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Capítulo 69

last update Fecha de publicación: 2026-11-03 03:44:40
—¿Seguro que estás bien? Pareces tenso —le dijo Stacey con una risita.

Él negó con la cabeza, manteniendo la vista en la carretera. Estaba emocionado, y el corazón le latía con fuerza: sabía que esto era solo el comienzo. Incluso pensaba en ir así a la escuela, sin el chofer.

Ya habían terminado los exámenes finales, y su clase había organizado una excursión para el fin de semana: una forma de relajarse después de tanto esfuerzo, y también una celebración por el fin de la secundaria, un logr
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  • Un Matrimonio sin amor    Capítulo 100

    —Vaya… sí, qué casualidad —dijo él con tono sorprendido—. Estoy aquí con mis padres. ¿Y usted? ¿Está aquí con su hija? —preguntó, como si en verdad no supiera que Nathalie estaba con ella. Isabella pensó para sus adentros que, de existir un premio a la mejor actuación, él se lo merecería sin duda alguna. Abrió mucho los ojos, se llevó una mano a la boca y fingió el asombro más genuino al verlas, como si no tuviera la menor idea de que se encontrarían allí. —Así es —respondió ella con una sonrisa tranquila, y luego miró hacia la pareja de ancianos que lo acompañaba y les dedicó un saludo amable—. Nathalie, saluda a la abuela y al abuelo… y también al tío James. Creo que ya lo conociste antes, ¿te acuerdas de él? Nathalie frunció levemente el ceño, entrecerrando los ojos como si rebuscara en sus recuerdos, intentando ubicar al hombre que tenía delante. —¿Acaso es el señor del restaurante? —preguntó la pequeña, mirándolo fijamente con curiosidad—. ¿Cuando estábamos en el centro comer

  • Un Matrimonio sin amor    Capítulo 99

    Y tras decir aquello, soltó una risita feliz que llenó toda la estancia. Isabella se quedó mirándola, asombrada por sus palabras. Parecía que su hija tenía un don especial para decir las cosas más tiernas y halagadoras, y ella no pudo evitar sonreír con ternura al escucharla. Pero sabía que no eran simples palabras de cortesía: se lo podía confirmar viendo con qué ganas y qué alegría comía cada bocado. —Gracias, preciosa. Me llena de alegría saber que te ha gustado —respondió el tío Pablo, y aquella sonrisa suya permaneció intacta en su rostro, cálida y sincera. —Yo estoy completamente de acuerdo con Nathalie, tío Pablo —añadió Lily con voz suave y complacida—. Esto es realmente exquisito. Debería prepararnos este plato más a menudo. Las tres estallaron entonces en una risa compartida, alegre y ligera, que llenó la cocina de calidez. Isabella las observaba a todas, una tras otra, sentadas a la mesa del comedor. Y de pronto, una punzada de dolor le atravesó el pecho, justo en medio

  • Un Matrimonio sin amor    Capítulo 98

    Adrian recordó entonces aquella conversación que mantuvieron tiempo atrás, cuando Nathalie hablaba de la posibilidad de tener un hermano. Sus palabras resonaban con claridad en su mente: le había dicho que sería casi un milagro que eso ocurriera algún día. Y recordó también el rostro de Isabella en aquel instante: la sorpresa, la decepción, la sombra de tristeza que cruzó su mirada. Para aliviar su dolor, él le susurró enseguida que solo estaba bromeando, que no se lo tomara en serio. Pero en el fondo de su corazón, sintió una punzada aguda y silenciosa que jamás olvidó. Sabía cuánto anhelaba ella ser madre de un hijo de su carne y su sangre, un hijo que fuera fruto de los dos. Y lamentablemente, por razones que ella nunca llegó a conocer, él no había podido dárselo. Nunca tuvo el valor de confesarle la verdad. No sabía cómo decírselo, y temía con toda su alma cuál sería su reacción al descubrirlo. Le aterraba pensar cómo lo tomaría, qué sentiría al saber que aquello que más deseaba

  • Un Matrimonio sin amor    Capítulo 97

    —Sucedió hace mucho tiempo, niña… en aquellos días en que tu mamá y tu papá tuvieron un malentendido muy grande. La señora Bennett, tu abuela, mandó salir a todos los sirvientes de la casa, y entonces tú y tu mamá se quedaron solas en casa de tus abuelos. Eras apenas una niñita muy pequeña en aquel entonces, así que es muy probable que no lo recuerdes. Y aquella tarde, para colmo, empezó a llover con una fuerza tremenda. Tu papá no tuvo más remedio que llamarme. Me pidió que fuera a ayudarlo en la cocina, porque la lluvia era tan intensa que ni siquiera se podía conducir hasta el restaurante más cercano para pedir comida. Y así fue como me puse a cocinar para él. Con mucho gusto preparé todo… y te aseguro que le encantó. Lo comió con mucho gusto y me pidió que repetiría. —¡Qué curioso…! —murmuró Nathalie con los ojos muy abiertos, escuchando fascinada aquella historia. Asentía sin dejar de mirar al tío Pablo, imaginándose a su padre pequeño y lejano, comiendo aquella pasta igual que

  • Un Matrimonio sin amor    Capítulo 96

    Una vez fuera, él se apresuró a ofrecerla acompañarla hasta su casa. Esta vez no lo dijo como antes, sino con firmeza, convencido de que no aceptaría un no por respuesta. Había decidido llevarla personalmente, asegurarse de que llegara bien y a salvo. —La verdad es que mi apartamento no está lejos de aquí —le dijo Stacey con voz suave en cuanto salieron del restaurante y comenzaron a caminar juntos por la acera—. Podemos ir caminando, si te parece bien. ____________ Isabella contemplaba extasiada la belleza que se extendía ante sus ojos. Estaba sentada junto a la orilla del lago de Alberta, observando cómo el sol comenzaba a ocultarse lentamente tras el horizonte, tiñendo todo de colores cálidos. Aún no había llegado el invierno a aquel lugar, sin embargo, podía sentir la brisa fresca y ligera acariciarle todo el cuerpo, una sensación suave y relajante que parecía querer aliviar cada una de sus cargas. La puesta de sol era espectacular: aquel tono naranja intenso se reflejab

  • Un Matrimonio sin amor    Capítulo 95

    El sonido claro y cristalino de las copas al chocar resonó en el silencio de la mesa, pero aquel sonido fue lo único que él escuchó, porque las palabras de ella lo habían tomado por sorpresa, desprevenido. Sintió que el corazón le daba un vuelco repentino, como si algo se le hubiera despertado de golpe en el pecho. ¿Qué quiso decir con eso? ¿Por qué habló así? ¿Estaba ella intentando decirle algo más, algo que él no había sabido ver? Y justo cuando la confusión empezaba a apoderarse de su mente, una imagen apareció de golpe en su pensamiento, nítida y vívida: el rostro de su pequeña Nathalie. Y tras ella, el rostro de Isabella. Su esposa. La mujer que lo esperaba lejos de allí. De la nada, su mente se llenó de golpe con la imagen de su hija y de su esposa. Y sin saber bien por qué, una punzada de culpa lo atravesó. ¿No era esto precisamente lo que había deseado durante los últimos días? ¿Dejar de pensar en Isabella, porque cada recuerdo le destrozaba el corazón al recordar lo que

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