LOGIN—Señor Durand, ¿qué información específica necesita sobre la mujer?
—Ya te lo he dicho, Luc, absolutamente todo.
—Tendré la información para esta noche, señor.
Entré a la empresa por la zona VIP, que acababa de diseñar para mayor privacidad.
Me preguntaba por qué lloraba. No lograba sacarla de mi cabeza; había sido una noche increíble que deseaba revivir.
¿Habría visto a su exnovio? ¿Lo habría perdonado por su infidelidad? Solo pensarlo me ponía de mal humor.
—Vaya, qué sorpresa, nuestro querido presidente Gérard Durand en la empresa.
—Alphonse, necesito que me proporciones los informes financieros sobre las nuevas inversiones en el extranjero.
—No seas tan frío, ¿ni siquiera vas a preguntar cómo estoy? Además de ser el vicepresidente de esta empresa, también soy tu amigo. ¿No podrías ser un poco más amable?
—Eres muy dramático.
—En el fondo, sé que me quieres.
Reímos por sus ocurrencias.
—Dejemos de jugar, es muy importante concluir nuevos contratos en Estados Unidos, esta asociación con Steve White ayudará mucho a expandir la compañía.
—No te preocupes, todo va muy bien, nunca te he fallado en los negocios, solo necesitamos viajar a Estados Unidos para firmar el contrato oficial.
—Perfecto, Alphonse.
—Cambiando de tema, Gérard, ¿es cierto que Vincent se casará con la señorita Alice Bonnet?
Alice fue mi gran amor adolescente, pero me engañó, y el viernes pasado me enteré de que se había comprometido con mi primo.
Admito que ese día estaba algo triste, decidí tomar unas copas, y fue entonces cuando conocí a esa misteriosa chica que desde entonces me atormenta.
—Es cierto, se casan en dos meses.
—Vaya, parece que Vincent consiguió lo que quería. Realmente odio a tu primo. ¿Cómo pudo hacerte eso?
—No me importa, ya entendí el tipo de mujer que es Alice, están hechos el uno para el otro.
—Eso es verdad, además tú eres Gérard Durand, puedes tener a la mujer que quieras.
—Alphonse, debo confesarte algo que me preocupa.
—¿Qué pasó?
—Cuando mi abuelo se enteró del compromiso de Vincent, habló conmigo y quiere que yo también me case.
—¿Y cuál es el problema? Nadie puede obligarte a casarte.
—Eso creía, pero mi abuelo amenazó con quitarme el control de Durand Enterprises y dárselo a Vincent. Sabes que somos los únicos herederos, pero Vincent no vale nada, solo gasta el dinero de la familia y nunca ha trabajado.
—¿De verdad crees que el señor Simon Durand llegaría tan lejos?
—Conoces a mi abuelo, siempre cumple sus promesas.
—Bueno, estás en un aprieto.
—Estamos en un aprieto, Alphonse. Si Alex entra como nuevo presidente, te reemplazaría de inmediato.
—Tienes razón, Alexis me odia tanto como yo lo odio a él.
—Necesito encontrar una solución.
—Creo que tu situación es complicada, querido amigo. ¿Por qué no sales con una de las muchas chicas que te persiguen?
—Ninguna me ha atraído realmente.
—Eres muy exigente, al menos inténtalo, no puedes permitirte perder el control de la empresa.
—Necesito pensar, me voy, amigo, tengo otros asuntos que atender.
—Pensé que te quedarías más tiempo, que te presentarías a todo el personal de la empresa. Todos están emocionados por conocerte en persona.
—Será en otra ocasión.
Salí de la empresa. Aún debía reunirme con algunos inversionistas para la nueva cadena de hoteles Durand en España.
Tras un día tan intenso, me encontraba en mi habitación, la casa estaba completamente en silencio, los empleados ya se habían marchado.
Me recosté en la cama, pero no conseguía dormir, no podía dejar de pensar en las palabras de mi abuelo.
Cuando tenía 16 años, mis padres murieron en un accidente de coche; lamentablemente, los padres de Vincent y mi pequeña hermana viajaban con ellos.
Después de este trágico suceso, nuestro abuelo Simon nos acogió, pero mi relación con mi primo nunca fue buena. Yo siempre sobresalí en los estudios, terminé mi carrera a los 20 años y, desde entonces, asumí el control de los negocios.
Mi abuelo ya no podía trabajar, tenía muchos problemas de salud y me dejó a cargo de todo.
