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UNA INJUSTICIA

last update Data de publicação: 2023-02-04 01:59:27

—Dara, ¿qué haces ahí? —la chica levantó la vista y sus profundos ojos azules resplandecieron al ver a su amiga aparecer frente a ella.

— ¡Esperándote!, ¿qué más estaría haciendo afuera de tu apartamento? —respondió con una enorme sonrisa.

— ¡Lo siento!, las cosas se complicaron un poco —se defendió Calisto.

—Abre la puerta primero y ahorita me cuentas todo, muero de frío.

— ¿Frío? —pero si ya estamos en primavera.

—Sabes que soy sensible al clima y hoy el viento está particularmente helado.

—Querrás decir fresco.

—Anda, abre y deja de darme la contraria —demandó la chica de cabello lila.

— ¡Está bien, está bien!, entremos — Calisto colocó sus cosas en el suelo para abrir la puerta de su departamento, esta necesitaba un poco de fuerza para abrir.

Aseguraba que no la reparaba porque funcionaba como un seguro contra delincuentes, no cualquiera podría abrirla sin saber el truco de cómo hacerlo, pero la verdad es que nunca ajustaba con su sueldo para mandarla reparar.

— ¡Hogar, dulce hogar! — exclamó Calisto dejándose caer sobre su mullido y viejo sofá.

— ¿Un día pesado? — inquirió Dara.

— ¡No te imaginas cuánto!

—Ve a cambiarte, mi madre te envío un poco de su delicioso estofado, lo calentaré mientras tanto.

— ¡Tu madre es una santa! — chillo Calisto al mismo tiempo que se ponía de pie para ir a su habitación a cambiarse de ropa.

— ¡Lo sé, lo sé! — respondió su amiga quien ya maniobraba con la comida en la cocina.

El departamento de Calisto era pequeño, bastaba con dar un paso para llegar de la estancia a la cocina, no tenía muchos muebles, así que no representaba problema para ella, se justificaba diciendo que era práctico y cómodo.

Una pequeña mesa en color blanco desgastado, con apenas tres sillas, ocupaba la mitad del espacio en la cocina, mientras que la sala solo estaba adornada por el viejo sofá y la televisión en la pared frente a él, un par de mesas a los costados y ya.

Al cabo de unos minutos, Calisto regresó enfundada en un desgastado pantalón de chándal y una sudadera demasiado grande para ella, el cabello lo llevaba suelto, sus ondas rebeldes le caían sobre la espalda.

—El chongo me estaba provocando migraña — masajeó su cuero cabelludo para ayudar a quitar la tensión en él.

—Toma — dijo su amiga poniendo sobre la mesa un tazón con el humeante estofado dentro de él — ¿soda? 

— ¡Por favor!, huele delicioso… — Calisto tomó asiento saboreando el estofado aun sin probar, el olor de aquel sencillo, pero exquisito platillo, le abrió el apetito. La insípida ensalada que tuvo que compartir con Abner no la había saciado para nada.

Dara sirvió también un poco para ella, tomó dos sodas del refrigerador y se sentó frente a su amiga.

— ¿Volviste a saltarte las comidas? — preguntó con preocupación.

— No, pero solo pude comer un poco de ensalada —respondió Calisto.

Su amiga la miró con duda.

— ¿Mucho trabajo? 

—No fue eso… fue complicado, pero no por la carga de trabajo. Abner es algo pesado, cerca de él a cualquiera se le va el hambre —explicó.

— ¿Te insultó? —quiso saber Dara.

—No, al menos no en mi cara, ni en voz alta. Ojalá lo hubiera hecho para librarme de él.

—Sabes que no tienes por qué hacer esto, solo di que no y listo.

—No fue tan malo como lo pensé —aseguró Calisto —sigo pensando que intentar llevarlo por buen camino es cosa perdida, sin embargo, necesito el dinero.

—No, no es así, no lo necesitas Cali —señaló su amiga.

—Mis deudas no se pagarán solas —rebatió ella.

—Dirás las deudas de tu madre —aseveró Dara.

