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Capítulo: Envidia sigilosa

Autor: J.D Anderson
last update Data de publicação: 2026-03-10 16:16:38

Siguió caminando hacia la calle, sin un rumbo fijo, solo queriendo alejarse de los gritos que venían de adentro. 

Se pasó una mano por la cara, quitándose el sudor y los restos de maquillaje. 

—¡Marisol! —escuchó a sus espaldas.

Era Lara, que corría hacia ella recuperando el aliento. Tenía los ojos muy abiertos y una expresión de asombro total.

—¡Por Dios, amiga! ¡Lo que hiciste fue una locura… una locura increíble!

Marisol se giró y sonrió con verdadera satisfacción.

—Se lo merecen —respondió con una calma helada—. Por infieles. Por traicioneros. Por pensar que podían engañarme y seguir adelante como si nada.

Lara abrió los brazos, entusiasmada.

—Te admiro, amiga. No cualquiera hace lo que tú acabas de hacer. Eres bendecida, en serio. —La observó de arriba abajo—. Mira nada más… hermosa, joven, con dinero, y ahora libre de un perro infiel. ¡Eres invencible!

Marisol negó con la cabeza y bajó un poco la mirada, agotada.

—Invencible no… solo cansada. Quiero irme a casa, quitarme este vestido que ya no soporto y llorar todo lo que no he llorado. 

—¿Llorar? —Lara alzó una ceja—. Ah no, mi amor. Tú no vas a llorar. No hoy. Hoy vas a celebrar. —La tomó del brazo—. ¡Vamos! Es hora de festejar que te libraste de un hombre que no te merecía. Hoy vas a conocer lo que es un verdadero hombre, no un traidor de tercera.

Marisol soltó una risa suave, resignada.

—Está bien… te lo concedo.

Subieron al auto de Lara. Marisol miró por última vez la iglesia por la ventana, sin reconocer ya el lugar en el que debió ser feliz.

***

Al llegar a casa, Marisol se desabrochó el vestido con desesperación. Lo tiró al suelo y lo pateó a un lado. 

Respiró hondo, se metió en la ducha y talló su cuerpo con fuerza hasta que el agua caliente la relajó.

Frente al espejo, se tomó su tiempo. Se maquilló con cuidado, marcando sus ojos y pintando sus labios de un rojo intenso que nunca usó antes. Se soltó el cabello y dejó que cayera sobre sus hombros.

Eligió un vestido ajustado, brillante, con una caída elegante y un escote sutil. Se puso unos tacones altos y se roció perfume en el cuello. Se miró una última vez, se enderezó la espalda y salió de la habitación.

En cuanto la vio, Lara dejó escapar un silbido largo.

—Espectacular. —Le guiñó un ojo—. Te voy a llevar al mejor bar de la ciudad. Hoy no eres una novia abandonada. Hoy eres la mujer más deseada y libre que existe.

Marisol sonrió, agradecida por el esfuerzo de su amiga.

Tal vez sí necesitaba distraerse… olvidar, aunque fuera un par de horas que su vida se había derrumbado.

***

Llegaron a un bar elegante.

Las llevaron directamente a una sala privada, con copas de cristal, música suave y un ambiente festivo.

—Dicen —susurró Lara con malicia— que aquí incluso rentan gigolós, y que tienen habitaciones de lujo para… ya sabes. Sexo descontrolado y sin preguntas.

Marisol rodó los ojos, divertida.

—Lara, por favor.

—¡Ay! —rio Lara—. No te pongas seria. Solo digo que podrías olvidarte de Gael en una noche… y con estilo.

Marisol bebió un sorbo de champán y negó suavemente.

—No quiero sexo por despecho. Ni un hombre para olvidarme de nada. Solo quiero celebrar. Soy libre. Libre de un infiel y de una mentira que casi me ata para siempre.

Su celular comenzó a vibrar.

Una, dos, tres veces. Gael. Luego Jenny, Ana y su padre. Luego números desconocidos. Comentarios. Noticias. Escándalo viral.

Marisol apagó el teléfono sin remordimiento.

—Hoy no pienso escuchar a nadie —murmuró.

Se levantó y fue a bailar con Lara. La música la envolvió, liberándola por fin de aquel dolor acumulado.

Por un momento, casi consiguió sentirse ligera.

Lara recibió una llamada y salió discretamente de la sala.

Marisol no lo notó. Seguía bailando, moviendo las caderas al ritmo de la música. 

Cerró los ojos, sonriendo salvajemente mientras trataba de olvidar todo.

Mientras tanto, del otro lado de la puerta, Lara se acercó a un mesero que pasaba con una bandeja.

—Oye —susurró con una sonrisa falsa—. Dame esa copa.

El mesero obedeció. Lara bajó la mirada, sacó un pequeño sobre de su bolso y vertió un líquido transparente en la copa sin titubear.

—Llévasela a la señorita del vestido brillante. —Señaló a Marisol a través del vidrio ahumado.

El mesero asintió sin saber.

Lara se quedó mirando su copa sin parpadear. Sus ojos se entrecerraron mientras observaba a Marisol bailar. No la miraba con cariño, sino con una rabia que llevaba guardada mucho tiempo.

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