Vincent no soportaba que nuestro abuelo confiara tanto en mí, siempre intentó de todas las formas hacerme la vida imposible.
Mi primo suele ser muy inmaduro, no soportaría ver la empresa Durand en sus manos. He trabajado incansablemente los últimos diez años para evitar que lo arruine todo.
Y encima, su compromiso con Alice, cuando no me di cuenta de lo falsa e interesada que era. Fue mi primer amor, y solo de pensarlo me siento un idiota.
Por otro lado, estaba Juliette Moreau, mi asistente, quien había hecho un excelente trabajo proporcionándome toda su información.
¿Será realmente tan dulce e inocente como aparenta?
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Juliette
Fue una noche terrible, no pude dormir en absoluto, saber que Bastian y Sophie pronto se casarían me afectaba profundamente.
Aún no reunía el valor para preguntarles a mis padres si era verdad o mentira que Sophie y yo en realidad no éramos hermanas.
Pero admito que Sophie es una mentirosa, es muy probable que haya inventado esa historia solo para herirme. Seguí la misma rutina, llegando temprano a la oficina para evitar a mi hermana, pero no podía dejar de pensar en ellos.
Mi amiga ya estaba en su escritorio y fui a saludarla.
—Chloé, buenos días.
—Hola Juliette, buenos días, me alegra verte.
—Te noto un poco distraída, Chloé.
—Estaba pensando que fue una lástima no haber conocido ayer al presidente Durand.
—Es verdad, al parecer solo habló en privado con el vicepresidente y se marchó.
—Supongo que está muy ocupado.
—Cambiando de tema, tengo mucho trabajo, Chloé, hoy tengo una reunión con el director Luciano, atiende mis llamadas y diles a mis clientes que los contactaré más tarde.
—Por supuesto, Juliette, mucha suerte con este nuevo proyecto.
—Gracias, Chloé.
Salí rápido de la oficina y me dirigí al café La vie douce.
Estaba a punto de entrar cuando vi a un hombre muy atractivo.
Fue una sensación extraña, me sentí atraída hacia él. Cuando el hombre giró para mirarme, quedé paralizada: era el mismo con el que había tenido una aventura de una noche.
Nos quedamos mirándonos varios minutos, aún no podía creer que me lo encontraría de nuevo.
Mis padres no estaban en casa, pues habían salido a trabajar y no regresarían hasta más tarde.Yo necesitaba encontrar un empleo lo antes posible. No tenía idea de dónde conseguirlo, pero pensaba empezar a enviar currículums. No había querido asimilarlo todavía, pero debía acostumbrarme a la idea de que definitivamente me establecería aquí, en Madrid.Pensé que Francia sería mi hogar para siempre, pero toda aquella ilusión se desvaneció. Ahora, pensar en ese país no significaba otra cosa que recordar los momentos dolorosos, aceptar que mi sueño no se había cumplido y que tenía que renunciar a él.Tenía antojo de algo dulce, y además hacía tiempo que no preparaba un postre por mi cuenta. Saqué todos los ingredientes de la alacena y me dispuse a hacer un arroz con leche.Serví una buena cantidad en un plato y, justo cuando estaba a punto de meterlo en la nevera para que se enfriara, escuché el timbre sonar.Al abrir la puerta, me llevé la grata sorpresa de ver a Vincent allí.—Vincent —
—Entonces dime, ¿cómo te sientes hoy? —preguntó Matt en cuanto el camarero se retiró.—¿Quieres que lo diga de forma general o en profundidad? —cuestioné, inclinando un poco la cabeza.—Jamás voy a hacerte preguntas que se respondan con superficialidades, Juliette —me aseguró con firmeza—. Debes decirme cómo te sientes de verdad.—Bueno, de manera general puedo decirte que, cuando desperté esta mañana, me sentí particularmente bien, con una actitud positiva que hacía mucho tiempo no tenía.—¿Y si vamos ya más a fondo?—Ahm… no sé muy bien cómo explicarlo —titubeé, bajando la mirada—. Es que, de camino hacia aquí, escuché algo. Algo sobre esa persona, y casi dejo que volviera a afectarme.—¿Escuchaste algo relacionado con tu expareja?—Sí —afirmé con un nudo en la garganta—. Una noticia sobre un nuevo proyecto de su empresa.—¿Dónde lo escuchaste?—En la radio. Se trataba de un proyecto en conjunto con su socia, Karen —respondí, y en ese momento noté cómo él me dedicaba una mirada llen