—Por favor Dara, no empecemos con eso, el estofado está muy bueno, disfrutémoslo, ¿sí? —pidió Calisto.

— ¡Es muy injusto! —Dará no pensaba dejarlo pasar, le frustraba cómo su amiga se partía la espalda por pagar deudas que no eran más que el resultado de las estafas de su madre. —Trabajas en la mejor empresa del mundo y vives como pordiosera.

Las palabras de Dara eran duras, sin embargo, necesarias.

— ¡Estoy ahorrando! —se defendió Calisto.

— ¡Llevas años ahorrando!, era para que ya tuvieras una mansión en Dubai. Sé realista amiga, no te compras ropa, vives al día y todo por culpa de tu madre. ¡Déjala que haga frente a sus problemas!, ella misma se lo ha buscado.

—Con este trabajo podré salir de todo eso al fin — aseguró Calisto.

—Eso crees tú, mañana aparecerá tu madre con una nueva demanda que tendrás que pagar —señaló Dara.

—No será así, eso terminó.

—Mientras siga estafando personas, esto no va a terminar, Cali.

—No e****a personas, daba consultas y ya no lo hace…

— ¿Qué hace ahora? — preguntó su amiga poco convencida de las explicaciones de Calisto.

—Da clases de reiki o algo así… — respondió.

—De verdad espero que así sea, no vale la pena que te sacrifiques tanto por ella, se supone que los padres deben cuidar de nosotros, no al revés.

—Tranquila o te va a caer mal el estofado. ¡Anda, come!, todo está fríamente calculado, no te estreses — la animó Calisto.

Aunque ese ánimo no alcanzaba para ella misma. Dara tenía razón, estaba harta de cargar con los problemas que las ocurrencias de su madre ocasionaban.

La madre de Calisto se definía como un alma libre, aunque era más bien como una hippie que nunca superó su etapa esotérica. Siempre fue aficionada de la astrología, tomó un par de cursos de lectura de cartas y leyó unos cuantos libros sobre la sanación del cuerpo con la energía del universo. 

Eso bastó para que se creyera doctora, montó un consultorio y recetó un sin fin de tratamientos que ni siquiera estaban avalados. Eso le trajo varias demandas que Calisto terminó pagando, con tal de que su madre no terminara en prisión.

La pobre chica solo trabajaba para eso. Su vida y su juventud se le estaban yendo en arreglar la vida de su madre, bien lo dijo Dara, era toda una injusticia.

—Y, ¿cómo es? —preguntó Dara en medio de su plática.

—Ya te lo dije, un completo imbécil, súper arrogante — respondió su amiga.

—No, ¿cómo es físicamente? Vi unas fotos suyas en internet y en la mayoría sale ebrio o pelando, aunque aun así se ve guapo. 

Calisto la miró con una ceja alzada.

—No me mires así, que no me incline por el género masculino, no significa que no sepa apreciar la belleza de un hombre.

—Pues si es atractivo, alto, fornido… su piel es más clara en persona, no entiendo cómo es que, aunque bebe mucho, se conserva tan bien el muy maldito —señaló Calisto.

—Menos mal que tú te fijas más en la personalidad que en el físico, amiga —se burló Dara.

—Pues así es, lo guapo no le quita lo tarado. Además, he visto hombres más guapos.

—Ah, ¿sí?, ¿quién? Y no ni digas que el vejete de Jairo, ese señor no cuenta.

—Su amigo Kenzo —respondió de inmediato Calisto.

— ¿Amigo de quién?

—De Abner. Hoy fue a visitarlo y es muy guapo, alto, delgado, rubio, ojos verdes, cabello largo tipo lord Farquaad de Shrek, pero bien arreglado, tiene la nariz respingada y los labios pequeños…

— ¿Pero? —preguntó su amiga — ¡vamos, Cali!, se nota a leguas que el tipo no te cayó bien del todo, aunque lo describas como un adonis —rezongó Dara.

— Es muy raro, me veía como si fuera una extraña pieza antigua que acababa de desenterrar. Dijo que era psiquiatra, aunque yo creo que parece más un loco que un doctor.

