LOGINPunto de vista Madison Moría de deseos por sentir la explosiva polla de Maximiliano penetrando mi interior, el castigo impuesto me estaba afectando mucho más a mí, que a él.Sin embargo, yo no tenía problema de que él fuera un mafioso, jure en el altar amarlo de manera incondicional, ser su mujer y amarlo y respetarlo hasta que la muerte llegue para cualquiera de los dos, o para los dos, porque si él llegará a morir, tendrían que enterrarme con él. ¡No soportaría una vida en donde Maximiliano Ferrer no acompañara mis días!Pero, Mía Ferrer era quien realmente me preocupaba, una niña tan inteligente como ella no debía estar viviendo situaciones que la afectaran, desde que era tan solo una niña, presenció como la mafia invadió sus espacios, empezando por la madre que la vida le concedió, un demonio sin escrúpulos ni sentimientos, que fue capaz de arriesgarla en un atentado, sin tener un poco de piedad ni compasión.Suspiré al verla sentada en la alberca jugando con Sebastián, quería pe
Madison apretó mi mano mientras íbamos de camino al despacho, su tacto era suave y tibio.No necesite más de cinco minutos para que mi amigo se hinchara como si fuese a explotar.—Madison preciosa, te deseo tanto.Abrí la puerta del despacho, y ella me empujó hacia adentro, cerró la puerta con un fuerte golpe a sus espaldas, y me miró fijamente.—¿Me deseas, esposo?—¡Oh si! Madison , claro que sí, te deseo como desde el primer día que vi tu cuerpo menudo, batallando por huir aquella noche.Madison no dejaba de mirarme, sus ojos estaban ardiendo, se mordía los labios con intensidad.Bajó una tiranta de su blusa y dejó uno de sus senos al descubierto, luego bajó la otra y los dejo completamente descubiertos.La blusa cayó al piso, y su vientre que ya no estaba tan plano quedó al desnudo, solamente su pantalón de algodón cubría su parte inferior.Me acerqué a ella lentamente, aunque cojeaba, mis pasos eran firmes y sabían a la perfección mi destino, mi amada y seductora esposa, la mi
Respiré profundo, sabía que la conversación que debía sostener con Mía no sería fácil. Si de por sí, entender a una mujer ya era complicado, no me podía ni imaginar cómo sería entenderla en plena adolescencia, cuando las hormonas están trabajando al cien por ciento.Salí de mi oficina y la encontré en la sala de estar. Mía estaba absorta en un libro de economía que había encontrado en mi biblioteca. Desde que lo descubrió, se había empeñado en comprender el concepto de 'ceteris paribus'.Sentí orgullo al ver que mi hija ya estaba enfocada en la decisión de estudiar una carrera profesional, en lugar de seguir las conductas típicas de otras niñas de su edad.Aclaré mi garganta para sacarla de sus pensamientos. Mía levantó la cabeza y me dedicó una pequeña sonrisa con la comisura de los labios. Colocó un separador en su libro y cerró la tapa.—Hola, papá.—Hola princesa, ¿Cómo va la lectura? —Bien, aun no comprendo cómo algunas variables pueden incidir en los resultados de suposiciones,
Punto de vista Maximiliano Tres años pasaron desde que nació mi hija, aún recuerdo el día del parto y la ansiedad que sentíamos con Madison por saber la sorpresa, ella apostaba a que era un varón y yo apostaba a muerte, que era otra princesa.La vida me concedió el verdadero placer de una tercer mujer en mi vida. Sherry, una preciosa criatura de tez blanca y ojos grises como los de su padre, también como los de su hermana.Mía ya estaba próxima a cumplir los quince años, ya era toda una señorita, su cabello estaba largo hasta la cintura, sus ojos brillaban con la fe de la adolescencia, y su cuerpo había abandonado el porte de niña, para convertirse en una mujer.Algo que dolía en mi alma, pues en su corazón, ya estaban apartados sus sentimientos de amor, mi pequeña ya estaba enamorada, y lo estaba desde hace un año, que formalizo su relación con Sebastián, el hermano de Philipe.—¿En qué piensas mi amor? —Madison entró a mi despacho con la pequeña Sherry de su mano, mis mujeres era
3 meses más tarde Punto de vista MaximilianoFinalmente regresé a la mansión después de una larga estancia en el hospital, pero lo hice con una sonrisa de oreja a oreja. Los médicos habían sido pesimistas, asegurando que no volvería a caminar, y sin embargo, ahí estaba yo, dando pasos lentos pero firmes.Aunque necesitaba apoyarme en un bastón y caminaba muy despacio, mi recuperación avanzaba de manera satisfactoria. Estos tres meses habían sido cruciales para mi vida, llenos de eventos significativos.Primero, la pancita de Madison ya estaba notablemente crecida, y sus hormonas también se notaban. Decidimos esperar hasta el nacimiento de nuestro bebé para conocer su sexo; queríamos que fuera una sorpresa.Afortunadamente, confirmé que mi padre había fallecido a causa de un paro cardíaco, una muerte natural que esperábamos desde que supimos de su enfermedad. No murió en la explosión que causó Samantha en su casa.Manuel y Mérida, mis sobrinos, se convirtieron en los herederos unive
Punto de vista MaximilianoParecía que estaba viviendo un sueño, ¿o más bien una pesadilla? Enterarme de que podía quedar paralítico era un desastre. Yo era el pilar de mi familia y mi organización; postrado en una silla de ruedas no podría hacer mucho.¿Y Madison ? Sería egoísta de mi parte hacer que ella se quedara al lado de un hombre como yo, que ni siquiera podía satisfacerla sexualmente. Ahí estaba ella, con sus ojos clavados en los míos mientras se acercaba más a mi miembro.Un miembro que no iba a funcionar, pues la movilidad de mi cuerpo de la cintura para abajo se había limitado y era casi imposible que yo pudiera tener una erección. Sin embargo, eso no quería decir que no sintiera nada. Al verla tan cerca de mi intimidad, mi corazón empezó a latir con fuerza.La excitación de mi cuerpo era evidente: mis vellos se erizaron y mi estómago subía y bajaba agitado. ¡Maldita sea! Cómo la deseaba.—Tú sí me puedes dar placer, Maximiliano —dijo con enojo.—Preciosa, yo… yo… —titubeé







