del resto del mundo. Sus ojos – fríos como el acero bajo la lluvia – se clavaron en mí.

—Tú… —dijo, dando un paso hacia mí— eres la chica de aquella vez, ¿no? La del agua.

Mi corazón dio un vuelco.

Un recuerdo cruzó por mi mente como un rayo:

Estaba saliendo de la universidad, apurada, cuando lo vi en un banco del parque. Estaba cubierto de sangre. Herido. Solo. La gente lo evitaba, nadie se atrevía a acercarse. Pero yo… yo lo hice.

Sin pensarlo, saqué mi botella de agua de la mochila y se la ofrecí. No sabía quién era, ni por qué estaba así. Solo supe que tenía sed. Que parecía estar al borde.

Él me miró entonces como si no entendiera por qué alguien haría algo así por él.

Y justo cuando iba a preguntarle si estaba bien, Lincoln me llamó desde lejos.

Tuve que irme. No volví a verlo.

Hasta ahora.

—¿Qué te pasa? —me preguntó, mirándome como si pudiera ver a través de mí.

No supe cómo responder. Las palabras se quedaron atoradas… hasta que salió una sola frase, como un grito mudo, como un último intento de no ahogarme.

—Necesito un millón de dólares...

Mi voz tembló. No dije por qué. No hacía falta. Solo lo dije, como si el cielo me escuchara. Como si alguien pudiera salvarme.

Él se quedó en silencio.

Sus ojos no se apartaban de mí. No tenía expresión en el rostro, pero algo en su mirada me hizo sentir expuesta, desnuda, pequeña.

Y entonces habló.

—Sé mi amante durante cuatro años... y el dinero será tuyo esta misma noche.

—¡Claro que sí aceptas! —espetó con una sonrisa helada, como si la decisión ya estuviera tomada por mí .

Entonces, como si dictara una sentencia, añadió:

—Esos Cuatro años serán de discreción absoluta. Su voz cortó la llovizna como un cuchillo. —Preguntas sobre mí significarán la anulación inmediata del contrato… y consecuencias para ese joven de la camilla.

Al mencionar a Lincoln, uno de sus guardaespaldas giró imperceptiblemente la muñeca, dejando ver el borde de una cicatriz. Un gesto sutil, pero cargado de historia.

El mundo pareció detenerse.

—¿Qué…? —susurré, pero la palabra no alcanzó a salir del todo.

Me quedé helada.

Mi cuerpo entero reaccionó en shock.

Mi corazón latía tan fuerte que dolía.

¿Lo había escuchado bien?

Él se mantuvo firme, esperando mi respuesta. Como si supiera que no tenía más opción …..

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Traicionada, se vende al millonario   61) Lobo feroz

    Danika lo miró con los ojos encendidos de ira y dolor. El pecho le ardía, pero su voz salió firme, como un latigazo en medio de la noche:—¡Nunca lograrás tu objetivo, Credence! Si no me das a mi hijo… lo recuperaré por mi cuenta.Se dio media vuelta, negándose a derramar una lágrima frente a él. A sus espaldas, el aire se llenó de una risa que heló la sangre en sus venas.—Está bien, Danika… vete —dijo Credence, su voz impregnada de burla mientras sus ojos afilados brillaban bajo la luz de la luna—. Vete, si crees que puedes.Su carcajada resonó en el silencio, rebotando entre los muros de la mansión como un eco cruel. Danika apretó los puños y siguió caminando, sin mirar atrás.La carretera era un desierto de asfalto bajo el cielo estrellado. No había un alma a la vista, ni un solo auto que cruzara. Solo el susurro del viento entre los árboles y el lejano murmullo de la noche. Cada paso hacía crujir las piedras del camino, recordándole su imprudencia: haberse deshecho del taxi con t

  • Traicionada, se vende al millonario   60) Entre el dominio y la ternura

    Credence no pudo contener más la emoción. Sus piernas parecían moverse solas mientras corría hacia Mikahil. En un instante, se inclinó y levantó al niño en el aire, sonriendo con una mezcla de alegría y asombro que parecía iluminar toda la oficina.—¡Míralo! —susurró, más para sí mismo que para nadie—. ¡Mi hijo… mi hijo!El pequeño rió, contagiado por la euforia de su padre. Credence lo sostuvo con firmeza, acercando su rostro al del niño, inhalando la dulce fragancia de bebé que lo envolvía. Cada respiración lo llenaba de un amor abrumador, un sentimiento que jamás había experimentado con tanta fuerza.Mikahil, con sus ojitos brillantes y una mezcla de nervios y emoción, rompió el silencio:—Papá… estaba muy emocionado de conocerte al fin. Siempre le he dicho a mamá que me deje conocerte, pero ella nunca quiso. Por eso me escapé de la guardería y vine aquí solito… Encontré la dirección en internet.Las palabras del niño golpearon a Credence como un torrente. Sus ojos se llenaron de l

  • Traicionada, se vende al millonario   59) Papá por fin !