—Bueno, dicen que para ser psiquiatra se debe estar un poco loco.

—Sí, pero a él creo que le sobra locura, y más siendo amigo de Abner.

—Ese Abner puede que sea problemático, sin embargo, no me da la impresión de que sea mala persona.

—Ni siquiera lo conoces.

—Siento sus vibras.

— ¿Sus vibras?, ¿y te quejas de mi madre y sus charlatanerías?

Las carcajadas de Dara sonaron por todo el departamento.

—Cali, prométeme que si ese trabajo se vuelve insoportable lo dejarás. No te aguantes, y si el tal Abner se atreve a insultarte o tratarte mal, le romperás la cara.

—No te preocupes, ya le quedó muy claro que conmigo no le funcionan sus trucos baratos y que le daré batalla.

— ¡Esa es mi amiga!

— ¿Cuándo te he decepcionado? —preguntó Calisto.

— ¡Nunca, nunca! — aseguró Dara —busquemos una película antes de dormir.

— Claro.

Diez minutos después Calisto ya estaba roncando sobre el regazo de su amiga, estar todo el día junto Abner la había dejado exhausta mentalmente.

                                                                                           

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Último capítulo

  • UN MILLONARIO REBELDE    EPÍLOGO

    —¿Qué pasa?, la maestra dijo que habías estado muy serio hoy en clase — preguntó Abner con preocupación a su pequeño hijo.Este hizo un mohín mientras jugueteaba nervioso con la tela de su suéter.— Matthew — lo llamó su padre echándole una mirada por el espejo retrovisor del auto y usando el tono de voz con el que el chiquillo sabía que no podía negarse a hacer lo que su padre pedía.El niño de cabello castaño, ondulado como el de su madre, piel clara y unos bellos ojos color pardo, herencia de su padre, suspiró pesadamente antes de confesar aquello que lo afligía y lo habían mantenido tan callado en clases.— Uno de mis compañeros dijo algo que me molesto — la vocecita afligida del pequeño repiqueteo en el automóvil.Abner apretó el volante del auto con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron por debajo de la piel que los cubría.Mocosos, como se atreven a molestar a un Barbaren — refunfuñaba para sus adentros — Cálmate, Abner, contrólate — comenzó a animarse el mismo cuando sint

  • UN MILLONARIO REBELDE   INICIO Y FINAL

    —¡Por dios! — chilló Dara con emoción al ver a su amigo. esta última estaba a punto de ser presentada con bombo y platino como la señora Barbaren, esposa del magnánimo y poderoso Abner Barbaren, medios de comunicación, empresarios y celebridades de todo el mundo se dieron cita para conocer a la misteriosa mujer que se había ganado el corazón del líder de la poderosa familia Barbaren.Calisto daba los últimos toques a su vestuario el cual consiste en un elegante vestido color azul verde con detalles dorado, de tirantes delgados y corte sirena con una abertura que le llegaba hasta el muslo, haciéndola lucir espectacular.Su cabello caía en ondas hacia un costado y aunque su maquillaje era natural este no dejaba de ser elegante.— Estoy muy nerviosa — confesó la joven a su amiga.— no tienes por qué, mereces ser feliz, después de todo lo que pasaron, la vida se los debe a ambos — la tomó de las manos — Verlos juntos nos da mucha paz a todos — con todo se refería a Kenzo e Ilan y ella mis

  • UN MILLONARIO REBELDE   SI LO SABE DIOS

    Calisto se removió entre las sábanas, sabía que tenía que abrir los ojos; pero se negaba hacerlo, de solo pensar el día que le aguardaba le provocaba no querer levantarse nunca de aquella cama que compartía con Abner.Su cuerpo estaba adolorido y ella realmente exhausta, sin embargo, el recortada a que se debía aquello su pecho se inundó de felicidad, había pasado la mejor noche de su vida en los brazos de Abner, no tenía ninguna duda que todo su ser le pertenecía a aquel imponente hombre de ojos color pardo.Sin poder evitarlo más abrió los ojos y ahí estaba él, sonriéndole como si acabara de ver a un mismísimo ángel, aunque está mejor decir que el ángel parecía él, lucía fresco y radiante pese a su cabello desordenado que a cualquier otro no le sentaría bien; pero a Abner lo hacía lucir jodidamente sexy.— ¿Tienes mucho despierto? — este ensanchó su sonrisa apenas y se dio cuenta que estaba despierta— El tiempo suficiente — respondió con voz ronca y sensual.— ¿para qué? — preguntó

