Compartir

CAPÍTULO 07

Autor: Merfevi
last update Fecha de publicación: 2024-06-06 02:40:23

—Freya. —La voz llegó de repente, casi perdida entre el susurro de las hojas. 

Mis hermanas Amber y Seraphina me envolvieron en sus brazos antes de que pudiera reaccionar, su abrazo era cálido pero sofocante.

—Te extrañé.  —corearon, sus voces, una armonía de afecto genuino. Ya no eran niñas, estaban convertidas en unas mujeres hermosas. 

—También las extrañé. —logré decir, pero no pude mirarlos a los ojos. No sabían, no podían saber, acerca de los tres pequeños secretos que había mantenido ocultos todos estos años. —Quiero vers sus ojos. —les solicité. 

Amber y Seraphine cerraron sus ojos por unos instantes y al abrirlos tenían un resplando rojo. 

—Estoy orgullosa de ustedes. —dije con una sonrisa en mi rostro, eran alfas como mi padre y como yo. 

Ser un alfa, Beta u Omega se definía a los dieciséis años en cada hombre y mujer lobo. 

No siempre si descendías de un alfa serías un alfa. Podrías ser un Beta o un Omega. 

Besé sus mejillas y volví a abrazarlas. 

—Ahora llévenme con mi padre. 

—El rey está con nuestro padre. —anunció Amber. 

—¿El rey Xavier? 

—No. —Respondió Seraphine—. El rey ahora es Caleb. 

Caleb, el nuevo Rey Alfa. La idea hizo que un escalofrío recorriera mi espalda a pesar del calor del sol de la tarde que se filtraba entre los árboles.

Mis hermanas, a mi lado, compartían mi nerviosismo, sus rostros pálidos reflejando la preocupación que todas sentíamos. 

Entonces, la puerta se abrió lentamente, y Caleb apareció en el umbral.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vi tan de cerca. 

Era un joven entonces, aún no marcado por la responsabilidad y el peso de la corona. Pero ahora, mientras salía de la habitación de su padre, había algo diferente en él. 

Una mezcla de autoridad y tristeza en su expresión, una madurez que lo hacía parecer más imponente.

Caleb giró la cabeza ligeramente y sus ojos se encontraron con los míos. 

Por un momento, el mundo se detuvo. 

Su mirada era penetrante, llena de una intensidad que me hizo sentir expuesta. 

Recordé al joven que había sido, pero ahora era un hombre, un rey. 

Su mandíbula más definida, su porte más seguro, y una belleza que parecía haberse acentuado con los años.

Sus ojos se movieron brevemente hacia mis hermanas antes de volver a mí. 

Un leve asentimiento, casi imperceptible, y luego siguió su camino por el corredor, sus pasos resonando en el silencio. 

Me quedé allí, observando cómo se alejaba, sintiendo un torbellino de emociones en mi pecho.

—Freya —susurró una de mis hermanas, rompiendo el hechizo. —¿Estás bien?

Asentí lentamente, aún mirando el lugar donde Caleb había desaparecido. 

—Sí, estoy bien. —mentí, aunque mi mente seguía atrapada en la intensidad de ese breve encuentro. 

Caleb, el nuevo rey, había cambiado tanto.

Mientras subíamos las escaleras, escuché murmullos de los otros miembros de la manada reunidos alrededor. 

Caleb el rey, se había ido y con él todos sus escoltas. 

La puerta se abrió para revelarla: Sophia, la esposa de mi padre, su rostro era una máscara de practicada serenidad. Ofreció una sonrisa con los labios apretados que nunca llegó a sus fríos ojos. —Freya. —saludó, con voz suave como la seda, pero igual de sofocante.

—Madrastra. —respondí asintiendo, dejando que el apodo saliera de mi lengua. Su sonrisa vaciló por un segundo, una grieta en su fachada, pero se recuperó rápidamente.

—Tu padre ha estado preguntando por ti. —dijo, abriendo el camino con una gracia que parecía fuera de lugar en la escarpada naturaleza.

Sophia se puso de pie y con gesto le siguieron Amber y Seraphine. 

La habitación estaba en penumbra, iluminada por las velas parpadeantes que proyectaban sombras danzantes sobre los rasgos marchitos de mi padre. 

Yacía allí, una sombra del poderoso Alfa que alguna vez fue, con la respiración entrecortada.

