LOGINDalila Alcalá es una mestiza esclavizada en la manada Raksha, que la ha acogido desde que era una niña tan solo para ocultar su vergüenza. Hija de una poderosa loba y de un ser humano, Dalila ha nacido sin poder alguno, sin embargo, el Alfa Cyrus, quien le ha prometido convertirla en su Luna al crecer, era su única luz de esperanza. Sin embargo, luego de descubrir que aquella promesa era tan solo un engaño cruel, y de ver que el Alfa que le hizo esa promesa, ha escogido a Antonia, su cruel verdugo de infancia, como su única Luna, Dalila ha perdido toda fe y esperanza. Rechazada y humillada, ella ha decidido morir, sin embargo, ha sido salvada por un hombre improbable: el Rey Alfa Elikai Kingsley. Kingsley le ha hecho una oferta a Dalila, una que le prometía todo aquello que realmente deseaba: venganza en contra de aquellos que la lastimaron. Dalila ha aceptado ser la Luna del Rey Alfa, sin saber cuanto cambiaria el sendero de su destino. ¿Pero, aquel pacto será así de simple?, ¿O algo más oscuro ronda? El destino del Alfa Kingsley, y una profecía del pasado, pondrán las reglas del juego. Un pacto con el Alfa Kingsley de J. I. López.
View MoreEl paso de los años se marcaba en cada rostro, en cada monumento…en cada lágrima que era arrastrada por el viento. Una monja ataviada en sus hábitos completamente negros, observaba el vaivén de las personas en aquella plazoleta y bajo la sombra protectora de un umbral antiguo. La luz del sol bañaba a los humanos, y ellos, en sus sonrisas y alegrías, no reparaban en su presencia.Por supuesto, la luz siempre permanecía ajena a la oscuridad, y los humanos eran completamente ignorantes en aquellos tiempos modernos sobre los que eran como ella.Hijos de la noche bendecidos con la inmortalidad.—Hola señorita, es usted muy bonita. — dijo un pequeño que se había quedado absorto ante la belleza inmortal de aquella monja.Jenica Petre, la monja vampiro y consorte del cuarto príncipe, dio una mirada fría y despojada al pequeño niño no mayor a los ocho años que se acercaba a ella con la inocencia propia de su tierna edad, con una rosa blanca entre sus manos que le obsequiaba a ella.El color de
Dalila sentía mil explosiones surgir como fuego dentro de ella, aquello, que podría ser tan mal visto en los territorios de los padres de su amado, hacia su sangre hervir en un calor distinto, uno que la hacía desear, uno que le hablaba de mil sensaciones placenteras y desconocidas, logrando entorpecer sus sentidos y hacer flaquear su voluntad, si no se detenían en ese momento, si todo continuaba tal cual estaba ocurriendo, tendría su primera vez en medio de la espesura verde del bosque, y aquello, aquello no estaría bien… sin embargo, no podía detenerlo ni detenerse.El sonido de voces desconocidas acercándose, los hizo salir de aquella ensoñación que estaban viviendo, mirándose el uno al otro, con el cabello revuelto y la ropa desacomodada, ambos se sonrojaron al caer en cuenta sobre lo que habían estado haciendo, ninguno podría expresar palabra alguna, era demasiado vergonzoso, demasiado pronto, demasiado inesperado, pero, aun así, ninguno se sentía realmente arrepentido de ello.—
En la soledad de su alcoba, Dalila observaba en el espejo aquella casi imperceptible marca entre su hombro y cuello que una vez Elikai Kingsley le había hecho cuando solo eran unos niños, no recordaba muy bien como había sido aquello, tan solo sus memorias le decían que había sido el joven moreno quien se la había provocado.Sus pensamientos nuevamente viajaban a aquel apuesto muchacho al que había amado desde el momento en que el la rescató de morir, y desde ese momento Elikai siempre estaba de alguna manera en sus pensamientos, incluso, lo veía en medio de sus pesadillas salvándola de aquel hombre de cabellos de plata, no importaba donde o con quien estuviese, Elikai siempre prevalecía en medio de su corazón y pensamientos, como una hermosa rosa que jamás se podría ni quería arrancar, sin embargo, él no le estaba diciendo todo, y la sola idea de perderlo la heria profundamente.Tomando valor, Dalila se escapaba de nuevo de los aposentos apartados de los de Elikai en donde el rey Art
Dalila sentía su cuerpo arder, nunca antes había imaginado el enorme placer que aquello podía darle...lo había imaginado, por supuesto, el momento en que su cuerpo virginal sería tomado por el hombre al que amaba...pero aquel placer era tanto que creía no poder soportar más de ello, la mirada bicolor, salvaje, cegada de amor y pasión la hacían estremecerse como nunca lo había hecho, los cabellos sedosos y plateados que hacían cosquillas a su vientre...los acariciaba deseando no apartarse de ellos nunca más...el rostro de Elikai había descendido hasta donde se hallaba su intimidad, avergonzada y sabiendo lo que estaba a punto de hacer...Dalila cubrió su rostro que estaba encendido como brasas de fuego...el lobo sonrió con gentileza.— No te avergüences vida mía...y déjame llevarte hasta donde nunca habías estado antes. — dijo con voz ronca y sensual el apuesto lobo de piel morena y cabellos plateados.Dalila gimió cuando sintió la hábil lengua de su amado sumergirse en su húmeda intimi
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