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Capítulo 15: Condiciones.

Autor: J. I. López
last update Data de publicação: 2024-12-19 06:02:42
Narra Dalila:

“Solo mantente firme al pacto”

Elikai Kingsley, el Rey Alfa, me había dicho aquello. Un mar de dudas me cruzó por la mente, en el instante mismo en que lo vi caminar hacia la servidumbre que bajaba a recibirlo.

Mi corazón latía con demasiada fuerza, tanto, que realmente creí que en un instante me estallaría dentro del pecho. Aquella daga que aquel Alfa había dejado en mis manos para que fuese yo quien le quitase la vida, estaba afiliada, y el olor del acero mezclado con el inconfun
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  • Un pacto con el Alfa Kingsley   Capítulo 49: La humanidad.

    El paso de los años se marcaba en cada rostro, en cada monumento…en cada lágrima que era arrastrada por el viento. Una monja ataviada en sus hábitos completamente negros, observaba el vaivén de las personas en aquella plazoleta y bajo la sombra protectora de un umbral antiguo. La luz del sol bañaba a los humanos, y ellos, en sus sonrisas y alegrías, no reparaban en su presencia.Por supuesto, la luz siempre permanecía ajena a la oscuridad, y los humanos eran completamente ignorantes en aquellos tiempos modernos sobre los que eran como ella.Hijos de la noche bendecidos con la inmortalidad.—Hola señorita, es usted muy bonita. — dijo un pequeño que se había quedado absorto ante la belleza inmortal de aquella monja.Jenica Petre, la monja vampiro y consorte del cuarto príncipe, dio una mirada fría y despojada al pequeño niño no mayor a los ocho años que se acercaba a ella con la inocencia propia de su tierna edad, con una rosa blanca entre sus manos que le obsequiaba a ella.El color de

  • Un pacto con el Alfa Kingsley   Capítulo 48: El amor y la profecía.

    Dalila sentía mil explosiones surgir como fuego dentro de ella, aquello, que podría ser tan mal visto en los territorios de los padres de su amado, hacia su sangre hervir en un calor distinto, uno que la hacía desear, uno que le hablaba de mil sensaciones placenteras y desconocidas, logrando entorpecer sus sentidos y hacer flaquear su voluntad, si no se detenían en ese momento, si todo continuaba tal cual estaba ocurriendo, tendría su primera vez en medio de la espesura verde del bosque, y aquello, aquello no estaría bien… sin embargo, no podía detenerlo ni detenerse.El sonido de voces desconocidas acercándose, los hizo salir de aquella ensoñación que estaban viviendo, mirándose el uno al otro, con el cabello revuelto y la ropa desacomodada, ambos se sonrojaron al caer en cuenta sobre lo que habían estado haciendo, ninguno podría expresar palabra alguna, era demasiado vergonzoso, demasiado pronto, demasiado inesperado, pero, aun así, ninguno se sentía realmente arrepentido de ello.—

  • Un pacto con el Alfa Kingsley   Capítulo 47: Su elegida.

    En la soledad de su alcoba, Dalila observaba en el espejo aquella casi imperceptible marca entre su hombro y cuello que una vez Elikai Kingsley le había hecho cuando solo eran unos niños, no recordaba muy bien como había sido aquello, tan solo sus memorias le decían que había sido el joven moreno quien se la había provocado.Sus pensamientos nuevamente viajaban a aquel apuesto muchacho al que había amado desde el momento en que el la rescató de morir, y desde ese momento Elikai siempre estaba de alguna manera en sus pensamientos, incluso, lo veía en medio de sus pesadillas salvándola de aquel hombre de cabellos de plata, no importaba donde o con quien estuviese, Elikai siempre prevalecía en medio de su corazón y pensamientos, como una hermosa rosa que jamás se podría ni quería arrancar, sin embargo, él no le estaba diciendo todo, y la sola idea de perderlo la heria profundamente.Tomando valor, Dalila se escapaba de nuevo de los aposentos apartados de los de Elikai en donde el rey Art

  • Un pacto con el Alfa Kingsley   Capítulo 46: Su salvación.

    Dalila sentía su cuerpo arder, nunca antes había imaginado el enorme placer que aquello podía darle...lo había imaginado, por supuesto, el momento en que su cuerpo virginal sería tomado por el hombre al que amaba...pero aquel placer era tanto que creía no poder soportar más de ello, la mirada bicolor, salvaje, cegada de amor y pasión la hacían estremecerse como nunca lo había hecho, los cabellos sedosos y plateados que hacían cosquillas a su vientre...los acariciaba deseando no apartarse de ellos nunca más...el rostro de Elikai había descendido hasta donde se hallaba su intimidad, avergonzada y sabiendo lo que estaba a punto de hacer...Dalila cubrió su rostro que estaba encendido como brasas de fuego...el lobo sonrió con gentileza.— No te avergüences vida mía...y déjame llevarte hasta donde nunca habías estado antes. — dijo con voz ronca y sensual el apuesto lobo de piel morena y cabellos plateados.Dalila gimió cuando sintió la hábil lengua de su amado sumergirse en su húmeda intimi

  • Un pacto con el Alfa Kingsley   Capítulo 45: En los campos de flores.

    Artem Kingsley observaba a su hijo entrando con aquella mujer tomando su mano. Una expresión de disgusto se dibujó en su rostro, pues, sabia, aquella mujer ya tenia un destino marcado, y su hijo, tenía el propio.Por más que él lo deseara, no podía cambiar el destino de Elikai…pues vencer y perecer era la promesa que liberaría a los lobos del látigo de los vampiros para siempre.Génesis miraba a su alfa, y sabiendo bien que Artem no estaba de acuerdo con que Elikai renunciara a su cruel destino, sollozó en silencio.—Esta noche no hablaré con el…les permitiré descansar, así que puedes estar tranquila, mi amada…pero tienes que comprenderlo, no podemos hacer nada para evitar que ocurra lo que tiene que ocurrir…yo tampoco quiero perder a mi único hijo. — dijo Artem para luego salir y dejar a Génesis sola.Elikai no se sorprendió de no ser recibido por sus padres; conocía bien el deseo del poderoso Artem Kingsley, su padre tan solo quería que el cumpliese con la profecía al pie de la letr

  • Un pacto con el Alfa Kingsley   Capítulo 44: El destino.

    Ojos de oro miraban con suma atención al joven lobo que acababa de aparecer a las orillas de un lago, el primer maldecido lo observaba sin perder detalle dentro de su eterna vigilancia; ese era Elikai Kingsley, aquel al que debía acabar para asegurar la supervivencia de su legado inmortal, el niño de la profecía nacido del sol y de la luna que le regalaría, supuestamente, la muerte. Era un lobo hermoso, de fino pelaje negruzco y plateado, sin duda, un hijo de su casta legendaria, aun así, debía acabarlo, pues de no hacerlo, el perecería sin la oportunidad de amar a su Dalila, su compañera, y, aun y cuando la eternidad le resultaba tan dolorosa, no quería dejar de existir, pues para el no habría la paz de la muerte que sus hijos si tendrían al perecer.En aquella bruma, Caín, el primero, pudo ver como aquel joven lobo se transformaba en un hermoso muchacho de cabellos plateados y piel morena, y sus ojos bicolores, dorado y amatista, lo miraron con desprecio, odio y aberración.—Dalila

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