  • UN MILLONARIO REBELDE   UNA TRAMPA

    El silencio de aquella habitación fue interrumpido por el estruendo de un fuerte golpe, Calisto estrelló su mano en el rostro de Abner con todas las fuerzas de las que era capaz.— ¡Me crees estúpida!, ¡en serio Abner!, ¡cuando vas a dejar de burlarte de mí! — reclamó histérica — ¡crees que no me daría cuenta si estoy casada! tú y yo no estamos casados — espetó con los dientes apretados.Pese a que su mejilla ardía de dolor por el golpe, Abner sonreía triunfante, orgulloso de poder al fin decir que ella era su esposa, ya no habría nadie que lo detuviera, se lo gritaría al mundo entero, aun y cuando la mujer en cuestión se manifestar un poco reacia a aceptarlo.— Lo estamos — afirmó una vez más Abner.— No es posible, ¿cómo? — Calisto se encontraba más que desconcertada por la noticia, no sabía si llorar, reír, matar a Abner o volver a desaparecer.— Cuando firmamos los papeles de compra del departamento, le pedí a Ilan que arreglara todo — Abner suspiro pesadamente había llegado su t

  • UN MILLONARIO REBELDE   ¡TU ERES MI ESPOSA!

    Su mano temblorosa se encontraba a milímetros de la perilla de la puerta, dudaba de estar haciendo lo correcto y temía por lo que le aguardaba dentro, una sensación de que su vida cambiará por completo tras entrar a aquel departamental revoloteaba por todo su cuerpo y no estaba equivocada.llegó buscando la verdad y una explicación a todo su sufrimiento, ya nada le impedía obtener las respuestas a sus preguntas, solo una puerta se interponía.¿Qué pasaría después?, esa pregunta no la abandonan, se arraigó en su mente con firmeza, ¿qué sucedería con su vida, con la de Abner tras obtener las respuestas que ambos habían estado ansiando con tanto fervor durante casi dos años.Solo pasando aquella puerta lo descubriría, así que no le dio más vueltas al asunto, hizo acopio del poco valor que la acompañaba en aquel momento, tomó la perilla con fuerza y abrió la puerta.Nunca espero que aquel lugar luciera tal cual estaba cuando ella se fue, aun así, jamás imaginó que se viera como ahora, se

  • UN MILLONARIO REBELDE   SU VERDAD O LA MÍA

    Abner no bromeaba cuando aseguró que no le pondría a Calisto nada fácil el camino para hablar con él, ya había pasado una semana y la joven no había podido acercarse ni siquiera él, esté siempre encontraba un pretexto para escaparse.— Me está bloqueando —exclamó con frustración.— Es un tipo muy ocupado — alegó Dara.— Puedo soportar cualquier cosa; pero que tú lo defiendas, definitivamente no es una de ellas — rebatió su amiga.— No lo defiendo, me doy cuenta por Ilan que apenas y tiene tiempo de descansar, se queja muy a menudo que él y Kenzo apenas y lo ven — se excusó Dara.— ¿Dónde está viviendo?, ¿en la mansión Barbaren? — inquirió Calisto.— No convive con su abuela y ella está ahí.— El antiguo departamento.— No, ese lo vendió — Entonces…— No, se deshizo de él — se apresuró a responder Dara, sabía que Calisto se refería al departamento que compartieron juntos.—Oh — exclamó Calisto sintiendo un pequeño pinchazo en su corazón.—Según Ilan, pasa de hotel en hotel, renta por

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