—¿Freya? —Su voz era débil, apenas un susurro, pero me sacó el aire de los pulmones.

—Oye, papá. —dije entrecortadamente, arrodillándome a su lado y tomando su mano. 

Era frío, frágil, muy diferente del fuerte agarre que una vez me lanzó por los aires y me atrapó con una risa.

—Tu cachorro... quiero verlo. —respiró, sus ojos brillaron con una chispa de vida que no había visto en años. 

Sentí tristeza, hace años él me sacó de la casa, quizá no quería hacerlo, pero su lealtad a sus viejas costumbres le impidieron que me quedara en casa. 

—Eres abuelo, papá. De tres niños, son trillizos. —corregí suavemente, la realidad de la situación pesaba en mi lengua.

—Trillizos… —repitió, con una pequeña sonrisa jugando en sus labios. —Fuerte... como su madre. —me dio una sonrisa débil—. Quiero…quiero verlos.

—¿Quieres conocer a tus nietos? —Pregunté, aunque el nudo en mi garganta hacía que las palabras fueran difíciles de pronunciar y las lágrimas resguardar. 

Mi padre, un hombre fuerte, ahora estaba en una cama con el semblante débil, el alfa imponente que fue en sus buenos tiempos, se estaba desvaneciendo sobre la cama. 

—Más que nada. —Susurró, y en ese momento, no vi al Alfa, ni a la figura distante de mi infancia, sino a un hombre que enfrentaba su mortalidad con un feroz anhelo de conectarse con su familia.

—Son tres: Wolf, Nova y Aaron. —dije, la primera lágrima se deslizó. —Él tiene tus ojos. 

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App
Comentarios (2)
goodnovel comment avatar
Raquel
que triste es que se encuentren en esa situación de muerte a la puerta ...
goodnovel comment avatar
Fabiola Sanchez
me gustó mucho ojalá y actualicen pronto .........
VER TODOS LOS COMENTARIOS

Último capítulo

  • Trillizos para el Alfa   EPÍLOGO

    El sol brillaba alto en el cielo mientras jugaba con mis hijos en el jardín. Aaron y Nova corrían entre las flores, riendo, mientras trataban de alcanzarse el uno al otro. Sus risas llenaban el aire de alegría, como un canto que resonaba en mi corazón. Wolf, por otro lado, se había sentado a la sombra de un árbol cercano, con la cabeza metida en uno de sus libros, su concentración absoluta, como siempre. A pesar de su seriedad, sabía que disfrutaba de la tranquilidad de estar rodeado de su familia.Me dejé llevar por el momento, relajándome bajo la luz cálida, observando a mis pequeños mientras Caleb no estaba. De pronto, el sonido de pasos fuertes y decididos rompió la armonía. Levanté la vista y allí estaba él, Caleb, llegando al jardín con esa energía que siempre lo rodeaba. En cuanto los niños lo vieron, soltaron risitas emocionadas y corrieron hacia él, envolviéndolo en abrazos con una ternura que hizo que mi corazón se hinchara de amor.—¡Papá! —gritó Aaron, con los brazos abi

  • Trillizos para el Alfa   CAPÍTULO 95 FINAL

    Habían pasado seis largos meses desde la última batalla contra los humanos, y aunque las cicatrices aún eran visibles en nuestros corazones, la vida en el castillo había comenzado a recuperar algo de su ritmo habitual. Esta noche, el aire estaba cargado de una emoción especial, diferente a la tensión que había marcado nuestros días anteriores. Estábamos celebrando el séptimo cumpleaños de mis trillizos, Nova, Arron, y Wolf, que corrían por el salón con la energía desenfrenada de lobeznos, riendo y jugando entre ellos. Caleb y yo estábamos más unidos que nunca, un lazo forjado en la adversidad, y ahora rodeados de las risas de nuestros hijos y la calidez de nuestra manada, sentí una paz que hacía tiempo no experimentaba.La fiesta estaba en pleno apogeo. Xavier y América, los padres de Caleb, finalmente me habían aceptado por completo como su nuera, un gesto que significaba mucho más de lo que podían imaginar. Los últimos meses habían sido difíciles para ellos también, pero habíamos

