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Capítulo 27: Contratada

last update Fecha de publicación: 2025-09-26 12:39:49
••Narra Kiara••

¿En qué momento había llegado a la cama?

Recordaba ver el correo electrónico de mi despido. ¡Despedida en mi primer día de trabajo! Era una pesadilla. Los golpes me llegaban de ambos lados. La vida ni siquiera me daba un descanso para asimilar lo que ocurría, simplemente recibía un puñetazo tras otro.

Y después fui al pasillo, para intentar comunicarme con el supervisor de la editorial, pero no me cogió la llamada. Es más, la finalizó. Me ignoró en su totalidad. Recordaba
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Comentarios (1)
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Viviana Traggiay
Los capítulos son demasiado CORTOS!!
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Último capítulo

  • Una albina para el CEO despiadado   Epílogo

    El dolor llegó al amanecer, mi mejilla sintiendo un cosquilleo desagradable que me hizo abrir los ojos de golpe en medio de la oscuridad. El sudor cubría mi cuerpo, pero no sabría diferenciar si era por el miedo o la noche de pasión que compartí con Vinicius. Miré a mi alrededor, asegurándome que estuviera en el lugar correcto. No era la tienda de empeño, Federico no estaba por ningún lado. No… Él ya no estaba. Era parte del pasado. —Solo fue un sueño —susurré, llevándome una mano a mi pecho, el cual palpitaba a una velocidad abismal. Aunque más que un sueño, era una pesadilla. Una que formaba parte de mi pasado. Ya no sufría de esa manera. Esos tiempos oscuros, donde lo único que hice fue llorar y recibir golpes, tratar de escapar una y otra vez de esa mansión, con Kiara cuando aún era tan pequeña, pero siempre terminábamos en el mismo lugar, dentro de la cárcel que Federico hacía llamar hogar. No me importaban los golpes que recibía cada vez que éramos atrapadas en nuestro es

  • Una albina para el CEO despiadado   Vinicius y Evelyn 24

    No tuve más opción que marcharme con mi maleta, las lágrimas empañando mi vista. Los pies me pesaban al salir del hotel, sintiendo como si todos me miran. Cómo si todos supieran lo que ocurrió en esa habitación de hotel.Mantuve la cabeza gacha, tratando de asimilar el dolor emocional. Ni los moretones ni los balones de cabello con la esposa de Vinicius fueron tan dolorosos como el dolor emocional. Después de abrirme con él, de quebrarme ante él, me lastimó. Siempre estuve rodeada de hombres retrógradas, que me hacían sentir inferior. En la casa, en la escuela y en el matrimonio. Y sólo bastó conocer a uno bueno para cambiar mi perspectiva, para pensar que no todos eran tan monstruosos como la vida me los mostró. Y resultó que ese hombre… era igual de cruel. No, era el peor. Porque destruyó algo que ningún otro hombre había logrado construir en mi corazón. Y para mi desgracia, seguía pensando en él, en escuchar su voz y pedirle una explicación. Si me decía que era mentira, sería c

  • Una albina para el CEO despiadado   Vinicius y Evelyn 23

    Las primeras horas me mantuve mirando el techo, procesando la partida de Vinicius. Ni siquiera tuve ganas de tomar el celular para jugar. Él era un hombre silencioso, principalmente observador. Pero este silencio era diferente. Se sentía extraño. ¿Así sonaba la soledad? No sé, pensé que siempre he estado sola y estaba acostumbrada a esa sensación, pero esto era diferente. Podía sentir el vacío más allá de lo físico. ¿Cómo si ausencia podía perturbarme tanto? Ya había amanecido, pero no me quise levantar. Me quedé acurrucada en las sábanas, las cuales contenían su olor varonil. Mi corazón latía con prisa al olisquear la tela, imaginando su cuerpo acostado junto al mío. —Así te quería encontrar —La voz fuerte de una mujer me hizo sobresaltar, sentándome en la cama de golpe—. Enredada en las sábanas de un hombre que no te pertenece. Una mujer alta, de cabello negro ondulado y ojos filosos como los de un gato me observaba con algo parecido a la rabia. Llevaba un vestido negro el

  • Una albina para el CEO despiadado   Vinicius y Evelyn 22

    La puerta de la suite se abrió y cerró con un golpe seco. Esta vez no hubo delicadeza al depositarme sobre la cama. Me soltó sobre el colchón y antes de que pudiera incorporarme, su cuerpo cubrió el mío, atrapándome entre sus brazos. —Vinicius, ¿qué…? —¿Qué? —repitió, burlón, pero en su mirada no había una pizca de gracia—. ¿Qué vas a decirme? ¿Qué no entiendes? ¿Qué necesitas tiempo? ¿Qué no puedes divorciarte con él por miedo? Cada palabra era un latigazo. Principalmente, porque tenía razón. Tenía miedo. —No es así… —¿No? —Su rostro estaba tan cerca que podía contar sus pestañas—. Escúchame bien, Evelyn. Él te daba baratijas. Yo te daré el mundo. Él te mantenía oculta en su casa. Yo te pondré en lo más alto para que todos te vean. Él se burlaba de ti. Yo… Calló, pero su silencio lo decía todo. La forma de mirarme, como si quisiera devorarme de un bocado. Tragué saliva. Sus labios encontraron los míos con una urgencia desesperada, como si necesitara borrar cada recuerdo de

  • Una albina para el CEO despiadado   Vinicius y Evelyn 21

    Las lágrimas corrían por mis mejillas, saladas. La gente me evitaba cuando pasaba a su lado, como si fuera una peste. Mi cabello blanco, mi piel pálida y ojos violetas, combinado con mis lágrimas y mis sollozos entrecortados, daba un aire inusual para algunos… Esa era mi manera decente de decir que seguro me confundían con la llorona. Encontré una plaza, sentándome en el primer banco que se me cruzó por el frente. No me gustaba el sol, pero en estos momentos, era lo que menos me importaba. El calor de mi piel era irrelevante comparado con el dolor en mi pecho. Era como si me estuvieran oprimiendo desde adentro y no pudiera hacer nada para aliviarme. Jamás estuve enamorada de Federico y sé que él tampoco lo estaba de mí, que solo quería una mujer que lo satisfaga en la noche y en el día se comporte como una sirvienta modelo. Pero… cuando me regalaba esas joyas sin razón alguna, sin necesidad de ser un aniversario, no podía evitar sentirme valorada. Mis padres jamás me daban obse

  • Una albina para el CEO despiadado   Vinicius y Evelyn 20

    ••Narra Evelyn••No supe cómo introducir la tarjeta en el celular. Esperé a Vinicius mientras atendía una llamada en el balcón, pero tardaba demasiado. O, al menos, así lo sentía. Los minutos pasaban y me imaginé que era algo del trabajo, que posiblemente salió mal. Edwina. Ese era el nombre en la pantalla. No me gustaba ese nombre, me producía un malestar en el estómago. No sabía por qué. —Tal vez era una empresaria, una socia... o si asistente —Me dije a mí misma. No podía evitar pensar en qué clase de empresario era Vinicius. Jamás le pregunté y no recordaba a Federico mencionando ese apellido. Y eso que estaba en su etapa de acosar a los peces gordos para codearse con ellos o quitarles una buena tajada de dinero con sus famosas… inversiones. Ese hombre jugaba mucho con el dinero de los demás. Pobres y ricos. Sabía cómo hablar, como manipular y convencer. Era un hombre muy desagradable y malgastan el dinero, pero de una forma que no entendía siempre lograba conseguir más a ma

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