LOGINContenido adulto. Explícito. Provocador. Entre el placer y el peligro, no hay reglas, solo límites por poner a prueba. En este segundo volumen de la serie Tabú, el deseo adopta nuevas formas y el cuerpo se convierte en territorio de entrega, dominación y secretos inconfesables. Cada relato se sumerge en un universo distinto: lujuria a media luz, sumisiones consentidas, fantasías que arden en la piel y juegos que desafían la moral, el poder y el placer. Hombres y mujeres se despojan no solo de la ropa, sino también de las máscaras. Ataduras, vendas, órdenes susurradas y gemidos prohibidos: nada aquí es inocente. En “Tabú: Ataduras & Pecados - Fetiches”, el fetiche es rey y el pecado, una invitación. Prepárate para perder el aliento, cruzar fronteras y descubrir el lado más crudo e irresistible del deseo humano. Tabú: Ataduras y Pecados - Fetiches no es solo una lectura. Es una rendición.
View MoreElla lamió todo lo que pudo alcanzar con la lengua, recogiendo el semen de los labios y de la barbilla. Tragó una parte, dejando que el resto se escurriera a propósito por sus tetas, brillando sobre su piel sudorosa. Pedro seguía duro, la polla palpitando incluso después de correrse tanto. Bajó un poco, frotó la cabeza empapada contra las tetas de ella, esparciendo su propio semen por los pezones. — Mira el estado de tu cara… toda pintada de leche del vecino — dijo él con una sonrisa sucia—. Te ves aún más rica así, toda embadurnada. Leticia sonrió, lamiendo sus labios despacio, con los ojos todavía llenos de deseo. — Aún quiero más… — pidió ella, voz ronca—. Métela otra vez. Quiero correrme una vez más con tu polla dentro de mí, aunque esté llena de tu leche. Pedro no necesitó más invitación. Bajó, puso a Leticia boca arriba otra vez, levantó su pierna y metió la polla aún dura en el coño empapado. Ahora la entrada estaba aún más resbaladiza, llena de su propio semen mezclado co
Pedro no aguantaba más la espera. Su polla palpitaba dolorida, empapada hasta la base con el semen espeso y transparente de Leticia. La agarró por las caderas, la levantó del sofá como si no pesara nada y la llevó directamente al dormitorio. Leticia reía bajito, jadeante, sus tetas pesadas balanceándose contra el pecho sudoroso de él. La tiró sobre la cama de matrimonio aún deshecha; las sábanas nuevas olían a lavanda, ahora mezcladas con sudor y deseo. Leticia cayó de espaldas, piernas abiertas, el coño rojo e hinchado palpitando, los labios mayores separados y brillantes de tanto jugo. Pedro subió a la cama, la colocó de lado con un movimiento brusco, agarró la pierna de arriba y la levantó bien alto, exponiéndolo todo otra vez. El coño estaba destrozado de tanto follar: hinchado, rojo oscuro, abierto, chorreando una mezcla cremosa de jugos y saliva. Sujetó la polla gruesa por la base, la cabeza aún palpitante, y la apoyó en la entrada caliente. Empujó despacio esta vez, centímetr
Pedro sudaba bastante ahora. Su cuerpo chocaba contra el de ella con fuerza, piel contra piel, el sonido húmedo mezclándose con los azotes y los gemidos. Soltó el pelo de ella por un momento solo para agarrar los dos lados de su culo, abriéndolo más, mirando cómo la polla entraba y salía, viendo el culito parpadear con cada embestida.— Mira cómo tu coño está todo rojo… hinchado… chorreando jugo en mi verga — dijo él, con la voz entrecortada—. Me estás mojando entero, joder. Me estás embadurnando los huevos. Te gusta que te den polla gruesa así, ¿verdad? Te gusta que te follen sin piedad.— Me gusta… me encanta — confesó Leticia, con la voz fallando de placer—. Quiero más… métemela más rápido. Quiero sentirte bien profundo. Golpea mi útero, joder. Hazme correr de nuevo.Él obedeció. Agarró la cintura de ella con las dos manos otra vez y empezó a follarla con más velocidad y fuerza. Estocadas cortas y brutales, sacando la polla casi entera y volviéndola a clavar hasta el fondo, los hue
Letícia se puso a cuatro patas en el sofá, con las rodillas hundidas en los cojines, el culo bien empinado hacia arriba y las dos manos apoyadas en el respaldo. La posición lo dejaba todo expuesto: el culo redondo y suave abierto, el culito rosado parpadeando ligeramente y, justo debajo, el coño hinchado, rojo, completamente abierto y chorreando. Un hilo grueso y brillante de excitación le caía de los labios carnosos, bajando por la cara interna del muslo y mojando el sofá. Ella miraba por encima del hombro, con los ojos vidriosos de deseo, mordiéndose el labio inferior.Pedro se quitó el moletón de un tirón y lo lanzó al suelo. La polla saltó libre, pesada, balanceándose en el aire. Era gruesa, venosa, con una cabeza roja e hinchada que brillaba por el precum que escurría en un hilo continuo. Los huevos pesados estaban llenos, colgando justo debajo. Escupió en la palma de la mano derecha, un escupitajo grueso y ruidoso, y lo pasó despacio por toda la verga, lubricando la piel calient






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