JulietteMiro la hora en el reloj y me sobresalto al darme cuenta de que tengo menos de cinco minutos para estar lista o, de lo contrario, llegaré tarde.Me observo unos segundos frente al espejo, indecisa, hasta que finalmente opto por dejar mi cabello suelto, al natural. Creo que ya es tiempo de salir de mi zona de confort y lucir un poco diferente.Hoy, por primera vez, después de los meses tan horribles que he pasado, me siento genuinamente bien. Han transcurrido dos meses desde mi primera consulta con el doctor Nolan y puedo afirmar que, si he tomado una buena decisión en toda mi vida, ha sido la de aceptar ir a terapia.Si no hubiese contado con su ayuda, no sé qué habría sido de mí. O, al menos, no sé si hubiera sido capaz de salir de esa cueva llena de oscuridad, tristeza y desolación en la que estaba atrapada.Hoy, de pie frente al espejo, por primera vez en mi vida reconozco la mujer increíble, hermosa, fenomenal, valiosa, capaz, inteligente e inestimable que soy.No merezco
Flashback:—¡No puedo creerlo! —me volví hacia él furiosa—. ¡Te acuestas con mi hermana, eres un maldito bastardo! Y tú, Sophie, ¿cómo pudiste hacerme esto? ¡Somos familia!—No me arrepiento de nada, hermanita. La verdad es que eres bastante estúpida. Nunca te diste cuenta de que llevamos un año siendo amantes. Has sido una completa ingenua.Bastian se acercó a mí, con el rostro pálido.—Juliette, déjame explicarte...—¿Qué se supone que vas a explicarme? ¿Que tú y mi hermana me vieron la cara de idiota?Sophie me sostuvo la mirada, fría, cortante.—Juliette, tú y yo no somos hermanas. Deja de mencionar esa palabra.—¡Qué! No digas estupideces.Y entonces, otro recuerdo, aún más doloroso, me golpeó de lleno:—¿Ese bebé es tuyo o no? —le pregunté, sin importarme nada más de lo que quisiera contarme.—Sí, lo es —respondió. Y esas tres simples palabras fueron como un puñal clavándose directo en mi pecho.—Eres un maldito pedazo de mierda mentiroso —escupí con odio, entre las lágrimas que
—¿Eres Juliette Moreau? —pregunta, perplejo, pasando la mirada del papel que sostiene en la mano hacia mí.—¿Y tú eres el psicoterapeuta Matt Nolan? —cuestiono, completamente confundida.—Responde primero —me exige.—Sí, obviamente soy yo, por eso estoy aquí —aclaro, sin poder superar el asombro.—Vaya, vaya... Quién diría que la hija de la enfermera Moreau era la misma chica que deseaba que me atragantara con un vino —replica, tomando asiento frente a mí.—Y quién diría que un psicoterapeuta reconocido resultaría ser un ladrón de supermercados —contraataco, en el preciso instante en que él estalla en carcajadas, mostrando una sonrisa deslumbrante.—No es mi culpa que no tomaras la botella primero, señorita Moreau —expresa, llevándose una mano al mentón, con la sonrisa dibujándose en sus labios.—La arrebataste de mis manos antes de que pudiera hacerlo.—La próxima vez sé más rápida —dice con una mueca burlona.—¿Quieres decir que estás admitiendo lo que hiciste? —lo enfrento, porque
—Está bien, hija —respondió, aunque no del todo convencida—. Pero en ese caso, ya sabes lo que tienes que hacer. Mantén la puerta abierta.—Lo sé.—Muy bien, mi amor —dijo con una sonrisa—. Ve a descansar.—Buenas noches —me despedí, poniéndome de pie para caminar hacia mi habitación.En cuanto entré en mi cuarto, me aseguré de dejar la puerta abierta tras de mí. Caminé hasta la cama y me dejé caer sobre ella, agradecida de estar, por fin, allí. Llevé ambas manos a mi rostro, soltando un fuerte suspiro, y antes de dormir decidí darme una ducha.Al ponerme de pie y mirar la puerta del baño, una horrible sensación me oprimió el pecho. Caminé despacio hasta entrar y, al fijar la vista en la bañera, todo lo ocurrido volvió a mí de golpe.Yo sumergiéndome en el agua, perdiendo la conciencia… y, finalmente, viendo a Adam y a mamá llorando sobre el suelo por mí.—Ya pasó, Juliette —me dije, apartando la mirada de ese lugar, para luego entrar a la ducha.Cuando terminé, me vestí con ropa cómo