    El silencio se quebró en cuanto Credence abrió la boca. Sus pasos fueron decididos, atravesando el salón como un huracán. Cada mirada se clavaba en él, pero no le importaba. Todo lo que existía en ese momento era la imagen frente a él: Danika, su hijo, y Rayner.—¡Basta! —rugió, la voz retumbando en las paredes—. ¡Danika, ese niño… es mío! —apuntó con furia hacia el pequeño que caminaba entre ellos—. ¡MI hijo!El salón quedó paralizado. Danika sintió un escalofrío recorrer su espalda; sabía que él lo descubriría tarde o temprano, pero no mostró miedo. Se enderezó, levantó la barbilla y lo enfrentó, firme:—No, Credence —dijo con voz clara, sin vacilar—. Este niño es mío y de Rayner. No de tuyo.Esas palabras fueron como gasolina sobre un fuego que ya estaba desatado. Credence sintió cómo la ira y los celos se apoderaban de él. Sus ojos se llenaron de furia, y por un instante perdió todo control. Dio un paso hacia Rayner, levantando la mano con intención de golpearlo, pero los guardias

  • Traicionada, se vende al millonario   58) Sangre de mi sangre

    POV: Credence FosterVerlo llevársela así… me rompió algo por dentro. Quise objetar, quise correr hacia ella, arrancársela de los brazos como si fuera mía, como si nadie más tuviera el derecho de tocarla. Porque nadie lo tiene. Mucho menos ese imbécil de Rayner.Pero por una maldita milésima de segundo, me obligué a quedarme quieto.Contuve las ganas de matarlo ahí mismo. Respiré hondo, me tragué la rabia. Aunque sentía que el corazón se me estaba pudriendo del coraje.Cuando vi que se marchaban, no pude más. Subí al auto y conduje como un maldito loco. El volante casi se rompe con la fuerza de mis manos. Y en mi cabeza, una sola idea: "No voy a permitirlo. No puede quitármela. No a Danika."Porque eso es lo que intentaba hacer. Robármela. Arrebatarme lo único que me calma, lo único que me hace sentir… algo.Rayner. ¿Quién diablos se cree que es?Él no sabe lo que desató.Aparqué de golpe frente a la mansión. Y apenas bajé del auto, lo supe. El ambiente estaba raro. Tenso. Hombres arm

  • Traicionada, se vende al millonario   57) Verdades que arden

    POV: Darlene Volcker (Danika)Desperté de golpe a mitad de la noche. Un tirón brusco, un calambre punzante en el vientre me arrancó de los brazos del sueño. Era ese tipo de dolor que te dobla, que te hace sudar frío en segundos.—Quédate quieta —musitó Credence, medio dormido, con la voz ronca.Yo respiré hondo, intentando no gemir.—Tengo dolor —dije, apenas en un susurro.Él abrió los ojos de inmediato, como si esa palabra le hubiera activado una alarma interna.—¿Dónde te duele? ¿Te sientes bien? Vamos al hospital.—Y dale con lo del hospital —bufé, girando los ojos con fastidio—. No es nada grave, señor Foster. Son calambres… de la regla. Es normal. Solo necesito mis pastillas para el dolor.Vi cómo su expresión cambiaba. Pasó del susto a la confusión, y de ahí a la preocupación desmedida.—Y no solo pastillas —añadí, tomándome el vientre con una mano—. También necesito un té de canela.Sin decir una palabra más, se levantó de la cama como si fuera una emergencia de vida o muerte.

  • Traicionada, se vende al millonario   56) Respirar juntos

    POV: Darlene Volcker (Danika)Credence me tomó del brazo con firmeza y me arrastró hasta el asiento del copiloto. No me dio opción. Cerró la puerta con un golpe seco y se posicionó de inmediato frente al volante. Apenas encendió el auto, salió disparado como alma que lleva el diablo. Estaba furioso. Lo sentía en su respiración, en su mirada, en la forma en que apretaba los dientes. Iba tan rápido que el paisaje se volvió un borrón de luces y asfalto.Pero yo no temblé.No era miedo lo que me recorría por dentro. Era otra cosa… una mezcla amarga de impotencia y ansiedad. Lo único que me dolía, lo único que me hacía tragar saliva con dificultad, era pensar en Mikhail.Mi bebé.Él estaba en casa, esperándome como cada noche. Siempre me decía que sin su beso no podía dormir. Se lo creía de verdad. Me tomaba la cara con sus manitas y me susurraba al oído que el beso de mamá espantaba las pesadillas.Y ahora yo no estaba ahí.Mi corazón se encogía con solo imaginar su carita triste, pregunt

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status