MasukEPÍLOGO.El mundo seguía girando. Quizás eso era lo más extraño de todo. Que su venganza había pasado, sus enemigos habían caído, pero el mundo seguía girando como si todo eso fuera demasiado insignificante.Una semana después del arresto de Callie, Charlie estaba sentada en su oficina, perdida en sus pensamientos. Había esperado sentirse eufórica, triunfante después de todo lo que había logrado; pero en lugar de eso, se encontraba reflexionando sobre el futuro.Había estado tan centrada en deshacerse de los fantasmas del pasado que ahora, con el horizonte despejado, la pregunta de qué hacer a continuación la había tomado por sorpresa.Lawrence entró en la oficina sin hacer ruido, como siempre lo hacía, y su presencia tranquila y paternal la hizo sonreír.—¡Propuesta! ¡Larguémonos de aquí! —dijo él caminando hacia su escritorio—. Ya es hora de realmente empezar una nueva vida, Charlie. Los hoteles caminan solos, tenemos buenos CEOs. ¡Vámonos a la aventura!Charlie lo miró, divertida.
LA AMANTE VIRGEN. CAPÍTULO 57. Un Nuevo ComienzoCharlie observaba desde una pequeña sala de espera cómo procesaban a su hermana. Callie, ahora con las manos esposadas y el rostro rígido, intentaba mantener una postura altiva, pero su mirada delataba el miedo. El brillo de la arrogancia se había desvanecido por completo y Charlie sabía muy bien por qué: Solo pasarían un par de horas y unos pocos trámites antes de que los oficiales la escoltaran hacia un coche patrulla que la llevaría directamente a prisión, donde pasaría los próximos quince años.Aquel acuerdo con la fiscalía era blindado, y durante ese tiempo ni siquiera podría pedir que se reuniera una junta de libertad condicional.Charlie respiró profundamente, como si por primera vez en mucho tiempo pudiera llenar sus pulmones sin el peso opresivo de la tensión. Lieberman estaba junto a ella, ajustando los papeles en su maletín, y tan pragmático como siempre, parecía inmutable ante la escena.—Debiste haberla dejado enfrentar un
LA AMANTE VIRGEN. CAPÍTULO 56: El final de todoCharlie sentía un hormigueo incómodo en la nuca mientras manejaba hacia la delegación de policía. La llamada del detective había sido escueta y sin muchos detalles, pero su tono sugería algo importante. El hecho de que le hubieran pedido que se presentara en persona solo significaba que algo importante estaba sucediendo.Después de ver a Lieberman hacía dos días para decirle lo que quería hacer, había regresado a la mansión Dalton, a celebrar con Lawrence y con Liz. Blake se le había unido unas horas más tarde y no venía solo. Ella no había preguntado por qué traía sus nudillos enrojecidos, y Liz tampoco había preguntado por qué los de Gideon estaban cubiertos de sangre seca mientras se lo llevaba a la cocina a curárselos.Si hubo o no hubo chispa entre aquellos dos no lo supo, porque ella solo se concentró en dejar que Blake la envolviera en un abrazo lleno de seguridad y en relajarse con una copa de champaña y con todo lo que vino desp
LA AMANTE VIRGEN. CAPÍTULO 55. Un plan a medio fraguarCallie estaba sentada en el elegante sillón de cuero del despacho de la mansión del que había sido, hasta hacía solo veinticuatro horas, su padre. Jugueteaba con el anillo de oro que llevaba en el dedo y que por supuesto, no se iba a quitar ni divorciada porque tenía un diamante espectacular.A su lado, su madre, Darcy, se encontraba repantigada en la silla detrás del escritorio, como si fuera la dueña del lugar. La tensión en el aire era palpable, pero ambas mujeres parecían disfrutar de esa incomodidad como si se alimentaran de ella.—Te lo dije, hija —suspiraba Darcy con una sonrisa furiosa—. Este es solo el primer paso. Pero aun tenemos que hacer que cada pieza caiga en su lugar, y reclamar el tuyo al lado de tu padre es una de ellas.Callie asintió con una sonrisa altiva. Sus ojos fríos escaneaban la habitación con el aire de alguien que ya sentía el poder en sus manos.—Y Lawrence Dalton... —dijo Darcy, mirando a su hija con
LA AMANTE VIRGEN. CAPÍTULO 54. Ajuste de cuentasCharlie miraba al abogado a los ojos, y su expresión era tan firme y resuelta como siempre. Sentada en su oficina, con los documentos legales esparcidos frente a ella, sentía que había llegado el momento de poner fin a todo el caos que había envuelto su vida durante tanto tiempo. Callie, Conrad, Rory... Todos los fantasmas del pasado que la habían perseguido debían quedar atrás. Ya no había espacio para el miedo ni para las dudas.—Quiero que esto termine de una vez por todas —dijo Charlie con la voz cargada de determinación—. No puedo seguir arrastrando este conflicto, esta… guerra. No es solo por mí, es por todo. Necesitamos paz, y la única manera de conseguirla es asegurarnos de que todos los involucrados enfrenten las consecuencias.Jacob Lieberman la miró en silencio por un momento, evaluando lo que estaba pidiendo. Sabía que Charlie era una mujer fuerte, pero también sabía que detrás de esa fuerza había un alma cansada, agotada de
LA AMANTE VIRGEN. CAPÍTULO 53. Nada más importaEl abrazo de Lawrence alrededor de Charlie era cálido, reconfortante, como si en ese momento todas las dudas y el caos a su alrededor dejaran de importar. Ella cerró los ojos, dejándose envolver por la sensación de pertenencia que durante tantos años le había sido negada.—No me importa lo que digan esos resultados —susurró Lawrence en su oído—. Tú siempre has sido mi hija. Lo sabes, y lo sé. Y ahora —se apartó un poco para mirarla a los ojos, su expresión llena de ternura—, tenemos que ir a casa a celebrar. ¡Dime que hay champaña fría! —pidió y Liz asomó la cabeza sobre su hombro.—¡Cuatro botellas! ¡Heladas! ¡Doy fe porque yo misma las puse! —exclamó y Lawrence pasó u brazo también sobre su hombro, agradecido porque más que una empleada Liz se había convertido a lo largo de los años en algo así como la voz de su conciencia.Al otro lado de la sala Conrad Pearce se tiraba de los cabellos y golpeaba furiosamente una pared sin que nadie l







