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Capítulo 5

Autor: Leslie g
last update Fecha de publicación: 2026-03-02 20:02:48

El aeropuerto estaba lleno de parejas felices.

Por supuesto que lo estaba.

Mujeres abrazando brazos masculinos, hombres empujando maletas con entusiasmo de recién casados, besos exagerados frente a las pantallas de vuelos internacionales.

Yo estaba sola.

Con un boleto que decía “2 pasajeros” y una dignidad que viajaba en clase económica.

No iba vestida como novia despechada. Iba vestida como mujer que decidió que si ya perdió el noventa por ciento del boleto, al menos iba a usar el maldito asiento. Jeans, blusa sencilla, gafas oscuras estratégicas para esconder ojeras.

Respiré hondo cuando anunciaron el embarque e intenté convencerme de que podía hacer esto, que al final solo era un vuelo, un simple trayecto en el que nadie me conocía, nadie sabía que debía estar recién casada y nadie iba a preguntarme por un esposo que oficialmente ya era una anécdota vergonzosa.

Subí al avión repitiéndome que todo estaría bien, avancé por el pasillo estrecho contando filas como si eso me diera estabilidad emocional y busqué mi asiento con la concentración de alguien que necesita una pequeña victoria en el día. Fila catorce, asiento B. Perfecto, el del medio, ese espacio diseñado específicamente para que una persona reevalúe todas sus decisiones de vida mientras pelea por un centímetro de reposabrazos.

No era ventana para mirar dramáticamente las nubes ni pasillo para fingir independencia estratégica; era el centro exacto de la incomodidad humana.

Ajusté la correa de mi bolso, levanté la vista para identificar a mis compañeros de sufrimiento aéreo y fue entonces cuando el universo, que claramente estaba aburrido, decidió entretenerse a mi costa.

Traje oscuro incluso para volar. Espalda recta. Perfil impecable. Mirada fija en la pantalla del teléfono como si estuviera cerrando una adquisición millonaria a diez mil metros de altura.

Adrián Castellanos.

Mi jefe estaba sentado justo en el asiento 14A, cómodamente instalado junto a la ventana, como si incluso en clase turista el universo le respetara la jerarquía. Por supuesto le había tocado ventana. A él siempre le tocaba ventana.

Parpadeé varias veces, convencida de que el cansancio emocional me estaba provocando alucinaciones corporativas, y bajé la mirada para revisar mi boleto una vez más, esperando que mágicamente el 14B se transformara en cualquier otro número menos ese.

Pero no.

Catorce.

B.

Levanté la vista hacia el asiento del medio, luego hacia él, luego otra vez hacia el asiento, como si en algún punto el avión fuera a reorganizarse por compasión, y finalmente lo miré directamente, aceptando que mi luna de miel en solitario acababa de convertirse en un viaje supervisado por el hombre que ni siquiera recordaba mi nombre correctamente.

Él levantó la vista lentamente, como si sintiera que alguien estaba interfiriendo en su espacio aéreo personal.

Sus ojos bajaron a mi boleto.

Luego a mi rostro.

Luego, inevitablemente, al asiento vacío entre su cuerpo y el pasillo.

—Vega.

No era una pregunta.

Era una constatación ligeramente inconveniente.

Tragué saliva.

—Señor.

Hubo un silencio incómodo mientras detrás de mí se formaba la fila de pasajeros impacientes.

—Ese es mi asiento —dije, señalando el 14B con la dignidad de quien ya no tiene nada más que perder.

Miró el número.

Miró mi cara.

Volvió a mirar el número.

Y por primera vez desde que lo conocía, pareció genuinamente sorprendido.

—Interesante coincidencia.

Ah, claro. Coincidencia.

No el universo riéndose de mí.

—El avión está lleno —murmuré, porque lo estaba.

—¿Luna de miel?

—Algo así —finjo una sonrisa.

La azafata sonreía con esa sonrisa profesional que dice “si no se sientan rápido, despego sin ustedes”.

Adrián se movió apenas, dándome el mínimo espacio necesario para pasar.

Y así, con toda la elegancia que puede tener una mujer que va sola a su luna de miel cancelada, me acomodé en el asiento del medio junto al hombre que no sabía mi nombre… pero ahora sabía que viajábamos juntos.

Perfecto.

Catorce filas dentro del avión.

Y cero posibilidades de escapar.

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