  • Trillizos para el Alfa   CAPÍTULO 94

    Desde lo alto de la torre, el viento azotaba mi rostro mientras observaba la batalla que se desplegaba frente a mí. Caleb, con su natural liderazgo, ya había organizado a su ejército, su figura destacando entre los nuestros mientras daba órdenes con firmeza. "Quédate en el castillo," me había dicho, su voz grave y decidida. Pero el peso de su orden resonaba en mi pecho como un desafío. ¿Cómo podía simplemente esconderme mientras nuestra manada, nuestra familia, estaba siendo atacada?Mis hijos estaban a mi lado, sus ojos grandes y llenos de temor, aunque trataban de mostrarse valientes. Sabían que este no era un momento para el miedo, pero sus manos temblaban ligeramente al aferrarse a los barrotes de la ventana, observando el caos que se desataba bajo nosotros.—Quédense aquí —les dije, arrodillándome frente a ellos y acariciando sus rostros con suavidad—. No se muevan de este lugar. Volveré pronto, lo prometo.Los trillizos asintieron, aunque sus ojos reflejaban el mismo temor que y

  • Trillizos para el Alfa   CAPÍTULO 93

    La batalla rugía a nuestro alrededor, el sonido metálico de las espadas chocando, el rugido feroz de los lobos, y los gritos desgarradores de los cazadores se mezclaban en el aire. Pero de repente, todo se detuvo para mí cuando vi aquella luz resplandeciente al otro lado del campo. Una luz cegadora, imposible de ignorar. Mi corazón se hundió en el pecho. Freya. Mis hijos.El miedo me impulsó, cada músculo en mi cuerpo tensado por la desesperación. Sentí la adrenalina recorrer mis venas mientras me lanzaba a través de la espesa niebla que comenzaba a elevarse. El humo me envolvía, haciendo que cada paso se sintiera eterno, como si el destino estuviera jugando conmigo, retrasando mi llegada hacia ellos. Mi respiración se volvía más pesada, el aire impregnado del olor de la tierra quemada y el metal de la sangre derramada. Pero seguí corriendo, sin importar el dolor en mis piernas ni el ardor en mis pulmones.Debo llegar.Apenas podía ver entre las sombras y el humo, pero cuando logré

  • Trillizos para el Alfa   CAPÍTULO 92

    El viento susurraba a través de las hojas, como si el bosque mismo compartiera nuestra angustia. Desde nuestra posición detrás de los árboles, con la respiración contenida y los músculos tensos, observábamos cada movimiento de los cazadores. La fogata crepitaba en el centro del claro, sus llamas iluminando las sombras de aquellos hombres encapuchados que parecían estar preparando algo mucho más siniestro de lo que habíamos imaginado.Mi corazón latía con fuerza en mi pecho mientras mis ojos no podían despegarse de los trillizos, encadenados y vulnerables a pocos metros de nosotros. Quería lanzarme hacia ellos, romper esas malditas cadenas, protegerlos de lo que fuera que esos humanos tenían planeado. Pero algo me detuvo: la visión de otros lobos. Había más prisioneros. Hombres lobo, como nosotros, capturados y dispuestos en un círculo cercano a la fogata. Sus cuerpos maltratados y debilitados por el encierro eran una imagen que me desgarró el alma.Caleb, a mi lado, observaba con oj

  • Trillizos para el Alfa   CAPÍTULO 91

    El aire denso y cargado de humedad envolvía cada rincón de la vieja casa, como si guardara en sus paredes los susurros de una historia olvidada. Caleb, Fray y yo entramos con cautela, sintiendo cada crujido bajo nuestros pies mientras nos acercábamos al centro de la sala. Allí, en la penumbra, un hombre de rostro curtido por los años y las batallas nos esperaba. Sus ojos oscuros y penetrantes se alzaron para encontrarse con los nuestros, conociendo de inmediato la urgencia que traíamos con nosotros.—Ustedes buscan a Giafranco —dijo, su voz rasposa, como si el tiempo y los secretos que guardaba hubiesen consumido la suavidad de su tono. No era una pregunta. Sabía lo que estábamos enfrentando sin necesidad de más explicaciones.Asentí, sintiendo cómo el miedo y la esperanza se entrelazaban en mi pecho. —Tiene a nuestros hijos —dije, intentando que mi voz no quebrara—. Los ha secuestrado, y no sabemos cuánto tiempo tenemos antes de que…—Antes de que sea demasiado tarde —interrumpió el

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status